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El arma para liberar Ormuz ha huido a 6.000 km de la guerra. Y eso solo puede significar una cosa: EEUU se está preparando para lo que viene después

El arma para liberar Ormuz ha huido a 6.000 km de la guerra. Y eso solo puede significar una cosa: EEUU se está preparando para lo que viene después
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Si algo está quedando claro estos días es que muy pocos kilómetros de mar pueden condicionar toda la economía mundial. Hay pasos estratégicos por los que circula cerca una gran parte del petróleo global, y cuando uno de esos puntos se bloquea, el impacto no tarda en trasladarse a los mercados, el transporte y al precio (y la factura) de la energía en todo el planeta. Una retirada con trampa. Lo contamos hace unos días. En medio de un conflicto en el que el estrecho de Ormuz está prácticamente cerrado y bajo amenaza constante, Estados Unidos tomó una decisión llamativa: retirar de la zona a dos de sus tres principales buques especializados en guerra contra minas y enviarlos a miles de kilómetros, primero a Malasia y ahora ha llegado a Singapur. Estas unidades no son accesorias, sino clave para cualquier intento de reabrir la vía marítima. Su ausencia en el escenario inmediato rompe con la lógica habitual de concentrar capacidades donde se desarrolla la crisis y obliga a buscar una explicación en otro plano. Posiblemente por eso, el movimiento no es lo que puede parecer a primera vista.  En Xataka Hay una bomba rusa flotando en el Mediterráneo que viene de Ucrania. Y Europa tiembla porque puede explotar en cualquier momento El valor real. Recordaba esta semana el Wall Street Journal en un reportaje que las minas navales son una de las herramientas más eficaces para bloquear el tráfico marítimo, especialmente en un punto estrecho como Ormuz. No requieren grandes despliegues, son difíciles de detectar y pueden mantener una ruta cerrada durante largos periodos.  Limpiarlas es, por tanto, un proceso lento, técnico y arriesgado que exige medios muy específicos. Los buques de la clase Independence, con sus sistemas no tripulados, helicópteros y sensores avanzados, representan precisamente esa capacidad. Sin ellos, cualquier operación para restablecer el tránsito de petroleros se vuelve mucho más compleja. Vista desde el USS Tulsa a su llegada a la base naval de Changi Escasez en el momento más crítico. El problema desde la acera de Estados Unidos es que llega a esta fase con recursos limitados. Durante años ha reducido su flota de dragaminas tradicionales, retirando unidades sin que sus sustitutos estén plenamente desplegados o probados en combate.  Las nuevas soluciones basadas en drones y sistemas autónomos existen, pero su número es reducido y su eficacia en un entorno real aún está por demostrar. En paralelo, Irán ha demostrado que puede sembrar minas y combinar esa amenaza con misiles, drones y ataques a buques, lo que convierte el estrecho en un entorno especialmente difícil de operar. El plan B. En este contexto, recordaban los analistas de TWZ que el desplazamiento de estos buques fuera de la zona de conflicto sugiere una prioridad bien distinta: preservar la capacidad de desminado frente a un posible deterioro mayor de la situación actual.  La idea sería sencilla. Mantenerlos lejos del alcance de ataques evita el riesgo de perder activos difíciles de reemplazar en un momento en el que ya son escasos. Es decir, que es una forma de asegurar que, cuando llegue el momento de reabrir el estrecho, esos medios tan fundamentales sigan disponibles y operativos. Imagen de archivo de un cazaminas de la clase Avenger durante un ejercicio Reabrir, no solo combatir. Porque el cierre de Ormuz no es solo un problema militar, sino económico. Como hemos ido contando, por esa vía circula una parte significativa del petróleo y del gas mundial, y su bloqueo prolongado tiene efectos inmediatos en precios, suministros y cadenas logísticas.  Ocurre que reabrirla no depende únicamente de escoltar buques, sino de garantizar que el canal esté libre de amenazas persistentes como las minas. Esa fase, más lenta y menos visible, puede ser decisiva para normalizar el tráfico marítimo. La señal estratégica. Precisamente por ello, el hecho de que estos buques estén ahora a más de 6.000 kilómetros del conflicto no indica que hayan dejado de ser relevantes, sino más bien todo lo contrario.  Su valor reside en que son necesarios y fundamentales para la siguiente etapa, no tanto para la actual. En lugar de emplearlos en el entorno más peligroso, Estados Unidos parece optar por conservarlos intactos para un momento en el que su uso será imprescindible. En Trendencias Martha Nussbaum, filósofa: “Para ser una buena persona confía en las cosas inciertas que escapan a tu control” La evolución del conflicto. Si se quiere también, la decisión encaja con una planificación en dos tiempos: primero, gestionar la fase de confrontación directa. Y después, asegurar la reapertura de las rutas críticas. El movimiento de los dragaminas apunta a que Washington no solo está centrado en el desarrollo inmediato de la guerra, sino en evitar un bloqueo prolongado que tendría consecuencias globales.  En ese sentido, más que una retirada, la posición actual de los dragaminas es un indicativo de cómo se está pensando el final del conflicto y las condiciones necesarias para estabilizarlo... si es que eso es posible. Imagen | USN En Xataka | Si quedaba alguna "línea roja", Irán ha decidido cruzarla justo donde más le duele a la economía mundial: en Qatar En Xataka | Rusia no está enviando ni tropas ni armamento a Irán: le está enviando algo mucho más importante para tumbar a EEUU - La noticia El arma para liberar Ormuz ha huido a 6.000 km de la guerra. Y eso solo puede significar una cosa: EEUU se está preparando para lo que viene después fue publicada originalmente en Xataka por Miguel Jorge .
El arma para liberar Ormuz ha huido a 6.000 km de la guerra. Y eso solo puede significar una cosa: EEUU se está preparando para lo que viene después

Washington no solo está centrado en el desarrollo inmediato de la guerra, sino en evitar un bloqueo prolongado que tendría consecuencias globales

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Miguel Jorge

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Si algo está quedando claro estos días es que muy pocos kilómetros de mar pueden condicionar toda la economía mundial. Hay pasos estratégicos por los que circula cerca una gran parte del petróleo global, y cuando uno de esos puntos se bloquea, el impacto no tarda en trasladarse a los mercados, el transporte y al precio (y la factura) de la energía en todo el planeta.

Una retirada con trampa. Lo contamos hace unos días. En medio de un conflicto en el que el estrecho de Ormuz está prácticamente cerrado y bajo amenaza constante, Estados Unidos tomó una decisión llamativa: retirar de la zona a dos de sus tres principales buques especializados en guerra contra minas y enviarlos a miles de kilómetros, primero a Malasia y ahora ha llegado a Singapur.

Estas unidades no son accesorias, sino clave para cualquier intento de reabrir la vía marítima. Su ausencia en el escenario inmediato rompe con la lógica habitual de concentrar capacidades donde se desarrolla la crisis y obliga a buscar una explicación en otro plano. Posiblemente por eso, el movimiento no es lo que puede parecer a primera vista. 

En XatakaHay una bomba rusa flotando en el Mediterráneo que viene de Ucrania. Y Europa tiembla porque puede explotar en cualquier momento

El valor real. Recordaba esta semana el Wall Street Journal en un reportaje que las minas navales son una de las herramientas más eficaces para bloquear el tráfico marítimo, especialmente en un punto estrecho como Ormuz. No requieren grandes despliegues, son difíciles de detectar y pueden mantener una ruta cerrada durante largos periodos. 

Limpiarlas es, por tanto, un proceso lento, técnico y arriesgado que exige medios muy específicos. Los buques de la clase Independence, con sus sistemas no tripulados, helicópteros y sensores avanzados, representan precisamente esa capacidad. Sin ellos, cualquier operación para restablecer el tránsito de petroleros se vuelve mucho más compleja.

Vista desde el USS Tulsa a su llegada a la base naval de Changi

Escasez en el momento más crítico. El problema desde la acera de Estados Unidos es que llega a esta fase con recursos limitados. Durante años ha reducido su flota de dragaminas tradicionales, retirando unidades sin que sus sustitutos estén plenamente desplegados o probados en combate. 

Las nuevas soluciones basadas en drones y sistemas autónomos existen, pero su número es reducido y su eficacia en un entorno real aún está por demostrar. En paralelo, Irán ha demostrado que puede sembrar minas y combinar esa amenaza con misiles, drones y ataques a buques, lo que convierte el estrecho en un entorno especialmente difícil de operar.

El plan B. En este contexto, recordaban los analistas de TWZ que el desplazamiento de estos buques fuera de la zona de conflicto sugiere una prioridad bien distinta: preservar la capacidad de desminado frente a un posible deterioro mayor de la situación actual. 

La idea sería sencilla. Mantenerlos lejos del alcance de ataques evita el riesgo de perder activos difíciles de reemplazar en un momento en el que ya son escasos. Es decir, que es una forma de asegurar que, cuando llegue el momento de reabrir el estrecho, esos medios tan fundamentales sigan disponibles y operativos.

Imagen de archivo de un cazaminas de la clase Avenger durante un ejercicio

Reabrir, no solo combatir. Porque el cierre de Ormuz no es solo un problema militar, sino económico. Como hemos ido contando, por esa vía circula una parte significativa del petróleo y del gas mundial, y su bloqueo prolongado tiene efectos inmediatos en precios, suministros y cadenas logísticas. 

Ocurre que reabrirla no depende únicamente de escoltar buques, sino de garantizar que el canal esté libre de amenazas persistentes como las minas. Esa fase, más lenta y menos visible, puede ser decisiva para normalizar el tráfico marítimo.

La señal estratégica. Precisamente por ello, el hecho de que estos buques estén ahora a más de 6.000 kilómetros del conflicto no indica que hayan dejado de ser relevantes, sino más bien todo lo contrario. 

Su valor reside en que son necesarios y fundamentales para la siguiente etapa, no tanto para la actual. En lugar de emplearlos en el entorno más peligroso, Estados Unidos parece optar por conservarlos intactos para un momento en el que su uso será imprescindible.

En TrendenciasMartha Nussbaum, filósofa: “Para ser una buena persona confía en las cosas inciertas que escapan a tu control”

La evolución del conflicto. Si se quiere también, la decisión encaja con una planificación en dos tiempos: primero, gestionar la fase de confrontación directa. Y después, asegurar la reapertura de las rutas críticas. El movimiento de los dragaminas apunta a que Washington no solo está centrado en el desarrollo inmediato de la guerra, sino en evitar un bloqueo prolongado que tendría consecuencias globales. 

En ese sentido, más que una retirada, la posición actual de los dragaminas es un indicativo de cómo se está pensando el final del conflicto y las condiciones necesarias para estabilizarlo... si es que eso es posible.

Imagen | USN

En Xataka | Si quedaba alguna "línea roja", Irán ha decidido cruzarla justo donde más le duele a la economía mundial: en Qatar

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Fuente original: Leer en Xataka
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