Interceptores THAAD, desarrollados por Lockheed Martin.
Observatorio de la Defensa El cielo arde, los almacenes se vacían: la ofensiva sobre Irán acelera el agotamiento de misiles Patriot y THAADMientras el Pentágono mantiene el suministro a Ucrania y a aliados de Oriente Medio, el escenario logístico del stock de misiles es un juego de suma cero.
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Yolanda Rodríguez Publicada 3 marzo 2026 02:51hLas claves nuevo Generado con IA
La presión sobre los arsenales estratégicos de Estados Unidos aumenta a medida que se amplía el radio de las operaciones militares, a las guerras de Ucrania y Gaza se suma ahora la operación Furia Épica, emprendida conjuntamente por Washington y Jerusalén contra Irán.
Funcionarios y analistas en Washington alertan de que algunos inventarios de misiles e interceptores se han reducido de forma significativa y reponerlos puede llevar más de un año.
El dilema estratégico para el Pentágono es que los sistemas necesarios para proteger las bases de EEUU de una represalia iraní son los mismos que se están agotando en la defensa de Ucrania y en la protección continuada de Israel.
The Iranian regime was warned. CENTCOM is now delivering swift and decisive action as directed. pic.twitter.com/nNDoDexH6g
— U.S. Central Command (@CENTCOM) March 1, 2026
Si la ofensiva aérea marca el pulso visible del conflicto, la verdadera ecuación estratégica se juega en los almacenes. La defensa antimisiles no es solo alta tecnología, sino también stock, capacidad industrial y un consumo vertiginoso en combate.
La cuestión ya no es si Estados Unidos puede golpear, sino cuánto tiempo puede sostener la defensa sin erosionar su margen estratégico global. Las llamadas operaciones quirúrgicas dan sensación de control, pero cuando los misiles vuelan en ambos sentidos, lo que se mide no es solo la precisión del ataque, sino la resistencia de todo el sistema.
Bases de la OTAN en Turquía, Irak, Grecia y Rumanía, dentro del alcance de los misiles iraníesDe ahí que todo el equipo presidencial insista en público en que se trata de una operación corta. Trump ha llegado a situar la guerra contra Irán en un horizonte de “cuatro o cinco semanas”, aunque presume de tener capacidad para sostenerla durante más tiempo.
Según fuentes oficiales, citadas por Fox News una ofensiva limitada durante días es viable; sostener un enfrentamiento de mayor alcance, con centenares de misiles entrantes, plantea un desafío muy distinto.
Washington es consciente de esa vulnerabilidad. El precedente de junio de 2025, durante la llamada “guerra de los 12 días”, es un buen punto de partida.
Durante aquel intercambio directo entre Irán e Israel, las fuerzas estadounidenses lanzaron más de 150 interceptores THAAD, desarrollados por Lockheed Martin —cerca de una cuarta parte de su inventario global—, además de numerosos misiles estándar disparados desde buques para proteger a sus aliados.
La cifra no es anecdótica. Refleja la rapidez con la que un conflicto de alta intensidad puede vaciar arsenales concebidos para la disuasión, no para un desgaste sostenido.
THAAD Lockheed Martin
De hecho, la acompañía acaba de suscribir un contrato, para reforzar de forma sustancial la capacidad de defensa antimisiles de Estados Unidos tras firmar un acuerdo marco con el Departamento de Guerra para cuadruplicar la producción anual de interceptores del sistema THAAD, pasando de 96 a 400 unidades por año.
Además, esa misma compañía, desarrolla también, los Patriot PAC‑3 MSE, la versión de alta precisión del sistema antiaéreo Patriot, diseñada para interceptar misiles balísticos y otras amenazas avanzadas en la fase final de su vuelo. De este modelo, Estados Unidos produce actualmente entre 600 y 650 interceptores al año.
Sobre el papel, el volumen parece considerable. Sin embargo, la lógica del combate antimisiles es implacable: para garantizar la destrucción de un proyectil entrante suelen emplearse dos interceptores, e incluso más si se trata de misiles balísticos maniobrables o acompañados de señuelos
En una salva de cien misiles, el consumo puede duplicarse o triplicarse en cuestión de minutos.
Entramado defensivo por capas
Según estimaciones citadas por analistas —y ya apuntadas por EL ESPAÑOL—, Irán dispone de entre 2.000 y 3.000 misiles balísticos, además de drones y cohetes de menor alcance.
No todos serían lanzados a la vez, pero la capacidad de ejecutar ataques escalonados, combinando distintos vectores y altitudes, obliga a desplegar una defensa en varias capas: sistemas THAAD para la fase alta, Patriot para la terminal, misiles SM‑3 desde buques y, en el caso israelí, el sistema Arrow.
Cada uno arrastra su propia cadena logística y un ritmo de producción distinto.
El problema no es solo cuántos interceptores hay hoy en los almacenes, sino cuánto tiempo se necesita para reponerlos.
Reconstruir inventarios estratégicos puede llevar más de un año, dado que las cadenas industriales no están diseñadas para incrementos súbitos de producción.
Mientras tanto, Washington continúa suministrando sistemas a Ucrania y mantiene baterías desplegadas en Oriente Medio, lo que convierte el escenario en un juego de suma cero: reforzar un frente implica tensionar otro.
En términos estrictamente matemáticos, el riesgo es evidente: en una guerra prolongada, el factor limitante no sería la capacidad de lanzar ataques de precisión —Estados Unidos puede trasladar munición convencional adicional desde distintos teatros—, sino la disponibilidad de escudos capaces de absorber la represalia.
Como reconocen expertos militares, en defensa antimisiles la perfección no existe: basta un fallo, un interceptor que no impacte o una batería saturada para alterar por completo el cálculo estratégico.
El factor B-2
En paralelo, la Fuerza Aérea estadounidense ha recurrido a bombarderos estratégicos B-2 para atacar bases subterráneas iraníes consideradas prioritarias.
El bombardero B-2 Spirit y la bomba antibúnker GBU-57: las claves de EEUU para atacar las localizaciones nucleares de IránMuchas de estas instalaciones, excavadas bajo montañas con asistencia norcoreana, albergan misiles balísticos y otros activos críticos.
El B-2 es prácticamente único por su capacidad de penetrar defensas avanzadas y emplear bombas GBU-57 de gran poder de penetración, diseñadas para destruir objetivos profundamente enterrados.
Sin embargo, el inventario de estas municiones se ha reducido tras ataques previos en 2024 y 2025.
En las últimas incursiones no se emplearon estas bombas de 14 toneladas, sino municiones más ligeras y con menor capacidad de penetración.
En la ofensiva previa de junio de 2025, EEUU había recurrido incluso al bombardero estratégico B-2 Spirit con bombas antibúnker GBU-57A/B MOP contra instalaciones nucleares iraníes.
Aunque no se ha confirmado su uso en esta fase, su sola presencia en el teatro de operaciones subraya la dimensión estratégica del despliegue.