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Política

El Congreso se convierte en el peor terreno para Sánchez: ni vivienda, ni presupuesto ni tropas y la financiación...

El Congreso se convierte en el peor terreno para Sánchez: ni vivienda, ni presupuesto ni tropas y la financiación...
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El presidente del Gobierno topa con una Cámara levantisca que desconfía del Gobierno y huele elecciones Leer

Pedro Sánchez quiere resistir al frente del Gobierno hasta 2027. Asegura que lo hará con o sin el concurso de un Legislativo en el que ya no tiene una mayoría de sostén. Ha pedido a sus ministros propuestas que no necesiten pasar el corte de las Cámaras, idea iniciativas de impacto instantáneo pero poco recorrido y trata de centrar el foco en asuntos internacionales de incierto desenlace, mientras los grandes desafíos internos están varados por falta de apoyo. El presidente ha topado con un Congreso hostil.

Ninguno de los cometidos trascendentes tiene buenas perspectivas. La legislatura ha entrado en su tercer año sin proyecto de Presupuestos; el modelo de financiación autonómica para suplir el vigente, choca con el muro de todas las comunidades salvo una; las medidas para contener el precio de la vivienda parten en dos el Consejo de Ministros y las sugerencias improvisadas de envío de tropas a Ucrania, Gaza o Groenlandia tropiezan con los socios de izquierda.

Todos estos asuntos obligatoriamente tienen que contar con la aprobación de una mayoría parlamentaria que Sánchez no tiene. El Gobierno lanza propuestas sin red de seguridad. «Se trata de entretener con cortinas de humo para aguantar», afirman en un PP dispuesto a cumplir con el aviso que Feijóo lanzó a Sánchez: «Cuando sus socios le abandonen, no me busque».

Entre los aliados, muchos creen que el presidente, consciente de su debilidad, prepara banderas para plantar cara en las urnas. «Lanza propuestas sin negociar; si salen, se apunta el tanto y, si no, las usará electoralmente culpando del fracaso a los demás» avisan desde un grupo minoritario decepcionado con la propuesta de financiación.

La táctica empleada hasta ahora para amarrar votos ha pasado por las cesiones in extremis. Así se ha hecho con Junts, con Podemos, con ERC y hasta con Sumar. Sin embargo la mayoría ya ha tomado la medida: se adoptan compromisos que luego duermen en los cajones. Los diputados de Puigdemont han sido los primeros en plantarse.

Los votos de Junts son ahora territorio vedado para Sánchez. Sólo con su rechazo, unido al bloque de la oposición, tumba cualquier iniciativa. Pero no sólo. La estrecha distancia entre los dos hemisferios de la Cámara convierte cualquier escaño en decisivo y ahí es donde radica la debilidad del Gobierno: basta con que cuatro votos crucen el ecuador. Y ahí está Podemos.

Los últimos movimientos de Sánchez han tenido como objetivo amarrar el apoyo de ERC, PNV y Bildu. Con Esquerra ha pactado una financiación especial para Cataluña que condiciona la del resto de autonomías. Su entrada en el circuito legislativo puede no llegar hasta después del verano y, entre tanto, ser un obstáculo mayor para el PSOE en Aragón, Castilla y León y Andalucía, territorios con elecciones en agenda. De momento, al muro territorial se suma el rechazo de Junts y el recelo de Compromís y Chunta.

Con Bildu se ha comprometido la extensión del escudo social en 2026, lo que forma parte de un decreto que depende de la convalidación del Congreso. Con el PNV se ha pactado un paquete de transferencias, después de que este partido amenazara con replantear su posición. Pero los 18 votos de estos tres grupos no bastan.

De los Presupuestos, mil veces prometidos, ni se habla. Aprobar las cuentas implica cuadrar un sin fin de demandas y superar una treintena de votaciones. Un solo tropiezo es definitivo. Junts afirma que, si se presentan, no los apoyará y Podemos pondrá condiciones políticas que ya se anticipan inasumibles.

Las medidas para contener el precio de la vivienda han encabritado a la izquierda. Ninguno de los socios del Ejecutivo, incluido Sumar, está dispuesto a votarlas si incluyen bonificaciones a los propietarios para que no suban los precios.

Y, en cuanto a la sugerencia de enviar tropas a Ucrania, el Gobierno queda en manos del PP. Sin su apoyo, sólo el rechazo garantizado de Podemos basta para tumbar la iniciativa. En cualquier caso, esta es una propuesta que los grupos consideran «fantasma» porque está supeditada a un acuerdo de paz entre las partes que, de momento, nadie espera.

Fuente original: Leer en El Mundo - España
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