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A los tres años, Pablo Mielgo tocó el piano por primera vez y a los 17 dirigió su primer concierto. Con casi 50, analiza una carrera musical marcada por el éxito y el esfuerzo, una mochila que no le ha pesado.
Cuando anoche Pablo Mielgo (Madrid, 1976) dirigió la gala lírica protagonizada por el tenor Juan Diego Flórez en el Festival Cap Rocat de Mallorca se cumplió un plan perpetrado hace más de una década. "Juan Diego vino a actuar a Mallorca hace 12 años y se quedó tan fascinado con la fortaleza en la que se ubica Cap Rocat que me dijo que algún día tendríamos que hacer aquí un concierto juntos; ahora se ha materializado", dice Mielgo, quien clausurará también el festival este domingo con Tosca, de Puccini.
Delicada es la manera de dirigir que ha llevado al madrileño a convertirse en uno de los maestros españoles con más proyección internacional. El actual director de la Orquesta Sinfónica de las Islas Baleares y de la Florida Grand Opera, con sede en Miami, está a punto de cumplir 50 años y coge la batuta para contar su vida, con las notas más altas y las más bajas.
Empezó a recibir clases de piano a los tres años y con 17 ya dirigió su primer concierto. ¿No envidiaba el asueto de los niños de su edad?Nunca lo entendí como un sacrificio y menos mal, porque si lo ves así, no merece la pena. A veces me disgustaba no hacer cosas que otros amigos podían, pero era mi rutina y no me pesaba: todos los días iba al conservatorio y por la noche llegaba a casa y hacía los deberes.¿La tarea termina alguna vez?Sigues aprendiendo y te enfrentas a nuevos repertorios. Ahora que tengo casi 50 años pienso que me perdía los partidos de fútbol de joven y ahora también por tener que estudiar, pero la verdad es que nunca he querido dedicarme a otra cosa.¿La lección más importante que ha aprendido?Constancia, disciplina y entender que para cumplir un objetivo necesitas esfuerzo. La alegría de haber superado un reto es un placer increíble y efímero, apenas dura 24 horas, pero superarse da más satisfacción que un aplauso.Quizá los que tengan mucho ego prioricen el aplauso, ¿no?Hay que tener ego para salir a un escenario. Usamos ese término para cosas que no son; el mejor ego es mostrar tus virtudes y tus defectos.¿Cómo lidia con las individualidades que forman una orquesta?Ser director significa percibir y saber si tienes que dar espacio o autoridad. Hace falta mucha empatía para leer si la aparente seguridad de alguien es una fachada.¿Y se aplica esa receta a usted mismo?El escenario no me produce nervios nunca, solo excitación, pero el director de orquesta ni es infalible ni es perfecto. Cuando muestras tu imperfección, las otras personas te suelen apoyar. El 99% de los artistas somos vulnerables, pero la vulnerabilidad no te hace débil.¿Es el 'no' la nota más sostenida de un artista?En la vida, el éxito lo construyes con el 5% de las cosas que te han salido bien, lo que significa que el 95% de las veces te han dicho que no. Hay que saber vivir con ello y no buscar culpables ni factores externos.¿Arriesga menos para evitar el rechazo?En mi trabajo cada vez está más claro lo que no funciona y cada vez menos lo que es arriesgar. Yo sé que si hago La traviata voy a llenar siete funciones, pero si elijo algo contemporáneo no sé qué va a pasar. Hay que dar un poco de todo porque somos un museo de protección de un catálogo de música que gracias a nosotros la gente puede escuchar. Ya no volveremos a tener a un Bach, ni a un Verdi, ni a un Mozart.Pero sí asistentes de inteligencia artificial. ¿Tienen estos buen oído?La IA tiene cosas extraordinarias porque ahorras tiempo, pero en la parte de composición aún se nota que está replicando lo que ya existe. Lo que nos hace únicos es salir al escenario sin trampa ni cartón. Las personas van a querer seguir yendo al teatro para que un ser humano les emocione.¿Incluidos los jóvenes de hoy, que cada vez tienen menos educación musical?Es verdad que todo lo relacionado con la creación se está quitando de la educación, pero, aun así, cuando la gente está decaída siempre recurre al arte: te pones una canción, una película o lees algo que te genera paz. La tecnología es estupenda y hace que todo vaya más rápido, pero la cultura es una artesanía.¿Es esa falta de formación la que perpetúa el estigma de que la música clásica es cara?Totalmente. Ir a un concierto de clásica es más barato que ir a un espectáculo de Rosalía.Su hija tiene sólo ocho años, pero ¿hacia dónde dirige la batuta?Está con clases de piano y violín, pero no acaba de arrancar. Su madre es violinista, así que ella percibe la música como lo que le quita a papá y a mamá, creo que hay un rechazo por eso. Tampoco querría que ella tuviera mi niñez y juventud en cuanto a sacrificios, aunque como te decía, yo no lo viví así.Ahora, además, lidera orquestas en Mallorca y en Miami, lo que le obligará a viajar mucho. Definitivamente creo que su hija va a preferir ir a los conciertos de Aitana...Mis responsabilidades me obligan a hacer millas. He tenido suerte en mi carrera, pero el azar te tiene que pillar trabajando.¿Se trabaja de manera muy diferente en EEUU y en Europa?En América todo cuesta dinero y tienes que rentabilizar al máximo la planificación. En Europa puedes arriesgar más.Empezó muy joven en la profesión. ¿Ganas de un respiro?Ahora que voy a cumplir una cifra redonda pienso: "¿y si para un poco?" Pero al final nunca lo hago. Eso sí, los pocos días al año que desconectas totalmente los disfrutas muchísimo. Imagino que si fuera la tónica habitual, no lo viviría igual. Siempre nos produce felicidad aquello que no solemos tener.¿Y a qué dedica ese poco tiempo libre?Pasar tiempo con mi hija es mi mayor hobby. Estoy disfrutando muchísimo de esta etapa.Una nueva generación de hoteles de lujo impulsa el turismo en BalearesLa ermita de Madrid donde siempre vivirá GoyaAsí serán los viajes de negocios del próximo curso Comentar ÚLTIMA HORA