La tecnología que promete seguridad puede generar un falso sentido de invulnerabilidad, según el estudio «Seguridad en movimiento: impulsar la confianza en la movilidad moderna»
Regala esta noticia Añádenos en Google La nueva frontera del riesgo: el factor humano frente al ADAS. (Copiloto)Madrid
29/07/2026 a las 08:43h.La tecnología del automóvil ha avanzado más en la última década que en el medio siglo anterior. Sin embargo, la mayor amenaza en las carreteras ... del siglo XXI ya no es la rotura de un latiguillo de freno, sino la falsa sensación de seguridad que causa pensar que los asistentes de conducción (ADAS) están pensando y conduciendo por nosotros.
Esta contundente brecha de confianza es la principal conclusión del estudio «Seguridad en movimiento: impulsar la confianza en la movilidad moderna» elaborado por Economist Enterprise para el especialista en sistemas de frenado Brembo. [PINCHA AQUÍ PARA ACCEDER AL ESTUDIO]
Basado en una muestra macroscópica de más de 6.100 personas en diez países clave —que representan el 75% de la producción mundial de vehículos—, el informe saca a la luz una peligrosa distorsión, ya que según sus conclusiones la percepción pública de la seguridad vial avanza a un ritmo mucho más rápido que la realidad técnica y estadística.
Por qué confiamos ciegamente en los asistentes de conducción mientras los expertos temen lo peor
Con cerca de 1,2 millones de víctimas mortales al año en las carreteras del mundo, la complacencia del conductor se convierte en un factor de riesgo en sí mismo. Como advierte Jean Todt, enviado especial de las Naciones Unidas para la seguridad vial, la confianza es esencial para la movilidad, pero el exceso de confianza puede llevar a las personas a asumir riesgos innecesarios.
La paradoja roza el absurdo en los países donde la carretera es más mortífera. En Brasil, China e India, considerados como los más optimistas, un 94% de la ciudadanía asegura sentirse segura al volante. Sin embargo, solo el 18% de los expertos comparte ese optimismo. Estos mercados registran una tasa media de mortalidad de 16,2 muertes por 100.000 habitantes, el doble de la media global del estudio. En ellos la rápida modernización de las infraestructuras y las nuevas tecnologías a bordo han hecho que el usuario baje la guardia antes de tiempo.
El exceso de confianza en los asistentes de conducción crea una peligrosa brecha de seguridad
Por otro lado, Japón y Corea del Sur representan el entorno más equilibrado, con un 84% de usuarios frente a un 70% de profesionales que se sienten seguros. En Francia, Alemania e Italia, calificados como pragmáticos, se registran las tasas de mortalidad más bajas, pero existe un abismo de 39 puntos entre lo que percibe el usuario y lo que evalúa la industria, marcada por cierto escepticismo ante tecnologías opacas.
Finalmente, en Reino Unido y Estados Unidos los usuarios muestran una elevada confianza del 92%, pero muy dependiente de la reputación de las instituciones. En el caso estadounidense, un solo fallo sistémico puede dinamitar esa confianza, en un contexto donde el coste económico de los accidentes equivale al 3,3% del PIB nacional.
La nueva frontera del riesgo: la ciega fe en los ADAS frente al factor humano
Durante décadas, la ingeniería del automóvil se centró en la seguridad pasiva y activa mediante chasis, deformación programada, airbags, ABS y control de estabilidad. Esa batalla mecánica está prácticamente ganada, pues solo el 3% de los profesionales atribuye los accidentes actuales a fallos mecánicos del vehículo. El verdadero peligro en 2026 radica en la interacción entre el ser humano y los sistemas avanzados de asistencia a la conducción, conocidos como ADAS.
El primer gran foco de riesgo es el uso indebido y la confusión, ya que un 30% de los profesionales señala la falta de comprensión o el uso incorrecto de los asistentes de conducción automatizada como la causa principal de accidentes.
A esto se suma que la propia pantalla actúa como distracción, con un 24% de expertos apuntando a la consola y a las funciones avanzadas a bordo como la fuente de despiste más grave. En cuanto a la atención del conductor, pruebas independientes como las del Insurance Institute for Highway Safety revelan que 11 de 14 sistemas de automatización parcial suspendieron en sus salvaguardas para mantener al usuario atento. Los conductores aprenden rápidamente los patrones de aviso de los asistentes y encuentran resquicios para seguir haciendo multitarea al volante.
(DGT)La nueva frontera del riesgo:
El verdadero peligro en 2026 radica en la interacción entre el ser humano y los sistemas de asistencia a la conducción (ADAS):
Uso indebido y confusión: Un 30% de los profesionales señala la falta de comprensión o el uso incorrecto de los asistentes de conducción automatizada como el principal foco de riesgo.
La pantalla como distracción: El 24% apunta a los propios sistemas de la consola y funciones avanzadas del vehículo como la causa de distracción más grave.
Falta de atención: En pruebas independientes como las del Insurance Institute for Highway Safety (IIHS), 11 de 14 sistemas de automatización parcial suspendieron en sus salvaguardas para mantener al conductor atento. Los conductores aprenden los patrones de aviso y encuentran resquicios para seguir haciendo multitarea al volante.
El 65% de los expertos cree que la publicidad exagera las capacidades reales de los asistentes ADAS. Términos comerciales agresivos sugieren que el coche conduce solo, lo que provoca que un 62% de los profesionales considere que el marketing incita al conductor a delegar en la tecnología y prestar menos atención a la carretera.
Desigualdad demográfica
La percepción de seguridad ante la tecnología no es neutral y está estrechamente ligada a la brecha socioeconómica y generacional.
Respecto al nivel de ingresos, las personas con recursos bajos tienen casi el doble de probabilidades, un 17%, de manifestar una confianza baja o inestable en sus viajes diarios en comparación con las de ingresos altos, que solo registran un 7%. Esto se debe a que suelen circular en vehículos más antiguos, sin asistentes modernos, y lo hacen por infraestructuras peor mantenidas.
En el ámbito generacional, los «millennials», con un 94% de confianza, son los más entusiastas con la tecnología a bordo y los asistentes digitales. En el extremo opuesto, la «generación Z», con un 12% de desconfianza, y los «baby boomers», con un 16%, se muestran mucho más cautos. Mientras los más jóvenes desconfían del uso ético y de la opacidad de los datos que recogen los asistentes, los mayores temen la pérdida de control directo sobre el vehículo en favor de la automatización.
Regular la tecnología y la conducción
Pese a que el público se siente cómodo delegando en los asistentes de su coche, existe un sorprendente consenso ciudadano para endurecer las reglas. El 88% de los usuarios apoyaría medidas más estrictas, como la reducción de los límites de velocidad en zonas urbanas, un incremento del control mediante radares e incluso pagar más dinero si eso garantiza un transporte sensiblemente más seguro.
Sin embargo, el freno no está en la calle, sino en los despachos, pues el 68% de los profesionales del sector identifica la mala coordinación entre reguladores e industria como el obstáculo de gobernanza más severo.
El factor humano se convierte en el principal riesgo frente a la tecnología del automóvil
Según Matteo Tiraboschi, presidente ejecutivo de Brembo, «la industria debe seguir innovando de forma responsable, los responsables políticos deben crear marcos regulatorios eficaces y, juntos, se debe ayudar a las personas a comprender tanto las capacidades como las limitaciones de las nuevas tecnologías».
Para cerrar esta brecha, el informe concluye que es necesaria una divulgación obligatoria de capacidades mediante declaraciones claras y estandarizadas sobre qué puede y qué no puede hacer un asistente ADAS antes de comercializarlo. También requiere una reingeniería de la transferencia de control para diseñar interfaces hombre-máquina que exijan una atención real del conductor y no simples avisos acústicos fácilmente ignorables.
Por último, considera indispensable una auditoría de datos en tiempo real para implantar marcos globales de reporte de incidentes y datos de tráfico abiertos, siguiendo el ejemplo de herramientas como Vision Zero en Suecia o los programas de evaluación independiente como Euro NCAP.
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