Hace cuatro años, este israelí se convirtió en héroe de la machosfera por haber estafado millones de euros a varias mujeres a través de una popular aplicación de citas. Condenado en diversas causas, ahora es un hombre libre. Tras seguir la pista de sus fechorías, preguntamos a sus víctimas cómo se sienten.
Regala esta noticia Añádenos en GoogleJulia Llewellyn Smith
23/09/2026 a las 19:19h.El 2 de febrero de 2022 se estrenó El timador de Tinder y Simon Leviev se convirtió en una celebridad. «De la noche a ... la mañana me hice famoso. Ese año mi nombre fue uno de los diez más buscados en Google en todo el planeta. Fue una locura. Otra vida», se jacta el protagonista de esta historia.
Pese a confesar, se fue libremente a Chipre. Meses más tarde, al regresar despreocupado a Israel, fue detenido en el aeropuerto por fraude, falsificación de cheques y por dejar a un niño de 5 años sin supervisión (detalle que él no menciona). «Con 20 años estaba sin trabajo, sin dinero, sin familia y sin libertad».
Leviev, nacido Shimon Hayut, fue objeto de varias demandas, incluida una de la propia familia cuyo apellido usurpó, que lo acusaba de fraude, difamación y suplantación de identidad maliciosa
En 2015 fue detenido en Finlandia, donde cumplió dos años por usar, dice, una identidad falsa, blanqueo de capitales y evasión fiscal. Omite un cargo por estafa a cuatro finlandesas, incluida la madre de su hija. Tras su liberación regresó a Israel y cambió oficialmente su nombre a Simon Leviev, «porque admiraba a Leviev, no porque pretendiera ser él». Como no le dejaban salir del país, se hizo con otro pasaporte y, al no comparecer ante el juez, se emitió una orden internacional de búsqueda. Nada que le impidiera seguir viajando y hacer 'negocios' bajo otra identidad.
Fue entonces cuando descubrió Tinder. «Soy soltero –dice–. No soy Brad Pitt, pero soy atractivo». En 2018 hizo match con Fjellhøy, residente en Londres. Quedaron para tomar un café en un hotel, pero a los diez minutos lo llamaron para una reunión. Le envió un mensaje disculpándose y le pidió que lo acompañara esa noche a Bulgaria. Recogieron a Fjellhøy en un Rolls-Royce y en el vuelo le sirvieron champán y sushi. «Fui a mis reuniones —relata—. Ella me esperaba en el hotel, adonde llegué a medianoche». Al día siguiente le dijo que se iba a Berlín y le compró un billete a Londres. Asegura que solo se vieron dos veces más: en Noruega y Ámsterdam. «No fue una relación. No creo que pasara más de 24 horas con ella».
«No es cierto», replica Fjellhøy, que guarda archivos con los cariñosos mensajes que él le enviaba. «Nos vimos varias veces a lo largo de un periodo prolongado y manteníamos contacto diario. Me enamoré por teléfono. No entiendo por qué miente sobre cosas que no tienen que ver con la estafa».
Amenazas y desprecio a las víctimas
Pasadas seis semanas, investigadores de American Express contactaron con Fjellhøy para informarla sobre Leviev y lo denunció a la Policía noruega. Él sostiene que, por haber revelado su paradero a sus «enemigos», le dejó el mensaje amenazador que se reproduce en el documental: «Ten cuidado porque a cada acción le sigue una reacción». Y un correo electrónico: «No te creas Sherlock Holmes».
«Fue solo un ligue –alega Leviev–. Se creía que le había tocado la lotería, porque es increíble viajar en jet privado y Rolls-Royce el primer día que conoces a alguien. Además, no es precisamente Angelina Jolie. En un mal día, un cuatro te parece un seis».
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