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El anuncio marca un punto de no retorno que deja a la región ante un vacío de poder absoluto y al borde de una transformación histórica o del caos total.
Oriente Próximo ha entrado esta madrugada en una dimensión desconocida. Lo que comenzó hace veinticuatro horas como una escalada de movimientos tácticos ha desembocado, a las 03:00 de la mañana hora local, en el evento geopolítico más sísmico de las últimas décadas. Tras una noche de fuego cruzado, sirenas antiaéreas y diplomacia fallida, la televisión estatal iraní ha interrumpido su programación habitual para confirmar oficialmente la muerte del Líder Supremo, Ali Khamenei, y de la totalidad de su núcleo familiar directo en una operación de decapitación estratégica sin precedentes. El anuncio marca un punto de no retorno que deja a la región ante un vacío de poder absoluto y al borde de una transformación histórica o del caos total.
La cronología de este desenlace fatal se gestó con una precisión aterradora desde la medianoche de ayer. Tal y como apuntan los informes de las agencias de inteligencia europeas, a los que ha tenido acceso EXPANSIÓN, las primeras señales de alarma saltaron cuando los radares regionales detectaron movimientos aéreos inusuales en el oeste de Irán, anticipando una operación a gran escala que no tardó en materializarse. Entre la una y las dos de la madrugada del sábado, las primeras explosiones sacudieron las afueras de Teherán, golpeando infraestructuras militares y centros de mando en lo que los medios estatales calificaron inicialmente como una agresión directa coordinada. La respuesta fue inmediata. Irán lanzó su primera oleada de represalia con misiles y drones hacia territorio israelí y bases estadounidenses en el Golfo, desatando una tormenta de fuego que obligó a los sistemas de defensa aérea, desde la Cúpula de Hierro hasta los Patriot, a interceptar múltiples objetivos mientras las sirenas aullaban en ciudades de toda la región.
El amanecer trajo consigo el pánico a los mercados globales. La volatilidad se apoderó de las bolsas asiáticas y el precio del petróleo se disparó ante el temor real de un bloqueo en el Estrecho de Ormuz. A pesar de los llamamientos desesperados a la contención por parte del Consejo de Seguridad de la ONU, la dinámica del conflicto se aceleró. Hacia las nueve de la mañana, comenzaron a circular los primeros rumores sobre una posible afectación en la cadena de mando iraní, especulaciones que Teherán no logró desmentir con contundencia. La jornada transcurrió entre ciberataques masivos que paralizaron servicios financieros, movimientos navales de refuerzo por parte de Estados Unidos y una retórica cada vez más beligerante que prometía una guerra sin limitaciones.
Sin embargo, fue al caer la noche cuando la situación se precipitó hacia el abismo. Tras un día de intercambio de golpes que incluyó ataques a infraestructuras en Siria y una movilización visible de Hezbolá en la frontera norte de Israel, la intensidad de los combates disminuyó brevemente, una pausa que los analistas interpretaron erróneamente como una posible ventana para la negociación. En realidad, se trataba de la preparación para el acto final.
El desenlace comenzó al filo de esta medianoche. Los sistemas de detección israelíes captaron lanzamientos masivos desde Irán, dando inicio a una batalla aérea frenética. Durante la primera hora de esta madrugada, las explosiones se sucedieron tanto en la periferia de Tel Aviv como en el corazón de Teherán, donde la aviación aliada y los misiles de precisión penetraron las defensas antiaéreas reorganizadas a la desesperada por la Guardia Revolucionaria. Mientras la población israelí se refugiaba bajo tierra y las bases en el Golfo repelían ataques de saturación, una tercera oleada de proyectiles iraníes intentó sin éxito cambiar el curso de los acontecimientos.
La tensión alcanzó su cénit entre las dos y las tres de la madrugada de hoy. Tras el fracaso de un último intento iraní de saturar las defensas con drones kamikaze de largo alcance, se produjo un silencio táctico sobrecogedor. Las comunicaciones civiles en varias ciudades iraníes se cortaron y los servicios de emergencia convergieron hacia un punto específico de la capital. Fue el preludio de la noticia que ahora sacude al mundo.
A las 03:00 en punto, la confirmación oficial ha llegado. La muerte de Ali Khamenei y su familia no solo descabeza la teocracia iraní, sino que elimina la línea de sucesión inmediata, sumiendo al país en la incertidumbre. En estos momentos, aunque el intercambio de fuego directo ha disminuido en intensidad, la situación sigue siendo de máxima volatilidad. Las fuerzas armadas de Israel y Estados Unidos mantienen una alerta de combate total ante la posibilidad de una respuesta visceral y desorganizada por parte de los remanentes de la estructura militar iraní o sus milicias afines. Oriente Próximo amanece hoy ante un nuevo mapa político, escrito en las últimas tres horas con fuego y sangre, cuyo futuro es, por primera vez en cuarenta años, totalmente impredecible.
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