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El final de Martuki

El final de Martuki
Artículo Completo 443 palabras
Los principios de Marta
El final de Martuki

Los principios de Marta

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Juan Gómez Jurado

23/05/2026 a las 00:07h.

Marta aún no entiende lo que le ha pasado. Hace poco, muy poco ¿un año, año y medio? Estaba en otro cuerpo, en otra mente, ... llevaba, incluso, otros vestidos, otros zapatos, otro peinado. Hace un periodo no exacto de tiempo, tenía incluso otro nombre. Era la Martuki para sus amigos, la niña para sus padres y la de los ojos brillantes para sus, muchos, candidatos, esos que enviaban solicitudes de acceso que ella a veces denegaba y otras no, según de frío solitario se presentase el fin de semana.

Marta encuentra un bendito sitio y se deja caer en él de lado, como le parecía en las películas que lo hacían las malas actrices cuando interpretaban a alguien en su situación. Hace mucho, todo este tiempo, que no recibe en lugares públicos otras miradas que no sean las de apoyo o ánimo, como quien mira a un perro que está aprendiendo a saltar por el aro. Son miradas de: «adelante» , miradas de «Ánimo» y, también, miradas de: «¿Qué necesidad tenías?

Van pasando las paradas y Marta siente dolores nuevos. Los órganos y las personas habían decidido, en cuanto su cambió fue imposible de camuflar, que su condición les daba derecho a opinar, a dar consejos, a valorar lo adecuado o no de cada una de sus acciones. Marta tuvo entonces que escuchar a personas a las que Martuki, aquella pantera orgullosa, habría contestado con la mejor arma que la naturaleza le había otorgado: Su capacidad para demostrar indiferencia sin, aparentemente, resultar agresiva.

Dos estaciones, ya llegas. Marta aprieta las piernas, el chiste en su cabeza se hace solo: Si lo hubieras hecho en su momento… Se ríe como se ríe uno en un funeral, con la sonrisa dolosa. Ni siquiera fue capaz de encontrar un causante. Martuki estaba en un momento en que había abierto las llaves de acceso de manera desmedida. Ni siquiera lo buscó. En cuanto supo que estaba embarazada decidió que nada podía ser mejor que, ni de lejos, intuir quién era el padre, porque el padre también era ella. Se baja en la estación del hospital dolida y feliz. Adios para siempre, Martuki, voy a conocer a alguien de quien sé que me voy a enamorar.Mamen Mendizábal: «Jesús Gil y Donald Trump tienen muchos paralelismos»

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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