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El frío es tan salvaje que Ucrania ha activado la opción más kamikaze: la de los “50.000 rusos al mes” o darle lo que quiere a Moscú

El frío es tan salvaje que Ucrania ha activado la opción más kamikaze: la de los “50.000 rusos al mes” o darle lo que quiere a Moscú
Artículo Completo 1,082 palabras
A lo largo de la historia, el frío ha actuado como un arma silenciosa que ha cambiado el curso de guerras enteras: en 1812, el invierno ruso destrozó al ejército de Napoleón durante su retirada de Moscú, causando más bajas que muchas batallas. En la Guerra de Invierno de 1939-1940, Finlandia utilizó temperaturas extremas y terreno helado para frenar a una fuerza muy superior de la Unión Soviética, y en la Segunda Guerra Mundial, el invierno de 1941 paralizó a las tropas alemanas a las puertas de Moscú. En todos los casos, el frío aceleró derrotas, colapsó logísticas y forzó decisiones que no estaban en el plan original. En Ucrania está empezando a ocurrir algo parecido. El frío como acelerador de la guerra. El invierno ha convertido la guerra en una carrera contra el tiempo porque las temperaturas extremas amplifican el impacto de cada ataque ruso contra la infraestructura energética, obligando a ciudades enteras a vivir sin calefacción, electricidad ni agua durante días o semanas.  Con mínimas cercanas a los −20 °C en muchos enclaves, cada central dañada, cada subestación destruida o cada apagón prolongado deja de ser solo un problema técnico para ser un factor militar y político que acorta los márgenes de resistencia y empuja a tomar decisiones cada vez más duras e impensables hasta hace nada. En Xataka Japón se ha dado cuenta de que no tiene una infraestructura básica para soportar tanto turismo: papeleras públicas La energía como objetivo. Desde que comenzó el invierno en la guerra, Moscú ha tenido claro su objetivo. Rusia ha vuelto a golpear de forma sistemática plantas eléctricas, térmicas y redes de distribución, sabiendo que el daño es acumulativo y que reparar bajo bombardeos constantes es casi tan costoso como reconstruir.  Ucrania, por su parte, ha evitado el colapso total del sistema gracias a reparaciones rápidas, generadores y una gestión cada vez más flexible, pero el precio es enorme: edificios sin calefacción durante semanas, redes saturadas al volver la luz y una población exhausta que vive pendiente de horarios de apagones y refugios improvisados. La lógica kamikaze. En este contexto aparece con fuerza una idea inédita, la apuesta más extrema de Kiev: acelerar la guerra por desgaste hasta hacerla insoportable para Moscú. El gobierno ha explicado que la idea de causar hasta 50.000 bajas rusas al mes no se plantea como un eslogan, sino como una estrategia explícita de atrición para forzar una negociación desde la debilidad del adversario.  Si se quiere, es una huida hacia delante que asume que, si la guerra no puede ralentizarse y el invierno multiplica el sufrimiento, la única salida es elevar de forma drástica el coste humano para Rusia, aun sabiendo que Ucrania también paga(rá) un precio altísimo. Los límites de la guerra de desgaste. Esta estrategia choca con problemas estructurales claros: falta de infantería, escasez de operadores de drones y una competencia tecnológica en la que Rusia ha recortado ventajas, especialmente en guerra electrónica y drones de fibra óptica.  Como apuntan muchos analistas, priorizar la eliminación constante de soldados enemigos puede dar resultados tácticos, pero no siempre resuelve el problema clave de la profundidad operativa, es decir, la capacidad rusa para seguir moviendo tropas, munición y drones desde la retaguardia mientras el frente se mantiene estable. El frente invisible. En Insider contaban que el corte del acceso ruso a sistemas de comunicaciones satelitales a través de Starlink ha mostrado hasta qué punto la guerra moderna depende de la conectividad.  La interrupción ha generado desorganización puntual en unidades rusas y ha sido celebrada en Ucrania como una ventaja clave, aunque también ha afectado a usuarios propios y civiles, demostrando que cada ganancia tecnológica es muy frágil y exige una gestión constante. En pleno invierno, cualquier fallo añadido en comunicaciones o coordinación se traduce directamente en más bajas y más caos. La idea impensable. Mientras la presión militar y climática se acumula de forma salvaje, contaba hace unos días el New York Times que una parte creciente de la sociedad ucraniana empieza a contemplar a través de encuestas lo que antes era poco menos que un tabú: aceptar concesiones territoriales a cambio de garantías de seguridad firmes. No es todavía una mayoría, ni siquiera una decisión asumida por el liderazgo, pero el simple hecho de que se discuta refleja hasta qué punto el frío, los apagones y una guerra sin final claro están forzando un replanteamiento profundo sobre qué significa ganar o simplemente sobrevivir. En Directo al Paladar El día 9 de febrero llega a tiendas Lidl un cómodo cacharro por menos de 13 euros que cuece hasta siete huevos a la vez y sin ensuciar Una disyuntiva empujada por el invierno. Lo que parece meridianamente claro es que el esquema que emerge es duro y falto de épica alguna: el invierno está literalmente congelando a la población ucraniana, y su efecto está acelerando la guerra y estrechando las opciones.  Así, Ucrania parece empujada a elegir entre intensificar al máximo la lógica kamikaze de los “50.000 rusos al mes” para forzar un desenlace rápido o aceptar concesiones territoriales para detener la destrucción antes de otro invierno igual o incluso peor. El frío no decide por sí solo, qué duda cabe, pero sí actúa como el factor que ha convertido una guerra ya de por sí larga y extenuante, en una decisión urgente. Imagen | armyinform.com.ua, 7th Army Training Command En Xataka | "Un safari humano": salir a la calle en una ciudad de Ucrania equivale ahora mismo a ser un blanco de tiro para los drones En Xataka | La guerra de Ucrania se ha vuelto algo absurdo nivel: hay drones disparando a soldados rusos disfrazados de "pingüinos" - La noticia El frío es tan salvaje que Ucrania ha activado la opción más kamikaze: la de los “50.000 rusos al mes” o darle lo que quiere a Moscú fue publicada originalmente en Xataka por Miguel Jorge .
El frío es tan salvaje que Ucrania ha activado la opción más kamikaze: la de los “50.000 rusos al mes” o darle lo que quiere a Moscú

El invierno no decide por sí solo, pero sí actúa como el factor que convierte una guerra larga en una decisión urgente

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Miguel Jorge

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A lo largo de la historia, el frío ha actuado como un arma silenciosa que ha cambiado el curso de guerras enteras: en 1812, el invierno ruso destrozó al ejército de Napoleón durante su retirada de Moscú, causando más bajas que muchas batallas. En la Guerra de Invierno de 1939-1940, Finlandia utilizó temperaturas extremas y terreno helado para frenar a una fuerza muy superior de la Unión Soviética, y en la Segunda Guerra Mundial, el invierno de 1941 paralizó a las tropas alemanas a las puertas de Moscú. En todos los casos, el frío aceleró derrotas, colapsó logísticas y forzó decisiones que no estaban en el plan original.

En Ucrania está empezando a ocurrir algo parecido.

El frío como acelerador de la guerra. El invierno ha convertido la guerra en una carrera contra el tiempo porque las temperaturas extremas amplifican el impacto de cada ataque ruso contra la infraestructura energética, obligando a ciudades enteras a vivir sin calefacción, electricidad ni agua durante días o semanas. 

Con mínimas cercanas a los −20 °C en muchos enclaves, cada central dañada, cada subestación destruida o cada apagón prolongado deja de ser solo un problema técnico para ser un factor militar y político que acorta los márgenes de resistencia y empuja a tomar decisiones cada vez más duras e impensables hasta hace nada.

En XatakaJapón se ha dado cuenta de que no tiene una infraestructura básica para soportar tanto turismo: papeleras públicas

La energía como objetivo. Desde que comenzó el invierno en la guerra, Moscú ha tenido claro su objetivo. Rusia ha vuelto a golpear de forma sistemática plantas eléctricas, térmicas y redes de distribución, sabiendo que el daño es acumulativo y que reparar bajo bombardeos constantes es casi tan costoso como reconstruir. 

Ucrania, por su parte, ha evitado el colapso total del sistema gracias a reparaciones rápidas, generadores y una gestión cada vez más flexible, pero el precio es enorme: edificios sin calefacción durante semanas, redes saturadas al volver la luz y una población exhausta que vive pendiente de horarios de apagones y refugios improvisados.

La lógica kamikaze. En este contexto aparece con fuerza una idea inédita, la apuesta más extrema de Kiev: acelerar la guerra por desgaste hasta hacerla insoportable para Moscú. El gobierno ha explicado que la idea de causar hasta 50.000 bajas rusas al mes no se plantea como un eslogan, sino como una estrategia explícita de atrición para forzar una negociación desde la debilidad del adversario. 

Si se quiere, es una huida hacia delante que asume que, si la guerra no puede ralentizarse y el invierno multiplica el sufrimiento, la única salida es elevar de forma drástica el coste humano para Rusia, aun sabiendo que Ucrania también paga(rá) un precio altísimo.

Los límites de la guerra de desgaste. Esta estrategia choca con problemas estructurales claros: falta de infantería, escasez de operadores de drones y una competencia tecnológica en la que Rusia ha recortado ventajas, especialmente en guerra electrónica y drones de fibra óptica. 

Como apuntan muchos analistas, priorizar la eliminación constante de soldados enemigos puede dar resultados tácticos, pero no siempre resuelve el problema clave de la profundidad operativa, es decir, la capacidad rusa para seguir moviendo tropas, munición y drones desde la retaguardia mientras el frente se mantiene estable.

El frente invisible. En Insider contaban que el corte del acceso ruso a sistemas de comunicaciones satelitales a través de Starlink ha mostrado hasta qué punto la guerra moderna depende de la conectividad. 

La interrupción ha generado desorganización puntual en unidades rusas y ha sido celebrada en Ucrania como una ventaja clave, aunque también ha afectado a usuarios propios y civiles, demostrando que cada ganancia tecnológica es muy frágil y exige una gestión constante. En pleno invierno, cualquier fallo añadido en comunicaciones o coordinación se traduce directamente en más bajas y más caos.

La idea impensable. Mientras la presión militar y climática se acumula de forma salvaje, contaba hace unos días el New York Times que una parte creciente de la sociedad ucraniana empieza a contemplar a través de encuestas lo que antes era poco menos que un tabú: aceptar concesiones territoriales a cambio de garantías de seguridad firmes.

No es todavía una mayoría, ni siquiera una decisión asumida por el liderazgo, pero el simple hecho de que se discuta refleja hasta qué punto el frío, los apagones y una guerra sin final claro están forzando un replanteamiento profundo sobre qué significa ganar o simplemente sobrevivir.

En Directo al PaladarEl día 9 de febrero llega a tiendas Lidl un cómodo cacharro por menos de 13 euros que cuece hasta siete huevos a la vez y sin ensuciar

Una disyuntiva empujada por el invierno. Lo que parece meridianamente claro es que el esquema que emerge es duro y falto de épica alguna: el invierno está literalmente congelando a la población ucraniana, y su efecto está acelerando la guerra y estrechando las opciones. 

Así, Ucrania parece empujada a elegir entre intensificar al máximo la lógica kamikaze de los “50.000 rusos al mes” para forzar un desenlace rápido o aceptar concesiones territoriales para detener la destrucción antes de otro invierno igual o incluso peor. El frío no decide por sí solo, qué duda cabe, pero sí actúa como el factor que ha convertido una guerra ya de por sí larga y extenuante, en una decisión urgente.

Imagen | armyinform.com.ua, 7th Army Training Command

En Xataka | "Un safari humano": salir a la calle en una ciudad de Ucrania equivale ahora mismo a ser un blanco de tiro para los drones

En Xataka | La guerra de Ucrania se ha vuelto algo absurdo nivel: hay drones disparando a soldados rusos disfrazados de "pingüinos"

Fuente original: Leer en Xataka
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