Caras. Gestos. Unos de satisfacción, otros de incredulidad. Las primeras explicaciones públicas de José Luis Rodríguez Zapatero tras su imputación y el hallazgo de joyas millonarias en su caja fuerte han colmado a Moncloa y Ferraz, pero han dejado dividido al PSOE. "Tenemos la confianza de que esa honestidad que siempre hemos creído que era definitoria del presidente Zapatero se constate cuando el proceso judicial termine y se termine toda la investigación", señala una dirigente que ha estado en la sala de máquinas socialista. "Esperábamos más contundencia a la hora de aclarar preguntas. Las actitudes que no niegan los hechos sino que los relativizan lo hace todavía mucho más culpable", reflexiona un dirigente de peso de un relevante territorio.
El yin y el yang socialista. Un partido que vive en la zozobra ante la indigestión de ver como un símbolo de la izquierda se tambalea. "Dio una larga cambiada y eso ha generado frustración. Ha sido casi contraproducente", observa un dirigente socialista. "No me dio nada del poder de la derecha sobre la Justicia o ciertos grupos de la Guardia Civil como la UCO. Estoy muy escarmentada con lo que he visto de Aldama y su entorno, las mentiras", apunta otra socialista con cargo en Madrid.
En el Gobierno siguen firmes en defender públicamente su «confianza» en la presunción de inocencia del ex presidente socialista, pero hay mucha más intensidad en defender el rescate a Plus Ultra que el que Zapatero sea inocente. "Si llegan las pruebas, el que lo haya hecho que se coma el marrón", señala un miembro del Gobierno. "Que investiguen y miren todo lo que haya que mirar. Vamos a esperar", apunta un ministro. Otro miembro del Gabinete prefiere no pronunciarse directamente porque quien debe hacerlo, dice, son las instancias judiciales. Sí, se muestra apoyo y confianza casi como una obligación, porque no hacerlo sería reconocer que algo se hizo mal, que pudo haber tráfico de influencias, un hecho que niegan. Pero en La Moncloa saben que ese apoyo implica riesgos. Y que la aparición de alguna prueba o un cambio de versión de Zapatero sería un misil en su línea de flotación. De ahí que hayan optado por creer la versión del ex líder socialista y no la de Julio Martínez Martínez y la intensidad sea mayor en amparar que el rescate de la aerolínea se hizo correctamente.
"Lo hemos mirado de arriba abajo, está hecho conforme a ley, supervisado", exponen fuentes gubernamentales. "Nosotros no es que cerremos filas con Zapatero sino que cerramos filas con el propio Gobierno. Estamos muy seguros de lo que hicimos como gobierno. Se hizo conforme a criterios y legalidad".
"Los indicios evidentemente preocupan. Preocupan porque todos y todas hemos tenido siempre una confianza plena en la honestidad del presidente Zapatero", señala una concejal socialista. "Aquí lo que se espera es que cuando siga adelante la investigación y el proceso judicial, lo que se tenga que dictaminar se dictamine en base a hechos constatados y no a indicios". Así define la entrevista una persona que integra la dirección nacional del PSOE: "Hemos visto a un presidente valiente, convencido. Dará todas las explicaciones que tenga que dar". Otro cargo socialista difiere de esa visión: "Tenía que haber aprovechado para concretar y despejar dudas, sobre todo en el tema de las joyas".
Desde el Gobierno señalan que Zapatero no ha trasladado más información sobre las joyas y que ellos tampoco se la han pedido. "Respetamos los tiempos de defensa de cualquier investigado".
Los socios de gobernabilidad del PSOE tampoco salieron convencidos del trance de la entrevista en televisión: "No ha aclarado nada; no ha dado nada de sí. No hay novedades con respecto a lo que sabíamos", señalan desde una de estas formaciones.
En La Moncloa niegan que la entrevista que Zapatero concedió a TVE fuera una estrategia acordada con Pedro Sánchez. Ambos, como ha reconocido el propio presidente del Gobierno, han mantenido contacto desde que se conociera la imputación. Lo cierto es que tanto el Ejecutivo como Ferraz necesitaban esa aparición pública, sobre todo de puertas hacia dentro, para calmar el malestar y el vacío que había ante la falta de presencia pública.
La Moncloa tenía la esperanza de intentar girar para colocar la agenda socioeconómica en el centro del debate en este final de curso, con el impulso de los Presupuestos Generales o el decreto sobre vivienda que el Consejo de Ministros tiene previsto aprobar este martes. Pero ni siquiera la victoria de la selección en el Mundial concedió una tregua. Apenas unas horas. La realidad golpeó de nuevo como un sopapo.