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El grito de auxilio del empresario de los helados que lo ha perdido todo en el incendio de Cajiz

El grito de auxilio del empresario de los helados que lo ha perdido todo en el incendio de Cajiz
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«No queremos dar pena ni pedimos limosna, sólo necesitamos ayuda para volver a trabajar cuanto antes», es la súplica de Enrique Rodríguez, el fundador de Nonna Helado Artesanal

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Enrique Rodríguez, delante de los restos de su nave calcinada. SUR El grito de auxilio del empresario de los helados que lo ha perdido todo en el incendio de Cajiz

«No queremos dar pena ni pedimos limosna, sólo necesitamos ayuda para volver a trabajar cuanto antes», es la súplica de Enrique Rodríguez, el fundador de Nonna Helado Artesanal

Ignacio Lillo

Málaga

Sábado, 18 de abril 2026, 12:26 | Actualizado 12:59h.

... de Rincón de la Victoria para comer, cuando una llamada de teléfono les cambió la vida. Al otro lado de la línea, la policía les apremiaba a volver de inmediato a su nave porque se había originado un incendio en la nave de al lado que amenazaba la suya.

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El empresario se lleva las manos a la cabeza al ver el estado de su negocio. SUR

Allí, después de años de esfuerzos, Nonna Helado Artesanal había creado su factoría, que daba empleo a una decena de personas. «La nave de al lado estaba completamente llena de ropa usada, que fue como una antorcha», relata con la voz entrecortada el fundador de la empresa. El incendio alcanzó su nave y también a un taller situado en el otro lateral.

Ahorros de toda una vida

La destrucción ha sido total. Enrique Rodríguez solo pudo salvar los dos vehículos de reparto porque se encontraban aparcados en el recinto pero fuera de la nave. Dentro, no ha quedado nada. «Está todo destruido. Teníamos una nave de 350 metros cuadrados con toda la maquinaria de producción. Prácticamente todo era nuevo, le pusimos placas solares, dos cámaras de congelación...» La inversión ronda los 400.000 euros.

Nonna suministra sus helados artesanales a la alta cocina y a los hoteles más lujosos de Málaga y Marbella

Nonna era una fábrica que abastecía de helados artesanales a la élite de la gastronomía, la hostelería y los principales hoteles de Málaga y Marbella. En su cartera hay un centenar de clientes, entre los que figuran nombres de la talla del chef José Carlos García, los hoteles Miramar, Don Carlos, Los Monteros, Puente Romano, Marbella Club, Gran Marbella y el Hotel Villa Padierna, por citar sólo algunos. A esto, se suman sus heladerías propias en la Plaza de la Merced de la capital, en Rincón de la Victoria y una franquicia en Torre del Mar.

«Lo hemos dado todo»

Detrás de ese prestigio logrado con años de buen hacer hay una historia de sacrificio personal que agrava la tragedia. Enrique Rodríguez, de 62 años, fue directivo de grandes empresas del sector del transporte. Pero tras 42 años cotizados, un problema de salud y la necesidad de pasar más tiempo con su familia le llevó a dejar la alta dirección y a emprender en 2013.

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Tampoco es el primer golpe que encajan. Durante la pandemia del COVID-19, el negocio ya sufrió un revés financiero importante al pillarles con toda la mercancía comprada. «Nos arruinamos, pero a partir de ahí nos volvimos a reinventar y empezamos en la línea de hoteles y restaurantes», recuerda. De esa capacidad para renacer de sus cenizas nació también 'Noniná', una línea de tarrinas envasadas que les permitió seguir creciendo y consolidar su prestigio profesional, y de la que SUR informó recientemente.

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Estado de la nave el viernes por la noche durante el incendio. SUR

«Vendimos nuestra casa de toda la vida y nos fuimos de alquiler para poner todo el dinero en esta fábrica», relata. Tras 42 años cotizados, el empresario y su familia viven actualmente de alquiler. «Somos unos luchadores. todo lo teníamos invertido aquí, no nos queda nada». Ahora, admite que pasan por una situación crítica, pues al carecer de patrimonio propio se teme lo peor a la hora de llamar a la puerta de los bancos para empezar de nuevo.

«Herramientas, no caridad»

A pesar de la magnitud de la catástrofe y de reconocer que están «rotos como personas y como empresarios», Enrique Rodríguez todavía saca fuerzas para hacer un llamamiento a la sociedad malagueña: «No queremos dar pena, no queremos pedir dinero para vivir. Necesitamos cosas para trabajar y para montar Nonna de nuevo lo antes posible».

Ahora, la prioridad absoluta es encontrar una nave industrial donde poder restablecer la producción de inmediato. El empresario busca un alquiler, preferiblemente con opción a compra a medio plazo, para poder hacer frente a los pagos una vez recuperen la actividad. Y todo ello, con el único objetivo de volver a suministrar cuanto antes a sus clientes.

Entrar en el circuito de hoteles de gran lujo les costó años de esfuerzo y certificaciones de calidad. «Hay clientes que hemos tardado dos años en que nos acepten. Que eso desaparezca de la noche al día es muy duro», se lamenta. «Están con nosotros, desde ayer llevamos muchísimas llamadas y mensajes de apoyo, pero ahora mismo no les puedo servir y tendrán que buscar proveedores. Nadie puede esperar un año», reconoce.

Además de las instalaciones, el fundador de Nonna solicita la ayuda de algún asesor profesional para gestionar posibles subvenciones ante la Junta de Andalucía, la Diputación y el Gobierno central. «Sé que hay ayudas, pero entiendo que son los profesionales los que verdaderamente saben cómo se gestionan».

Sea como fuere, Enrique Rodríguez, que ya estaba preparando a su hijo para que le sustituyera al frente del negocio ante su próxima jubilación, se niega a arrojar la toalla. Frente al cordón policial que le impide acercarse a su medio de vida, ahora reducido a paredes negras con riesgo de desplome y maquinaria quemada, el emprendedor malagueño se niega a que el apreciado sabor de sus helados artesanos se apague bajo el humo del polígono Los Puertas.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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