Ampliar
Javier Jimeno El Kanka, en 'calma' ante su mejor momento: «Me cuesta asimilar tanto afecto»El cantautor malagueño hace un alegato por la serenidad en su nuevo disco, un trabajo con el que aspira a llenar seis noches el Teatro Cervantes
Lunes, 16 de febrero 2026, 00:10
... plena promoción del disco, a punto de coger un avión hacia Colombia y con los preparativos de la gira ya en marcha. Un tour que ya ha agotado algunas fechas y con el que aspira a batir un récord: seis noches (del 8 al 14 de junio) en el Teatro Cervantes. Difícil mantenerse tranquilo. Y aún así El Kanka consigue contagiar 'La calma' –el título de su sexto álbum– en una conversación pausada, sin mirar el reloj, con la misma honestidad y cercanía que cuando le escuchaban solo diez personas en una tetería de Málaga.–Pero esta vida moderna no nos deja espacio para la calma. Las mismas entrevistas, por ejemplo, ya se hacen sin tiempo.
–Bueno, y ahora noto mucha diferencia con los primeros años. Al final uno se va poniendo más selectivo. Una de mis intenciones claras es llevarme bien con mi trabajo, que las entrevistas molen, que tengan su tiempo y que tengamos un rato para comer entre la entrevista de la mañana y la de la tarde (ríe). Mi récord fue en Ciudad de México donde llegué a hacer 16 entrevistas en un día. Me dolía la voz. No la garganta. ¡La voz!
–Apelas a la calma en un mundo crispado. ¿Cómo te mantienes al margen de eso? Estás muy presente en las redes sociales, el centro de la crispación.
–No considero que esté completamente al margen, ni mucho menos. También pertenezco a la tribu de crispados, pero en la medida de lo posible, con mis herramientas, intento tener un mínimo de equilibrio. Para mi profesión, para la parte de la creación, es interesante no vivir todo el rato en esa crispación, necesito tener un mínimo de serenidad para poder sentarme a escribir cosas. Y por eso, por más que yo esté presente en redes, no las miro. Yo no tengo Instagram en mi móvil desde hace un año, por ejemplo.
«Intento que el ego no se apropie de mí, pero sé que no lo consigo del todo. ¿Cómo lo voy a conseguir?»
–De todas formas, tampoco tienes muchos 'haters'. Eres uno de los pocos afortunados a los que no dilapidan en las redes.
–Eso es verdad, yo tengo muy poco 'hate'. Creo que caigo bien en general, y me parece que eso también es una cosa muy malaguita. Los malagueños caemos bien. Pero aparte de eso, aunque dentro del 'underground' sea un tío súper conocido, soy poco mediático, no salgo mucho en la tele. Si un tío no me quiere escuchar, no me tiene que escuchar por cojones. Eso no pasa con Bad Bunny. Yo no le he dado en mi vida 'play' a una canción suya, pero yo sé perfectamente quién es, no puedo no saberlo. Entonces a mí me puede caer Bad Bunny como una 'patá' en los huevos y me lo tengo que comer. Pero si a alguien yo le caigo como una 'patá' en los huevos, como no me busquen no me escuchan. Eso es importante.
–¿Todavía te sientes 'underground'?
–Sí. Para mí, el Robe era 'underground' aunque vendiera 30.000 entradas. No sonaba en la radio y su proyecto en la concepción era artesano. Era un tío de una inmensísima minoría. Que es un poco lo que me pasa a mí. A mí no me conoce la mayoría de la gente de este país. Yo me voy a la pescadería de mi barrio a comprar un salmón y no me conoce nadie. Pero quien me conoce es súper fan.
–A una de tus últimas presentaciones, siempre multitudinarias, acudió una familia vestida entera de panda (el símbolo del nuevo trabajo) y una chica con los títulos de tus discos tatuados. ¿Se llega uno a acostumbrar a tanto afecto y tanto halago?
–Yo no, desde luego. A día de hoy, todavía me cuesta asimilarlo. También porque creo que hay una parte de mí que no se quiere creer eso. Siempre me ha dado mucho miedo ser uno de esos artistas que se ponen gilipollas. Intento mirar para otro lado, pensar que soy una persona normal que hago mis cancioncillas, pero es verdad que muchas veces la repercusión de las cancioncillas esas… ¡No veas!
«Muchos artistas de 50 años componen como si tuvieran 20, y no quisiera yo ser uno de esos»
–¿Te preocupa que se acabe?
–Sí. Me pasa una cosa muy concreta, que es una herencia de mi padre, que es que yo tengo un miedo terrible a ser pobre. Y mira que nunca lo he sido, mis padres trabajaban los dos y siempre han estado ahí para ayudarme. Pero cuando me fui a Madrid yo no quería estar pidiéndoles dinero. Y te puedo asegurar que mi vida era bastante miserable a nivel económico. Vivía en una casa completamente lamentable donde la nevera no cabía en la cocina, estaba en el salón. Nunca he querido ser millonario, pero un poquito de dignidad económica es fundamental. Y sé que la inmensa mayoría de la gente, tal y como están las cosas, no la tiene. Mi padre fue tremendamente pobre en su niñez y él me inculcó ese miedo. A día de hoy, todavía pienso '¿y si el siguiente disco no funciona y la gente deja de venir a verme?'.
–Sería también un golpe al ego…
–Por supuesto. Intento que el ego no se apropie de la movida, pero estoy convencido de que no lo consigo del todo. ¿Cómo lo voy a conseguir? Es verdad que no es lo mismo cuando un proyecto crece extremadamente rápido, como los chavalillos de 'OT' o Estopa, que fueron de cero a cien. Eso es más difícil de asimilar que lo mío. Yo me he ido acostumbrando a todas las fases, yo no me he saltado ningún escalón. Pero al final, hay un montón de gente diciéndome que soy la hostia y algo seguro que me permea. Intento no hacer mucho caso y esa humildad la trabajo muchísimo. Pero estoy seguro de que si de repente el disco que viene no gusta nada, no solo va a ser un golpe económico.
–¿Sigues teniendo inseguridades?
–Sí, por supuesto que sí. No creo que ningún ser humano se libre nunca de sentir inseguridades. Llevo muchos años haciendo canciones. Ahora mismo tengo una cantidad de recursos que me da la experiencia, el haberme equivocado, haber tirado muchas canciones a la basura, haberme creído que una canción iba a funcionar y que no funcionara… Y todo eso da seguridad. Pero todavía me acuesto pensando que la canción que he hecho se va al cajón.
«A mí no me conoce la mayoría de la gente de este país, pero quien me conoce es súper fan»
–Este es un disco le cantas al amor doméstico y tiene un punto de nostalgia en 'Los compadres'. Te estás haciendo mayor.
–¡Claro! Y eso tiene sus cosas malas, el cuerpecillo ya no es el mismo y cada vez está uno más cerca de reunirse con Chanquete. Y, como bien sabes, le tengo pánico a la muerte. Pero cumplir años tiene cosas muy bonitas. Me gusta aprovechar algo de todo esto. La mayoría de las canciones son muy parecidas y hablan de amor de la misma manera. Y a mí eso nunca me ha gustado, me gusta hacer una canción que diga las cosas de una manera que no se han dicho antes. Como «si me da tiempo compro tomates» o «dónde has metido mis zapatillas», creo que pocas canciones hablan de una situación romántica de esa forma. Y en 'Los compadres' hablo de la amistad, pero también del paso del tiempo y eso no lo podía hacer con 20 años. Hay artistas que tienen 50 años y componen como si tuvieran 20. No quisiera yo ser uno de esos. Porque no tengo 20, tengo 43. Y eso es precioso, quiero tener otra perspectiva, quiero haber madurado, haber aprendido cosas y que eso se note en las canciones. Ojalá componga canciones con 70 y 80 años y pueda hablar de la vejez.
–Con 20 tampoco hubieras podido hablar de la ansiedad, como haces en este disco.
–No la había sufrido, y ahora sí.
–¿La sufres a menudo?
–Sí. Nunca me ha dado un ataque de ansiedad o ataque de pánico. Sí que he tenido trastornos de ansiedad generalizada. Me va por épocas. Hago terapia desde hace muchísimos años y no lo gestiono ahora igual que cuando me dio la primera vez, que creía que me iba a morir. Soy tranquilo de carácter, pero soy una persona aprensiva y un neurótico de libro, como digo en una de mis canciones (ríe).
–Y eliges la música, una profesión de lo más relajada, sin exposición ninguna…
–Eso no lo he pensado yo muy bien (risas). La música es maravillosa. Lo que es la música. Yo no me empecé a dedicar a esta profesión pensando en que me tenía que subir a un escenario para cantar para 10.000 tíos. No lo pienso ni ahora. Empecé porque cuando cogía la guitarra y me ponía a hacer canciones, me parecía una cosa tan bonita que la quería compartir con la gente. Cuando estoy en el Sonorama y sé que hay 40.000 personas ahí, te puedo asegurar que no estoy deseando salir. Luego en el escenario lo disfruto, pero mi frase recurrente es 'vaya profesión más extraña'. Nadie está preparado para esto.
–Y lo estamos viendo con la cantidad de bajas que hay en la música. Puede que siempre hayan existido, pero ahora se habla más abiertamente de salud mental.
–Sí, son varias cosas. Creo que ha cambiado mucho el mundo. Ahora estamos todos más estresados. En cuanto a la música, hace 30 años no llevaba todo el mundo una cámara de fotos en el bolsillo. Ahora sí, y todos se quieren hacer una foto. Y tenemos que estar todo el rato publicando en redes. Eso supongo que influye en los niveles de cortisol. Y, por otro lado, me alegra que no pase como hace 20 años, cuando la persona que iba al psicólogo parecía que era un loco.
«Solo tengo una aspiración: poder seguir dedicándome a esto con comodidad»
–La canción 'He dicho que no', ¿la escribes para recordarte a ti mismo ese lema?
–Pero esa y la mayoría de mis canciones. La mayoría son cosas que yo me intento recordar a mí mismo. Yo estoy aprendiendo como cualquier persona a decir que no y poner límites, y lo reivindico. Pero no es una cosa que yo haya encontrado, es algo que sigo buscando.
–¿Y qué te pasa con la muerte? Todos le tenemos miedo, pero lo tuyo ya es patológico.
–Es que la he vivido de forma un poco traumática y siendo joven. Sobre todo con mi madre. Ella tenía 49 años cuando murió de cáncer de mama y yo 19. No fumaba, no bebía, se cuidaba… Fue muy duro para mi hermana y para mí. Los dos tenemos mucha conciencia de que en cualquier momento nos va a tocar entregar la cuchara. Eso me dejó secuelillas…
–Y sin embargo, en 'Le pasa solo al resto' le pones una nota de humor al drama.
–Estoy muy contento. El hecho de haber podido jugar con el humor con una cosa que me da tanto miedo es un buen síntoma.
–Has conseguido mucho, e incluso más de lo que tú te proponías. ¿A qué aspiras ahora?
–Ya son un montón de años en los que yo solo tengo una aspiración: poder seguir dedicándome a esto con comodidad. No quiero mucho más, la verdad.
Límite de sesiones alcanzadas
El acceso al contenido Premium está abierto por cortesía del establecimiento donde te encuentras, pero ahora mismo hay demasiados usuarios conectados a las vez.
Por favor, inténtalo pasados unos minutos.
Sesión cerrada
Al iniciar sesión desde un dispositivo distinto, por seguridad, se cerró la última sesión en este.
Para continuar disfrutando de su suscripción digital, inicie sesión en este dispositivo.
Iniciar sesión Más información¿Tienes una suscripción? Inicia sesión