- PETER FOSTER / GEORGE PARKER / ANDY BOUNDS
Keir Starmer busca un acercamiento histórico con Bruselas ante el estancamiento económico británico y la desconfianza hacia Washington. Pero en Europa advierten que Londres mantiene líneas rojas inaceptables.
El Gobierno laborista de sir Keir Starmer tardó casi dos años en encontrar su postura sobre el tema más polémico de la política británica desde la Segunda Guerra Mundial.
Con la economía estancada, la guerra en Irán amenazando con una crisis energética y Donald Trump demostrando ser un aliado cada vez menos fiable, el primer ministro británico recurrió a Bruselas, no a Washington, al pronunciar su discurso a la nación este mes.
"El Brexit ha causado un profundo daño a nuestra economía", afirmó Starmer, haciéndose eco de la opinión generalizada entre los economistas. Prometió que Reino Unido sería "más ambicioso" en estrechar relaciones con la UE, argumentando que los beneficios de hacerlo eran ahora "demasiado grandes para ignorarlos".
Fuera de tiempo
Pero diplomáticos y analistas advierten de que Starmer podría haber perdido ya su oportunidad para un giro radical hacia Europa. El tiempo se agota, tanto para las negociaciones como para demostrar a los votantes los beneficios económicos reales de una mayor integración con la superpotencia comercial al otro lado del Canal de la Mancha.
Los funcionarios de la UE dudan de la capacidad de Starmer para lograr sus objetivos, mientras intenta mantenerse como primer ministro y el partido Reform UK de Nigel Farage, líder en las encuestas, promete anular cualquier intento de "reinicio" con Bruselas. "Tenemos una lista de diez prioridades mucho más importantes", afirma un diplomático del bloque.
Nigel Farage y el partido Reform UK prometen boicotear cualquier intento de reintegraciónEn Westminster se preguntan si el acercamiento del primer ministro a Europa es una iniciativa seria destinada a impulsar las conversaciones con Bruselas o simplemente una maniobra táctica para apaciguar a los diputados laboristas, cada vez más frustrados por su tibieza en este tema. Les preocupa que el resultado del "reinicio" de la UE impulsado por el Partido Laborista hasta el momento haya sido limitado.
Según las propias estimaciones del Gobierno, las medidas que se acordarán en la cumbre UE-Reino Unido de julio solo aumentará el PIB de Reino Unido un 0,3% en los próximos quince años.
Las iniciativas incluyen un acuerdo para eliminar los controles a las exportaciones de alimentos y bebidas y la reconexión de los sistemas de fijación de precios del carbono de la UE y Reino Unido. Aún está pendiente de acuerdo un convenio de movilidad que permita a los jóvenes de entre 18 y 30 años vivir y trabajar en la UE o Reino Unido durante un máximo de tres años.
Los grupos industriales han acogido con satisfacción los avances, en la medida en que se han logrado, pero señalan que representan solo una pequeña fracción del impacto del Brexit del 4% estimado por el organismo fiscal británico, la Oficina de Responsabilidad Presupuestaria.
Diplomáticos de la UE afirman que estos avances son inevitablemente escasos, dado que el Partido Laborista se ha mantenido fiel a las "líneas rojas" de su programa electoral, que se remontan a la época del ex primer ministro conservador Boris Johnson. El Ejecutivo de Starmer, al igual que sus predecesores, descarta estrechar los lazos institucionales con el bloque, descartando la formación de una unión aduanera o la reincorporación al mercado único.
"Creo que el error radica en que las 'peticiones' del Reino Unido siguen siendo las mismas", afirma otro diplomático de la UE. "Piden un reinicio, pero es más de lo mismo: solo solicitan formar parte de aquellas áreas del mercado único donde creen tener una ventaja competitiva. Y no están dispuestos a pagar".
Un plan estratégico
Esta valoración no se limita a Bruselas. El Comité Selecto de Asuntos Exteriores de la Cámara de los Comunes criticó el reinicio el mes pasado por carecer de "dirección, definición e impulso". Aunque el comité acogió con satisfacción el tono más conciliador del Gobierno británico, criticó a los ministros por pedir vagamente una "alineación" con Europa sin establecer un plan estratégico.
Cuando la ministra de Finanzas Rachel Reeves pronunció la Conferencia Mais anual de Reino Unido sobre la economía, mencionó un estudio estadounidense que calculaba que la salida de la UE había provocado una caída del 8% en el PIB británico, el doble de la estimación oficial del 4%.
"La tensión entre el Brexit está costando el 8% del PIB" y "tenemos un reinicio que no cambiará mucho" es insostenible", afirma Anand Menon, director del think tank UK in a Changing Europe. "Vamos hacia un punto de inflexión en el que el statu quo no es sostenible".
¿Reinicio o repetición?
Funcionarios británicos y de la UE reconocen que los primeros 18 meses de negociaciones para el reinicio han mermado la confianza de ambas partes. El Partido Laborista esperaba obtener una victoria rápida restableciendo el acceso de los músicos y profesionales de gira a Europa a como era antes del Brexit. Pero la solicitud fue rechazada en Bruselas, que descartó -no por primera vez- cualquier intento británico de seleccionar lo que más le conviene del acceso al mercado único de la UE. Las mismas peticiones se habían formulado -y rechazado- durante el gobierno de Rishi Sunak. Pero el Partido Laborista esperaba una respuesta diferente.
En Bruselas añaden que las capitales de la UE se sintieron decepcionadas por la reticencia laborista a adoptar un programa de movilidad juvenil que incluía tasas de matrícula más bajas para los estudiantes de la UE en universidades británicas. Esto significó que las capitales nacionales estuvieran menos motivadas para presionar a la Comisión Europea a ser más ambiciosa en las negociaciones.
"La única petición de la UE es el programa de movilidad juvenil", afirma un funcionario de la UE cercano a las negociaciones.
La Comisión estaba aún más preocupada por no ofrecer a Reino Unido nada que pudiera interpretarse como una selección sesgada de concesiones, ya que tales concesiones podrían afectar el debate en Suiza, que tiene previsto celebrar un referéndum el próximo año sobre un paquete de actualización de sus relaciones con la UE.
Con el Partido Laborista en el poder, la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, ha celebrado "un nuevo capítulo" en las relaciones entre el Reino Unido y la UE.
Keir Starmer, primer ministro de Reino Unido, y Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea.EFEPero lo ocurrido bajo el mandato de Starmer no es tanto un reinicio de la relación como una repetición de viejos argumentos de rondas de negociaciones anteriores.
"Existe la voluntad política, pero no la burocrática", añade el funcionario de la UE.
El pasado noviembre, por ejemplo, un desacuerdo en materia económica provocó el fracaso de las negociaciones sobre la participación de Reino Unido en un nuevo fondo de defensa de la UE de 150.000 millones de euros, a pesar del acuerdo entre los líderes sobre la necesidad estratégica de colaborar para rearmar a Europa. Aunque Alemania, Países Bajos y Bélgica intercedieron ante la Comisión para intentar reducir el coste de entrada de Reino Unido, que ascendía a 2.000 millones de euros, no se logró un acuerdo. El precio, que Reino Unido rechazó por considerarlo exorbitante, se debió a las exigencias francesas de proteger las industrias de defensa de la UE.
"Pertenecemos al mismo club, así que debemos apoyar a nuestro socio antes que a un país ajeno", afirma un alto diplomático de la UE, señalando el escaso efecto de las buenas intenciones de Londres en sus negociaciones con Bruselas tras el Brexit.
El Ejecutivo británico pretende contrarrestar esta narrativa con la cumbre de julio, en la que espera alcanzar acuerdos que allanen el camino para la eliminación de algunos controles fronterizos de productos vegetales y animales, así como para evitar que la industria británica pague un nuevo impuesto europeo sobre el carbono y algún tipo de programa de movilidad juvenil. En Reino Unido, este tipo de acuerdos son muy polémicos. El acuerdo sobre el control fronterizo obligará a Londres a seguir automáticamente las normas y reglamentos de la UE, lo que ha provocado acusaciones por parte de los conservadores y Reform UK de que el Partido Laborista se está vendiendo a Bruselas. El gobierno responde que está priorizando la economía sobre la ideología.
Aunque los objetivos de las negociaciones han sido bien recibidos por los distintos sectores, obligan al Partido Laborista a defender su decisión de someterse a las normas de Bruselas, al tiempo que promete un beneficio económico que dista mucho de su retórica.
Vuelta al todo o nada
Las encuestas muestran que siguen existiendo profundas divisiones en torno al Brexit en Reino Unido.
Pero mientras el Partido Laborista naufraga en medio de sucesivos escándalos y crecientes dudas sobre el futuro de Starmer, crece el consenso en la izquierda de que un enfoque más ambicioso hacia Europa podría ser decisivo para ganar votos.
En cambio, tanto Reform UK como los Conservadores han prometido abandonar el Convenio Europeo de Derechos Humanos para tener mayor libertad para deportar inmigrantes indocumentados. Los analistas advierten que esto podría romper el acuerdo comercial vigente entre Londres y Bruselas.
"Estamos volviendo a un mundo donde el debate sobre el Brexit es de todo o nada", afirma Menon. "El debate en el grupo parlamentario laborista avanza a pasos agigantados".
Una encuesta de YouGov, publicada este mes por Best for Britain, un grupo de presión proeuropeo, reveló que un mensaje claro de "reincorporación" aumentaría el apoyo a los partidos de izquierda -laboristas, verdes y liberaldemócratas- mucho más que otras posturas más matizadas. "Impulsar la adhesión de Reino Unido es la opción política más sostenible", afirma Tom Brufatto, director de política e investigación de Best for Britain.
Estrechar lazos
Si bien la encuesta de YouGov sitúa el porcentaje de británicos a favor de reincorporarse a la UE en tan solo el 53%, la opción opuesta goza de aún menos apoyo, con un 32%. Sin embargo, una encuesta de More in Common revela que el 66% de los británicos desea una relación comercial más estrecha con la UE, y el 63% se muestra a favor de estrechar los lazos en materia de seguridad y defensa. Starmer y Reeves han indicado que quieren ir más allá tras la cumbre de julio, señalando su intención de alinearse con las normas de Bruselas en otros sectores, como los automóviles y los productos químicos.
Las asociaciones comerciales británicas han acogido con satisfacción la idea en principio, pero temen que sea insuficiente para abrir el acceso al mercado único de la UE. Los funcionarios de Bruselas advierten que Reino Unido no podrá seguir eligiendo lo que le conviene a menos que contribuya más al presupuesto de la UE y haga mayores concesiones en materia de libre circulación.
En cuanto a pasos más ambiciosos como incorporarse a una unión aduanera con la UE, los asesores de Starmer citan encuestas internas que indican que la idea de más años de arduas negociaciones con Bruselas resulta muy poco atractiva.
"Cuando se profundiza un poco, el apoyo se desvanece rápidamente", afirma uno de ellos. "¿Qué pasaría si tuviéramos que adoptar el euro? ¿Qué hay de las condiciones financieras? ¿Qué impacto tendría en la moral pública si los políticos europeos dijeran que volvemos a Bruselas pidiendo limosna?".
Que un futuro Gobierno de izquierdas pueda entablar un diálogo más constructivo con Bruselas dependerá de su disposición a afrontar concesiones fundamentales, afirma Ivan Rogers, exembajador de Reino Unido ante la UE.
Considera ingenuo esperar que la UE suavice su postura negociadora debido al ascenso de Trump y la amenaza de Rusia y China.
"La pregunta clave es: ¿dónde queremos estar dentro de 10 o 15 años, dado el panorama mundial al que parece que nos dirigimos? ¿Está Reino Unido dispuesto a replantearse sus líneas rojas?", pregunta Rogers. El exembajador cuestiona la viabilidad de una postura británica que parece buscar el alineamiento con Europa en bienes industriales, pero se acerca a EEUU en tecnologías como la IA.
Charles Grant, director del think tank Centre for European Reform, se muestra escéptico con respecto a un movimiento para reincorporarse a la UE, argumentando que Bruselas no aceptaría la idea sin un claro consenso político en Reino Unido. Por ahora, algo así parece lejano.
Sin embargo, cree que un Londres dispuesto a relajar las líneas rojas actuales podría convencer a Bruselas de aceptar algún tipo de "mercado único de bienes", en el que Reino Unido se alinee en sectores industriales clave, pero mantenga flexibilidad en los servicios.
"Reino Unido dice 'no' por ahora, pero no para siempre", afirma. "Si Reino Unido está dispuesto a contribuir, aceptar una alineación dinámica y mostrar flexibilidad en la cuestión clave de la libre circulación, a la UE le resultaría difícil negarse a que 'seleccione lo que le conviene'".
Muchos diplomáticos de la UE no descartan un acuerdo de este tipo. Pero sostienen que requerirá un enfoque mucho más audaz por parte del Gobierno británico.
"Reino Unido necesita hacer un examen de conciencia", señala uno de ellos. "¿Cuál es la prioridad estratégica? Al Reino Unido de finales del siglo XIX no le resultaría difícil comprender que también hay que hacer cierta inversión para ser una potencia mundial. ¿Por qué no vale la pena que Reino Unido haga esa inversión ahora?".
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