El sumbisori es solo una de las adaptaciones que las Haenyeo —pronunciado como “genio” y cuya traducción literal es “mujeres del mar”— han desarrollado a lo largo de generaciones y generaciones que insisten en zambullirse en el océano. Pero no todas las adaptaciones son resultado de su entrenamiento. Han hecho frente, mediante un sistema de cooperativas, a las distintas imposiciones tanto coreanas como japonesas sobre los productos que comercian. Han sabido respetar los tiempos del mar y no sobreexplotar el entorno gracias al cual subsisten. Y su práctica ha sido tan constante que la llevan en la sangre.
hay varias pistas. Desde el año 434 de nuestra era, ya hay registros de que en el reino de Silla —uno de los tres reinos que conformarían lo que ahora es Corea—, en la parte sureste de la península coreana, ya habían perlas provenientes de la isla Jeju, que por ese entonces se llamaba Tam-La, y era una nación independiente. Jeju se fue haciendo famosa a lo largo de diversas fronteras gracias a la calidad de sus perlas, tanto que en el siglo XIII uno de los reyes de China mandó a sus súbditos a conseguir perlas de Jeju para enriquecer su tesoro.En el siglo XV, quedó registrado en la “Historia de la dinastía Lee” (citado aquí) que un grupo de hombres había migrado de Jeju hacia la parte continental de Corea y se dedicaba a la venta de abulones, que muy probablemente eran extraídos del fondo marino por las esposas que se mudaron junto con ellos.
Para el siglo XVII es cuando se empieza a hacer una distinción de género en la práctica del buceo, o al menos es la primera aparición reportada de la palabra Jam-Nyo (mujer buceadora). En la monografía titulada “Geografía de la isla de Jeju”, describen a las Jam-Nyo como: “Mujeres desnudas que se dedican al buceo en la primavera y el verano para cosechar algas marinas y abulones, sin embargo, la mayoría de su producción es retenida por oficiales del gobierno quienes les permiten vender solo una pequeña fracción de su cosecha para su gasto. Además, estas mujeres trabajan con hombres sin ningún sentimiento de deshonra”.
las buceadoras de la isla trabajaban fuera de la casa y ganaban dinero de manera independiente, mientras que sus esposos se quedaban en casa a cuidar de sus hijos.La ocupación japonesa y las cooperativas
Aunque no fue hasta 1910 que Corea se convirtió en una colonia japonesa, desde 1870 Jeju empezó a recibir grandes cantidades de pescadores japoneses. Las aguas de Jeju eran tan ricas —no solamente en abulón y algas, sino también en peces muy preciados por los nipones— que, según un pescador japonés “años antes del fin de la guerra, cerca de un cuarto de todo Japón estaba haciendo dinero de Jeju, todo un cuarto [...] Probablemente no haya en el mundo aguas tan valiosas como las de la isla Jeju”.
Japón ya era conocido por la sobreexplotación que realizaba en distintos mares, por lo que Jeju intentó prohibirles el hacer puerto o siquiera el acercarse a pescar a sus aguas. Lamentablemente para ellos, los botes nipones estaban armados —en principio para defenderse de la piratería de la zona, que en realidad era difícil de distinguir de la pesca que se hacía—, por lo que los enfrentamientos violentos entre los pescadores de Jeju y los japoneses fueron escalando.
En 1915, cuando Corea ya había sido anexada a Japón, se realiza el Decreto de Pesca de Corea, con el cual las Haenyeo obtuvieron derechos de pesca a lo largo de toda la costa de Jeju y de la costa peninsular de Corea. Sin embargo, las buceadoras se enfrentaban a tarifas muy dispares a las de los pescadores japoneses. Es por ello que en 1920, las Haenyeofundan la primera cooperativa de buceadoras llamada Jamsuhoe (que se puede traducir como “asociación de mujeres buceadoras”), razón por la cual las Haenyeo también empezaron a ser llamadas jamsu (mujeres buceadoras). Desde un inicio, la Jamsuhoe empezó a dar resultados mejorando las condiciones de buceo y protegiendo a las buceadoras de la explotación impuesta por los japoneses. Pero los abusos continuaban.
Incidente Jeju 4.3”, donde el pueblo de Jeju, organizado por el Partido de los Trabajadores, empezó una serie de protestas y ataques al gobierno que duraron cerca de siete meses. Se estima que cerca del 10% de la población de la isla (alrededor de 30,000 personas) fallecieron en estos encuentros. En la villa de Bukchon, la mayoría de los sobrevivientes fueron mujeres y niños, por lo que muchas mujeres empezaron a entrenarse como Haenyeo para subsistir.Compartiendo la pesca
Es por toda esta historia que las Haenyeo siguen dándole una gran importancia a su organización comunal y a la labor que realizan. “Se reúnen en la costa al menos tres veces a la semana a las siete de la mañana”, me explica la investigadora mexicana Diana Aguilar de la Universidad de California en Los Ángeles, quien fue a distintas comunidades de Haenyeo en Jeju para estudiar la genética de las mujeres buceadoras. “A algunas las llevaban sus esposos y otras llegaban por su cuenta en motocicletas”, cuenta Diana. “Toman un desayuno ligero mientras platican entre ellas, y cerca de las ocho ya están listas para sumergirse”.
Dependiendo de la cooperativa de las buceadoras, pueden elegir una zona de pesca y recolección cerca de la costa a la que pueden llegar nadando o utilizar un bote que las lleve un poco más mar adentro. Las Haenyeo llevan un wet suit —un traje de buceo de neopreno—, una de las pocas adaptaciones modernas a su práctica, un cinturón con pesas que les ayuda a sumergirse, un visor, una hoz en forma de L, y una canasta amarrada a una boya naranja donde van colocando la pesca del día.
bulteok”, y es un espacio de camaradería y confianza, donde se discuten tanto cuestiones personales como sobre la pesca del día.En un estudio previo —también liderado por Melissa— encontraron que en la población Bajau en Indonesia, donde los hombres llevan practicando el buceo libre desde hace miles de años, sus bazos eran 50% más grandes que el de sus vecinos que no buceaban. La relación entre el bazo y el buceo es que el bazo contiene una reserva de células rojas cargadas de oxígeno. Cuando el reflejo mamífero de buceo se activa, el bazo se contrae, liberando estas células al torrente sanguíneo.Se estima que en 1965 había un poco más de 23,000 mujeres buceadoras en Jeju, y que para 1970 ya habían decrecido a 14,000 tras la oportunidad de otros trabajos menos riesgosos. Actualmente sus números están cerca de las 200 buceadoras, y por lo mismo, son cada vez de mayor edad, promediando entre 60 y 70 años, y algunas sobrepasando los 80. “No les gusta que les digan viejas”, confiesa Melissa, y aunque las Haenyeo están acostumbradas a largas jornadas de trabajo físico, sus contrapartes terrestres no suelen bucear mucho. “No podíamos pedirle a señoras coreanas de 60 años que bucearan para poderles hacer las mediciones”, explica Melissa.publicado en mayo de 2025 en la revista Cell Reports, hicieron mediciones a tres poblaciones: 30 mujeres Haenyeo en Jeju, 30 mujeres no Haenyeo en Jeju, y 31 mujeres no Haenyeo en Seúl. Para simular el buceo y que se activara el reflejo de buceo, le pidieron a las participantes que aguantaran la respiración y sumergieran su rostro en un recipiente con agua fría. “Las Haenyeo pensaban que era un experimento un poco tonto”, confiesa Diana, y claramente un tazón con agua no es lo mismo que todo un océano, pero el resto de las participantes agradeció no tener que sumergirse en el mar en pro del avance científico. Además, el experimento funcionó.En cuanto al tamaño del bazo, “fue raro. El bazo de todas era más grande”, me explica Melissa. Todas las mujeres de Jeju tenían bazos grandes, sin importar si eran Haenyeo o no. Las de Seúl tenían bazos de tamaño promedio. “Tal vez sea un factor ambiental lo que estamos viendo”, ofrece Melissa como hipótesis.
El último chapuzón
Melissa y Diana regresaron unos meses después de haber tomado los datos para mostrarle los resultados a las mujeres con las que trabajaron. “Estaban muy interesadas en conocer qué habíamos encontrado”, me dijo Diana. Los resultados les hicieron sentido a las buceadoras, aunque parece que tampoco le dieron demasiada importancia; finalmente, tenían que continuar con el trabajo del día, “y ellas se toman el trabajo muy en serio”, comenta Melissa.
Le pregunté a las investigadoras si habían podido hablar con las Haenyeo sobre qué significaba para ellas ser probablemente la última generación de buceadoras, ser el final de la estirpe. “Están en paz con eso”, me explicó Melissa. “Ser Haenyeo es muy difícil, varias de ellas mueren mientras bucean, es duro, es frío. Mientras, pueden ver cómo sus hijas y sus nietas están haciendo otras cosas con sus vidas, van a la universidad, estudian. Esto las llena de orgullo”.