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El mayor cambio en la guerra ya no son los drones: es que Rusia, EEUU y China están quitando al humano del botón

El mayor cambio en la guerra ya no son los drones: es que Rusia, EEUU y China están quitando al humano del botón
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Un grupo de ingenieros de Google firmó una carta interna para protestar contra un proyecto en el que su propio software estaba siendo utilizado por el Pentágono, provocando un debate sin precedentes dentro de la compañía sobre hasta dónde debía llegar la tecnología que ellos mismos habían creado. Desde entonces han pasado casi 10 años, una “eternidad” con la implantación de la IA. La guerra se acelera… sin humanos. Contaban la semana pasada en The New York Times que la guerra moderna está entrando en una fase en la que la intervención humana ya no es el centro de la toma de decisiones, sino un paso casi simbólico dentro de procesos dominados por algoritmos, donde sistemas de inteligencia artificial identifican objetivos, recomiendan ataques y generan planes completos en cuestión de segundos.  Programas como Project Maven, hoy desarrollado por Palantir e integrado con modelos como el de Anthropic, muestran hasta qué punto la cadena de decisión se ha comprimido: imágenes satelitales, datos de drones y señales interceptadas se procesan automáticamente para generar listas de objetivos y soluciones de ataque, reduciendo la intervención humana a algo tan simple como seleccionar opciones en pantalla, en palabras de responsables del Pentágono, es tan sencillo como darle al “Click izquierdo, click derecho”. En Xataka De imprimir drones a mirar láseres, 300 informes han revelado que el manual de batalla de Irán tiene un nombre: Ucrania Potencias en la misma carrera. Porque en el centro de esta transformación están Estados Unidos, China y Rusia, que compiten por liderar una nueva carrera armamentística basada en sistemas autónomos capaces de operar sin intervención directa. En China, por ejemplo, el desarrollo de enjambres de drones coordinados por inteligencia artificial y plataformas capaces de operar junto a cazas tripulados refleja una apuesta por la escala y la automatización. Mientras, en Rusia se apuesta por sistemas como los drones Lancet, que evolucionan hacia capacidades de selección autónoma de objetivos. Por su parte, Estados Unidos intenta cerrar la brecha impulsando a empresas como Anduril a acelerar la producción de drones autónomos, en una carrera donde la velocidad de desarrollo es casi tan importante como la propia tecnología. El dron chino WZ-8 Ucrania como punto de inflexión. Como hemos ido contando, la guerra en Ucrania ha sido el punto de inflexión que ha convertido estas tecnologías en herramientas reales de combate, demostrando que sistemas relativamente simples pueden evolucionar rápidamente hacia capacidades semiautónomas y cambiar el equilibrio en el campo de batalla.  Drones comerciales adaptados, embarcaciones no tripuladas y sistemas de análisis de datos han permitido resistir a un adversario superior, mientras Rusia ha respondido incorporando automatización progresiva en sus propios sistemas. Como señalaba el analista Michael Horowitz, “el campo de batalla en Ucrania ha servido como un laboratorio para el mundo”, acelerando una transición que ya no es experimental, sino operativa. Silicon Valley en la guerra. A diferencia de anteriores carreras armamentísticas, el Times recordaba que el protagonismo no recae únicamente en los Estados, sino también en empresas tecnológicas y start-ups que están redefiniendo el desarrollo militar.  Aquí figuran compañías como Google que participaron inicialmente en proyectos como Maven antes de retirarse por presiones internas, mientras otras como Palantir o Anduril han ocupado ese espacio con una visión más alineada con la defensa. En China, el modelo de “fusión civil-militar” integra directamente a empresas privadas en el desarrollo de sistemas militares, mientras en Occidente se intenta replicar ese dinamismo con inversiones millonarias y una creciente colaboración entre Silicon Valley y el Pentágono. Algoritmos contra algoritmos. El resultado es una forma de guerra en la que el enfrentamiento ya no es solo entre ejércitos, sino entre sistemas automatizados que operan a velocidades imposibles para los humanos, un escenario que hemos contado donde drones lanzan drones para enfrentarse a otros drones y redes de sensores se conectan globalmente para ejecutar ataques en tiempo real.  Proyectos como el intento chino de replicar redes similares a la Joint Fires Network estadounidense reflejan esta tendencia hacia una guerra interconectada, una donde un sensor en un punto del planeta puede activar un ataque en otro sin intervención directa. En este punto, la superioridad ya no depende únicamente de la calidad del armamento, sino de la capacidad de integrar datos, procesarlos y actuar más rápido que el adversario. Velocidad sin control. Qué duda cabe, esta aceleración conlleva riesgos que preocupan incluso a quienes impulsaron estos sistemas, ya que la automatización puede desencadenar respuestas militares antes de que los humanos puedan intervenir o comprender completamente la situación. De ello dan fe estudios como el de RAND Corporation, trabajos que han mostrado escenarios en los que sistemas autónomos escalan conflictos de forma inadvertida, mientras expertos advierten de una posible “espiral de escalada” impulsada por la velocidad de decisión de las máquinas.  Como reconoció el general Jack Shanahan, impulsor de Maven, la realidad es que existe el peligro de desplegar sistemas “no probados, inseguros y poco comprendidos” en un contexto de competencia donde cada actor teme quedarse atrás. En Xataka Una idea inquietante ha comenzado a tomar fuerza en Europa: Ucrania ha convertido a Rusia en una fuerza aérea temible Menos humanos, más automatización. Así, el panorama que se dibuja es el de una guerra cada vez más automatizada, donde la intervención humana se reduce progresivamente y las decisiones críticas se delegan en sistemas de inteligencia artificial capaces de analizar, decidir y actuar en segundos, otra cosa muy distinta que es lo hagan “bien”.  Desde drones autónomos hasta plataformas de análisis de objetivos, pasando por redes globales de combate, la tendencia parece clara, la de una guerra del futuro inmediato que se decidirá menos en despachos y más en algoritmos, en un equilibrio inestable y ciertamente escalofriante, porque hablamos de que la velocidad tecnológica va camino de superar a la capacidad humana de controlarla en medio de una guerra. Imagen | StockVault, Infinty 0 En Xataka | Rusia ya no se está rindiendo ante soldados de Ucrania, sino ante máquinas: las reglas de la guerra se están redefiniendo En Xataka | China fue la potencia que lanzó a los drones. Ahora se ha dado cuenta de su peligro con una decisión: cerrarles el cielo - La noticia El mayor cambio en la guerra ya no son los drones: es que Rusia, EEUU y China están quitando al humano del botón fue publicada originalmente en Xataka por Miguel Jorge .
El mayor cambio en la guerra ya no son los drones: es que Rusia, EEUU y China están quitando al humano del botón

La guerra del futuro inmediato se decidirá menos en despachos y más en algoritmos

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Miguel Jorge

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Un grupo de ingenieros de Google firmó una carta interna para protestar contra un proyecto en el que su propio software estaba siendo utilizado por el Pentágono, provocando un debate sin precedentes dentro de la compañía sobre hasta dónde debía llegar la tecnología que ellos mismos habían creado. Desde entonces han pasado casi 10 años, una “eternidad” con la implantación de la IA.

La guerra se acelera… sin humanos. Contaban la semana pasada en The New York Times que la guerra moderna está entrando en una fase en la que la intervención humana ya no es el centro de la toma de decisiones, sino un paso casi simbólico dentro de procesos dominados por algoritmos, donde sistemas de inteligencia artificial identifican objetivos, recomiendan ataques y generan planes completos en cuestión de segundos. 

Programas como Project Maven, hoy desarrollado por Palantir e integrado con modelos como el de Anthropic, muestran hasta qué punto la cadena de decisión se ha comprimido: imágenes satelitales, datos de drones y señales interceptadas se procesan automáticamente para generar listas de objetivos y soluciones de ataque, reduciendo la intervención humana a algo tan simple como seleccionar opciones en pantalla, en palabras de responsables del Pentágono, es tan sencillo como darle al “Click izquierdo, click derecho”.

En XatakaDe imprimir drones a mirar láseres, 300 informes han revelado que el manual de batalla de Irán tiene un nombre: Ucrania

Potencias en la misma carrera. Porque en el centro de esta transformación están Estados Unidos, China y Rusia, que compiten por liderar una nueva carrera armamentística basada en sistemas autónomos capaces de operar sin intervención directa. En China, por ejemplo, el desarrollo de enjambres de drones coordinados por inteligencia artificial y plataformas capaces de operar junto a cazas tripulados refleja una apuesta por la escala y la automatización.

Mientras, en Rusia se apuesta por sistemas como los drones Lancet, que evolucionan hacia capacidades de selección autónoma de objetivos. Por su parte, Estados Unidos intenta cerrar la brecha impulsando a empresas como Anduril a acelerar la producción de drones autónomos, en una carrera donde la velocidad de desarrollo es casi tan importante como la propia tecnología.

El dron chino WZ-8

Ucrania como punto de inflexión. Como hemos ido contando, la guerra en Ucrania ha sido el punto de inflexión que ha convertido estas tecnologías en herramientas reales de combate, demostrando que sistemas relativamente simples pueden evolucionar rápidamente hacia capacidades semiautónomas y cambiar el equilibrio en el campo de batalla. 

Drones comerciales adaptados, embarcaciones no tripuladas y sistemas de análisis de datos han permitido resistir a un adversario superior, mientras Rusia ha respondido incorporando automatización progresiva en sus propios sistemas. Como señalaba el analista Michael Horowitz, “el campo de batalla en Ucrania ha servido como un laboratorio para el mundo”, acelerando una transición que ya no es experimental, sino operativa.

Silicon Valley en la guerra. A diferencia de anteriores carreras armamentísticas, el Times recordaba que el protagonismo no recae únicamente en los Estados, sino también en empresas tecnológicas y start-ups que están redefiniendo el desarrollo militar. 

Aquí figuran compañías como Google que participaron inicialmente en proyectos como Maven antes de retirarse por presiones internas, mientras otras como Palantir o Anduril han ocupado ese espacio con una visión más alineada con la defensa. En China, el modelo de “fusión civil-militar” integra directamente a empresas privadas en el desarrollo de sistemas militares, mientras en Occidente se intenta replicar ese dinamismo con inversiones millonarias y una creciente colaboración entre Silicon Valley y el Pentágono.

Algoritmos contra algoritmos. El resultado es una forma de guerra en la que el enfrentamiento ya no es solo entre ejércitos, sino entre sistemas automatizados que operan a velocidades imposibles para los humanos, un escenario que hemos contado donde drones lanzan drones para enfrentarse a otros drones y redes de sensores se conectan globalmente para ejecutar ataques en tiempo real

Proyectos como el intento chino de replicar redes similares a la Joint Fires Network estadounidense reflejan esta tendencia hacia una guerra interconectada, una donde un sensor en un punto del planeta puede activar un ataque en otro sin intervención directa. En este punto, la superioridad ya no depende únicamente de la calidad del armamento, sino de la capacidad de integrar datos, procesarlos y actuar más rápido que el adversario.

Velocidad sin control. Qué duda cabe, esta aceleración conlleva riesgos que preocupan incluso a quienes impulsaron estos sistemas, ya que la automatización puede desencadenar respuestas militares antes de que los humanos puedan intervenir o comprender completamente la situación. De ello dan fe estudios como el de RAND Corporation, trabajos que han mostrado escenarios en los que sistemas autónomos escalan conflictos de forma inadvertida, mientras expertos advierten de una posible “espiral de escalada” impulsada por la velocidad de decisión de las máquinas. 

Como reconoció el general Jack Shanahan, impulsor de Maven, la realidad es que existe el peligro de desplegar sistemas “no probados, inseguros y poco comprendidos” en un contexto de competencia donde cada actor teme quedarse atrás.

En XatakaUna idea inquietante ha comenzado a tomar fuerza en Europa: Ucrania ha convertido a Rusia en una fuerza aérea temible

Menos humanos, más automatización. Así, el panorama que se dibuja es el de una guerra cada vez más automatizada, donde la intervención humana se reduce progresivamente y las decisiones críticas se delegan en sistemas de inteligencia artificial capaces de analizar, decidir y actuar en segundos, otra cosa muy distinta que es lo hagan “bien”

Desde drones autónomos hasta plataformas de análisis de objetivos, pasando por redes globales de combate, la tendencia parece clara, la de una guerra del futuro inmediato que se decidirá menos en despachos y más en algoritmos, en un equilibrio inestable y ciertamente escalofriante, porque hablamos de que la velocidad tecnológica va camino de superar a la capacidad humana de controlarla en medio de una guerra.

Imagen | StockVault, Infinty 0

En Xataka | Rusia ya no se está rindiendo ante soldados de Ucrania, sino ante máquinas: las reglas de la guerra se están redefiniendo

En Xataka | China fue la potencia que lanzó a los drones. Ahora se ha dado cuenta de su peligro con una decisión: cerrarles el cielo

Fuente original: Leer en Xataka
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