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El Mundial de Fútbol en EEUU y México va a explotar un nuevo negocio: que aparcar el coche cueste más que una entrada

El Mundial de Fútbol en EEUU y México va a explotar un nuevo negocio: que aparcar el coche cueste más que una entrada
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Llevamos años hablando de la deriva esquizofrénica que se ha generado en torno a los grandes eventos en directo, y en especial a los conciertos de música. El fenómeno nos ha llevado a aceptar que si quieres ir a un concierto de Bad Bunny o de Radiohead la fórmula que nunca falla es multiplicar por tres el precio original y acudir al matadero de la reventa. Ahora, alguien inesperado ha querido ir más lejos abriendo un mercado paralelo a uno de los eventos más esperados. Los parkings del Mundial de Fútbol… y su reventa, por supuesto. Pagar antes de entrar. El Mundial de Fútbol 2026 que se celebrará en Estados Unidos y México se perfila como el torneo más caro jamás organizado en la historia, y no solo por el precio de las entradas que ya se suponen astronómicas, sino por todo lo que rodea al simple acto de acudir al estadio.  En un contexto urbano pensado para el coche y no para el peatón como es Estados Unidos, la experiencia del aficionado empieza mucho antes del control de accesos y se convierte en una suma de peajes que elevan el coste real hasta niveles inéditos en la historia del fútbol. En Trendencias Se estrenó hace 24 años y hoy sigue siendo una de las películas más vistas en Netflix El aparcamiento como negocio central. Lo irónico, o quizás no tanto, es que sea la propia FIFA la que ha empezado a vender pases de aparcamiento por cifras que oscilan entre los 75 y los 175 dólares en partidos menores, pero que en sedes clave como Los Ángeles alcanzan los, atención, nada menos que hasta 250 y 300 dólares por vehículo y partido… incluso cuando esas plazas están situadas a más de un kilómetro del estadio.  En la práctica, aparcar cuesta ya lo mismo (o más) que muchas entradas oficiales, de modo que un encuentro de octavos o cuartos de final con un ticket de 400 o 500 dólares y un parking de 300 dispara con facilidad la factura total por persona hasta el entorno de los 1.000 dólares, una cifra que redefine lo que significa “ir al fútbol”.  Estadios lejos, coche obligatorio. Ocurre que, a diferencia de Europa, donde los grandes estadios suelen estar integrados en la ciudad y conectados por metro, tren o autobús, muchos recintos del Mundial en Estados Unidos están situados en áreas periféricas y fueron concebidos específicamente para llegar en coche.  Esa dependencia estructural convierte el aparcamiento en un recurso imprescindible y permite monetizarlo como parte del espectáculo, algo impensable en la mayoría de sedes europeas, donde incluso cuando algunos clubes ya cobran por estacionar (como ocurre en el Atlético de Madrid) siempre existe la alternativa real y masiva del transporte público. Escasez planificada y precios inflados. Plus: el problema no es solo el precio, sino la escasez deliberada. Muchos aparcamientos próximos a los estadios quedarán dentro de perímetros de seguridad o reservados a patrocinadores, reduciendo drásticamente la oferta para el público general.  En ciudades acostumbradas a decenas de miles de plazas en eventos de la NFL, el Mundial pondrá a la venta solo una fracción, creando un cuello de botella perfecto para justificar precios desorbitados bajo el argumento del “mercado local” y los “grandes eventos comparables”. Hola reventa. Sí, esto nos lleva a un “viejo conocido” de cualquier evento multitudinario que se precie: la reventa. Contaban esta semana en The Athletic que, como ha ocurrido con las entradas de los conciertos, el aparcamiento ha entrado de lleno en el circuito de la especulación, con pases revendidos en mercados secundarios por cifras aún mayores, aunque parezca difícil.  De hecho, esto ocurre incluso en sedes donde FIFA todavía no ha publicado su oferta definitiva. El resultado es una sensación generalizada de abuso, en la que el aficionado paga no solo por ver el partido, sino por cada paso necesario para llegar hasta él. Un deja vú. Esta escalada no es un fenómeno aislado y la hemos ido contando en los últimos años, documentando cómo conciertos y grandes eventos en vivo han entrado en una espiral de precios marcada por tarifas dinámicas, reventas incontrolables y cargos añadidos que convierten la experiencia en un lujo.  El Mundial de Fútbol de 2026 se suma a esa lógica: entradas difíciles de conseguir a precio oficial, reventa disparatada y costes periféricos (como el aparcamiento) que igualan o superan al propio espectáculo. En 3D Juegos Hace 12 años, la exmujer de Elon Musk dijo que una de las mejores técnicas del multimillonario es saber usar sabiamente la psicología de la oposición Aparcar como símbolo de una nueva frontera. El mensaje de fondo es meridianamente claro y profundamente incómodo: el Mundial de fútbol, un fenómeno de masas y audiencias planetarias, va a explotar un nuevo negocio sin pudor alguno, el de hacer que aparcar el coche cueste lo mismo (o incluso más) que una entrada para ver los partidos.  No es un detalle baladí, ni logístico, ni siquiera un daño colateral, sino una pieza más del modelo económico del torneo, pensado para maximizar ingresos en cada fase del trayecto del aficionado. Lo curioso es que el fútbol sigue siendo el mismo de siempre sobre el césped, pero fuera de él, llegar al estadio se ha convertido en parte de la factura. Si no estamos en el infierno, lo cierto es que nos estamos acercando con la punta de los dedos. Imagen | Ron Reiring, RawPixel En Xataka | RTVE quiere ganar la guerra de audiencias a cualquier precio. Aunque ese precio sean los 55 millones del Mundial de Fútbol En Xataka | El Gobierno cree tener la solución al gravísimo encarecimiento de la reventa de entradas. Es posible que solo lo empeore - La noticia El Mundial de Fútbol en EEUU y México va a explotar un nuevo negocio: que aparcar el coche cueste más que una entrada fue publicada originalmente en Xataka por Miguel Jorge .
El Mundial de Fútbol en EEUU y México va a explotar un nuevo negocio: que aparcar el coche cueste más que una entrada

Si no estamos ya en el infierno, lo estamos tocando con la punta de los dedos

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Miguel Jorge

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Llevamos años hablando de la deriva esquizofrénica que se ha generado en torno a los grandes eventos en directo, y en especial a los conciertos de música. El fenómeno nos ha llevado a aceptar que si quieres ir a un concierto de Bad Bunny o de Radiohead la fórmula que nunca falla es multiplicar por tres el precio original y acudir al matadero de la reventa. Ahora, alguien inesperado ha querido ir más lejos abriendo un mercado paralelo a uno de los eventos más esperados.

Los parkings del Mundial de Fútbol… y su reventa, por supuesto.

Pagar antes de entrar. El Mundial de Fútbol 2026 que se celebrará en Estados Unidos y México se perfila como el torneo más caro jamás organizado en la historia, y no solo por el precio de las entradas que ya se suponen astronómicas, sino por todo lo que rodea al simple acto de acudir al estadio. 

En un contexto urbano pensado para el coche y no para el peatón como es Estados Unidos, la experiencia del aficionado empieza mucho antes del control de accesos y se convierte en una suma de peajes que elevan el coste real hasta niveles inéditos en la historia del fútbol.

En TrendenciasSe estrenó hace 24 años y hoy sigue siendo una de las películas más vistas en Netflix

El aparcamiento como negocio central. Lo irónico, o quizás no tanto, es que sea la propia FIFA la que ha empezado a vender pases de aparcamiento por cifras que oscilan entre los 75 y los 175 dólares en partidos menores, pero que en sedes clave como Los Ángeles alcanzan los, atención, nada menos que hasta 250 y 300 dólares por vehículo y partido… incluso cuando esas plazas están situadas a más de un kilómetro del estadio. 

En la práctica, aparcar cuesta ya lo mismo (o más) que muchas entradas oficiales, de modo que un encuentro de octavos o cuartos de final con un ticket de 400 o 500 dólares y un parking de 300 dispara con facilidad la factura total por persona hasta el entorno de los 1.000 dólares, una cifra que redefine lo que significa “ir al fútbol”. 

Estadios lejos, coche obligatorio. Ocurre que, a diferencia de Europa, donde los grandes estadios suelen estar integrados en la ciudad y conectados por metro, tren o autobús, muchos recintos del Mundial en Estados Unidos están situados en áreas periféricas y fueron concebidos específicamente para llegar en coche

Esa dependencia estructural convierte el aparcamiento en un recurso imprescindible y permite monetizarlo como parte del espectáculo, algo impensable en la mayoría de sedes europeas, donde incluso cuando algunos clubes ya cobran por estacionar (como ocurre en el Atlético de Madrid) siempre existe la alternativa real y masiva del transporte público.

Escasez planificada y precios inflados. Plus: el problema no es solo el precio, sino la escasez deliberada. Muchos aparcamientos próximos a los estadios quedarán dentro de perímetros de seguridad o reservados a patrocinadores, reduciendo drásticamente la oferta para el público general. 

En ciudades acostumbradas a decenas de miles de plazas en eventos de la NFL, el Mundial pondrá a la venta solo una fracción, creando un cuello de botella perfecto para justificar precios desorbitados bajo el argumento del “mercado local” y los “grandes eventos comparables”.

Hola reventa. Sí, esto nos lleva a un “viejo conocido” de cualquier evento multitudinario que se precie: la reventa. Contaban esta semana en The Athletic que, como ha ocurrido con las entradas de los conciertos, el aparcamiento ha entrado de lleno en el circuito de la especulación, con pases revendidos en mercados secundarios por cifras aún mayores, aunque parezca difícil. 

De hecho, esto ocurre incluso en sedes donde FIFA todavía no ha publicado su oferta definitiva. El resultado es una sensación generalizada de abuso, en la que el aficionado paga no solo por ver el partido, sino por cada paso necesario para llegar hasta él.

Un deja vú. Esta escalada no es un fenómeno aislado y la hemos ido contando en los últimos años, documentando cómo conciertos y grandes eventos en vivo han entrado en una espiral de precios marcada por tarifas dinámicas, reventas incontrolables y cargos añadidos que convierten la experiencia en un lujo

El Mundial de Fútbol de 2026 se suma a esa lógica: entradas difíciles de conseguir a precio oficial, reventa disparatada y costes periféricos (como el aparcamiento) que igualan o superan al propio espectáculo.

En 3D JuegosHace 12 años, la exmujer de Elon Musk dijo que una de las mejores técnicas del multimillonario es saber usar sabiamente la psicología de la oposición

Aparcar como símbolo de una nueva frontera. El mensaje de fondo es meridianamente claro y profundamente incómodo: el Mundial de fútbol, un fenómeno de masas y audiencias planetarias, va a explotar un nuevo negocio sin pudor alguno, el de hacer que aparcar el coche cueste lo mismo (o incluso más) que una entrada para ver los partidos. 

No es un detalle baladí, ni logístico, ni siquiera un daño colateral, sino una pieza más del modelo económico del torneo, pensado para maximizar ingresos en cada fase del trayecto del aficionado. Lo curioso es que el fútbol sigue siendo el mismo de siempre sobre el césped, pero fuera de él, llegar al estadio se ha convertido en parte de la factura.

Si no estamos en el infierno, lo cierto es que nos estamos acercando con la punta de los dedos.

Imagen | Ron Reiring, RawPixel

En Xataka | RTVE quiere ganar la guerra de audiencias a cualquier precio. Aunque ese precio sean los 55 millones del Mundial de Fútbol

En Xataka | El Gobierno cree tener la solución al gravísimo encarecimiento de la reventa de entradas. Es posible que solo lo empeore

Fuente original: Leer en Xataka
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