León XIV visita el 'muelle de la vergüenza' ante la presencia de Sánchez y en la víspera de que entre en vigor el nuevo Pacto Europeo de Migración y Asilo
Regala esta noticia Añádenos en Google El papa León XIV, durante su visita a Canarias. (EFE)Mogán
11/06/2026 Actualizado a las 15:21h.El viaje que León XIV está realizando estos días a España no se entiende sin la etapa que hizo este jueves en Arguineguín, el puerto ... localizado en la localidad de Mogán, al sur de la isla de Gran Canaria, adonde llegaron desde el norte de África 3.000 inmigrantes en sólo una semana en el año 2020, cuando medio mundo se encontraba en plena crisis del coronavirus. Las rígidas medidas del confinamiento provocaron que estas personas quedaran durante semanas aisladas en el puerto, conocido desde entonces como el 'muelle de la vergüenza', con Cáritas como una de las pocas instituciones que les brindaron ayuda. Esa dramática experiencia propició que Arguineguín se convirtiera en un símbolo internacional de la inmigración que el Papa Francisco quiso visitar. Incluso la Iglesia local tenía preparado un programa para el viaje, pero las enfermedades respiratorias que Jorge Mario Bergoglio fue arrastrando en sus últimos años de vida, hasta fallecer el 21 de abril de 2025, impidieron que pudiera cumplir su deseo.
La llamada de atención de León XIV resultó muy pertinente, al entrar este viernes en vigor el nuevo Pacto Europeo de Migración y Asilo, una polémica reforma que supone un giro restrictivo en la gestión de esta cuestión al hacer posible la externalización de los centros de acogida y repatriación, como intentó hacer Italia al construir dos campos en Albania. El Pacto permite que los países europeos paguen 20.000 euros a un fondo común por cada solicitante de asilo rechazado, lavándose así las manos ante el desafío que se les plantea a las naciones de llegada, como España. Hay que tener en cuenta que sólo en la ruta atlántica, considerada una de las más mortíferas del mundo, 1.172 migrantes murieron y desaparecieron en 2025, mientras que se cuentan 115 en lo que llevamos de 2026, según los datos de la Organización Internacional de las Migraciones (OIM).
Tuvo mensajes para todos el Papa en Arguineguín después de escuchar los conmovedores testimonios de una víctima nigeriana de la trata, de un capitán de Salvamento Marítimo, de una voluntaria de Cáritas y de una migrante que, gracias al trabajo y al esfuerzo, se ha convertido en empresaria en Canarias. «También la Iglesia debe dejarse interpelar. La acogida del migrante no puede ser algo secundario ni delegada únicamente a algunos voluntarios», dijo el Pontífice en la parte de su discurso dedicada a los católicos, a quienes les recordó que no pueden «arrodillarse ante el altar» y luego «pasar de largo ante los cayucos y las pateras». La Iglesia católica, insistió, no puede «desentenderse de estas aguas ni de ningún lugar donde el hambre, la sed, la violencia, el miedo o el exilio sigan hiriendo la dignidad humana».
Luego se dirigió a los políticos para señalar que la inmigración no debe afrontarse cómo si se tratara sólo de una crisis de emergencia. «No basta gestionar llegadas, distribuir cifras, reforzar fronteras o lamentar las muertes cuando ya han ocurrido», remarcó, pidiendo que se pregunten por las condiciones de vida en los países de origen para que estas personas se jueguen la vida realizando travesías que pueden superar los 1.600 kilómetros. Por ello exigió «vías legales y seguras, rescate y asistencia, cooperación real contra los traficantes, protección efectiva a las víctimas, procesos serios de acogida e integración, y políticas que permitan a cada persona vivir con dignidad en su propia tierra». También remarcó que existe el «derecho a no tener que migrar, a permanecer en la propia casa sin hambre, sin guerra, sin persecución, sin violencia», para clamar más adelante que la dignidad humana «no tiene pasaporte ni pierde valor al cruzar una frontera».
Y no podía faltar una crítica a los «monstruos que acechan estos mares», es decir, «las mafias que trafican con la desesperación, tratantes que esclavizan mujeres y niños y la indiferencia de muchos que permiten que los pobres sean tragados por la explotación o por el olvido». También le pidió a los migrantes que no cedan a los «cantos de sirenas» de las «industrias de muerte».
- Más temas
- Pedro Sánchez