La actuación de La Roja ante Austria tuvo algo de exhibición orgullosa de solvencia y autoridad
Regala esta noticia Añádenos en Google Rodri y Oyarzabal celebran uno de los goles de España a Austria. 03/07/2026 a las 18:52h.Ya están aquí». Imagino que esta frase se repitió ayer con frecuencia en los cuarteles generales de las selecciones y en los corrillos de aficionados. ... Se refería, por supuesto, al regreso de la España temible de Luis de la Fuente, la campeona de la última Eurocopa. Después de una primera fase en la que sembró dudas respecto a su estado de forma, sobre todo el de varios jugadores fundamentales, en el cruce de dieciseisavos elevó su nivel de una forma llamativa. La actuación de La Roja ante Austria tuvo algo de exhibición orgullosa de solvencia y autoridad por parte de un gran equipo, capaz de aparecer en su verdadera dimensión en el momento preciso. Tolkieniano que es uno, a mí lo de España en Los Ángeles me hizo recordar aquella frase de Gandalf a Frodo cuando le dice que un mago no llega tarde, ni pronto, sino que llega justo cuando se lo propone.
Contra Austria, sin embargo, los tres revivieron. Fue una noticia como para mandar parar las rotativas, que decíamos en los viejos tiempos. Que el delantero del Barcelona pecara de individualista, que en un Mundial en el que están apareciendo las estrellas él se obsesionara con anunciar su llegada haciendo sonar las trompetas de Jericó con una jugada maravillosa, no pasó de ser una anécdota, una debilidad propia de un narcisismo adolescente. (Que a algunos les dure más allá de los cuarenta años es otro tema). Lo importante es que Lamine estuvo 85 minutos dale que te pego, creando peligro y confusión al rival. De la misma manera, ver a Rodri y a Pedri dirigir la orquesta hasta el minuto 90 con la chispa y la intensidad que no se les vio en los partidos anteriores no pudo ser más prometedor.
No es extraño que Luis de la Fuente acabara el partido encantado de la vida. Habrá que ver lo que ocurre el lunes con Portugal, pero empieza a dar la impresión de que al seleccionador le está saliendo bien el plan con el que llegó al Mundial: el de una progresiva elevación del nivel del equipo gracias a la puesta a punto de todos los futbolistas y, especialmente, aquellos de primer rango que no llegaron en las mejores condiciones. Se trataba, en fin, de ir en esa línea a ascendente que es la única que puede conducirte al título.
El nuevo fútbol
Visto lo ocurrido hasta ahora, el Portugal-España se presenta como un duelo entre dos selecciones que, tras una primera fase bastante similar, en estos dieciseisavos han tomado direcciones opuestas en lo que a nivel de juego se refiere. Mientras que el grupo de De la Fuente despejó todas las dudas, el de Roberto Martínez, al que quizá le esté pesando el exceso de favoritismo autoimpuesto, sembró muchas más. Lo cierto es que Portugal salió viva de milagro de su cruce contra Croacia, cuya superioridad fue manifiesta y sorprendente. A los lusos les salvó el VAR, primero con un penaltito de los que hay media docena en cada partido –Renato Veiga lo hizo todo por tirarse tras sentir un leve agarrón–, y después con el dispositivo alojado dentro del balón. Según la FIFA, que salió rauda a dar explicaciones de algo que nadie entendía, el Connecting Ball detectó un levísimo contacto de Matanovic, al parecer una mínima rozadura sobre su pelo, inapreciable a la vista y, desde luego, sin ningún efecto en la trayectoria del balón. Este hubiera dado de igual manera a Renato Veiga, de nuevo protagonista, y ese toque habilitaba la posición de Pasalic, autor de la asistencia a Gvardiol. Por cosas así habrá un día en que se organicen concentraciones contra el VAR en todos los campos.
Al equipo de Modric, en fin, les condenó el nuevo fútbol, de la misma manera que salvó el pellejo al de Cristiano, sobre el que se posarán mucho los focos estos días. Quién sabe lo que hará el lunes la estrella portuguesa, en el fútbol todo puede pasar, pero hasta ahora, al menos en los partidos ante rivales de verdadero nivel como Colombia y Croacia, la impresión es que su selección jugaría mejor sin él, desde luego más liberada. Pero la suplencia de Cristiano ni se contempla. Hasta sustituirlo ante Croacia en el minuto 80 fue complicado y eso que no había tocado un solo balón en el área de Livacovic –la estadística es brutal– salvo el del penalti.
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