PP y Vox se están midiendo en Extremadura, a ver cuál de los dos logra que el otro ceda. Si María Guardiola ofreció -más bien como un reto- a la formación que capitanea Santiago Abascal entrar en el Gobierno regional, éste no sólo le contesta que sí, sino que además exige una vicepresidencia y varias consejerías. De esta manera, se ha pasado de un PP que no quería meter a Vox en la Junta a uno que se lo ofrece. Y de un Vox que abandona todos los gobiernos regionales a uno que pide volver a entrar, pero con más responsabilidades aún. ¿Es el mundo al revés? No, es lo que ocurre cuando se mezcla el mandato de las urnas -que pesa, y mucho- con el tacticismo negociador. PP y Vox se han lanzado sendos órdagos cruzados, a pesar de que ninguno de los dos está cómodo con elevar la apuesta hasta estos extremos. Matar o morir. Santiago Abascal dijo ayer que su partido tiene que «estar en el gobierno extremeño para garantizar que se producen los cambios que nosotros queremos». «Hay que estar con una vicepresidencia y consejerías acorde a nuestros votos», añadió, en una entrevista concedida a Okdiario.
Estas declaraciones sorprendieron a María Guardiola, cuyo entorno desliza su extrañeza: ahora resulta, dicen, que «Vox quiere gobernar con la Irene Montero de Extremadura». Se refieren a que ése es el apelativo que le puso Abascal a la presidenta extremeña durante la campaña, en diciembre. Y añaden que si quieren entrar en la Junta, son bienvenidos, porque saben que, al igual que pasó en los primeros gobiernos «del cambio», el socio minoritario siempre pierde fuelle cuando tiene responsabilidades y pisa moqueta. De hecho, si Vox se fue de sus cinco coaliciones autonómicas con el PP fue porque había tocado suelo demoscópico. Y no ha dejado de subir, desde entonces. Por eso, los populares retan a su rival a meterse de nuevo en los gobiernos. El propio Abascal reconoció ayer el «coste electoral» que tendría volver a gobernar en coalición.
En un tuit, matizó que su intención de volver a la Junta hay que conjugarla en condicional: «Si la condición que pone el Partido Popular para cambiar de políticas es que entremos en los gobiernos, la aceptamos gustosos. No nos da miedo el coste electoral». Y añadió algo muy relevante: «Entraremos en los gobiernos si se acuerdan partes sustanciales de nuestro programa». O sea, si Guardiola cede tanto como ellos quieren. Cosa que se antoja difícil.
En Génova guardaron silencio ayer sobre estas negociaciones. Pero en la clausura de la 28ª Reunión Interparlamentaria del PP sí hubo un par de pullas a Vox. El presidente de la Xunta de Galicia, Alfonso Rueda, cargó con dureza contra Santiago Abascal. «Ni antipatrias ni salvapatrias», dijo. «Eso siempre ha funcionado aquí en Galicia. Lo normal. La política de la normalidad», explicó presidente de la Xunta de Galicia.
Y la portavoz del Partido Popular en el Congreso de los Diputados, Ester Muñoz, también criticó veladamente a Vox: «Estamos haciendo un asedio» contra el Gobierno de Pedro Sánchez «en el que desde la retaguardia también nos lanzan piedras. Los que pensaban que iban a ayudarnos nos lanzan piedras». Se trata de una referencia a cómo Vox se centra más en depredar al PP que en el cambio político nacional.