El planeta entero se ha paralizado en un embudo de agua salada de apenas 33 kilómetros de ancho. Con la escalada bélica en Medio Oriente, los titulares de medio mundo avisan de que el precio del crudo ha rebasado la barrera psicológica de los 100 dólares, registrando subidas récord del 36% en una sola semana. Sin embargo, el precio es solo la fiebre; la verdadera enfermedad es mucho más grave.
Para entender la magnitud de esta crisis, hay que dejar de mirar la cotización en bolsa y empezar a mirar los barriles físicos que faltan. El problema fundamental y estructural de hoy es la escasez: el mercado se está secando. De la noche a la mañana, nos enfrentamos a la desaparición de unos 20 millones de barriles diarios. Es una catástrofe logística cinco veces mayor a la que vivimos en la histórica crisis de 1973.
El agujero de los 20 millones de barriles. Según los datos recopilados por The Kobeissi Letter y confirmados por Goldman Sachs, este bloqueo saca del tablero unos 20 millones de barriles al día (aproximadamente el 20% del consumo mundial). Para ponerlo en perspectiva, este shock de suministro es el mayor de la historia y equivale a sumar, de golpe, las pérdidas ocasionadas por la Revolución Iraní (5,5 millones), la Guerra del Yom Kippur (4,5 millones), la invasión de Kuwait (4,3 millones), la Guerra Irán-Irak (4 millones) y la invasión de Ucrania (2 millones).
No estamos ante una crisis de reservas, sino ante un colapso logístico absoluto. Como hemos explicado en Xataka, basta abrir la plataforma Marine Traffic para ver un enjambre de unos 240 buques inmovilizados, incluyendo al menos 40 superpetroleros (VLCC) cargados con dos millones de barriles cada uno. El caos no es solo físico, también es electrónico ya que hay interferencias severas en los sistemas de seguimiento (AIS), mostrando buques fantasmas ubicados tierra adentro debido al hackeo de señales. El miedo a navegar está justificado, el tráfico de petroleros en Ormuz ha caído un 90% y las tarifas de flete para los superpetroleros se han disparado un 600%.
En Xataka
Los drones de Irán han apuntado al mismo blanco de EEUU. Y ahora que lo han pulverizado van a liberar su arma más peligrosa
El efecto dominó. Al no poder sacar los barcos al mar, los tanques de almacenamiento en tierra se han llenado hasta el tope. Irak ha sido la primera gran víctima física de este tapón. Los datos de Bloomberg dan la medida real del tapón. Irak ha tenido que desplomar su producción un 70%, cayendo de 4,3 a apenas 1,3 millones de barriles diarios. La onda expansiva ya ha alcanzado a Emiratos Árabes y Kuwait, que han empezado a cerrar pozos por un motivo muy básico adelantado por Financial Times. Sencillamente, se han quedado sin sitio físico para guardar el crudo.
Ante este escenario, la OPEP+ prometió inyectar 206.000 barriles diarios adicionales. Sin embargo, el analista John Kemp explica en Financial Times que esto es un espejismo: casi toda la capacidad excedentaria del cártel está dentro del Golfo Pérsico. Si los barcos no pueden salir, ese crudo no existe para el resto del mundo. Tampoco los oleoductos alternativos son la panacea. Javier Blas, columnista de Bloomberg, explica que Arabia Saudí y Emiratos tienen tuberías para esquivar Ormuz hacia el Mar Rojo, pero un informe de Goldman Sachs advierte que la capacidad real de desvío está siendo de apenas 0,9 millones de barriles diarios frente a los 6,5 millones teóricos.
La escasez ya golpea a sectores críticos. Como alertó mi compañero Alberto de la Torre sobre una crisis sin precedentes en el combustible de aviación (jet fuel), cuyo precio en Asia llegó a marcar un récord anómalo de 225,44 dólares el barril. Se calcula que el 40% del combustible para aviones que llega a Europa pasa por Ormuz. Dado que los aeropuertos tienen tanques de almacenamiento muy pequeños, la cadena de suministro está al límite. Aerolíneas como WizzAir ya prevén pérdidas de 50 millones de euros solo por este sobrecoste.
El pánico ha llegado a los Gobiernos. Según informa Financial Times, los ministros de finanzas del G7 y la Agencia Internacional de la Energía (AIE) preparan una reunión de emergencia para liberar entre 300 y 400 millones de barriles de sus reservas estratégicas conjuntas. Es una medida a la desesperada para frenar el impacto inflacionario global. El presidente Donald Trump, enfrentando gasolineras en EEUU a 3,45 dólares el galón, minimizó el golpe en sus redes sociales, afirmando que los precios a corto plazo son "un precio muy pequeño a pagar por la paz y la seguridad".
El plan maestro de China frente a la "Doctrina Donroe" de EEUU. Mientras Occidente entra en pánico, en Pekín reina la calma de quien hizo los deberes. La estrategia de EEUU pasaba por asfixiar el crudo barato (Irán y Venezuela) del que se alimenta la industria china, en lo que algunos analistas llaman la "Doctrina Donroe" (el intento estadounidense de controlar hasta el 30% de las reservas mundiales junto a Guyana y Venezuela).
Pero China se anticipó. El año pasado gastó 10.000 millones de dólares en absorber el exceso de crudo global, acumulando reservas estratégicas para 96 días. Hoy cuenta con 166 millones de barriles flotando a salvo en sus costas. Además, ha disparado la compra de crudo ruso y saudí, y ha acelerado su verdadero escudo nacional: la transición eléctrica. Con un 50% de cuota de mercado en vehículos eléctricos y 430 gigavatios renovables instalados en un año, Pekín demuestra que, a diferencia de un buque en Ormuz, la luz del sol no puede ser bloqueada por la Quinta Flota de EEUU.
El fantasma de 1973. Las comparaciones con el embargo petrolero árabe de 1973 son inevitables, pero engañosas. En el 73, el recorte fue de 4,5 millones de barriles; hoy el agujero es de 20 millones.
El daño económico que sufrió el mundo fue siete veces mayor que el valor del petróleo que faltaba, todo por culpa del pánico colectivo que paralizó la inversión y el consumo. Hoy, sin embargo, el escenario físico es tan extremo que el golpe estructural está garantizado, haya pánico o no. La única ventaja actual es que Estados Unidos es hoy el mayor productor del mundo y su economía depende mucho menos del crudo que hace 50 años, lo que le otorga cierto blindaje.
La tiranía de la geografía. Si los barcos no navegan, firmas como S&P Global Energy auguran una brutal "destrucción de demanda": precios inasumibles que obligarán al mundo a dejar de consumir crudo a la fuerza.
En la era de la inteligencia artificial y el comercio algorítmico, la economía global acaba de descubrir que sigue siendo rehén de la geografía física. Las sanciones se diseñan en los despachos de Washington y Bruselas, pero la realidad del suministro la dictan unos pocos capitanes de barco que, por puro instinto de supervivencia, se niegan a zarpar. Hasta que no sea seguro cruzar esos 33 kilómetros de agua en el Golfo Pérsico, el precio en las pantallas de Wall Street será lo de menos. Lo que importa es que, día a día, el mundo se está secando.
Imagen | Freepik
Xataka | El petróleo iraní hizo inmensamente rico al sha de Persia. También financió palacios, 140 coches de lujo y un Boeing 727 privado
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La noticia
El problema no es que el petróleo esté por las nubes: es que nos faltan 20 millones de barriles físicos al día y no hay por dónde sacarlos
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Alba Otero
.
El problema no es que el petróleo esté por las nubes: es que nos faltan 20 millones de barriles físicos al día y no hay por dónde sacarlos
El bloqueo logístico en el Estrecho de Ormuz ha provocado un shock de suministro cinco veces mayor que el embargo árabe del 73
Mientras el G7 planea a la desesperada liberar sus reservas de emergencia, países como Irak se ven obligados a cerrar sus pozos por falta de espacio de almacenamiento
El planeta entero se ha paralizado en un embudo de agua salada de apenas 33 kilómetros de ancho. Con la escalada bélica en Medio Oriente, los titulares de medio mundo avisan de que el precio del crudo ha rebasado la barrera psicológica de los 100 dólares, registrando subidas récord del 36% en una sola semana. Sin embargo, el precio es solo la fiebre; la verdadera enfermedad es mucho más grave.
Para entender la magnitud de esta crisis, hay que dejar de mirar la cotización en bolsa y empezar a mirar los barriles físicos que faltan. El problema fundamental y estructural de hoy es la escasez: el mercado se está secando. De la noche a la mañana, nos enfrentamos a la desaparición de unos 20 millones de barriles diarios. Es una catástrofe logística cinco veces mayor a la que vivimos en la histórica crisis de 1973.
El agujero de los 20 millones de barriles. Según los datos recopilados por The Kobeissi Letter y confirmados por Goldman Sachs, este bloqueo saca del tablero unos 20 millones de barriles al día (aproximadamente el 20% del consumo mundial). Para ponerlo en perspectiva, este shock de suministro es el mayor de la historia y equivale a sumar, de golpe, las pérdidas ocasionadas por la Revolución Iraní (5,5 millones), la Guerra del Yom Kippur (4,5 millones), la invasión de Kuwait (4,3 millones), la Guerra Irán-Irak (4 millones) y la invasión de Ucrania (2 millones).
No estamos ante una crisis de reservas, sino ante un colapso logístico absoluto. Como hemos explicado en Xataka, basta abrir la plataforma Marine Traffic para ver un enjambre de unos 240 buques inmovilizados, incluyendo al menos 40 superpetroleros (VLCC) cargados con dos millones de barriles cada uno. El caos no es solo físico, también es electrónico ya que hay interferencias severas en los sistemas de seguimiento (AIS), mostrando buques fantasmas ubicados tierra adentro debido al hackeo de señales. El miedo a navegar está justificado, el tráfico de petroleros en Ormuz ha caído un 90% y las tarifas de flete para los superpetroleros se han disparado un 600%.
El efecto dominó. Al no poder sacar los barcos al mar, los tanques de almacenamiento en tierra se han llenado hasta el tope. Irak ha sido la primera gran víctima física de este tapón. Los datos de Bloombergdan la medida real del tapón. Irak ha tenido que desplomar su producción un 70%, cayendo de 4,3 a apenas 1,3 millones de barriles diarios. La onda expansiva ya ha alcanzado a Emiratos Árabes y Kuwait, que han empezado a cerrar pozos por un motivo muy básico adelantado por Financial Times. Sencillamente, se han quedado sin sitio físico para guardar el crudo.
Ante este escenario, la OPEP+ prometió inyectar 206.000 barriles diarios adicionales. Sin embargo, el analista John Kemp explica en Financial Times que esto es un espejismo: casi toda la capacidad excedentaria del cártel está dentro del Golfo Pérsico. Si los barcos no pueden salir, ese crudo no existe para el resto del mundo. Tampoco los oleoductos alternativos son la panacea. Javier Blas, columnista de Bloomberg, explica que Arabia Saudí y Emiratos tienen tuberías para esquivar Ormuz hacia el Mar Rojo, pero un informe de Goldman Sachsadvierte que la capacidad real de desvío está siendo de apenas 0,9 millones de barriles diarios frente a los 6,5 millones teóricos.
La escasez ya golpea a sectores críticos. Como alertó mi compañero Alberto de la Torresobre una crisis sin precedentes en el combustible de aviación (jet fuel), cuyo precio en Asia llegó a marcar un récord anómalo de 225,44 dólares el barril. Se calcula que el 40% del combustible para aviones que llega a Europa pasa por Ormuz. Dado que los aeropuertos tienen tanques de almacenamiento muy pequeños, la cadena de suministro está al límite. Aerolíneas como WizzAir ya prevén pérdidas de 50 millones de euros solo por este sobrecoste.
El pánico ha llegado a los Gobiernos. Según informa Financial Times, los ministros de finanzas del G7 y la Agencia Internacional de la Energía (AIE) preparan una reunión de emergencia para liberar entre 300 y 400 millones de barriles de sus reservas estratégicas conjuntas. Es una medida a la desesperada para frenar el impacto inflacionario global. El presidente Donald Trump, enfrentando gasolineras en EEUU a 3,45 dólares el galón, minimizó el golpe en sus redes sociales, afirmando que los precios a corto plazo son "un precio muy pequeño a pagar por la paz y la seguridad".
El plan maestro de China frente a la "Doctrina Donroe" de EEUU. Mientras Occidente entra en pánico, en Pekín reina la calma de quien hizo los deberes. La estrategia de EEUU pasaba por asfixiar el crudo barato (Irán y Venezuela) del que se alimenta la industria china, en lo que algunos analistas llaman la "Doctrina Donroe" (el intento estadounidense de controlar hasta el 30% de las reservas mundiales junto a Guyana y Venezuela).
Pero China se anticipó. El año pasado gastó 10.000 millones de dólares en absorber el exceso de crudo global, acumulando reservas estratégicas para 96 días. Hoy cuenta con 166 millones de barriles flotando a salvo en sus costas. Además, ha disparado la compra de crudo ruso y saudí, y ha acelerado su verdadero escudo nacional: la transición eléctrica. Con un 50% de cuota de mercado en vehículos eléctricos y 430 gigavatios renovables instalados en un año, Pekín demuestra que, a diferencia de un buque en Ormuz, la luz del sol no puede ser bloqueada por la Quinta Flota de EEUU.
El fantasma de 1973. Las comparaciones con el embargo petrolero árabe de 1973 son inevitables, pero engañosas. En el 73, el recorte fue de 4,5 millones de barriles; hoy el agujero es de 20 millones.
El daño económico que sufrió el mundo fue siete veces mayor que el valor del petróleo que faltaba, todo por culpa del pánico colectivo que paralizó la inversión y el consumo. Hoy, sin embargo, el escenario físico es tan extremo que el golpe estructural está garantizado, haya pánico o no. La única ventaja actual es que Estados Unidos es hoy el mayor productor del mundo y su economía depende mucho menos del crudo que hace 50 años, lo que le otorga cierto blindaje.
La tiranía de la geografía. Si los barcos no navegan, firmas como S&P Global Energy auguran una brutal "destrucción de demanda": precios inasumibles que obligarán al mundo a dejar de consumir crudo a la fuerza.
En la era de la inteligencia artificial y el comercio algorítmico, la economía global acaba de descubrir que sigue siendo rehén de la geografía física. Las sanciones se diseñan en los despachos de Washington y Bruselas, pero la realidad del suministro la dictan unos pocos capitanes de barco que, por puro instinto de supervivencia, se niegan a zarpar. Hasta que no sea seguro cruzar esos 33 kilómetros de agua en el Golfo Pérsico, el precio en las pantallas de Wall Street será lo de menos. Lo que importa es que, día a día, el mundo se está secando.