Alberto Pulido observa el estado de su parcela afectada por el incendio en la urbanización Santa Ana. En la imagen, junto a lo que antes era una cabaña de madera que contenia la colección de objetos reunidos a lo largo de toda una vida, ahora calcinados por el fuego. Parcelas afectadas por el incendio en el camping Monasterio de Pelayos. Una de las zonas afectdas por el incendio en embalse de San Juan
El pasado jueves pudieron acceder por fin a la urbanización Santa Ana para comprobar el alcance de las llamas. Lo que encontraron fue una mezcla de alivio y dolor. Su casa se había salvado milagrosamente del fuego, solo había que ver cómo ha quedado el resto de la finca y las casas de algunos de sus vecinos, completamente calcinadas. La cabaña de madera que atesoraba la colección de juguetes antiguos, carteles y otros muchos objetos era ahora un montón de cenizas y lo que antes era una alfombra verde se había convertido en un manto gris. Más allá del valor sentimental de las pérdidas materiales, Alberto se lamenta del estado en el que ha quedado el entorno natural: «nosotros no volveremos a verlo como estaba por la edad que tenemos, no sé el tiempo que nos llevará esto, pero estamos destrozados».
El pantano de San Juan y su entorno han sido otra de las zonas que se han visto gravemente afectadas por el incendio. Esteban Carrasco es el director del camping La Ardilla Roja, en San Martín de Valdeiglesias, arrasado por el fuego y con unas pérdidas estimadas en un millón de euros. Pone ahora todo su esfuerzo en su otro camping, Monasterio de Pelayos, en Pelayos de la Presa, donde las pérdidas se reducen a unas 18 parcelas de bungalows y, por suerte, no se propagó al resto de las parcelas. Están abiertos, aunque apenas acuden los usuarios habituales con parcelas alquiladas durante todo el año, y mientras espera la llegada de los peritos para la valoración de las pérdidas, en el camping se afanan por tener el resto de las instalaciones en perfecto estado, para que este mes pueda funcionar al margen de las parcelas afectadas y la gente siga acudiendo justo ahora cuando más falta hace.
El rastro de las cenizas deja miles de historias como las de Fernanda, Alberto y Esteban. Historias atravesadas por la pérdida, pero también por la voluntad de reconstruir lo que el fuego se llevó y por la convicción de que la reconstrucción no puede limitarse a levantar casas, sino también a proteger un territorio especialmente vulnerable al fuego.
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