- ENRIQUE COCERO
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Decía Hamilton en los Papeles Federalistas que el Poder Judicial "no posee ni fuerza ni voluntad, sino simplemente criterio; y, en última instancia, depende de la ayuda del poder ejecutivo incluso para la eficacia de sus sentencias".
Aclarar que la Constitución americana da al Legislativo la mayor relevancia de los tres poderes porque representa al pueblo, que es donde reside el poder de la República.
El ejecutivo debe gestionar el Presupuesto y lo que los autores de los Papeles Federalistas dieron en llamar "el honor", que abarcaría el deber moral de los servidores públicos ante el bien mayor, por encima del servicio a sus propias ambiciones.
Con esto en mente, supuse que no me costaría apenas encontrar alguna referencia de José Luis Rodríguez Zapatero como "servidor público" tras la publicación ayer del auto del juez Calama. Google me dice que así fue como el martes se refirió a él Francisco Cuenca, portavoz del PSOE-A en un órgano que me siento incapaz de recordar.
(Nota: saco aquí el factor común de "presunto" y "presuntamente" para no tener que repetir los términos. Sean aplicados). El auto del Juez Calama son casi 90 páginas en las que argumenta por qué el expresidente del Gobierno ha sido imputado al camuflar ingresos procedentes de actividades ilícitas como conseguir tratos de favor del Gobierno para empresas privadas, previo paso por una facturación disimulada aunque no muy bien ocultada. Iba a decir "administraciones" en vez de "Gobierno" pero, a estas alturas, a nadie le puede escandalizar a qué nivel de la Administración tenía acceso Rodríguez Zapatero.
No es plan empezar aquí a decir si me extrañó o no, o si esto alcanza a China, a Huawei o al petróleo venezolano. Lo que pueda decir no tiene mayor importancia comparado con lo que se está trabajando en la instrucción del juez Calama, pero me da la sensación de que todo aquello de las acciones de Rodríguez Zapatero para liberar presos lleva menos carga implícita de trabajo que las supuestas maquetaciones que se hacían en What The Fav.
Sarcasmo aparte, lo que es evidente es que el PSOE deja, mínimo, en cuarentena a su referente moral. Mucho se ha estado hablando estos días de que al expresidente se le debe el matrimonio igualitario, el fin de ETA o la retirada de la Guerra de Irak. Considero que la desaparición de ETA fue un esfuerzo conjunto de muchos españoles; del matrimonio igualitario, a favor: soy liberal y convencido de que los derechos deben caer en plano a toda la población; y de la Guerra de Irak, no creo que pueda considerarse un éxito, sino una acción de impacto con consecuencias diplomáticas no menores.
Lo que recuerdo bien es que estuvo tres años negando la crisis económica desde 2008 para, al final, congelar, cuando no reducir el gasto público (pensiones incluidas) y mentir respecto a la deuda y el déficit, todo aquello de "la Champions League de la economía mundial". En 2008 las subprimes habían reventado, había caído Lehman, Bush había comunicado a Obama y a McCain lo que iban a heredar si ganaban las elecciones de noviembre y se había inyectado dinero a bancos como Citi, JP Morgan, Merrill o Morgan Stanley para evitar un colapso total del sistema financiero. Pues bien, después de todo eso y durante tres años, Rodríguez Zapatero siguió mintiendo.
El pasado lunes la izquierda intentó atacar las posiciones de la Justicia respecto a la imputación pero, en cuestión de dos horas, pasaron del lawfare a una reflexión sosegada sobre un auto impecable. Los que decían que la Justicia volvía a cebarse con el Gobierno, se comportaban el martes como si, al menos, hubieran pasado el documento de Calama por la inteligencia artificial para obtener un resumen.
Lo grave es que, si todo lo que contiene se acaba probando, resultará que, entre otras actuaciones, el referente moral del socialismo español interpuso a sus hijas en el proceso de blanqueo mediante negocios en exceso bien pagados. Al menos lo suficiente como para ofender a toda la clase media y trabajadora que ve cómo su poder adquisitivo se reduce según pasan los días; o autónomos que tienen que ir al ritmo normal de la Administración y su recaudación, teniendo el Gobierno aún pendiente de aplicar lo de la exención del IVA por facturaciones inferiores a 85.000 euros/año (exención que no aplicaría al propio Zapatero como autónomo). Sé que es demagogia, pero ellos sacaron lo de referente moral antes.
Así que volviendo a Hamilton, la Justicia no dicta las leyes. No posee fuerza ni voluntad, sino que le corresponde el criterio que, incluso, depende del Ejecutivo para hacerlo valer. Por lo que dice el auto del juez, Rodríguez Zapatero, durante 7 años máximo responsable de muchas leyes, tenía la voluntad y la fuerza para hacer valer sus propias ambiciones, aunque disten mucho de las leyes.
Enrique Cocero | Consultor y analista político
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