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El reloj biológico y el alcohol: qué le pasa exactamente a tu cuerpo si sigues bebiendo a partir de los 65 años

El reloj biológico y el alcohol: qué le pasa exactamente a tu cuerpo si sigues bebiendo a partir de los 65 años
Artículo Completo 1,223 palabras
El alcohol está bastante normalizado en nuestra sociedad al estar a la venta al público siempre que se sea mayor de edad, y casi siempre porque lo asociamos al propio ocio. Pero la verdad es que hablamos de una droga que tiene importantes efectos nocivos sobre nuestro organismo, que a los 30 años puede que no se noten porque tenemos un organismo fuerte que lo procesa con relativa facilidad. Pero cuando llegamos a la barrera de los 65-70 años esto cambia por completo.  Un organismo más viejo. Lo que a los 30 años se puede contrarrestar fácilmente con unos órganos sanos, no se puede conseguir con unos órganos más 'desgastados' con el paso del tiempo. Esto hace que la ciencia apunte a que, a partir de cierta edad, sea recomendable dejar el consumo de alcohol, y la evidencia científica que hay detrás no para de darnos razones para hacerlo si es que queremos tener una mejor vejez y con menos enfermedades.  Un cambio estructural. El primer y más crítico factor que altera nuestra relación con el alcohol al envejecer es el cambio drástico en la composición corporal. A medida que superamos los 65 años, el cuerpo experimenta una pérdida progresiva de masa muscular magra y, de manera crucial, una reducción del agua corporal total. Esto es vital, porque el alcohol es una sustancia que se diluye en el agua, y es por ello que, al haber menos cantidad de agua en el organismo para diluirlo, la misma cantidad de alcohol ingerida por una persona de 65 años resultará en una concentración significativamente mayor que en una persona más joven con el mismo peso y género. En Xataka Llevamos siglos soñando con frenar el envejecimiento. La pregunta es si por fin lo estamos logrando: Crossover 1x37 Vamos más lentos. A esto se suma la ralentización del metabolismo hepático, ya que el hígado envejecido produce menos cantidad de las enzimas clave encargadas de descomponer el etanol, lo que significa que el alcohol permanece más tiempo en el torrente sanguíneo, prolongando su efecto tóxico. El resultado directo es una borrachera que llega mucho antes con una menor cantidad de alcohol, aumentando drásticamente el riesgo de pérdida de equilibrio, caídas y fracturas óseas. Algo que a esa edad es casi que una condena por la pérdida muscular que conlleva.  Neurotoxicidad. Si entramos a hablar ahora de los efectos directos que tiene el alcohol en los diferentes órganos de nuestro cuerpo, la primera parada obligatoria es el cerebro, donde se da uno de los impactos más severos del consumo continuado. Aquí el alcohol actúa como una neurotoxina que acelera la pérdida neuronal, un proceso que ya ocurre de forma natural por el envejecimiento, pero que el etanol multiplica. Neurólogos de prestigio como Richard Restak enfatizan que los daños neuronales a partir de los 65 años son irreversibles, recomendando aquí la abstinencia total. Esto se une a revisiones hechas en España que demuestran que el alcohol acelera el deterioro cognitivo, siendo el impacto aún más grave con bebidas destiladas frente a las fermentadas. En la memoria. Pero la pérdida de materia cerebral, que puede derivar en demencias severas, se acompaña también de pérdida de memoria y del control de lo que hacemos. Los estudios de cohortes, como el proyecto NEDICES, han vinculado el consumo alto de alcohol en mayores de 65 años con puntuaciones neuropsicológicas notablemente inferiores. Además, la pérdida de la coordinación motora explica por qué el 60% de las caídas graves en la tercera edad tienen relación con el consumo de alcohol. Daño multiorgánico. El consumo continuado en la tercera edad no se limita a un órgano, sino que provoca un fallo sistémico en cascada agravado por el estrés oxidativo, que es el gran enemigo del envejecimiento. Un estudio transversal reciente realizado en Extremadura con más de 2.800 participantes demostró que en los hombres mayores de 65 años, la prevalencia de consumo de riesgo alcanza un alarmante 30%, asociándose fuertemente con el aumento del colesterol, la hipertensión y el riesgo cardiovascular como un infarto. El corazón. Sin duda, sufre los embates de la hipertensión inducida por el alcohol y un mayor riesgo de arritmias, mientras que los vasos sanguíneos pierden su elasticidad. Esto provoca que sea mucho más fácil que se tengan picos de tensión elevada que deriven en un ictus, por ejemplo.  En el hígado. Sin duda, uno de los órganos más afectados, al ser la 'fábrica' que está encargada de procesar todo el alcohol que entra en el organismo. Y es que la toxicidad crónica aquí no solo eleva el riesgo de cirrosis, sino que, debido a un metabolismo deficiente, la exposición prolongada a metabolitos tóxicos aumenta exponencialmente el riesgo de desarrollar cáncer, especialmente de hígado, mama y colorrectal. Algo que responde al mayor daño que sufre en el ADN en los ancianos que continúan bebiendo con cierta frecuencia.  En el intestino. Quizás uno de los apuntes más recientes que tenemos es la erosión que provoca el alcohol en la mucosa intestinal, y por ende a la microbiota que aquí se encuentra. Poco a poco estamos viendo que la microbiota es más importante de lo que pensamos, y ha quedado evidenciado que su pérdida permite que las endotoxinas pasen al torrente sanguíneo, favoreciendo una inflamación crónica de diferentes partes del organismo. Algo que lleva ligados a otros muchos efectos.  Sin ir más lejos, esta inflamación agrava la osteoporosis que ya es marcada en esta edad, daña el páncreas y provoca un acortamiento acelerado de los telómeros celulares, lo que se traduce en un envejecimiento biológico prematuro y un sistema inmunológico frágil incapaz de combatir infecciones respiratorias de manera eficaz. En Xataka En España hay ya 148 mayores de 64 años por cada 100 jóvenes. Y eso es una bomba de relojería para la economía La trampa silenciosa. Un factor crítico que a menudo se pasa por alto es la polimedicación, ya que la inmensa mayoría de las personas mayores de 65 años toman varios medicamentos recetados a diario. No es raro ver a una persona con la pastilla de la tensión, de la diabetes, para el dolor, para reducir la retención de líquidos...  El problema es que combinar algunas de estas pastillas, como por ejemplo los antiinflamatorios como el ibuprofeno, aumenta el riesgo de sufrir hemorragias digestivas severas.  Imágenes | Vlad Sargu En Xataka | La ética del trabajo lleva años vendiendo que levantarse a las 05:00 AM es bueno. La ciencia tiene claro que en absoluto - La noticia El reloj biológico y el alcohol: qué le pasa exactamente a tu cuerpo si sigues bebiendo a partir de los 65 años fue publicada originalmente en Xataka por José A. Lizana .
El reloj biológico y el alcohol: qué le pasa exactamente a tu cuerpo si sigues bebiendo a partir de los 65 años

Consumir alcohol y tener una edad avanzada no son dos factores que casen demasiado bien a día de hoy

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José A. Lizana

Colaborador

José A. Lizana

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El alcohol está bastante normalizado en nuestra sociedad al estar a la venta al público siempre que se sea mayor de edad, y casi siempre porque lo asociamos al propio ocio. Pero la verdad es que hablamos de una droga que tiene importantes efectos nocivos sobre nuestro organismo, que a los 30 años puede que no se noten porque tenemos un organismo fuerte que lo procesa con relativa facilidad. Pero cuando llegamos a la barrera de los 65-70 años esto cambia por completo. 

Un organismo más viejo. Lo que a los 30 años se puede contrarrestar fácilmente con unos órganos sanos, no se puede conseguir con unos órganos más 'desgastados' con el paso del tiempo. Esto hace que la ciencia apunte a que, a partir de cierta edad, sea recomendable dejar el consumo de alcohol, y la evidencia científica que hay detrás no para de darnos razones para hacerlo si es que queremos tener una mejor vejez y con menos enfermedades. 

Un cambio estructural. El primer y más crítico factor que altera nuestra relación con el alcohol al envejecer es el cambio drástico en la composición corporal. A medida que superamos los 65 años, el cuerpo experimenta una pérdida progresiva de masa muscular magra y, de manera crucial, una reducción del agua corporal total.

Esto es vital, porque el alcohol es una sustancia que se diluye en el agua, y es por ello que, al haber menos cantidad de agua en el organismo para diluirlo, la misma cantidad de alcohol ingerida por una persona de 65 años resultará en una concentración significativamente mayor que en una persona más joven con el mismo peso y género.

En XatakaLlevamos siglos soñando con frenar el envejecimiento. La pregunta es si por fin lo estamos logrando: Crossover 1x37

Vamos más lentos. A esto se suma la ralentización del metabolismo hepático, ya que el hígado envejecido produce menos cantidad de las enzimas clave encargadas de descomponer el etanol, lo que significa que el alcohol permanece más tiempo en el torrente sanguíneo, prolongando su efecto tóxico. El resultado directo es una borrachera que llega mucho antes con una menor cantidad de alcohol, aumentando drásticamente el riesgo de pérdida de equilibrio, caídas y fracturas óseas. Algo que a esa edad es casi que una condena por la pérdida muscular que conlleva. 

Neurotoxicidad. Si entramos a hablar ahora de los efectos directos que tiene el alcohol en los diferentes órganos de nuestro cuerpo, la primera parada obligatoria es el cerebro, donde se da uno de los impactos más severos del consumo continuado. Aquí el alcohol actúa como una neurotoxina que acelera la pérdida neuronal, un proceso que ya ocurre de forma natural por el envejecimiento, pero que el etanol multiplica.

Neurólogos de prestigio como Richard Restak enfatizan que los daños neuronales a partir de los 65 años son irreversibles, recomendando aquí la abstinencia total. Esto se une a revisiones hechas en España que demuestran que el alcohol acelera el deterioro cognitivo, siendo el impacto aún más grave con bebidas destiladas frente a las fermentadas.

En la memoria. Pero la pérdida de materia cerebral, que puede derivar en demencias severas, se acompaña también de pérdida de memoria y del control de lo que hacemos. Los estudios de cohortes, como el proyecto NEDICES, han vinculado el consumo alto de alcohol en mayores de 65 años con puntuaciones neuropsicológicas notablemente inferiores.

Además, la pérdida de la coordinación motora explica por qué el 60% de las caídas graves en la tercera edad tienen relación con el consumo de alcohol.

Daño multiorgánico. El consumo continuado en la tercera edad no se limita a un órgano, sino que provoca un fallo sistémico en cascada agravado por el estrés oxidativo, que es el gran enemigo del envejecimiento. Un estudio transversal reciente realizado en Extremadura con más de 2.800 participantes demostró que en los hombres mayores de 65 años, la prevalencia de consumo de riesgo alcanza un alarmante 30%, asociándose fuertemente con el aumento del colesterol, la hipertensión y el riesgo cardiovascular como un infarto.

El corazón. Sin duda, sufre los embates de la hipertensión inducida por el alcohol y un mayor riesgo de arritmias, mientras que los vasos sanguíneos pierden su elasticidad. Esto provoca que sea mucho más fácil que se tengan picos de tensión elevada que deriven en un ictus, por ejemplo. 

En el hígado. Sin duda, uno de los órganos más afectados, al ser la 'fábrica' que está encargada de procesar todo el alcohol que entra en el organismo. Y es que la toxicidad crónica aquí no solo eleva el riesgo de cirrosis, sino que, debido a un metabolismo deficiente, la exposición prolongada a metabolitos tóxicos aumenta exponencialmente el riesgo de desarrollar cáncer, especialmente de hígado, mama y colorrectal. Algo que responde al mayor daño que sufre en el ADN en los ancianos que continúan bebiendo con cierta frecuencia. 

En el intestino. Quizás uno de los apuntes más recientes que tenemos es la erosión que provoca el alcohol en la mucosa intestinal, y por ende a la microbiota que aquí se encuentra. Poco a poco estamos viendo que la microbiota es más importante de lo que pensamos, y ha quedado evidenciado que su pérdida permite que las endotoxinas pasen al torrente sanguíneo, favoreciendo una inflamación crónica de diferentes partes del organismo. Algo que lleva ligados a otros muchos efectos. 

Sin ir más lejos, esta inflamación agrava la osteoporosis que ya es marcada en esta edad, daña el páncreas y provoca un acortamiento acelerado de los telómeros celulares, lo que se traduce en un envejecimiento biológico prematuro y un sistema inmunológico frágil incapaz de combatir infecciones respiratorias de manera eficaz.

En XatakaEn España hay ya 148 mayores de 64 años por cada 100 jóvenes. Y eso es una bomba de relojería para la economía

La trampa silenciosa. Un factor crítico que a menudo se pasa por alto es la polimedicación, ya que la inmensa mayoría de las personas mayores de 65 años toman varios medicamentos recetados a diario. No es raro ver a una persona con la pastilla de la tensión, de la diabetes, para el dolor, para reducir la retención de líquidos... 

El problema es que combinar algunas de estas pastillas, como por ejemplo los antiinflamatorios como el ibuprofeno, aumenta el riesgo de sufrir hemorragias digestivas severas. 

Imágenes | Vlad Sargu

En Xataka | La ética del trabajo lleva años vendiendo que levantarse a las 05:00 AM es bueno. La ciencia tiene claro que en absoluto

Fuente original: Leer en Xataka
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