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El rostro más humano del Tribunal Eclesiástico de Málaga

El rostro más humano del Tribunal Eclesiástico de Málaga
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Ana Blázquez y Rafael Ruiz, ambos laicos, son el rostro de la acogida que encuentra quien acude al Tribunal Eclesiástico de la Diócesis de Málaga

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Ana Blázquez y Rafael Ruiz en la sede del Tribunal Eclesiástico de Málaga. SUR El rostro más humano del Tribunal Eclesiástico de Málaga

Ana Blázquez y Rafael Ruiz, ambos laicos, son el rostro de la acogida que encuentra quien acude al Tribunal Eclesiástico de la Diócesis de Málaga

Encarni Llamas

Málaga.

Domingo, 1 de marzo 2026, 01:00

... años trabajando. «Cada causa de nulidad es la vida de dos personas», afirma Ana, «en cada una de ellas se vive un proceso de acompañamiento con quien viene a solicitar la nulidad de su matrimonio».

El equipo de esta institución diocesana está formado por el vicario judicial, José Manuel Ferrary; los jueces instructores Federico Cortés y Felipe Gallego; dos defensores del vínculo; y un equipo de abogados y psicólogos colaboradores; además de la notaria, Ana Blázquez y Rafael Ruiz, voluntario que atiende a quien llega solicitando información sobre el proceso de nulidad de su matrimonio.

Una media de 40 nuevas causas pasan por este Tribunal cada año, «pero son más de 150 las personas que vienen para informarse y para contar su proceso. La mayoría viene a solicitar información sobre el proceso de nulidad de su matrimonio canónico. Llegan en una situación de dolor y de incertidumbre, a veces incluso sienten que no están dentro de la Iglesia y hay que explicarles con detenimiento todo el proceso. Por eso, no se trata de un servicio burocrático, sino pastoral. No se trata de la extinción de un contrato, sino de ver si el sacramento del matrimonio tuvo lugar o hubo una serie de factores, condiciones y situaciones particulares que llevaron a la persona a contraer matrimonio de forma inválida. Los matrimonios son nulos o son válidos, no se anulan».

En un momento tan desgarrador, Ana y Rafael se implican con cada uno de los protagonistas de las causas, con su historia personal, ofreciéndoles ayuda para completar los cuestionarios e información sobre la gratuidad y la reducción de costas, en caso de necesidad.

A los letrados y peritos que colaboran con el Tribunal se les pide una formación muy específica porque «no es un proceso judicial sin alma. Es más, desde mi experiencia, son muchos los casos de personas que solicitan este proceso para sanar. Aquí incidimos en que no se les está juzgando, sino que se juzgan unos hechos. Y son muchas las ocasiones en las que les recordamos que el Señor nunca los ha abandonado en todo este camino», explica Ana.

Un proceso de declaración de nulidad tiene una duración estimada de un año y medio. «Tras la acogida y la decisión de ir adelante, se pone en contacto a la persona con un abogado o abogada y se introduce la demanda, de la que se da traslado a la parte demandada (que no está obligada a participar, pero tiene que ser conocedora del proceso). En realidad, en este proceso no se demanda a nadie lo que se demanda es el matrimonio», explica la notaria.

«Una vez recibida la respuesta o el silencio de la otra parte, comienza la fase de las pruebas. Se cita a los que un día fueron esposos para declarar y a una serie de testigos, a todos en diferentes días y con tranquilidad. El juez los escucha y se toman por escrito todas las declaraciones. Según los motivos solicitados, se puede solicitar una declaración pericial, que puede ser psicológica, o incluso médica», continúa explicando Ana Blázquez.

El abogado redacta sus conclusiones de la causa, que se hace llegar al defensor del vínculo, «que es algo parecido al Ministerio Fiscal, para que nos entendamos, y de ahí a los votos y la sentencia. Si en 15 días ninguna de las partes apela, la sentencia es firme y se ha declarado bien que el matrimonio es válido, o bien que es nulo, con lo que la situación de estas personas, dentro de la Iglesia cambia. Desde mi experiencia, no es un proceso agradable, pero cuando se hace bien el recorrido, es sanador», añade.

Son muchas las situaciones vividas en el Tribunal que han marcado a Ana Blázquez porque «la tramitación es la misma para todos pero cada causa es la vida de dos personas. Para mí es una satisfacción llevar a buen puerto una causa que vienes acompañando desde el comienzo, como el servicio pastoral que es el de este Tribunal».

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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