Los terremotos que desde mediados del pasado mes de agosto se han sucedido en Granada apenas han dañado la Alhambra, su monumento más importante. Siglos después de su construcción sobre la colina roja de la Sabika, la Alhambra ha soportado decenas de movimientos sísmicos, algunos tan dramáticos como aquel que asoló Granada el 19 de abril de 1956, el llamado terremoto de Albolote, que además de cobrarse la vida de más de una decena de vecinos echó por tierra centenares de casas y dañó de gravedad iglesias y palacios barrocos del centro histórico de la ciudad.
El terremoto de magnitud 5 sobre la escala de Richter que se registró a la una de la madrugada del pasado sábado, 15 de agosto, apenas produjo daños en las áreas palatinas y en las torres de la Alcazaba del conjunto monumental. Los protocolos de evacuación ante catástrofes naturales, aplicados desde el Patronato de la Alhambra y Generalife, obligaron al cierre del monumento hasta que los técnicos descartaron peligro alguno para los miles de visitantes que a diario recorren la Alcazaba, los Palacios Nazaríes y el Generalife, las tres áreas áulicas para las que es necesario adquirir entrada.
Pero, cómo es posible que la Alhambra haya resistido durante siglos los embates de la tierra, los inesperados y peligrosos caprichos de la geología, los imprevisibles movimientos que sin previo aviso se desatan en las profundidades oscuras de su corteza terrestre. La respuesta está en la tierra que sostiene el monumento. La Alhambra toma asiento en una formación geológica de roca sedimentaria hecha de arena, arcilla y cantos rodados, tierras de aluvión de extraordinaria consistencia capaces de amortiguar movimientos sísmicos que en la vecina planicie de la Vega, hecha de tierras blandas, puede ser letal.
Barrio del Albayzín desde la torre de Comares de la Alhambra.M.M.P.La Universidad de Granada fue la primera institución que a mediados del pasado siglo estudió el denominado «conglomerado Alhambra», la composición de tierras y piedras que además de aportar el característico tono rojizo a la colina ejerce propiedades de amortiguación cuando la tierra desata sus más crueles humores. En sus numerosos trabajos teóricos, el eminente alhambrólogo Jesús Bermúdez, una de las mayores autoridades internacionales sobre la historia del monumento, ha dejado escrito que el conglomerado Alhambra ha contribuido a la preservación del edificio. «Estos suelos aportan solidez a las estructuras constructivas y han actuado de amortiguación y esponja ante los movimientos sísmicos desatados a lo largo de la historia».
Numerosos estudios supervisados por instituciones académicas como la Universidad de Granada sostienen que la Alhambra posee un umbral de tolerancia que depende de la magnitud y el tiempo de duración de un terremoto. Ese umbral es algo mayor que en otras zonas de la ciudad y sus áreas limítrofes. Pero un hipotético terremoto de magnitud superior a 5 sobre la escala de Richter sí podría dañar de modo severo muchas estructuras del conjunto monumental, sobre todo en sus áreas verticales y de mayor altura como las torres que triangulan la Alcazaba o la de Comares, la más grande y valiosa de todas, construida por el sultán nazarí Yúsuf I en la primera mitad del siglo XIV.
Pero el conglomerado Alhambra no es el único aliado que planta cara a los movimientos sísmicos. Los poetas cortesanos nazaríes aseguraban en sus composiciones laudatorias que aquellos palacios habían sido construidos con arena, poesía y cielo. La aparente pobreza de los materiales con los que se erigió la Alhambra ha jugado paradójicamente a favor de la conservación del monumento.
El tapial erigió muros gruesos con una cierta ductilidad frente a posibles movimientos, mientras las estructuras de madera que sirven de sostén y techo poseen elasticidad ante fortuitas deformaciones. Los terremotos y las réplicas que han venido a continuación desde mediados de agosto pasado solo han dañado algunas estructuras de las almenas, reconstruidas curiosamente a mediados del siglo pasado. Las grietas que como arrugas de la edad se hallan en el interior de la torre de Comares no han cambiado de magnitud ni grosor tras las mediciones de los testigos instaladas en ellas. Los análisis que los técnicos están realizando estas semanas en busca de posibles daños sísmicos se incorporarán al proyecto denominado Alhambra Living Lab, el gemelo digital que servirá de modelo histórico al conjunto patrimonial real.
Los geólogos consideran Granada y su área metropolitana como una zona de recurrencia sísmica. La ciudad toma asiento sobre una formación tectónica joven para las magnitudes con las que trabaja la geología. Mientras la Vega se hunde milímetro a milímetro, Sierra Nevada se eleva a la vez y hay estudios que buscan medir con exactitud las dos cumbres más altas de la península, el Mulhacén y el Veleta, con 3.479 y 3.398 metros de altura, respectivamente.