LA TRIBUNA
El valor de un viejo diccionarioUn diccionario es un faro que ilumina, un refugio frente a la zozobra, una ventana por la que se otea el horizonte, un inventario ordenado
Regala esta noticia Añádenos en GoogleJOSÉ M. DOMÍNGUEZ MARTÍNEZ
CATEDRÁTICO DE HACIENDA PÚBLICA DE LA UNIVERSIDAD DE MÁLAGA
30/08/2026 a las 02:00h.Aún recuerdo la emoción, la sensación, el estremecimiento al abrir las páginas de aquella diminuta Enciclopedia Universal Herder, en edición española del Círculo de Lectores, ... de 1966. Me la regaló mi padre cuando, próximo a cumplir diez años, hice la prueba de ingreso que, en los años sesenta, se requería para poder acceder al bachillerato elemental. Milagrosamente, al igual que la vetusta estilográfica que utilicé en aquel entonces temido examen, aún la conservo, como una apreciada reliquia que me ayudó y estimuló en los primeros pasos en la ardua senda del conocimiento.
Aparte de su función primaria, la de despejar una duda que se interpone en nuestro camino, la consulta a un diccionario en su formato tradicional, como obra impresa, genera un cúmulo de sensaciones sumamente placenteras, toda una suerte de endorfinas que fortalecen el espíritu y elevan el ánimo. Siempre, claro está, que veamos satisfecho nuestro propósito al encontrar el vocablo buscado. Cuando esto no ocurría, la frustración instantánea era en sí un acicate para emprender búsquedas en cumbres mayores, una oportunidad para acudir a alguna de las añoradas bibliotecas públicas. Siendo de este carácter, unas eran propiedad de instituciones públicas y otras de entidades privadas.
Un diccionario de cualquier tipo, sea de la época que sea, te sigue abriendo las puertas a un mundo nuevo, que merece ser explorado
Al leer un artículo de Nilanjana Roy ('A word in favor of dictionaries', Financial Times, 16-9-2025), que ahora he podido rescatar, he tomado conciencia del sentido de pertenencia a la tribu que la referida escritora india describe en estos términos: «todos nosotros, los dinosaurios del género Wordosaurus, a quienes nos encantan los diccionarios de todas las formas y tamaños, desde los de bolsillo en edición rústica hasta las obras de 20 volúmenes, con los bordes dorados, que se heredan de generación en generación».
Y, con permiso de la primigenia y venerada Encyclopédie de Diderot y d'Alembert, qué decir de la mítica Enciclopedia Espasa-Calpe completa, de más de 100 volúmenes, o de la Encyclopaedia Britannica, con su espectacular despliegue en la Macropedia y la Micropedia. Las campañas publicitarias de la Britannica, a comienzos de los años ochenta, eran irresistibles. Uno de los reclamos más potentes era una manifestación de Gabriel García Márquez, quien decía haber oído que Aldous Huxley la había leído de principio a fin, y que, desde entonces, había tratado de repetir esa hazaña.
El imparable avance de las tecnologías de la información y la comunicación ha sido verdaderamente disruptivo para el sector editorial, aunque tal vez no tanto como se podía esperar, en algunos segmentos más que en otros. La Britannica dejó de tener ediciones impresas en el año 2012, pero los libros en papel siguen mostrando un florecimiento insólito, incluidos algunos cuyos contenidos están sujetos a revisiones periódicas.
Han cambiado mucho los tiempos; enormes son las ventajas que, además de la actualización permanente, proporcionan los canales online, que, dotados de ubicuidad para su acceso y de instantaneidad, se han convertido en imprescindibles. A los diccionarios tradicionales se les hace muy difícil poder competir en este escenario que aún parece del futuro. Seriamente amenazados por una obsolescencia que se antoja insalvable, arrinconados en las estanterías u olvidados en los desvanes, echan de menos las manos que antes exploraban ávidas sus dominios.
Permanecen como cápsulas del tiempo silenciosas, a la espera de una mirada amiga que les devuelva, por un instante, la vida. Su futuro no es prometedor, pues, según dicen, los integrantes de la primitiva especie Verbumsaurus están en peligro de extinción inminente. Pero un diccionario de cualquier tipo, sea de la época que sea, te sigue abriendo las puertas a un mundo nuevo, que merece ser explorado, incluso aunque esté ya periclitado.
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