Prevista inicialmente para inicios de febrero por problemas técnicos, la misión Artemis 2 tiene previsto despegar la noche del miércoles al jueves. Llevará a cuatro astronautas a la órbita de la Luna 54 años después del Apolo 17
Jon Garay y Gonzalo de las Heras (gráficos)
Martes, 31 de marzo 2026, 08:22
CompartirTodas las grandes misiones tripuladas de la Nasa a la Luna han empezado siempre a una velocidad paquidérmica. Frente a los 40.000 kilómetros por hora que son necesarios para que los grandes cohetes escapen de la gravedad terrestre, los primeros pasos de esos gigantes transcurren a un máximo de 1,3 kilómetros por hora, bastante más despacio que el caminar normal de una persona. Ese límite lo marca la capacidad del robot oruga que transporta a estos colosos desde el edificio de ensamblaje vertical (VAB, por sus siglas en inglés) hasta la torre de lanzamiento. Este parsimonioso desplazamiento –lo es casi tanto como el ensamblaje de toda la estructura, que lleva unos seis meses– se repite desde las misiones Apolo de los años 60 y 70, y tuvo lugar de nuevo hace unos días. El CT-2 –Crawler Transporter 2–, recorrió los 6,8 kilómetros que separan ambos puntos en doce horas para llevar al Space Launch System (SLS) hasta la rampa 39B del Centro Espacial Kennedy, desde donde partirá hacia su destino en la medianoche del miércoles al jueves en nuestro país.
Prevista inicialmente para los primeros días de febrero y aplazada ahora por problemas técnicos, el objetivo de la misión Artemis 2 es llevar de nuevo al ser humano a la órbita del satélite terrestre. Para el alunizaje habrá que esperar, si no hay más retrasos –en el plan original estaba calendado para 2026– al menos dos años, hasta 2028, con las misiones Artemis 4 y 5 -la 3 será una especie de repetición en 2027 de la que debe partir esta semana-. Será el décimo viaje estelar tripulado. Habrán pasado 54 años desde el Apolo 17, la última vez que el ser humano se acercó siquiera a la Luna.
Como hacer volar un barco
Sistema de aborto del lanzamiento
Nave Orión
Módulo de la tripulación
Módulo de servicio
Paneles de protección del módulo de servicio
Adaptador de la aeronave
Adaptador de fase Orión
Sistema de propulsión criogénica
Adaptador de la fase vehicular
Fase central
Cohetes de propulsión sólida
Motores RS-25
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Módulo de servicio
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Adaptador de fase Orión
Sistema de propulsión criogénica
Adaptador de la fase vehicular
Fase central
Cohetes de propulsión sólida
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Sistema de aborto del lanzamiento
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Módulo de servicio
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Adaptador de la aeronave
Adaptador de fase Orión
Sistema de propulsión criogénica
Adaptador de la fase vehicular
Fase central
Cohetes de propulsión sólida
Motores RS-25
Concebido para el programa Apolo en los años sesenta del siglo pasado, el CT-2 mide 40 metros de longitud y 35 metros de ancho. Solo así puede acarrear las 2.600 toneladas del SLS, el cohete de 108 metros de altura en cuya cúspide se sitúa la nave Orion, el habitáculo donde viajarán Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen, los cuatro astronautas que componen la misión, en cuarentena desde hace días para evitar cualquier infección que retrase el despegue. «Vamos a enviar a seres humanos más lejos en el espacio profundo que nunca antes, más allá de la Luna, para ver lo que nunca hemos visto. La misión es un paso adelante crucial para el establecimiento de una futura base en la Luna», ha enfatizado Jared Isaacman, el administrador de la Nasa, un multimillonario amigo de Elon Musk que terminó siendo aceptado por Donald Trump tras no pocos vaivenes.
VISTA LATERAL
Módulo de la tripulación
10.387 kg
7,3 m
5,2 m
Módulo europeo de servicio
15.461 kg
VISTA SUPERIOR
Paneles solares
19 m
VISTA LATERAL
Módulo de la tripulación
10.387 kg
7,3 m
5,2 m
Módulo europeo de servicio
15.461 kg
VISTA SUPERIOR
Paneles solares
19 m
VISTA SUPERIOR
Paneles solares
Módulo de la tripulación
10.387 kg
7,3 m
19 m
VISTA INFERIOR
5,2 m
Módulo europeo de servicio
15.461 kg
VISTA SUPERIOR
VISTA LATERAL
Módulo de la tripulación
10.387 kg
7,3 m
19 m
Módulo europeo de servicio
15.461 kg
VISTA INFERIOR
5,2 m
Paneles solares
«La Orion es la parte verdaderamente importante de la misión», explica a este periódico Guillermo González Gómez, jefe de producción del módulo de servicio de la nave. «El módulo de servicio es 100% europeo y desempeña un papel fundamental. Si fallamos nosotros, Estados Unidos no va a la Luna. Entre sus funciones están la propulsión de la nave –esta se separa del supercohete poco después del despegue–; el sistema de dirección –en el espacio no hay timones, son unos pequeños propulsores que dan pequeños empujes para orientar la nave–; el sistema de control térmico –en órbita, la temperatura es muy baja pero en las partes en las que da el sol, sube, lo que compromete la estructura de la nave–; y los 'consumibles', es decir, el agua, el aire y los ordenadores que administran estos sistemas», subraya el experto de la Agencia Espacial Europea (ESA).
Una vez que los dos propulsores de combustible sólido adosados al cuerpo del SLS eleven su enorme mol –«es como poner una fragata en vertical y esperar que vuele», dice González–, la Orion se separará y dará dos vueltas a la Tierra para comprobar que todos sus sistemas funcionan correctamente antes de alejarse de forma definitiva. También se certificará el buen funcionamiento de los sistemas de comunicaciones, especialmente de la Red del Espacio Profundo, una serie de antenas de gran alcance situadas en Madrid, Camberra (Australia) y Goldstone (Estados Unidos) de las que dependerá la misión cuando se aleje de la órbita de nuestro planeta. La primera de estas vueltas, más corta, durará unos 90 minutos. La segunda se prolongará durante 23,5 horas. En esta situación, la Orion tendrá el suficiente impulso para llegar a su destino.
Ya sin los trajes espaciales, los cuatro tripulantes tardarán cuatro días en aproximarse a la Luna, dando una vuelta a una distancia de más de 7.400 kilómetros. En ese momento se hallarán a más de 400.000 kilómetros de casa, más lejos de lo que nunca ha llegado antes ningún astronauta. La marca anterior estaba en manos del Apolo 13, la famosa misión del 'Houston, tenemos un problema'. Podrán contemplar el satélite más o menos cercana durante unas tres horas.
Los tripulantes
Estados Unidos, 47 años
Christina Koch
La astronauta récord de la Nasa es la elegida para ser la primera mujer en pisar la Luna. Ingeniera electrónica, ha llegado a estar 328 días seguidos en la Estación Espacial Internacional y participó en el primer paseo espacial exclusivamente femenino. Antes de convertirse en astronauta en 2013, participó en expediciones científicas tanto a la Antártida como al Ártico.
Estados Unidos, 50 años
Reid Wiseman
Ingeniero de Sistemas y piloto de combate, ejercerá como comandante de la misión. Astronauta desde 2009, estuvo en la Estación Espacial Internacional como ingeniero de vuelo en 2014. Junto a sus entonces compañeros, llevó a cabo un récord de 82 horas de investigación en una sola semana.
Estados Unidos, 49 años
Victor Glover
Piloto de la Marina, veterano de Irak en 2003. Ha participado en 24 operaciones de combate y aterrizado más de 400 veces en portaaviones. Fue el primero de su familia en ir a la universidad, donde estudió ingeniería y ciencia. Astronauta desde 2013, fue el primer afroamericano en pasar una estancia prolongada en la Estación Espacial Internacional. Piloto de la Orion, será también el primero negro en pisar el satélite terrestre.
Canadá, 51 años
Jeremy Hansen
El único novato de la misión, ya que nunca ha viajado al espacio hasta ahora. Coronel de la Real Fuerza Aérea Canadiense, se graduó en Física en la Universidad Real Militar de Canadá para convertirse después en piloto de caza. Será el primer astronauta no estadounidense en viajar más allá de la órbita terrestre baja.
El viaje de regreso será «gratis». De acuerdo a los planes de la Nasa, la Orion, que se estrenó en diciembre de 2022 en la misión Artemis 1, se aprovechará de la atracción gravitatoria de nuestro planeta para su camino de vuelta, de otros cuatro días.
Una espera de medio siglo
Son varias las razones que explican la tardanza de más de medio siglo en esta vuelta tripulada a la Luna. «Las diferentes misiones Apolo fueron tan seguidas que decreció bastante rápido el interés. El Apolo fue, entre otras cosas, un programa espacial que iba en gran medida dirigido a mostrar las enormes capacidades técnicas en el espacio de los americanos y su supremacía sobre la Unión Soviética tras haber sido estos los primeros en poner un satélite en órbita terrestre (el Sputnik, 1957), poner un astronauta en órbita (Gagarin, 1961) y una mujer astronauta (Tereshkova, 1963) y salir al espacio exterior (Leonov, 1965). Buscaban reforzar el prestigio nacional en la carrera espacial. Tras haberlo conseguido, el interés por la Luna decreció al ser un programa muy caro y considerar al satélite terrestre como un cuerpo sin interés especial», apunta el astrofísico de la UPV/EHU Agustín Sánchez-Lavega. «No hacía falta regresar y nos hemos dedicado a otras cosas, como los transbordadores espaciales, con los que se trataba de dominar los viajes a la órbita terrestre, o la Estación Espacial Internacional», resume el ingeniero aeronáutico de la ESA. Sobre los gastos, bastan dos datos: cada vuelo del Saturno V –el antecesor del SLS– costaba mil millones de dólares de la época y el presupuesto dedicado a aquel programa ascendía al 1% del PIB. Trasladado a la actualidad, supondría 320.000 millones, muchos más que los 24.000 millones al año con los que cuenta la agencia espacial norteamericana.
¿Por qué volver ahora? «Actualmente, aparte de los intereses geoestratégicos, se piensa en la Luna como fuente de recursos minerales y como lugar de establecimiento de bases que sirvan de plataforma para la exploración y lanzamiento de misiones espaciales a otros cuerpos del sistema solar. En particular, interesa la región del polo sur para el aprovechamiento del hielo que sirva para abastecer de oxígeno y combustible a las bases», explica el profesor. Además, Washington no deja de mirar por el retrovisor los acelerados avances en el programa espacial chino, que apunta a llevar a sus taikonautas a la Luna antes de 2030. A diferencia del Artemis, Pekín no ha sufrido apenas contratiempos.
La Orion amerizará frente a las costas de San Diego, en California, diez días después de su despegue. Allí, dos helicópteros trasladarán a los cuatro astronautas en parejas hasta el buque de rescate, donde serán examinados. Si todo va bien, en 2028 todos ellos volverán a la Luna, pero esta vez, para dejar sus huellas.
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