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En los 70 Álava dejó todo un pueblo bajo su aeropuerto. Lo que no sabía es que ocultaba un tesoro de 5.000 monedas medievales

En los 70 Álava dejó todo un pueblo bajo su aeropuerto. Lo que no sabía es que ocultaba un tesoro de 5.000 monedas medievales
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El aeropuerto de Vitoria tal vez no sea el más grande, el mejor conectado ni el más concurrido del país, pero destaca por el volumen de mercancías que mueve. El mes pasado superó las 5.400 t, lo que lo consolida como el cuarto aeródromo con más actividad de Aena, solo por detrás de Barajas, El Prat y Zaragoza. Si la terminal alavesa funciona, moviendo cargamentos, aviones y cientos de miles de pasajeros, es gracias a un antigua aldea que acabó sepultada en los 70: Otaza. Lo más curioso es que lo hizo con un tesoro medieval oculto. El precio de crecer. En la década de 1970 los empresarios de Álava se encontraron con un dilema. Si querían seguir creciendo necesitaban mejores conexiones, vuelos regulares que les permitiesen llegar al resto de metrópolis de España y Europa. Tenían el aeródromo de Salburua, inaugurado en 1935, pero no parecía la mejor solución, así que a los técnicos les tocó buscar alternativas.  Y la encontraron. Tras valorar varias ubicaciones en la región, como Ullibarri Arrazua. Salvatierra o Zurbano, concluyeron que la mejor solución era montar una nueva instalación para aviones en los terrenos de la localidad de Foronda. Una obra en tiempo récord. El proyecto contaba con el respaldo de la Diputación Foral y salió adelante con una rapidez asombroso. Al menos para los plazos que suelen manejar hoy infraestructuras del calado de un aeropuerto. La construcción del aeródromo se aprobó en 1972 y en 1976 Aviación Civil dio su OK a la primera fase. Las obras, recuerda El Correo, implicaban la construcción de una pista de vuelo de 2.200 x 45 m, además de los sistemas operativos. Los trabajos (y gestiones) siguieron avanzando a buen ritmo durante los años siguientes. En 1978 se puso en marcha la maquinaria institucional para contratar la torre de control, los accesos y la urbanización y apenas dos años después (el 30 de enero de 1980) el ministerio abrió de manera oficial el Aeropuerto de Vitoria al tráfico nacional e internacional de pasajeros. En abril de ese mismo año Iberia inauguraba una de sus líneas más importantes, la que lo enalza con Madrid. Coser y cantar, ¿no? No del todo. La construcción de la terminal se encontró con un problema: la proximidad de una pequeña aldea que acabó situándose a 370 metros de la pista. Su nombre: Otaza. La población tenía una larga historia e incluso disponía de su propia iglesia, pero no era lo que se dice muy populosa.  Se calcula que a comienzos del siglo XIX acogía a apenas una treintena de personas, más o menos las que había en 1974, cuando según El Correo habitaban allí 26 vecinos. Las autoridades alavesas se enfrentaron por lo tanto a un dilema: ¿Qué debía primar, el nuevo aeródromo o una aldea con un puñado de familias? En Xataka La Virgen se apareció dentro de un volcán de la Garrotxa. Así que levantaron una de las ermitas más especiales del mundo Y llegó la piqueta. La expropiación no fue lo que se dice sencilla. No todos los vecinos aceptaron de buena gana abanondar sus viviendas y de hecho hubo unos cuantos 'numantinos' (no muchos, es cierto) que no se marcharon hasta el final. Su empeño no evitó que las excavadoras se llevaran Otaza por delante.  En octubre de 1979 la prensa regional se hacía eco de cómo, tras un parón y a pesar de no haber aún un acuerdo total con los vecinos, las autoridades habían retomado las obras de derribo. Menos reparos puso el Obispado, que alcanzó un pacto que permitió echar abajo el templo de la aldea. La piqueta tuvo que trabajar poco. Unos días después, el 2 de noviembre, la demolición se daba por concluida. Un pueblo para el recuerdo. Aquel fue el fin de Otaza. Aunque en su día la localidad había acogido a decenas de personas, disponía de iglesia y servicios, la expropiación de los terrenos y las obras de derribo sellaron su destino. Poco después de finalizarse las obras las autoridades acordaron la desaparición del concejo, que ahora forma parte de Astegieta. Con todo y como recuerda EITB, no fue la única localidad afectada por las obras de la nueva terminal. Antezana de Foronda también pagó un 'peaje' para que Álava disponga de sus propios vuelos. Una última sorpresa. La historia de Otaza podría haber finalizado ahí si no fuera porque poco después de su 'defunción', en abril de 1980 una familia decidió darse un paseo por los terrenos. Durante la caminata, mientras pasaban cerca de la iglesia de San Emeterio y San Celedonio, encontraron una vasija con monedas. La pieza les llamó lo suficiente la atención como para dar parte a las autoridades, que confirmaron que se trataba de un curioso tesoro: más de 5.000 monedas de cobre y plata acuñadas durante los reinados de Alfonso I de Aragón y Alfonso VIII, entre los siglos XII y XIII. Hoy se conoce como "el tesorillo de Otaza". Imágenes | Wikipedia, Google Earth y Mikelo (Flickr) En Xataka | Barajas necesitaba mejorar sus carreteras pero una ermita barroca se lo complicaba. Solución: meterla en una rotonda - La noticia En los 70 Álava dejó todo un pueblo bajo su aeropuerto. Lo que no sabía es que ocultaba un tesoro de 5.000 monedas medievales fue publicada originalmente en Xataka por Carlos Prego .
En los 70 Álava dejó todo un pueblo bajo su aeropuerto. Lo que no sabía es que ocultaba un tesoro de 5.000 monedas medievales

Otaza acabó barrido por las excavadoras para construir el nuevoa aeródromo. Y lo hizo con un peculiar tesoro

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Carlos Prego

Editor - Magnet

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El aeropuerto de Vitoria tal vez no sea el más grande, el mejor conectado ni el más concurrido del país, pero destaca por el volumen de mercancías que mueve. El mes pasado superó las 5.400 t, lo que lo consolida como el cuarto aeródromo con más actividad de Aena, solo por detrás de Barajas, El Prat y Zaragoza. Si la terminal alavesa funciona, moviendo cargamentos, aviones y cientos de miles de pasajeros, es gracias a un antigua aldea que acabó sepultada en los 70: Otaza.

Lo más curioso es que lo hizo con un tesoro medieval oculto.

El precio de crecer. En la década de 1970 los empresarios de Álava se encontraron con un dilema. Si querían seguir creciendo necesitaban mejores conexiones, vuelos regulares que les permitiesen llegar al resto de metrópolis de España y Europa. Tenían el aeródromo de Salburua, inaugurado en 1935, pero no parecía la mejor solución, así que a los técnicos les tocó buscar alternativas. 

Y la encontraron. Tras valorar varias ubicaciones en la región, como Ullibarri Arrazua. Salvatierra o Zurbano, concluyeron que la mejor solución era montar una nueva instalación para aviones en los terrenos de la localidad de Foronda.

Una obra en tiempo récord. El proyecto contaba con el respaldo de la Diputación Foral y salió adelante con una rapidez asombroso. Al menos para los plazos que suelen manejar hoy infraestructuras del calado de un aeropuerto. La construcción del aeródromo se aprobó en 1972 y en 1976 Aviación Civil dio su OK a la primera fase. Las obras, recuerda El Correo, implicaban la construcción de una pista de vuelo de 2.200 x 45 m, además de los sistemas operativos.

Los trabajos (y gestiones) siguieron avanzando a buen ritmo durante los años siguientes. En 1978 se puso en marcha la maquinaria institucional para contratar la torre de control, los accesos y la urbanización y apenas dos años después (el 30 de enero de 1980) el ministerio abrió de manera oficial el Aeropuerto de Vitoria al tráfico nacional e internacional de pasajeros. En abril de ese mismo año Iberia inauguraba una de sus líneas más importantes, la que lo enalza con Madrid.

Coser y cantar, ¿no? No del todo. La construcción de la terminal se encontró con un problema: la proximidad de una pequeña aldea que acabó situándose a 370 metros de la pista. Su nombre: Otaza. La población tenía una larga historia e incluso disponía de su propia iglesia, pero no era lo que se dice muy populosa. 

Se calcula que a comienzos del siglo XIX acogía a apenas una treintena de personas, más o menos las que había en 1974, cuando según El Correo habitaban allí 26 vecinos. Las autoridades alavesas se enfrentaron por lo tanto a un dilema: ¿Qué debía primar, el nuevo aeródromo o una aldea con un puñado de familias?

En XatakaLa Virgen se apareció dentro de un volcán de la Garrotxa. Así que levantaron una de las ermitas más especiales del mundo

Y llegó la piqueta. La expropiación no fue lo que se dice sencilla. No todos los vecinos aceptaron de buena gana abanondar sus viviendas y de hecho hubo unos cuantos 'numantinos' (no muchos, es cierto) que no se marcharon hasta el final. Su empeño no evitó que las excavadoras se llevaran Otaza por delante. 

En octubre de 1979 la prensa regional se hacía eco de cómo, tras un parón y a pesar de no haber aún un acuerdo total con los vecinos, las autoridades habían retomado las obras de derribo. Menos reparos puso el Obispado, que alcanzó un pacto que permitió echar abajo el templo de la aldea. La piqueta tuvo que trabajar poco. Unos días después, el 2 de noviembre, la demolición se daba por concluida.

Un pueblo para el recuerdo. Aquel fue el fin de Otaza. Aunque en su día la localidad había acogido a decenas de personas, disponía de iglesia y servicios, la expropiación de los terrenos y las obras de derribo sellaron su destino.

Poco después de finalizarse las obras las autoridades acordaron la desaparición del concejo, que ahora forma parte de Astegieta. Con todo y como recuerda EITB, no fue la única localidad afectada por las obras de la nueva terminal. Antezana de Foronda también pagó un 'peaje' para que Álava disponga de sus propios vuelos.

Una última sorpresa. La historia de Otaza podría haber finalizado ahí si no fuera porque poco después de su 'defunción', en abril de 1980 una familia decidió darse un paseo por los terrenos. Durante la caminata, mientras pasaban cerca de la iglesia de San Emeterio y San Celedonio, encontraron una vasija con monedas.

La pieza les llamó lo suficiente la atención como para dar parte a las autoridades, que confirmaron que se trataba de un curioso tesoro: más de 5.000 monedas de cobre y plata acuñadas durante los reinados de Alfonso I de Aragón y Alfonso VIII, entre los siglos XII y XIII. Hoy se conoce como "el tesorillo de Otaza".

Imágenes | Wikipedia, Google Earth y Mikelo (Flickr)

En Xataka | Barajas necesitaba mejorar sus carreteras pero una ermita barroca se lo complicaba. Solución: meterla en una rotonda

Fuente original: Leer en Xataka
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