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«En un drama es imprescindible el humor, si no el espectador puede desconectar»

«En un drama es imprescindible el humor, si no el espectador puede desconectar»
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Regresa a las salas de cine con la adaptación de 'Después de Kim', una novela que la cineasta publicó en 2009

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La directora Ángeles Gonzalez-Sinde, en el centro, rodeada por Adriana Ozores y Darío Grandinetti. Laia Lluch

Ángeles González-Sinde

Directora de cine y guionista «En un drama es imprescindible el humor, si no el espectador puede desconectar»

Regresa a las salas de cine con la adaptación de 'Después de Kim', una novela que la cineasta publicó en 2009

Iker Cortés

Madrid

Sábado, 25 de abril 2026, 00:23

... novela homónima que publicó en 2019. La historia comienza en Buenos Aires, cuando Gloria, una mujer a la que da vida Adriana Ozores, se presenta sin avisar en casa de su exmarido, Juan, al que encarna Darío Grandinetti. Ha recibido una llamada desde España: la hija que ambos tenían en común y con la que habían perdido el contacto hace un tiempo ha aparecido muerta en Benidorm. Pese a las dos décadas que llevan distanciados, ambos viajarán hasta allí y descubrirán que la mujer ha dejado huérfano a un hijo en paradero desconocido. La sorpresa les llevará a quedarse en España para encontrar a su nieto.

-¿Cuándo y por qué se decidió a llevarla al cine? Creo que un primer momento pensó en una serie.

-Sí, inicialmente me lo planteé por la extensión de la novela y porque esta cubre dos hilos temporales: uno es el presente, el tiempo que cubre la película, cuando ellos están en Benidorm reconstruyendo y desentrañando ese misterio en el que se ha convertido su hija. En el otro, conoces a la pareja desde que se hacen novios en la universidad, se casan, tienen una niña, empiezan a tener diferencias, comienzan las infidelidades, la hija se convierte en adolescente... Todo ello la hacía perfecta para una serie, pero desde el momento en el que ese camino que exploramos dejó de avanzar, pensé que en la película no iba a poder saltar atrás y adelante en el tiempo porque al final no iba a satisfacer ninguna de las dos necesidades y decidí que era mejor centrarse en el presente y en el reencuentro de ellos ya maduros.

-¿Cómo ha sido adaptarse a sí misma?

-Pues ha sido fácil en el sentido de que yo he adaptado a Elvira Lindo, a Belén Gopegui, a Gabriela Ybarra, vamos he hecho un sinfín de adaptaciones, y tiendo a preocuparme mucho por la lealtad y el no traicionar la novela, no alejarme de ella y no inventar. En este caso tenía manga ancha para hacer lo que quisiera con la novela, las transformaciones necesarias, las omisiones, los cortes y demás... Sí es cierto que lo que hay que conseguir es no perder el deseo y las ganas de seguir indagando en la historia, a pesar de que para ti sea una historia en la que has estado implicada una década entre la novela y el guion.

-El comienzo de la historia es desolador. ¿Una pérdida común puede llevar a reparar puentes y reconstruir una relación?

-Bueno, muchas veces las experiencias dolorosas y traumáticas no nos hacen más comprensivos con los demás, esto depende de las personas. En este caso lo que yo sí creo y la película defiende es que para poder salir adelante necesitas del otro, sea tu expareja o sea algún otro tipo de apoyo y de afecto. Sin red externa es cuando te vienes abajo completamente.

-Resulta muy curioso el tono porque se parte de una tragedia pero, de alguna manera, el humor se va abriendo paso. Como en la vida real, ¿no?

-Claro, en la vida también es así, nada es completamente oscuro ni desesperanzado. Uno necesita romper la tensión y el dolor, de vez en cuando, con momentos más luminosos. En la película, aunque a veces la situación para los personajes no es cómica, nosotros desde fuera, primero, nos reconocemos en sus contradicciones y segundo, por ese choque de personalidades, nos reímos. Yo creo que es imprescindible en los dramas que haya momentos así porque es que si no también a mí me resultan poco creíbles. Creo que el espectador también se puede desconectar del exceso de drama.

Tres fotogramas de la película. Laia Lluch

-Protagonizan el filme Darío Grandinetti y Adriana Ozores, ¿los tenía claro desde el principio?

-Tenía clara Adriana porque creo que es la cuarta vez que trabajo con ella y siempre la tengo muy presente cuando escribo. Pero el actor era más difícil. Era más complicado encontrar a un actor que tuviera esa cualidad que tiene Adriana Azores de poder transitar de la comedia al drama incluso en la misma escena sin perder la credibilidad. Y luego también me parecía importante que él fuera una persona que aún mostrándose como en la película distante, arisco, antipático, quejica, tú pudieras percibir que por debajo había una persona con una ternura y dulzura que aunque esté tapada tú quieras que él rompa esa coraza y que haya un acercamiento. Y en ese sentido Darío creo que reúne esas características. Puede resultar odioso cuando hace personajes de malo (risas), pero por otra parte también entiendes que hay una humanidad ahí debajo que vale la pena escarbar y descubrir.

-Christina Rosenvinge es la vecina guiri y hippie que se encuentra con el cadáver de la hija. ¿Cómo surgió su colaboración? 

-Pues esto era más complicado porque necesitábamos a una actriz extranjera para hacer ese personaje que es muy común en la Costa Blanca, al menos en esa zona. Hay mucha gente de Noruega y del norte de Europa que se ha establecido allí y entonces un día dándole vueltas se me ocurrió Christina. Yo a Christina la conozco desde hace muchos años y además me han gustado mucho los trabajos que ha hecho en el cine últimamente interpretando a Karen Blixen, por ejemplo, y pensé a lo mejor se animaría a hacer este personaje aunque tenía el hándicap de que Christina, siendo hija de padres daneses, en realidad no ha vivido nunca allí. Todos sabemos que ella habla español y que no tiene acento extranjero y eso nos preocupaba a las dos, sobre todo siendo tan conocida para el público, pero estoy muy contenta con el trabajo que ha hecho.

-¿Qué retos ha supuesto rodar en una ciudad como Benidorm?

-Pues yo estaba asustada con rodar en Benidorm en verano, en plena temporada, pero por la agenda de Darío Grandinetti, que estaba haciendo teatro, era difícil encajarlo en otro momento, tenía que ser junio y julio. Estaba aterrada pensando que iba a ser dificilísimo obtener los permisos y poder rodar por la calle, y sin embargo ha sido muy fácil el rodaje, el único obstáculo ha sido el calor, porque la verdad es que hemos usado ese paisaje y paisanaje de fondo a favor. Digamos que esta película no podría ocurrir en ningún otro lugar, porque no sería lo mismo que ellos estuvieran atravesando esta situación si hubieran tenido que volar a Madrid o a Barcelona o a Zaragoza, que a un sitio de vacaciones tan peculiar, tan singular, donde todo va como a contracorriente de lo que ellos están viviendo y sintiendo.

-Es un acierto cómo la película va dosificando la información al espectador y más en un momento donde parece que el cine ha perdido la capacidad de sugerir. ¿Por qué cada vez se le da al espectador todo más mascado?

-Bueno, hay quienes dicen que es que la capacidad de atención de los espectadores ha mermado porque estamos haciendo varias cosas a la vez y que entonces hay que dar la información más clara para que la gente pueda seguir la historia, pero yo creo que es al contrario, que precisamente porque cada vez estamos más expuestos al audiovisual y vemos más cosas, más series, más películas, somos espectadores mucho más avezados y yo creo que ahí el equilibrio es cómo generar esa curiosidad y ese interés para que la gente siga pendiente de la pantalla cuando tiene tantísimas otras opciones que te están tentando constantemente. Me alegra que digas esto porque siempre es una elección arriesgada, el omitir información, el darla, cómo dosificarla, no pasarse y no quedarse corto, pero es algo que desde luego está muy calculado en el guion y luego en el montaje, donde he quitado muchas cosas. Había otras secuencias, otros diálogos, otras opciones y ahí hemos ido desnudando también con la montadora, con la acción, hasta que esté la información suficiente para que el espectador también pueda completar el puzle en su cabeza.

Plataformas de 'streaming'

«Su irrupción en la industria ha traído procesos que exigen una paciencia y una resiliencia enormes al guionista»

-Decía Hitchcock que rodar con niños y con perros era un problema. Usted se ha atrevido con los dos.

-Sí, y además ha sido lo más sencillo de todo. La perra era fantástica, se portó de maravilla y era una perra muy joven que nunca había trabajado en cine, pero el adiestrador, que es de Valencia, lo hizo magníficamente y no hemos tenido que repetir ni una toma por ella. Y el niño, Roger, es muy pequeñito, tiene cinco años, y fue fenomenal. Es verdad que trabajamos con una coach que estuvo todo el tiempo ensayando con él, preparando sus diálogos y sus escenas para que él no se sorprendiera cuando luego llegara el momento. Vino a visitar el rodaje, aunque no rodara, porque trabajar con niños requiere paciencia y también adaptarte a ellos y la ayuda de los actores que están con ellos en las escenas porque les tienes que hacer sentir cómodos y relajados y todo eso lo conseguimos entre todos.

-¿Cómo se siente más cómoda: escribiendo una novela, un guion o dirigiendo?

-Escribir una novela es lo más placentero porque controlas todos los procesos, eres el narrador absoluto y, además, al final del día, cuando terminas de escribir, ya tienes algo que en sí mismo está terminado. Escribir guiones es lo más ingrato porque estás esbozando los planos de un edificio que todavía se tiene que construir y además estás sometido a muchísima presión y a muchísimos juicios y opiniones por lo arriesgada que es la inversión para hacer una película. Y por otra parte, dirigir es muy grato porque es un trabajo en equipo y estar en un proceso creativo con otras personas es una experiencia maravillosa. Aparte, comparado con un guionista, un director tiene a su alrededor grandes expertos que son los jefes de cada equipo que están ahí para ayudarte a contar la historia de la mejor manera posible. Cuando escribes un guion estás completamente solo y no tienes más que obstáculos. Por eso, cuando me preguntabas si adaptarlo había sido más o menos fácil, digamos que al hacer el guion también tienes un chip completamente distinto en la cabeza y es que esa escritura va a crecer una vez que se ruede, va a transformarse, va a ser algo vivo, entonces tienes que estar dispuesto a que va a haber cambios en el proceso y que eso es el milagro y lo bonito del cine, que es una escritura que se transforma.

 -Estudió Filología Clásica. ¿Cuándo supo que quería seguir los pasos de su padre y dedicarse al cine?

-Bueno, la verdad es que tenía mucha incertidumbre, iba saltando de un trabajo a otro y no fue hasta los 27 años o así cuando de pronto decidí, por iniciativa de mi madre, apuntarme a un curso de guion. Piensa que también mi generación es la que vivió en unos años que en España no había escuelas de cine. Había universidades, facultades de Ciencias de la Información, pero la escuela de cine de la generación de mi padre se cerró, y luego hasta los 90 no se abre la ECAM y la Escac, así que tampoco es que fuera una opción tan clara y tan evidente estudiar cine, al menos para mí. La gente tenía que dar más vueltas y buscarse más la vida y yo inicialmente nunca pensé que sería guionista.

-Era una época además donde no había referentes femeninos. ¿Qué siente ahora al ver a directoras como Alauda Ruiz de Azúa, Carla Simón o Pilar Palomero en lo más alto y siendo tan jóvenes?

-Hombre, pues te da mucha alegría porque es un cambio enorme esa normalización y, aún así, fíjate que es minoría. Nos parece que son muchas porque los resultados son muy buenos y tienen aceptación del público, pero en realidad siguen siendo minoría las mujeres en el mundo del cine. Así que es estupendo porque tener esa referencia y ese modelo implica que habrá continuidad. Sobre todo a mí me parece importante lo que se ha conseguido en el campo de la paridad entre los técnicos. En esta película es la primera vez que trabajo con una directora de fotografía que es Lara Vilanova y estoy muy contenta. La verdad es que ha sido un proceso muy bueno, ha sido muy bonito trabajar con ella y estoy encantada. Eso antes no existía, no había mujeres en equipos de cámara, no había mujeres en equipos de sonido, estaba muy masculinizada toda la parte técnica y eso sí que ahora mismo supone un cambio importante.

-Entre 2009 y 2011 fue ministra de Cultura en el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Siempre me he preguntado si después de tener un cargo así le resultó difícil volver a reengancharse al oficio.

-La verdad es que me costó muchísimo volver a la profesión porque tienes unos años de incompatibilidad por ley, eso lo primero, y luego porque la gente te piensa que ya no volverás al cine. De alguna manera, los que eran tus clientes, los productores con los que trabajabas, se olvidan de ti, así que me costó mucho. No fue hasta 2015, creo, cuando un compañero me llamó para trabajar en 'Amar es para siempre', la serie diaria de Antena 3, y ahí es cuando pude regresar a la profesión, pero la travesía por el desierto fue muy difícil.

Exministra de Cultura

«Reengancharme al oficio tras pasar por el ministerio me costó muchísimo. La travesía por el desierto fue muy difícil»

-¿Cómo es escribir para series diarias? ¿Es tan locura como parece?

-Sí, es mucha locura, pero bueno, una locura muy organizada, con unos equipos muy grandes. En una serie diaria hay como 15 o 16 guionistas. Cada semana tienes que generar seis capítulos, cada uno de ellos de 60 páginas, y eso, si no hay muchísima organización y mucha gente trabajando en cadena y sin saltarse ni uno solo de los plazos de entrega, sería imposible, pero es una escritura muy satisfactoria. A mí trabajar en series diarias es de lo más bonito que he hecho en mi carrera.

-¿Por qué?

-Porque ves antes el resultado, porque estás trabajando en algo que la gente ve inmediatamente y también porque estás muy integrado y muy compenetrado con el resto del equipo, con los actores, con el atrezo, con todo. Es algo muy vivo y eso es muy bonito, la verdad.

-¿Qué opinión tiene sobre las plataformas?

-Pues que ha sido algo muy bueno para el público y para los técnicos, pero que quizá para los guionistas nos ha supuesto una dificultad que antes no teníamos, que son los plazos tan largos, los procesos de años en desarrollar los proyectos. Eso es algo que realmente ha sido bastante matador, porque la inmediatez con la que se trabajaba antes y la seguridad que tú tenías en que un proyecto iba a salir, pues te hace trabajar de otra manera. Digamos que es difícil consolidar tu conocimiento, consolidar tu experiencia, consolidar tu carrera cuando inviertes años para que se haga algo, para que se produzca y para obtener un resultado. Todo eso al final nos ha complicado la vida. En el otro lado, ha sido una bendición porque ha ampliado mucho los temas, el tipo de historias, los presupuestos... Es decir, que se pueden contar historias mucho más complejas. Todo eso es fantástico. El único pero está en en los procesos, que para los guionistas exigen una paciencia y una resiliencia enorme.

-¿Le preocupa la inteligencia artificial?

-Sí, a todos nos preocupa mucho la IA, porque nos da miedo no tanto a lo mejor quedarnos sin trabajo como que nuestro trabajo se desvalorice y haya repercusiones económicas negativas para nosotros.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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