Para medir ese ritmo, los astrónomos usan como referencia el llamado límite de Eddington. Es, en términos simples, el punto en el que la radiación producida por la materia que cae al agujero negro empieza a empujar hacia afuera con tanta fuerza como la gravedad atrae hacia adentro. El estudio encontró dos fases distintas de expulsión de material. La primera ocurre poco después de que el agujero negro comienza a alimentarse, cuando lo hace a ritmos extremos. La segunda llega mucho más tarde, cientos o miles de días después, cuando el ritmo de alimentación ha caído hasta cerca del 2% del límite de Eddington, y que los autores relacionan con la formación de jets.
Aunque la muestra es pequeña, que el umbral coincida con el observado en agujeros negros de masa estelar, con masas millones de veces menores, sugiere que este mecanismo podría aplicarse a los agujeros negros en general, sin importar su tamaño.
Saber cuándo aparecen los jets ayudará a reconstruir qué ocurre en las inmediaciones de un agujero negro y cómo libera parte de la energía acumulada durante su alimentación. Los astrofísicos también los estudian con interés evolutivo: se piensa que estos chorros pueden depositar energía en el gas de las galaxias anfitrionas y modificar la formación de nuevas generaciones de estrellas.
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