Corrida de pobres prestaciones pero particularmente ofensiva de Fuente Ymbro. Ambiente ensordecedor, tarde de canícula inclemente, público ajeno. Buenos trabajos desatendidos de Luque y Víctor Hernández. Aarón, la primera oreja de sanfermines
Regala esta noticia Añádenos en Google El aragonés Aarón Palacio. (Efe)Barquerito
07/07/2026 a las 22:21h.Primero fue, como siempre, el plebiscito protocolario del 7 de julio. Vestido de gala, imprescindible la chistera, presidía el alcalde. Una pitada sonora pero breve. ... Y luego empezó formalmente y en serio la Feria del Toro. Para abrir boca, un cinqueño de Fuente Ymbro de envergadura disparatada, veleto y abierto sin llegar a cornipaso. En la carrera del encierro, la manada estirada pero junta, se había detectado la presencia de dos toros de extravagante corona. Veletos los dos. El que abrió corrida y el que la cerró casi dos horas después. Al uno le ajustó las tuercas Daniel Luque en una faena de riesgo: la esgrima como recurso para, sin perder pasos, sortear los viajes inciertos de un toro que literalmente no cabía en el engaño y con el que optó por imponerse. Podía haber tirado líneas sin más. No lo hizo, sino que, puesto sin titubeos, toreando primero por delante para fijar a un toro que, geniudo y renegado en el caballo, se había venido soltando de todo, acabó por tenerlo en la mano, de marcar el terreno donde el toro no tuvo más remedio que sujetarse, de pasarlo ajustado por uno y otro pitón y hasta de adornarse por mondeñinas antes de cuadrar y rematar con una cara estocada soltando el engaño.
El otro veleto, el sexto, todavía más astifino que el primero, dos garfios de no menos de medio metro si no más, fue a su manera, siendo el de peor nota de todos, el toro de la corrida. Por sus carreras y huidas descompuestas, por su falta de fijeza, por su manera de escarbar y porque antes de afligirse y rajarse sin remedio, consiguió que las peñas de sol dejaran de estar ajenas a lo que estaba pasando en el ruedo. El toro, con sus atributos, y el torero, Aarón Palacio, con los suyos. El uno, con sus vicios, y el otro, con sus virtudes, entre las cuales fue, primero, el arrojo, y después, la inteligencia de plantarse de rodillas para abrir por alto, pero seguir por bajo y ligar hasta cinco tirados limpiamente, y el de pecho, y, al cabo, una improvisada solución de cercar al toro sin meterse entre pitones, pero desafiándolo en desplantes con la idea de tocarle un pitón, no los dos a la vez. Una suerte gallista antigua, no consumada. Gestos cómplices al tendido, con el toro a punto de aconcharse en tablas, de donde ya no iba a salirse. Ahí, asumiendo riesgos ciegos, lo tumbó. Y ahora sí, bramó la gente de sol. La primera oreja de la feria.
Hubo cuatro toros más. Cinco contando con un regordío sobrero playero, fuera de tipo, que perdió mucho las manos y no hizo más que protestar. Se había caído demasiadas veces el segundo de sorteo, el toro con el que debutaba en sanfermines Víctor Hernández, y se corrió turno. Con el quinto jugado de segundo toreó con pulso preciso y particular categoría Víctor, compuesto con sencillez, ligando con pureza. El toro de mejor aire de la corrida, casi el único, pero también la faena más risueña, solo que castigada por la banda sonora del sol. Las banderas de apertura de faena tuvieron son. El final, manoletinas con previos circulares inversos a toro ya rendido, fue más para el público fácil. Media estocada habilidosa.
La corrida trajo dos jaboneros, que se enlotaron con los veletos. Al tercero, Aarón al aparato, había que traerlo toreado por delante, enganchado, y si no, el toro no descolgaba. Una faena firme pero de desigual logro. Con el cuarto, engatillado, enmorrillado y ensillado, que se rajó de manso al final, Luque hizo lo que le vino e n gana, de rodillas en una apertura destino las peñas, y firme sin columpiarse en dos o tres tandas muy mandonas, pero sin eco, porque la hora de la merienda es sagrada. Una estocada notable.
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