En el mundo editorial, las acusaciones sobre el uso de IA siguen preocupando a los autores. En marzo, Hachette retiró la novela de terror de Mia Ballard, Shy Girl, tras la especulación en internet de que su autora había usado IA; una acusación que ella negó. Ballard, quien afirma que publicará nuevos textos próximamente, ha tenido que replantear su estrategia. "Mi prioridad número uno es que mi escritura se sienta más real y auténtica. Eso fue lo que me perjudicó la primera vez", afirma. Además de revisar su propio texto, asegura que contrató a un editor, quien también lo analizó con un software de IA.
Hachette no respondió de inmediato a la solicitud de comentarios.
Del mismo modo, The Future of Truth, de Steven Rosenbaum, un libro sobre "cómo la IA transforma la realidad", contenía varias citas generadas por IA, algo que el propio autor reconoció más tarde.
Ellena Savage, una novelista y académica australiana cuya prosa tiende hacia oraciones complejas e compuestas inspiradas en la literatura victoriana, afirma que "lamentablemente ha sido víctima de los chatbots". "La IA me robó varias convenciones sintácticas que antes me gustaban mucho. Echo de menos el uso excesivo del guion largo. Extraño la enumeración de tres elementos, que resultaba tan satisfactoria. ¿Y ahora qué? ¿Solo enlisto dos? ¿Cinco? ¿Siete? ¿Diez?".
En revistas y publicaciones digitales, este estilo contrario a la IA también está redefiniendo el estilo interno y las prácticas editoriales. Richard Fisher, profesor honorario del University College de Londres y editor de la revista cultural en línea Aeon, afirma que la IA anima a los escritores a "ser más humanos" y a escribir de forma más coloquial: "La IA no puede escribir una prosa tan particular como la de los humanos. Puede que los escritores no quieran cambiar su forma de escribir, pero es posible que algunos se vean obligados a hacerlo".
artículo titulado 5 razones para amar el verano (SIN IA), que estaba repleto de errores ortográficos y de insistentes súplicas de que había sido escrito por un humano:textos creados por humanos nunca suenen como si fueran generados por IA.Escribir con errores ortográficos (a propósito)
En abril, el emprendedor Ben Horwitz comprobó los beneficios en tiempo real de este enfoque alternativo a la IA al crear la aplicación Sinceerly, a la que denomina la "anti-Grammarly". Esta herramienta deja deliberadamente errores tipográficos en los correos electrónicos y los firma con "enviado desde mi iPhone". Cuando Horwitz realizó una prueba A/B comparando correos electrónicos estándar con los generados por Sinceerly, enviándolos a CEO de empresas Fortune 500, los únicos correos que abrieron fueron aquellos con líneas de asunto en minúsculas y con faltas de ortografía. "La gente ahora anhela algo diferente y una falta de uniformidad", explica Horwitz. La homogeneidad resultante le ha hecho "apreciar mucho más la buena escritura".
Esa renovada apreciación por la buena escritura podría ser uno de los beneficios inesperados de la era de la escritura con IA. En abril pasado, John Warner, un veterano profesor de escritura, publicó More Than Words: How to Think About Writing in the Age of AI (Más que palabras: Cómo pensar sobre la escritura en la era de la IA), en el que argumentaba que, en lugar de reemplazar a los escritores, la IA podría restablecer el valor de la buena escritura, su estilo y su proceso. Warner había pasado años intentando acabar con el típico ensayo estudiantil de cinco párrafos y con lo que él llama "tonterías pseudoacadémicas", el tipo de texto que ahora produce ChatGPT.
los chatbots.Pero la propia IA podría aprender a imitar esta escritura anti-IA conforme se popularice y forme parte de sus datos de entrenamiento. Llegado ese punto, quizá sea necesario inventar otra forma de redactar para volver a distinguirse de ella. "Cualquier contraestilo superficial que surja en respuesta a la IA podrá ser imitado por la misma. El único contraestilo verdadero es la buena escritura", concluye McGarry.
Artículo originalmente publicado enWIRED.Adaptado por Alondra Flores.