La demoledora frase «es la economía, estúpido» que Bill Clinton convirtió en lema de campaña presidencial en 1992 fue una creación de su estratega de campaña James Carville, uno de esos «'doctores tácticos' de lo que los curadores de la globalización bienalizadora ... podrían aprender algunas lecciones.
Me permito plantear una perogrullesca tergiversación de ese mantra político para indicar que también sería oportuno colocar en las puertas de entrada de ARCO 2026 unos grandes cartelones o neones con la frase «es el mercado, idiotas».
Tras aquellas décadas postmodernas de los ochenta y noventa, cuando había que «participar de la fiesta cultural» y camuflar el raquítico coleccionismo con toda clase de charlas y 'encuentros', la dinámica neoliberalizadora del siglo XXI hace que toda coartada 'discursiva' suene ya patética.
ARCO'26, ¿en la 'Champions League' de las ferias mundiales?
Ciertamente, la planificación que llevó a montar aquello de los 'países invitados' terminó agotándose, y los seminarios sesudos pasaron a ser tertulias cacofónicas que era bueno ir abreviando para circular hacia la sala VIP donde el personal puede trasegar licores y espumosos. Con una inercia glacial se continuó con las secciones de 'novedades y varietés' que, todo hay que decirlo, dejaban un rastro de más pena que gloria. Algunas ediciones de la feria han sido estrafalariamente disparatadas en esas movidas curatoriales que, salvo para el postureo y el abracismo, no tienen ningún sentido.
Algunos galeristas sensatos y centrados en sus propósitos comerciales llamaron la atención en reiteradas convocatorias de la feria madrileña sobre los desbarres o pasteleos curatoriales.
El singular 'sistema del arte' español seguía, a pesar de los pesares, propiciando que ministros, consejeros de cultura autonómicos, concejales y hasta sombríos presidentes de diputaciones provinciales montaran su ridículas 'comitivas' por los pasillos para hacerse las fotos de rigor en los estands de los paisanos. Imagino que este año, con la justa bronca de la bajada del IVA, ante la que hacen oídos sordos los 'jerarcas decoloniales', se podrá sentir ruidos de fondo y acaso tengamos desplantes más que justificados y caras más largas.
Mientras el mercado del arte intenta despojarse de pegatinas y disfraces, la organización de ARCO sigue, obstinadamente y sin afán de enmendarse, apostando por las 'secciones comisariadas'. Así, en 2026 disfrutaremos, si eso es algo más que retórica patatera, de 'Opening. Nuevas galerías', comisariada por Rafael Barber Cortell y Anissa Touati; 'Perfiles/ Arte Latinoamericano', con la selección de José Esparza Chong Cuy; y 'ARCO 2045: El futuro, por ahora' que plantean Magali Arriola y José Luis Blondel. Este 'overbooking' curatorial invita a recorrer casi 50 galerías, algunas de las cuales también participan en el Programa General.
Aunque pareciera que estamos ante algo que responde a criterios crítico-estéticos, en verdad todo sirve a la necesidad de vender metros en Ifema y contar con clientes que no son otros que las galerías. El discurso de los comisarios es, lamento decirlo, mermelada o papel de regalos post-carnavalescos para hacer digestiva la imperiosa necesidad de contar con galerías extranjeras o con las que no están dispuestas a desembolsar lo que cuesta un estand fuera de estas 'secciones especiales'. De nuevo recurro a la fórmula clintoniana: «Es el dinero, atolondrados'.
Evidentemente este 'acompañamiento curatorial', término que encarna la mezcla de esnobismo y precarización de la época del 'buenrollismo', tiene alguna mínima virtud que no es otra que la de posibilitar que veamos obras de algunos creadores 'emergentes' o de figuras consolidadas que, sin estos cubículos feriales, no serían 'perfilados'. Así, en la selección latina destacaría a Roberto Jacoby, un histórico del conceptual activista, la propuesta de Víctor Jaenada en torno al flamenco en la galería Spiritvessel, las piezas de Allora & Calzadilla y Thomas Hirschhorn, artistas del 'mainstream', en Chantal Crousel o el siempre provocador y lúcido Albert Serra que estará representado por la galería Mayoral.
De las 'notas de prensa' de estas cansinas retóricas curatoriales, la que tiene más gracia es la que se atreve a pensar 'el futuro, por ahora'. No está nada mal comenzar citando a Wilde y luego recordar los vídeos, a la manera de bitácora o reportaje 'meteorológico' que colgaba David Lynch hace años. Para 'curar' el futuro del arte hay que saltar por encima de la sombra del punk e invocar el 'dejà vu'. Con toda naturalidad, desearnos a todos un buen día. «Es la feria, amigos».
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