Recién diagnosticada con la enfermedad, que no tiene tratamiento ni cura, una mujer de 65 años relata cómo ha cambiado su vida
Regala esta noticia Añádenos en Google María Antonia Sánchez, diagnosticada con alzhéimer, en su casa de Madrid. (Óscar Chamorro)Madrid
21/09/2026 a las 00:03h.María Antonia Sánchez recuerda las palabras del neurólogo, en su consulta en marzo de este año: «Siento que sea yo en decirte que tienes alzhéimer», ... le dijo. Con 64 años, había acudido al especialista porque tenía dificultades para hablar, como no encontrar algunas palabras, lentitud o vacíos. «Me quedé triste, pero yo esperaba algo, yo sabía que tenía que salir algo».
«Yo notaba muchas veces que mi cerebro estaba espeso, con una nebulosa y me costaba buscar las palabras; no me enteraba bien, me perdía el mensaje», recuerda María Antonia, psicóloga y profesora en Madrid desde hace 30 años de formación profesional, que ahora se encuentra con una incapacidad temporal.
«Me venía pasando desde hacía tres años, al menos. Mis clases habían perdido fluidez, se me olvidaban cosas. Pasaba inadvertido -prosigue- pero yo lo notaba. El último año fue un infierno. Yo preparaba mis clases en la tarde y me las llevaba al día siguiente, pero a veces se me olvidaba los apuntes o cometía errores. La gente te dice: no es nada, pero yo decidí pedir cita porque veía que a mí me pasaban cosas».
«Me venía pasando desde hacía tres años, al menos. Mis clases habían perdido fluidez, se me olvidaban cosas. Pasaba inadvertido pero yo lo notaba»
Su determinación inicial disminuyó debido a un ictus que padeció su madre, que vivía en Málaga y a la que iba a visitar con frecuencia con una excedencia para cuidarla. Para no ausentarse demasiado en el trabajo, dejó pasar las citas, hasta que este año, 2026, sintió que empeoraba. «Lo disimulaba, pero sabía que yo antes no era así». Hasta que un día no pudo comenzar a hablar en clases. «La voz no me salió y le dije a los estudiantes que no había dormido. Me senté y esperé y me desenvolví como pude, pero no con fluidez ni exactitud».
Volvió a acudir al especialista, y le hicieron unas pruebas para determinar si tenía daños cerebrales. «Salió que tenía dañadas las zonas del lenguaje», asegura, con sus informes médicos en la mano. «Lo estaba haciendo todo por el privado, porque es más rápido, pero entonces pedí cita en la pública, primero con el médico de cabecera, para pedir las bajas».
María Antonia y Jorge, en su casa.. (Óscar Chamorro)Aún sin todos los resultados de las pruebas médicas, María Antonia tiene confirmada que padece la enfermedad en un estadio inicial. Una de sus primeras reacciones fue comprender la enfermedad que padece y lo que hace en su organismo.
Explica que el estadio en que está es el «prodrómico», que hay proteínas beta-amiloides, «una especie de grasa que se pega a las neuronas y las mata», que está dejando sin «conexiones» una zona de su cerebro y que las «tau, que están en mi torrente sanguíneo, pueden ocasionar daño cerebral». También que está «afectado el lenguaje y razonamiento pero no demasiado, porque a mi favor contribuye que he estado muchos años utilizando el cerebro».
Apoyo y compañía
María Antonia vislumbra lo que conlleva la enfermedad, cuyo día mundial se conmemora cada año el día 21 de septiembre. «Muchas veces pienso que llegará el momento en el que pierda la orientación, la capacidad de hablar. Podré estar en casa con un cuidador, pero llegará un momento que yo tenga que ir a un centro. A veces me doy pena de mí misma. Pero como falta, pues no quiero llorar ni nada».
Quiere saber si le ha «tocado» esta enfermedad por herencia genética y está esperando los resultados de unas pruebas. «A todos en la vida nos tiene que tocar algo, y todos, de hecho, nos morimos. A mí me ha tocado esta, y no me gusta nada. Llegará la fase de demencia, pero algunas personas pueden estar en la inicial muchos años».
Lo que más la ha «descolocado», después de escuchar el diagnóstico, es la ausencia de un comentarios Reportar un error