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Estados Unidos descabeza Venezuela: ¿y ahora qué?

Estados Unidos descabeza Venezuela: ¿y ahora qué?
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La espectacular operación de captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores en Venezuela tiene algunos rasgos inéditos. Leer
OPINIÓNEstados Unidos descabeza Venezuela: ¿y ahora qué?
  • MANUEL LÓPEZ-LINARES
4 ENE. 2026 - 21:16Calles de Caracas, ayer.EFE

La espectacular operación de captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores en Venezuela tiene algunos rasgos inéditos.

En cierto modo, se asemeja a la de Bin Laden de mayo de 2011. Sin embargo, en este caso se trata del jefe de Estado y de gobierno de un país soberano, que ya había resistido años en el poder tras una incesante presión internacional y al menos dos intentos de golpe de Estado. Pero el sábado se conjugaron un desempeño sobresaliente del ejército estadounidense y una sorprendente desidia defensiva del entorno del mandatario caribeño, que solo fue capaz de alcanzar el umbral de la puerta de su búnker de seguridad en Caracas. Una escena para la historia, relatada ese mismo día por alguien que siguió por streaming la operación: el propio presidente de Estados Unidos, desde su residencia de Mar-a-Lago, en Florida. El ataque implicaba riesgos, pero se cerró sin una sola baja en el ejército atacante. El New York Times habla de 40 muertos venezolanos, entre civiles y militares.

Desde el punto de vista histórico, el precedente más parecido en el continente americano podría ser la invasión de Panamá en 1989 por George Bush padre. En aquella ocasión perdieron la vida 23 soldados estadounidenses, más de 200 soldados panameños, y más de 1.000 civiles. Entonces se justificó el ataque por la necesidad de proteger vidas -en parte fue una reacción ante el asesinato de un soldado estadounidense- y se comunicó previamente la operación al Congreso. En este caso, las razones del asalto son más difusas, y no se ha contado con el legislativo federal. Pero se ha sido mucho más prudente a la hora asumir riesgos para la vida de los miembros de las fuerzas armadas de Estados Unidos, tal y como espera una ciudadanía que dijo basta a los sacrificios aparentemente inútiles de Afganistán e Irak. En síntesis, y aunque ésta ha sido una operación unilateral y discutible, no resulta muy novedosa en la forma de actuar de la superpotencia estadounidense, tanto antes como después del establecimiento del orden liberal internacional de 1945.

Lo que sí resulta original, tras la Segunda Guerra Mundial, es la narrativa que ha justificado el ataque. Apenas se ha intentado encuadrar dentro del derecho nacional e internacional. Donald Trump insistía hace semanas acerca de la amenaza del narcotráfico para sus ciudadanos, pero las fuentes principales del problema para Estados Unidos se encuentran en Méjico y China, en el caso del fentanilo, y Colombia, respecto a la cocaína. Es imposible conocer las verdaderas motivaciones de una intervención de este calado, pero puede especularse con la riqueza en recursos naturales y, especialmente, con las principales reservas probadas de crudo pesado del mundo. Y también con la lucha más o menos soterrada frente a la creciente influencia de China en el continente.

Y ahí Donald Trump no se ha ocultado. Si bien no mencionó el sábado la influencia china ni rusa en la región, ha hablado de la presencia iraní y cubana. Con China la rivalidad es innegable, pero no interesa molestar abiertamente al gran dragón, que recientemente mostró sus garras cuando amenazó con cortar las ventas de tierras raras a Estados Unidos. Trump no dudó en rectificar y rebajar a Xi los aranceles. Además, Donald Trump reconoce este juego de poder en su vecindario al reivindicar explícitamente la doctrina decimonónica de James Monroe, que establecía que las potencias extranjeras no debían inmiscuirse en el hemisferio occidental.

Es más, sin mencionarlo, ha reactivado el corolario de Teddy Roosevelt a dicha doctrina, que afirmaba abiertamente en 1904 que quien sí iba a entrometerse en los asuntos de sus vecinos americanos iba a ser el propio Estados Unidos: en realidad, lo habían aplicado ya en fechas previas, como 1898 con la guerra hispano-estadounidense. Lo sorprendente es que hoy todo esto casa poco con el respeto a la soberanía e integridad territorial de los Estados consagradas en 1945 por la carta de San Francisco, de la ONU: un pilar del derecho internacional público basado en los valores occidentales universales, fruto de su esencia cultural. Además, el propio Trump aseguró sin rodeos este sábado en rueda de prensa que "recuperar para las compañías estadounidenses" el petróleo de Venezuela era ahora una tarea primordial. Reconocer ese objetivo abiertamente sí es una verdadera novedad.

El futuro inmediato

Lo que también resulta más evidente es que las futuras decisiones de Washington van a ser realmente imprevisibles. Esto incluye la ausencia de reglas. En derecho nacional, si bien el presidente es comandante en jefe y una ley de poderes de guerra de 1973 le permite intervenciones de naturaleza defensiva durante dos meses e informando al Congreso, es este último el que debería aprobar el inicio de un conflicto a largo plazo. No parece que Trump se vaya a sentir restringido por este hecho. Y menos aún por el derecho internacional: esta confrontación tendría otro nivel de legitimidad si se hubiera presentado ante el Consejo de Seguridad de la ONU la amenaza que Maduro representa para Estados Unidos o, en su defecto y con muchas más pruebas, la amenaza real que representa para los venezolanos.

Si bien los análisis del deterioro democrático e institucional en Venezuela no son justificación jurídica suficiente para una intervención exterior, existen informes de la propia misión de la ONU para Venezuela que demuestran las torturas y ejecuciones de Maduro a la oposición democrática interna: esto sí son palabras mayores. ¿Por qué no ha invocado Trump la 'responsabilidad de proteger' de la comunidad internacional como su principal argumento jurídico? Llevar a Maduro a un juzgado de Nueva York es una iniciativa loable, pero más débil que una propuesta de resolución en la ONU mostrando evidencias antes de atacar, y una posterior acusación ante el Tribunal Penal Internacional.

Trump se siente menos constreñido que otros presidentes contemporáneos porque solo parece frenarle la opinión pública estadounidense, por lo que esta vez el futuro está más abierto. Pero el presidente no quiere arriesgar la vida de sus tropas y confía en que Delcy Rodríguez y el resto del gobierno de Venezuela cumpla sus deseos. ¿Qué ocurrirá si se resisten? Trump amenaza con más operaciones de este tipo si no claudican. El principal problema es la oposición interna del 70% de la ciudadanía estadounidense. Pero para Trump, no perseguir el cambio real sería un fracaso patente tras tanta iniciativa y toma de riesgos. ¿Qué decisión tomará si Venezuela se le resiste?

Es decir, la operación contra Maduro ha sido exitosa pero limitada, y los próximos pasos no están del todo claros. Trump buscará forzar el cambio en la política industrial mediante amenazas y el embargo petrolero, sin asumir demasiados riesgos. Es muy posible que tenga éxito, pero no es descartable la resistencia o una escalada de violencia que salpique a su ejército y a la estabilidad en Venezuela. En ese escenario resulta difícil imaginar a un Trump prudente, incluso con la opinión pública en contra. Especialmente, tras haber modificado el título a su 'Ministro de Guerra' y publicado una Estrategia de Seguridad Nacional que restaura la doctrina Monroe. En todo caso, el regreso al esquema de entreguerras de hace un siglo parece hacerse realidad: un mundo de esferas de influencia regionales, sin normas, y bajo la ley del más fuerte. Mientras, en Europa, debemos elegir entre afrontar este hecho y unirnos en defensa, o esperar a sufrir las consecuencias en Groenlandia (Dinamarca), Estonia, Polonia, o incluso en infraestructuras y campañas electorales en España.

Manuel López-Linares | Profesor en la Universidad Pontificia Comillas-ICADE

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Fuente original: Leer en Expansión
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