Internarnos en esta exposición de Eugenio Recuenco (Madrid, 1968) en Málaga, una propuesta que se concibe como inmersiva, resulta una metáfora del propósito del artista: un acto de inmersión en lo que él llama 'cartografía humana'.
Cabría interpretarse esta cartografía como nuestra psique, ... un vasto territorio íntimo jalonado de certezas e incertidumbres, de claros y de sombras, de prejuicios cual refugios y de vulnerabilidades cual fallas, tal vez activas por el magma de nuestros deseos.
Internarnos, paradójicamente, a través de la piel de otros –más bien de otras–, del desnudo y la genitalidad, así como de un erotismo explícito, marcadamente lésbico, y por momentos extremoso –el binomio placer-dolor aparece–.
El dinamismo fantástico de la Colección Coppel
Este 'Fulgor y delirio' se desarrolla en dos espacios de La Térmica, en los que las inmensas fotografías nos envuelven y salen de las paredes a nuestro encuentro, acompañadas de esculturas, sonido y vídeo. En la segunda sala se cierne la más profunda de las oscuridades, rota por cajas de luz que se encienden aleatoriamente revelando esas escenas que persiguen incomodarnos e interpelarnos.
Tal vez, este conjunto de fotografías escenificadas, en las que Recuenco fabula imágenes sexuales traspasadas por el delirio, lo grotesco, lo monstruoso, lo psicoanalítico (vemos una 'vagina dentata') y, en algún caso, lo 'pesadillesco' al modo de Füssli, pueden formularse como una puesta en escena o una experiencia de rebasamiento de los límites. Así, nos situamos ante nosotros mismos, ante los límites de la cartografía que trazamos para constituirnos y proyectamos como entidad e identidad. Quizá, este tanteo del territorio consiga cuestionar, modificar y resituar las fronteras.
De hecho, subyace en este despliegue y en el afán del proyecto la noción de metamorfosis, de cambio o transformación. Los personajes poseen un tratamiento que les confiere una esquiva condición, entre lo biológico y lo geológico, entre la carne, el mármol y el bronce, entre la persona y la escultura (a esto ayuda la presencia de pedestales y nichos que los acogen).
Cuerpos humanos que juegan a ser esculturas y viceversa, al igual que transitan entre la humanidad y la animalidad. Más allá del eco ovidiano y clásico, nos interesa esa formulación del tránsito, del cambio, de lo que está presto a transformarse. Esa basculación de los cuerpos y rostros entre el placer y el dolor, el orgasmo y la violencia o la aceptación y la resistencia, así como la condición esquiva de esos seres, además de imágenes rayanas en lo abyecto, enuncian la otredad y alteridad (la facultad de poder ser otro).
El eco de la Historia del Arte resuena en muchas de esas escenas eróticas cruzadas por la imaginación y lo perturbador: 'Laocoonte'; 'Eros y Psique', de Canova; el 'Fauno Barberini'; 'Atalanta e Hipómenes', de Reni; 'Saturno devorando a sus hijos', de Goya; 'El fenómeno del éxtasis', de Dalí, o los cuerpos encordados de Araki. No sólo en estas referencias, también en el tratamiento del desnudo, la carne y la composición, el artista evidencia sus fundamentos plásticos que traslada a la fotografía y el vídeo.
'Fulgor y delirio: cartografía de lo humano'
Recuenco busca la provocación, no el escándalo. Busca provocar una respuesta, desubicarnos para reubicarnos. La carnalidad de sus personajes parece metamorfosearse en superficie reflectante, en suerte de espejo en cuyo oscuro azogue mirar(nos) y descubrir(nos).
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Eugenio Recuenco o mirarnos en el oscuro azogue
Eugenio Recuenco o mirarnos en el oscuro azogue