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Europa vista por Trump

Europa vista por Trump
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El presidente de EEUU enfría las relaciones con sus groseros desplantes y los líderes europeos se hacen un lío a la hora de enfrentarle. Leer
Ensayos liberalesEuropa vista por Trump
  • TOM BURNS MARAÑÓN
9 MAR. 2026 - 00:05El primer ministro británico, Keir Starmer; el presidente finlandés, Alexander Stubb; el presidente francés, Emmanuel Macron; el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y el canciller alemán, Friedrich Merz.Aaron SchwartzEXPANSION

El presidente de EEUU enfría las relaciones con sus groseros desplantes y los líderes europeos se hacen un lío a la hora de enfrentarle.

En los primeros meses de 1944 Inglaterra se llenó de la tropa estadounidense que tomaría parte en el desembarco aliado en Normandía en junio de ese año. Se la recibió con alivio, porque con ella la liberación de Francia, Bélgica y demás países ocupados era factible, así como la invasión de Alemania y la derrota del Tercer Reich. Pero también con hostilidad, porque entonces, al igual que ahora, las relaciones transatlánticas padecían cierta esquizofrenia.

Hoy Donald Trump enfría las relaciones con sus groseros desplantes y los líderes europeos se hacen un lío a la hora de enfrentarle. Llevan un año quitando importancia a sus insolencias, porque llevarse bien con él, el hiper poderoso campeón de los narcisistas, bien vale grandes dosis de lisonjas. A estas alturas resulta tan difícil reírle las gracias como pararle los pies. Lo de Pedro Sánchez es un brindis al sol.

Los ingleses le decían a la soldadesca yanqui del Día D "you are over paid" (se os paga demasiado), "you are over sexed" ( sois unos obsesos sexuales) y "you are over here", que es un juego de palabras y significa estáis aquí. Les irritaba que, cuando salían de sus campamentos, repartían chicle y medias de seda con modales excesivamente familiares.

Las consecuencias de la guerra que Trump ha elegido declarar a Irán han llevado las relaciones transatlánticas a un punto de congelación que hasta ahora era desconocido. Los líderes europeos temen que sus ciudadanos lo tengan cada vez más claro. El enemigo transcendental de la paz, el bienestar, la libertad y todas las cosas buenas de la vida es el presidente de Estados Unidos.

Los líderes de las dos potencias nucleares europeas, Francia y el Reino Unido, miembros permanentes ambos del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, vacilan. Solo con la boca chica invocan el derecho internacional y denuncian la transgresión que comete Trump. Les cuesta hacerlo porque ante la amenaza rusa, Estados Unidos es el aliado indispensable, como lo fue en la Segunda Guerra Mundial. Entre Trump y Sánchez se quedan con el primero.

El siglo pasado, dos imperios europeos, Francia y el Reino Unido, se vieron forzados a abandonar sus posesiones en África; y en Asia, otros dos, el imperio austrohúngaro y el alemán que construyó ese canciller de hierro que fue el prusiano Bismark, desaparecieron del mapa y Estados Unidos pasó a ser la inapelable superpotencia. El rápido reajuste de los equilibrios de poder indefectiblemente provoca pesadas cargas de paranoia entre quienes se sienten humillados por el nuevo reparto. También explica mucha vacilación.

Se ha comentado poco que la actual crisis del Oriente Medio ha estallado en el año que marca el setenta aniversario del bochornoso intento de Francia, Gran Bretaña e Israel de cancelar militarmente a Gamal Nasser, el insurgente hombre fuerte de Egipto, a finales de octubre 1956, y recuperar el control del canal de Suez que el egipcio había arbitrariamente nacionalizado.

La presión diplomática ejercida por la Unión Soviética, que apoyaba a Nasser, y sobre todo la que aplicó Estados Unidos, que no quería saber nada de aventuras imperialistas cocinadas en París y Londres, abortó la operación y la mortificación de Francia y el Reino Unido fue total. La Agresión Tripartita, como se conoce en el mundo árabe, o la Guerra del Sinaí -como se conoce en Israel- fue la puntilla para la grandeur francesa y para Rule Britania.

La ironía, varias generaciones después, llama la atención. Ahora es Estados Unidos, de nuevo con Israel, el que se dedica a correrías bélicas para cambiar regímenes en la región. Hubo un tiempo (fue al finalizar la Gran Guerra del Catorce) cuando funcionarios británicos y franceses pintaban líneas en el mapa del Oriente Medio y se inventaban países en los territorios tribales que gobernaba el imperio Otomano. En adelante serían tutelados por el Foreign Office y el Quai d'Orsay. Ha llovido mucho desde entonces.

Los ingleses que se quejaban de cómo se las gastaba el ejército estadounidense cuando intentaba entremezclarse con ellos sufrían un preocupante complejo de inferioridad. Así, al menos, lo entendieron los bien alimentados "huéspedes" (se trajeron su propio rancho) que hacían gala de ese inocente optimismo que es propio de los criados en el Nuevo Mundo. Y Washington atribuiría este complejo, ya en estado avanzado, a la razón por la cual el general Charles de Gaulle retiró a Francia de la estructura militar integrada de la OTAN en 1966.

En el mundo según Donald Trump, estos mortificados europeos de la hacienda arruinada que, ajenos a la tecnología puntera, sangran por el orgullo pinchado son simplemente losers, perdedores. Dicen que Trump está loco, pero Trump dice que sus líderes perdieron la brújula hace tiempo. Él ya está aquí, over here, en una Europa que se derechiza, y está seguro de que los europeos se amoldarán a su imperio.

EsconderseLos líderes de Irán están cayendo. Un régimen reducido podría sobrevivirLa elevada factura del choque con Trump Comentar ÚLTIMA HORA
Fuente original: Leer en Expansión
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