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Luis García Jambrina posa con su nueva novela, 'El último caso de Unamuno', la segunda de la serie en la que pone a investigar al escritor e intelectual vasco. R. C.Luis García Jambrina
Novelista y profesor de Literatura «Exhumar los restos de Unamuno permitiría saber la verdad de su muerte»El autor de 'El último caso de Unamuno' vuelve con una trama de misterio que pone al intelectual bilbaíno a investigar el extraño suicidio de un catedrático tres meses antes de su sospechosa muerte en Salamanca
Madrid
Jueves, 26 de febrero 2026, 00:35
... en paralelo, sus dos colaboradores de 'El primer caso de Unamuno', Manuel Rivera y Teresa Maragall, tratan de averiguar la verdad sobre la sospechosa muerte del intelectual bilbaíno el 31 de diciembre de aquel mismo año en su domicilio de la calle de Bordadores, en la ciudad del Tormes. De ahí el título 'El último caso de Unamuno' (Alfaguara), la segunda entrega de la serie de Unamuno en la que Jambrina, profesor de Literatura española en la Universidad de Salamanca (de la que el vasco fue rector), recurre de nuevo a esa mezcla de misterio e historia que tan buenos resultados le ha dado y que tanto agradece el lector.- Entre la publicación de 'El primer caso de Unamuno' (2024) y 'El último caso de Unamuno' (2026) han pasado dos años, pero más de 30 años entre trama y trama. ¿Por qué este salto cronológico? ¿No parecería más lógico cerrar la serie de Unamuno con esta nueva novela?
- Mi proyecto de escribir una novela como 'El último caso de Unamuno' data nada menos que del año 1987, hace casi cuarenta años, cuando trabajaba en la Casa-Museo Unamuno, en Salamanca. Escribí un cuento sobre el tema hace unos veinte años, en 2005; y un ensayo, con Manuel Menchón, hace cinco años. Las novelas surgen cuando surgen; he necesitado muchos años de aprendizaje y experiencia para poder escribir esta novela y ya no podía esquivarla por más tiempo. Las novelas y los personajes no se eligen, sino que lo buscan a uno. Yo pensaba seguir el orden cronológico, pero las novelas toman sus propias decisiones, lo que no importa mucho, pues se trata de novelas independientes que se pueden leer sin seguir ningún orden ni pauta.
- En 'El último caso de Unamuno' pone de nuevo al bilbaíno a investigar el presunto suicidio de un catedrático jubilado de Derecho en la convulsa Salamanca de 1936, al tiempo que Manuel Rivera y Teresa Maragall investigan la muerte del propio Unamuno el último día de 1936… Es decir, Unamuno como pesquisidor y como víctima, ¿qué busca con esta doble trama detectivesca?
- Lo de 'El último caso' se refiere al último caso que investiga Unamuno en esos primeros meses de la Guerra Civil y a la investigación de la propia muerte de Unamuno llevada a cabo por sus eternos colaboradores: Teresa Maragall y Manuel Rivera. Son dos indagaciones que se van entrecruzando a lo largo de la novela, ya que en ella hay dos líneas temporales que se alternan y se iluminan mutuamente. En una es sujeto y en la otra, objeto de la investigación criminal.
- Usted ha investigado la muerte de Unamuno aquella tarde del 31 de diciembre de 1936 frente al brasero en la salita de su casa del Nº 4 de la calle Bordadores de Salamanca en donde había recibido una sorprendente visita para ser fin de año, la del profesor falangista Bartolomé Aragón… ¿Qué cree que pasó en realidad aquel día?
- Creo que pasó algo muy parecido a lo que se narra en la novela. Al principio se cuenta desde la perspectiva de la criada que trabaja en la casa, que no pudo ver lo que sucedía dentro de la sala, pero sí intuir que algo sucedía. Y luego, poco a poco, se va descubriendo qué es lo que realmente pudo pasar esa tarde en la intimidad de su casa. Todo eso lo he reconstruido a partir de algunos indicios y testimonios conocidos y otros que me han llegado en estos últimos años.
- ¿Se podría saber la verdad exhumando los restos de don Miguel?
- Algunos creemos que sí. Hay formas de asesinato que dejan rastro en los restos de un ser humano, y este podría ser uno de esos casos. Es muy posible que esa exhumación se haga en fecha muy próxima y descubramos por fin la verdad, con la ayuda de la investigación académica y la ciencia forense.
- De Unamuno nos queda la imagen de un hombre que no se casaba con nadie, ni con los 'hunos ni con los hotros', con una personalidad arrolladora y con el que era difícil discutir porque siempre quería llevar la razón… Ese temperamento no se amilanó ni siquiera con Millán-Astray… ¿Era inevitable ese choque de trenes?
- Lo que era inevitable era su ruptura pública con los sublevados. Y esta tuvo lugar en la celebración del 12 de octubre, que entonces llamaban el día de la Raza. Aunque no tenía previsto hablar, allí Unamuno no tuvo más remedio que gritar lo que pensaba, pues no podía permanecer callado. Su enfrentamiento con Millán Astray venía ya de lejos y era normal que colisionaran.
- Tras aquel 12 de octubre del célebre 'Venceréis pero no convenceréis' en el paraninfo de la Universidad… ¿firmó don Miguel su sentencia de muerte?
- Ese fue el comienzo del fin para Unamuno. En el incidente del paraninfo se escenificó su enorme distanciamiento y su enfrentamiento radical con los sublevados, especialmente con los falangistas y los militares, a los que acusaba de todo tipo de atrocidades y necedades.
«Los militares sublevados despreciaban a Unamuno. No lo fusilaron para no provocar un escándalo internacional mayor que el de Lorca»
- ¿Cómo veían los militares sublevados a Unamuno? ¿Si tanto les interesaba su muerte por qué no lo fusilaron como a Lorca y tantos otros?
- Los militares utilizaron propagandísticamente a Unamuno, aprovechándose de su apoyo inicial. Muchas declaraciones de Unamuno fueron utilizadas en ese sentido por el mismo Franco. Sin quererlo, el gran escritor vasco les suministró mucha munición retórica. Pero en realidad los militares lo despreciaban y detestaban y lo consideraban un traidor. Si no lo fusilaron, fue porque no querían provocar un escándalo internacional mucho mayor aún que el generado por la muerte de Lorca. Para los militares sublevados el asesinato de Lorca había sido un gran error desde el punto de vista propagandístico y no podían permitirse el lujo de repetirlo.
- Tras el fallecimiento de Unamuno enseguida se quiso evitar cualquier especulación para anunciar que había muerto en paz… ¿Esas prisas por cortar cualquier otra verdad sobre su muerte que la oficial son muy reveladoras, no?
- Evidentemente, los sublevados supieron utilizar muy bien los instrumentos de la mentira y la propaganda. Recordemos que en ese momento la oficina de Prensa y Propaganda estaba dirigida por Millán Astray. Enseguida se construyó y se difundió la versión oficial, que muchos siguen manteniendo noventa años después. Hay bastante resistencia en muchas personas a reconocer que la muerte fue como mínimo sospechosa. Por otra parte, los falangistas lo enterraron como si fuera uno de os suyos y tergiversaron su legado y su memoria.
- Esa noche de Fin de Año de 1936 hubo personas que brindaron con champán 'Unamuno ha muerto, ¡viva el Año Nuevo!', decían. ¿Le tenían ganas, no?
- Sin duda hubo gente que se alegró mucho con su muerte, pues les resultaba una presencia incómoda, molesta y hasta peligrosa. De ahí que esa noche muchos lo celebraran con una copa, bajo capa de celebrar el Nuevo Año, ese que don Miguel ya no llegó a ver. Y fueron muchos también los que renegaron de él.
El error que le torturó
- En esta nueva novela presenta un Unamuno en el que hasta su familia le reprocha su apoyo inicial al levantamiento militar de Franco… ¿Cómo cree que el escritor llevó este asunto en su fuero interno?
- Fue algo que lo torturó, como podemos ver en sus cartas y escritos finales. Enseguida, se dio cuenta de su error, de que había sido engañado por los militares, y fue tomando distancia, hasta llegar a enfrentarse a ellos, pues trató de denunciar, a través de cartas y declaraciones, lo que estaba sucediendo en Salamanca, la violencia y crueldad de los sublevados.
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Jambrina lleva 40 años investigando la figura de Miguel de Unamuno. R. C.- ¿Cree que Unamuno se sintió solo en la recta final de su vida?
- Muy solo, sí. Murió abandonado de todos, salvo de su familia. Pero en realidad siempre había estado solo, desde un punto de vista existencial y político. Era una persona muy independiente y libre, que no se casaba con nadie ni se dejaba sobornar. Fue un hereje solitario, como lo llamó Margaret Rudd, su primera biógrafa.
- Dice que Unamuno no murió en 1936 sino que murió de 1936… Explíquese por favor.
- Lo dice en realidad un personaje de la novela. Y lo que creo que quiere decir es que murió como consecuencia de la guerra del 36 y, por tanto, fue una víctima más de esa guerra; en este caso, víctima de los sublevados. En la novela se explica de qué modo y por qué.
- También muestra al Unamuno más humano… ¿Cómo era verdaderamente el padre de esos nueve hijos y el marido de Concha Lizárraga?
- Pues todo parece indicar que era un buen padre y abuelo, que jugaba mucho con sus hijos y luego con sus nietos, especialmente con Miguelín, que vivía en su casa; les ayudaba también a hacer los deberes y les hacía gorros, pajaritas y figuritas de papel. Para don Miguel, la infancia era lo más importante del ser humano. En cuanto a doña Concha, sentía una auténtica devoción por ella. Siempre la quiso y le fue fiel. Por eso yo lo pongo a prueba en mis novelas.
«Unamuno sería hoy un verdadero 'influencer', pero lo cancelarían de inmediato por decir la verdad»
- En la novela baja a don Miguel de su pedestal, lo trata de tú a tú e incluso el lector percibe que un tipo tan serio gasta también su sentido del humor… ¿Cree que Unamuno se llevaría bien con usted? ¿Le caería bien ese tal Jambrina?
- Quiero pensar que un poco sí, aunque solo sea por mi pequeña contribución a que se lo conozca algo más y a que se siga hablando de él. Supongo, eso sí, que tendríamos nuestros más y nuestros menos. Él tenía un carácter a veces difícil y cierta soberbia, si bien tenía motivos para ello. De modo que chocaríamos en ocasiones. Para mí es un gran referente moral y político; así que no les daría mucha importancia a esas pequeñas debilidades.
- ¿Se imagina hoy a Unamuno desafiando los bulos y las desinformaciones que circulan por las redes sociales? ¿sería un influencer de la verdad?
- Sería un verdadero 'influencer', porque tenía algo que le falta a la mayoría de los 'influencers', y es conocimiento de la vida y del ser humano, altura de miras y autoridad moral. Pero, por desgracia, lo cancelarían de inmediato, precisamente por decir la verdad, que por lo general casi nadie quiere oír y molesta mucho al poder.
- ¿Qué cree que diría hoy un rector como don Miguel de la actual Universidad española?
- Supongo que diría que las universidades, como otras instituciones, están pasando un momento de crisis e indefinición, de incertidumbre, en definitiva, por lo que es necesario impulsarlas y redefinirlas. Y estaría muy de acuerdo con eso que ahora llaman la 'transferencia del conocimiento a la sociedad'. Las universidades tienen que proyectarse cada día más en los ciudadanos.
«Creo que Unamuno participaría en las jornadas de 'La guerra que todos perdimos'. Él nunca perdería una oportunidad como esa»
-Por cierto... a cuenta de la polémica del foro organizado por Pérez-Reverte, ¿cree que Unamuno participaría en una jornada titulada 'La guerra que todos perdimos'?
- Creo que sí. Él nunca perdería una oportunidad como esa de decir lo que pensaba, y menos sobre la Guerra Civil, que él llamaba incivil y sobre la que tendría mucho que decir, pues la conoció bien. Él comentaba que había nacido durante una guerra civil y seguramente moriría en otra. Y así fue. Su vida estuvo marcada de alguna manera por el 'guerracivilismo', que él tanto rechazó y combatió.
-¿Y usted también participaría?
-Yo también, por qué no. Sobre la Guerra Civil todavía queda mucho que decir. El pasado nunca se acaba de contar y de escribir, mientras que el futuro parece que ya está escrito. Si algo falta en España es un auténtico debate sobre este asunto. Por otra parte, quedan todavía heridas por cerrar y algunos casos por resolver, como el del propio Unamuno.
Los restos de Lorca
-Esta es su 14ª novela… está trabajando en una sobre la Barcelona de los años 60 y supongo que en la última de los 'Manuscritos'… ¿o esa la tiene terminada? ¿cuál saldrá antes?
-Lo cierto es que tengo muchos proyectos narrativos en la cabeza que me atraen mucho; varios de ellos ya en marcha. También quiero cerrar la saga de los manuscritos del pesquisidor Fernando de Rojas con una especie de precuela. Pero este tendrá que esperar su momento. Hay otras novelas que por ahora me acucian más.
- ¿Cuántas sagas de Unamuno tiene en la cabeza? Igual podría ponerle a investigar qué ha pasado con el cuerpo de Lorca, aunque quizá no le diera la vida porque no hay mucho margen temporal para ello, ya que a Lorca lo asesinaron en agosto y Unamuno murió cuatro meses después...
- Sobre Unamuno, tengo pensado escribir al menos tres novelas más. Una de ellas sobre su destierro en Fuerteventura. En cada una, además de la trama policiaca, quiero mostrar un momento fundamental de la vida de Unamuno y de la historia de España durante el primer tercio del siglo XX. En cuanto a lo de Lorca, pienso que ese sería un buen asunto para investigar por parte de Unamuno, si hubiera tenido ocasión de hacerlo. Sobre el paradero de los restos de Lorca, por cierto, yo he llegado a saber cosas que no puedo contar. Pero sí le daré un detalle que yo mismo he averiguado y que une los asesinatos de Lorca y de Unamuno. Uno de los implicados en el asesinato de Lorca escribió un libro sobre el mismo tema sobre el que también escribió uno de los sospechosos de haber participado en la muerte de Unamuno, y ambas obras se publicaron en Salamanca en 1937. ¿Qué le parece? ¿Es una casualidad o hay un significado oculto que se nos escapa? Si uno indaga un poco en la historia se encuentra con este tipo de cosas.
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