Jordi Faulí i Oller, arquitecto director de la Sagrada Família desde 2012, frente al templo que culmina estos días uno de sus hitos más simbólicos. Europa Press
Reportajes Faulí, el arquitecto de la torre de la Sagrada Familia que bendice León XIV: "Quiso agrandar a Gaudí. No dejar su firma"Discípulo de Jordi Bonet y director de las obras desde 2012, culmina la Torre de Jesucristo con una obsesión: ser fiel al legado de Gaudí.
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Guillermina Leudesdorf Publicada 10 junio 2026 13:37hA las 19.30 del miércoles, cuando el papa León XIVentre en la Basílica de la Sagrada Familia, Barcelona no sólo mirará hacia el altar. Mirará también hacia arriba. Hacia la Torre de Jesucristo, el punto más alto del templo, la culminación vertical de una obra que lleva 144 años construyéndose y que, aun así, todavía no termina.
La visita papal tendrá liturgia, solemnidad y fotografía histórica. Pero detrás de esa escena —la del Papa, la misa, la bendición y la torre— hay un hombre que lleva años trabajando para que su nombre no sea el que quede escrito en primer plano.
Se llama Jordi Faulí i Oller y es el arquitecto director de la Sagrada Familia desde 2012.
El Papa León XIV alaba a los 25.000 voluntarios de Madrid que hacen las cosas gratis frente a un mundo lleno de interesesSu paradoja es esa: ha dirigido una de las obras más famosas del mundo, pero casi nadie fuera del círculo de especialistas sabe quién es. Ha tomado decisiones técnicas, coordinado equipos, soportado presiones y acompañado una construcción que pertenece al imaginario universal.
Sin embargo, quienes lo conocen repiten una idea: "Faulí no ha querido dejar su firma. Ha querido agrandar la de Gaudí".
Fidelidad a Gaudí
"Su cometido fundamental ha sido mantener la fidelidad al proyecto de Gaudí", dice a EL ESPAÑOL Gustavo García Gabarró, presidente de Amics de Gaudí, que lo conoce desde hace décadas.
"Él ha desaparecido como arquitecto para llevar a cabo aquel proyecto original que Gaudí pensó, diseñó y lanzó al mundo a principios del siglo pasado".
La frase resume una vida profesional. Y también una forma de estar.
Jordi Faulí muestra las obras de la Sagrada Família bajo las bóvedas de paraboloide hiperbólico de la nave del templo, recién desencofradas en julio de 2009. Cedida
En una época en la que muchos arquitectos se vuelven marcas, Faulí eligió lo contrario: desaparecer dentro de una obra mayor que él. No llegar a la Sagrada Familia para convertirla en "la Sagrada Familia de Faulí", sino para seguir diciendo, una y otra vez, que aquello era y sigue siendo la Sagrada Familia de Gaudí.
Ricardo Gómez Val, doctor arquitecto y subdirector de la Escuela de Arquitectura de la UIC Barcelona, introduce un matiz: esa fidelidad no implica repetir el pasado como una copia inmóvil.
Faulí, dice, ha continuado "la línea" y "el diseño original" de Antoni Gaudí, como hicieron sus predecesores, dentro de una continuidad que une al creador del templo con todos sus arquitectos directores.
"Lo que ha hecho ha sido continuar con las ideas iniciales, pero aportando nuevas metodologías, nuevas técnicas y haciendo un proyecto a la vez contemporáneo y respetuoso con la idea original", resume Gómez Val.
La torre final
La inauguración de la Torre de Jesucristo será, según los expertos consultados, uno de los hitos más importantes de la historia reciente del templo.
No significa que la basílica esté terminada. Aún faltan las fachadas principales, capillas laterales y parte del claustro. Pero sí marca una culminación simbólica: la llegada al punto más alto.
Gómez Val lo define como "un hito muy importante". Aunque la obra continuará hasta completar la fachada de la Gloria, sostiene que la Torre de Jesucristo funciona como una culminación del templo.
"Es la última piedra de la Iglesia, de la Sagrada Familia", afirma. "Es la culminación del trabajo bien hecho. Es la culminación del templo. Y esto es lo que viene a bendecir el Papa".
"Es una culminación de una iglesia que se lleva construyendo desde hace 144 años y que viene a ser la iglesia más alta ahora mismo católica del mundo", explica a este diario Alberto T. Estévez, doctor en Arquitectura y Humanidades y director del Máster en Arquitectura Biodigital.
La presencia de León XIV también tiene una lectura histórica. Estévez recuerda que los últimos papas se han vinculado de una forma u otra con la Sagrada Familia: Juan Pablo II tuvo un encuentro con familias delante del templo; Benedicto XVI inauguró la nave central y la dedicó como basílica; Francisco participó de forma online en la inauguración de la Torre de la Virgen; y ahora León XIV llega para inaugurar la Torre de Jesucristo.
"Yo diría que es un hecho bastante único", afirma Estévez. "No conozco ninguna otra iglesia que haya pasado cuatro papas inaugurando alguna de las partes que se van construyendo".
García Gabarró lo explica con una imagen más de obra que de ceremonia.
En la construcción, dice, cuando un edificio alcanza su cubierta, se celebra. Los arquitectos, la propiedad y los operarios se reúnen para marcar ese momento. En la Sagrada Familia, esa tradición se vuelve monumental.
"Esta colocación de la coronación del edificio no está todavía acabada, pero marca un hito importante”, sostiene. “Es la culminación de toda la altura y la cobertura de todo el templo".
Faulí llega a ese momento después de una vida profesional pegada al templo. El entrevistado lo conoció a finales de los años ochenta, cuando preparaba su tesis doctoral sobre la arquitectura de Gaudí.
Faulí era entonces arquitecto ayudante de Jordi Bonet, anterior director de las obras. Ya estaba, dice, "entregadísimo al templo".
Durante años, García Gabarró hizo visitas periódicas a la Sagrada Familia. Él compartía sus estudios sobre la arquitectura de la naturaleza. Faulí le explicaba cómo esos principios se aplicaban allí, en la obra. De ese intercambio nació una amistad.
La primera impresión no cambió con el tiempo.
"Una persona muy, muy sencilla. Muy sencilla y muy cercana", recuerda. "Esta es la primera impresión y la última, porque se ha corroborado a lo largo del tiempo".
Después agrega algo que podría sonar menor, pero que en este perfil parece central: "Ante todo, Jordi Faulí es una bellísima persona. Y esto que parece una perogrullada es quizá lo más importante de todo".
¿Por qué sería importante la bondad para dirigir una obra como la Sagrada Familia?
Porque no se trata sólo de calcular estructuras, interpretar planos o manejar tecnología. Se trata de convivir durante años con una herencia descomunal, con equipos técnicos, con instituciones religiosas, con recursos económicos, con presiones y con una pregunta de fondo: cómo continuar a Gaudí sin traicionarlo.
Faulí, dicen quienes lo conocen, no trabaja desde el gesto brillante, sino desde el estudio. Desde la paciencia. Desde la escucha.
"Primero estudiando y conociendo muy bien el origen y el significado de esta obra", explica García Gabarró sobre la forma en que se toman decisiones en el templo.
Y agrega: "Después escuchando a muchos colaboradores que se han ido incorporando y que han ido enriqueciendo y aportando valor a la obra".
La Torre de Jesucristo, por ejemplo, no es una ocurrencia individual. Es un proyecto dentro del gran proyecto. Tiene detrás equipos, sistemas constructivos, ensayos técnicos, estructuristas, calculistas y modelos previos.
A Faulí le ha tocado articular todo eso.
Estévez coincide en esa idea de rigor. Dice que ha visto de primera mano el nivel de investigación que hacen los directores de la Sagrada Familia antes de resolver cualquier detalle. No se trata de decidir de forma intuitiva qué hubiera querido Gaudí, sino de rastrear lo que dejó.
"Antes de decir 'esto lo voy a hacer de esta manera', no, no, no", afirma. "Hacen una investigación profundísima y muy rigurosa en relación a todo lo que Gaudí dejó para decidir exactamente cómo lo están construyendo".
Para Estévez, ahí está la línea que separa continuar de traicionar: seguir "fidelísimamente" lo que Gaudí dejó.
Gaudí sabía que no terminaría la Sagrada Familia. Murió a los 73 años y sólo llegó a ver una de las 18 torres que debía tener el templo.
Por eso, según Estévez, preparó a sus colaboradores para que pudieran continuar la obra. Les dejó maquetas, detalles, pistas.
"Una maqueta no miente, una maqueta es un 3D", dice. "Ves desde todos los ángulos, en todo momento, cómo va cada uno de los rinconcitos y de los detalles".
La Sagrada Familia, entonces, no es sólo una obra inacabada. Es una obra pensada para ser continuada.
La pregunta es quién puede hacerlo.
Trabajo desde dentro
Faulí no llegó como una gran firma internacional ni como un arquitecto estrella. Llegó desde dentro. Era el hombre que conocía el templo "hasta el último rincón", según García Gabarró.
Llevaba años trabajando allí, había sido asistente de Jordi Bonet y tenía algo que no se compra en ningún estudio famoso: intimidad con la obra.
"Nadie tenía un conocimiento como él del templo hasta el último rincón", dice. "Y por otro lado yo añadiría el cariño y la estima por la obra, también demostrado durante tantos años".
Esa cercanía explica su elección mejor que cualquier currículum. En una obra así, venir de afuera con una firma poderosa podía ser un riesgo. La Sagrada Familia no necesitaba un autor nuevo. Necesitaba alguien dispuesto a ponerse al servicio de un autor muerto.
"Al final se trata de si estás tú al servicio de la obra o está la obra al servicio tuyo", resume García Gabarró.
El contraste es claro. Hay arquitectos que quieren la foto, la vanagloria, el reconocimiento mundial. La Sagrada Familia ofrecía todo eso. Faulí, en cambio, eligió otro camino.
"No ha dejado su firma en ningún elemento, sino que ha querido hacer grande la firma de Gaudí", agrega.
Estévez lo formula de otra manera. Los arquitectos, admite, suelen tener "un ego de narices". Quieren figurar. Quieren decir "yo". Pero en la Sagrada Familia ocurre algo extraño: los directores desaparecen.
"En ningún momento ellos se ponen: 'Ah, soy yo el que está haciendo la Sagrada Familia'", explica. "Sino todo lo contrario: 'Esto es la Sagrada Familia de Gaudí, Gaudí, Gaudí'. Y ellos desaparecen".
Esa desaparición tiene un efecto curioso. La gente sabe de quién es la Sagrada Familia. La respuesta sale sola: de Gaudí. Pero muy pocos saben quién la dirige hoy, quién la dirigía hace diez años o quién la dirigía hace veinte.
"Eso dice mucho", apunta Estévez. "Porque normalmente un arquitecto pondría su nombre por delante de todo".
Faulí no parece haber sido ese tipo de arquitecto.
Una entrega total
García Gabarró recuerda su disponibilidad absoluta.
Durante años, dice, si se le pedía acompañar a un grupo de estudiantes, estaba dispuesto. Aunque fuera un sábado a las ocho de la mañana. Aunque hubiera pasado de lunes a viernes trabajando en la oficina técnica.
"Siempre dispuesto, siempre puertas abiertas", asegura.
Jordi Faulí, durante una visita a las obras de la Sagrada Família; quienes lo conocen destacan su disponibilidad para recibir grupos y explicar, de cerca, la evolución del templo. Cedida
También recuerda su día a día oculto: "Cada lunes, cada martes, cada miércoles, a las siete de la mañana, empleado a full en su tarea".
Ese es el Faulí menos visible y quizá el más importante. No el de los actos conmemorativos, sino el de la oficina técnica. El que se entiende con niños, con gente mayor y con públicos académicos. El que trata a todos por igual. El que, según el arquitecto, tiene una sencillez que no es impostada.
En esa sencillez, sus conocidos encuentran otro vínculo con Gaudí.
García Gabarró recuerda que Gaudí fue atropellado y confundido con un vagabundo. Tenía un aspecto austero y humilde. Fue llevado al hospital de la Santa Cruz, donde murió.
Para él, Faulí comparte algo de esa austeridad. Incluso, dice como anécdota, se parece físicamente a Gaudí.
Pero la semejanza más fuerte no está en la cara. Está en la entrega.
Faulí tiene familia. Sus hijos ya son mayores. García Gabarró evita afirmar que haya antepuesto el trabajo a la familia, pero sí dice que dedicó a la Sagrada Familia mucho más que una jornada laboral.
"Jordi ha estado totalmente dedicado en cuerpo y alma a este trabajo", sostiene.
Esa dedicación no fue liviana. Una obra de esta envergadura implica recursos económicos, recursos humanos, instituciones, comisiones, Junta Constructora, Arzobispado. También tensiones.
"Me consta que Jordi ha tenido muchísimas presiones y momentos con una dificultad extrema del trabajo", dice García Gabarró.
Y continúa: "Pero él siempre lo ha sabido llevar con una abnegación y sabiendo asumir que era parte de su trabajo, y además nunca ventilándolo de cara al exterior, sino un poco digiriéndolo él para dentro".
La imagen es poderosa: un arquitecto que digiere hacia adentro las presiones de una obra mundial y hacia afuera deja sólo continuidad.
Mientras tanto, la Sagrada Familia avanza combinando pasado y futuro.
Estévez explica que Gaudí fue pionero de una arquitectura que hoy se piensa con ordenadores. Sus maquetas de cadenas, cuerdas y pesos anticipaban una lógica paramétrica: no dibujar una curva, sino definir condiciones para que la forma surgiera.
"Eso que Gaudí hacía sin ordenador, hoy en día lo hacemos exactamente igual, pero con ordenador", dice.
La continuidad, entonces, no consiste en congelar a Gaudí. Consiste en mantener su audacia.
Estévez recuerda que la Sagrada Familia fue de los primeros edificios en digitalizarse y en usar máquinas de fabricación digital. Y dice que las torres construidas bajo Faulí incorporan tecnología de punta.
España da una lección a Europa: Madrid gana 90 millones con la visita del Papa y pasa con un 10 la "prueba de estrés""No es alguien que diga: bueno, vamos a construir esto de cualquier manera", afirma. "Han hecho el esfuerzo de hacer las cosas con un rigor y un nivel muy avanzado".
Ese es el equilibrio difícil: ser fiel sin ser antiguo. Continuar sin copiar. Innovar sin traicionar.
El miércoles, cuando León XIV inaugure la Torre de Jesucristo, la escena parecerá escrita para Gaudí. Y lo estará. La Sagrada Familia seguirá siendo suya. Pero en esa altura habrá también algo de Faulí: su paciencia, su discreción, su estudio, su manera silenciosa de hacer posible que otro nombre brille.
Quizá por eso el papel histórico de Jordi Faulí pueda resumirse en una frase sencilla, casi austera, como él mismo.
"La fidelidad al proyecto original de Gaudí", dice García Gabarró.
En una obra donde todos miran hacia arriba, Faulí eligió no subirse al pedestal. Eligió otra forma de grandeza: sostener la torre desde abajo.