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Feijóo pide dar el domingo "el susto de su vida" a Sánchez, que recupera la bandera de España y alardea de "patriota"

Feijóo pide dar el domingo "el susto de su vida" a Sánchez, que recupera la bandera de España y alardea de "patriota"
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Abascal asegura que Vox es la "alternativa política de salvación nacional" y anima a votar el domingo "pensando más allá", en alusión a las generales. Más información: Zapatero rescata 'la ceja' para defender a Sánchez y el 'No a la guerra': "El PSOE quedará con mayúsculas en la Historia"

Feijóo y Mañueco, este viernes en el cierre de campaña de las elecciones de Castilla y León en Valladolid. David Mudarra PP

Política Feijóo pide dar el domingo "el susto de su vida" a Sánchez, que recupera la bandera de España y alardea de "patriota"

Abascal asegura que Vox es la "alternativa política de salvación nacional" y anima a votar el domingo "pensando más allá", en alusión a las generales.

Más información:Zapatero rescata 'la ceja' para defender a Sánchez y el 'No a la guerra': "El PSOE quedará con mayúsculas en la Historia"

Publicada 14 marzo 2026 02:55h

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La campaña de Castilla y León terminó este viernes convertida en un plebiscito sobre Pedro Sánchez, con Valladolid como epicentro simbólico de la contienda electoral.

En la misma ciudad, y casi a la misma hora, el PSOE y el PP echaron el resto en dos cierres de campaña antagónicos.

Sánchez, arropado por José Luis Rodríguez Zapatero, se reivindicó como "patriota" y se abrazó de nuevo al "no a la guerra".

Alberto Núñez Feijóo, por su parte, pidió a los suyos dar el domingo "el mayor susto de su vida" al presidente del Gobierno.

Entre ambos, Santiago Abascal intentó elevar el mitin de Vox a la categoría de ensayo general de las generales, llamando a votar "pensando más allá" de Castilla y León.

Una abarrotada Cúpula del Milenio vivió el reencuentro en el escenario de Sánchez y Zapatero, 23 años después.

El presidente del Gobierno se presentó como un dirigente "patriota" ante la "guerra ilegal" de Irán que, dijo, solo trae sufrimiento, y proclamó sentir "mucho orgullo de ser español, porque estamos con el derecho internacional", frente a quienes confunden el patriotismo con "intereses ajenos".

Mañueco advierte en el cierre de campaña que no votar al PP "es darle la llave a las políticas sectarias del sanchismo"

Su mensaje giró en torno a una idea central: ser patriota hoy es defender el derecho internacional y la soberanía nacional frente al "servilismo".

En el momento de pronunciar esas palabras, la gran pantalla gigante mostraba una bandera de España. No ocurría algo parecido en un mitin de Sánchez desde junio de 2016, cuando sacó una enorme enseña en Murcia, en plena campaña del 26‑J.

Sánchez aprovechó el cierre de campaña en Valladolid para reivindicar al ministro de Transportes, exalcalde de la ciudad.

Calificó a Óscar Puente de "gran político" que no teme exhibir "la bandera de España", como hizo recientemente en sus redes sociales, y se burló de la reacción de Vox: "Abascal se enfadó y debe ser porque se puso la constitucional".

El presidente, interrumpido en varios momentos por los gritos de "no a la guerra", insistió en que estar con los aliados no implica callar: "Cuando alguien se equivoca también se dice, porque esta guerra es un gran error", sentenció.

Frente al dilema que plantea la guerra de Irán, aseguró que el Gobierno lo tiene claro: "Paz y mucho orgullo de ser español".

Para él, ser patriota significa también "defender los principios, valores y la cuenta de resultados de este Gobierno". Con ese encadenado, intentó ligar la bandera, la defensa del derecho internacional y los indicadores económicos como parte de un mismo relato de éxito.

Sánchez reivindicó el legado de Zapatero, "quien hace 23 años nos enseñó cómo ganar a la mentira" al retirar las tropas de Irak, le agradeció su "valentía y ejemplo" y contrapuso ese espíritu al de una derecha que, a su juicio, sigue "reivindicando a Aznar".

El mitin también sirvió de ariete contra el candidato popular, Alfonso Fernández Mañueco, al que acusó de "privatizar servicios públicos".

Y remató con una apelación directa a la movilización del voto progresista para concentrarlo en la papeleta del PSOE: "El próximo domingo la elección es clara: no más tedio de Mañueco ni más odio de Abascal, sino cambio de Carlos Martínez y PSOE".  

Mensaje a la Moncloa

Al otro lado de la ciudad, Feijóo levantaba su propio mitin de cierre con una consigna directa: convertir el enfado contra Sánchez en votos para el PP.

El presidente popular pidió un Gobierno "libre, sólido y estable" en Castilla y León y reclamó a los suyos una victoria "contundente" que dé "el mayor susto de su vida" al presidente del Gobierno.

Feijóo aseguró que el domingo no le basta con "ganar": quiere hacerlo de forma inapelable para que la región "no dependa más que de la gente de Castilla y León".  

Feijóo se empleó a fondo contra Vox y contra el PSOE.

De los de Abascal dijo que son un partido que "pegó la espantada" en el Gobierno "cuando le iban mal las encuestas".

Pero reservó sus dardos más corrosivos para el PSOE. Ironizó con que los socialistas concluyeran campaña "con el candidato que puso Santos Cerdán, el de Soria, y con el ministro de los trenes y de las infraestructuras olvidadas" al que "han escondido toda la campaña y hoy lo tienen que enseñar".

Y remató cargando contra Zapatero, "el de los negocios, rescates y lobbies de Maduro", y contra "el número uno" Sánchez: "Menudo plantel. Si hay alguna duda de por qué votar al PP, que vayan al mitin del PSOE".

El líder del PP desgranó hasta cinco motivos para votar a su partido: aseguró que son "los únicos que han pedido el voto para gobernar", que han hablado de Castilla y León, que tienen "balance de gestión", que se han comprometido con la tierra y que su voto "vale doble": para dar un buen Gobierno autonómico y para "darle el mayor susto de su vida a Sánchez".

Frente a Vox, repitió que el PP se presenta "para ganar", no para "tener un escañito y comentar la actualidad": "El que se presente para bloquear la alternativa merece un castigo de la gente".

Feijóo también atacó de frente la gestión económica del Gobierno central y su postura ante la guerra.

Denunció que "no se puede enarbolar con una mano la bandera del 'no a la guerra' y poner la otra para recaudar" los efectos de la inflación derivada del conflicto, mientras "el diésel ha subido 14 céntimos y la gasolina ocho".

Frente a los "eslóganes" y las "frasecitas", contrapuso su paquete de medidas: rebajar el IRPF y duplicar la bonificación por hijo, eliminar el impuesto a la generación eléctrica, bajar temporalmente el IVA y fijar una bonificación del 11% para el gasóleo agrícola, propuestas que prometió aprobar la próxima semana en el Senado. Un voto al PP, insistió, "da un Gobierno a Castilla y León y un buen disgusto a Sánchez".

Termómetro de Vox

En un tercer escenario, también en Valladolid, Santiago Abascal cerraba la campaña de Vox con la mirada puesta mucho más allá del recuento de este domingo.

El líder de Vox pidió votar "pensando más allá de las elecciones de Castilla y León" y advirtió de que, "salvo que al tirano, o aprendiz de tirano —en alusión a Pedro Sánchez—, se le ocurra otra cosa, pronto votaremos también en España".

Planteó estos comicios como un termómetro del tamaño de Vox dentro del bloque de derechas y de su capacidad para "imponer cambios" en el futuro gobierno autonómico.

Abascal combatió el argumento del voto útil al PP presentando a Vox como la única garantía de cambio real. Acusó a los populares de firmar acuerdos para luego incumplirlos y prometió que, si Vox aumenta su respaldo, "las cosas van a cambiar y van a cambiar de lo lindo".

En su discurso, Castilla y León apareció como un territorio decisivo para medir la fuerza de su partido y para calibrar el pulso de la derecha en el conjunto de España.

Llamó a su formación "alternativa política de salvación nacional", habló de "reconstrucción nacional" y cargó contra Bruselas, el separatismo y la "invasión migratoria", mientras exhibía músculo organizativo y proclamaba haber reunido a más gente que nadie en la campaña.

Valladolid, así, cerró la campaña como un espejo de la política española: un Sánchez que intenta apropiarse de la bandera y del patriotismo desde el "no a la guerra", un Feijóo que quiere transformar el hartazgo en un "susto" electoral al presidente y un Abascal que se ofrece como salvador nacional para "reconstruir" España.

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