La intervención de Feijóo puede suponer un punto de inflexión histórico en su relación con la clase dirigente catalana, acostumbrada a que los líderes del PP pasen periódicamente por Barcelona a mendigar su apoyo a cambio de nuevas concesiones y prebendas. Pero en esta ocasión, Feijóo rompió el guion habitual de sumisión que interpretaron Aznar, Rajoy, Casado y él mismo hasta ayer, y por primera vez desde que es presidente del PP se dirigió de una manera clara y cruda al mundo empresarial para comunicarles que está decidido a impulsar el cambio político en España, poniendo fin al bloqueo institucional y a la corrupción sistémica del sanchismo, con su colaboración o sin ella.
La prioridad nacional, vino a decir, es salvar la democracia española y para esta empresa no va a esperar a recibir el beneplácito del establishment catalán.
Sin perder la cordialidad y las buenas maneras, pero con el rictus severo de quien ya no está para jueguecitos ante la gravedad del momento, Feijóo dio un inesperado golpe en la mesa del Círculo de Economía y envió un mensaje inequívoco a la élite empresarial de que su oferta de colaboración con Cataluña es máxima y sincera -para que deje de aspirar a «lograr cosas por colisión o coacción»-, pero que no va a aceptar más chantajes en su camino al Gobierno. Y, por lo tanto, que los empresarios catalanes, decisivos en la llegada de Sánchez a la Moncloa y para que continúe encastillado en ella, a partir de ahora deben decidir dónde se sitúan y con quién, asumiendo la responsabilidad de esa elección.
Dos frases fijaron el tono y el fondo de un discurso que se aleja de aquella vieja ensoñación del PP de que el trauma del procés habría devuelto a la clase dirigente catalana el pragmatismo de los años de Pujol. «Habré venido a estas jornadas no menos de quince años, y tengo la experiencia suficiente para decirles que ya no me engañan», dijo de inicio, para dejar luego la carga de profundidad: «No busco atajos, no vengo a pedir favores ni tampoco a regalarlos. A lo que vengo es a garantizar que devolveré la decencia a mi país, con ayuda o sin ella».
Palabras para adultos que recordaron a las que en 2019 dirigió Cayetana Álvarez de Toledo en el Círculo Ecuestre a los empresarios catalanes, afeándoles como nadie antes su complicidad con el golpe independentista , y que sintonizan con la posición de Alejandro Fernández, líder del PP catalán, de que el partido debe representar una alternativa al nacionalismo político y económico, no tratar de ser su aliado o émulo.
Feijóo no citó la posibilidad de una moción de censura, aunque muchos lo esperaban y anunciaban. No se estaba dirigiendo a Junts, sino a una clase dirigente catalana que mantiene su alianza con el socialismo porque no está segura de que Feijóo vaya a ser el próximo presidente, y prefiere no enemistarse con Sánchez. Además, una vez descartada la independencia, le seduce el proyecto sanchista de mutación confederal de España que reconozca a Cataluña como sujeto de soberanía y que limite el peso económico y político de Madrid.
El auditorio despidió a Feijóo con tibios aplausos -la misma frialdad con la que fue recibido-, y mirando disimuladamente a otra parte. Si bien algunos de los asistentes reconocían después que les había molestado que hubiera venido a Barcelona a «regañarles» y no «a seducir a Cataluña» con una retahíla de promesas y actitud servil. Claramente, no habían entendido aún que Feijóo se acababa de autodeterminar -veremos si de manera fugaz- de una tutela del establishment catalán que a lo largo de la historia siempre ha acabado perjudicando al PP.