Entre la épica y el nuevo formato, las selecciones africanas consolidan su crecimiento, pero vuelven a tropezar con su propio techo histórico
Regala esta noticia Añádenos en Google Jugadores de Senegal se lamentan en el césped tras quedar eliminados ante Bélgica. (REUTERS) 05/07/2026 Actualizado a las 19:15h.El fútbol africano siempre ha poseído una mística especial, un aura distinta al resto, un latido que combina la exuberancia física con una alegría competitiva ... inconfundible. Desde que Marruecos abriera la veda en México 1986 –liderando un grupo con Inglaterra y Portugal para caer con honores ante Alemania Federal–, el continente ha aportado páginas doradas a la historia de los Mundiales. Cómo olvidar la gesta de Camerún en Italia 90, liderada por el eterno Roger Milla y sus bailes en el córner tras tumbar a la Argentina de Maradona; o el carisma de aquella Nigeria de 1994, con Yekini abrazado a las redes y un Amunike estelar. Más tarde llegarían la velocidad de Senegal en 2002 y el drama de Ghana en 2010, cuando un penalti errado por Asamoah Gyan en el último suspiro ante Uruguay privó a las Estrellas Negras de unas semifinales que Marruecos conquistaría por fin en Catar 2022.
Sin premio
Este año se respiraba una atmósfera de indudable bonanza. El nuevo formato de la competición permitió que una cifra récord de diez combinados de la cuna de la humanidad se colaran en los dieciseisavos de final. El sueño de superar el eterno límite de dos representantes parecía más real que nunca. Y no fue por falta de coraje. Salvo Argelia, que cedió 2-0 ante Suiza, el resto de las eliminadas rozó la heroicidad. Sudáfrica cayó ante la anfitriona Canadá por un solitario gol de Eustaquio en el minuto 92; Costa de Marfil se las vio con Haaland –que anotó el 1-2 definitivo para Noruega en el 86–, y sufrió un destino igual de cruel. El Congo tuvo que ver cómo Harry Kane frustraba su sueño con una remontada en las postrimerías del encuentro (2-1), y Senegal, tras dominar a Bélgica por 2-0, contempló cómo la conexión europea le daba la vuelta al marcador. Mención aparte merece Cabo Verde, que llevó a la prórroga a la vigente campeona del mundo, Argentina, en una cita que ya es historia viva del torneo.
Al final, el embudo del fútbol dictó sentencia. Solo Marruecos –vencedora por penaltis ante Países Bajos y ya en cuartos tras batir a Canadá– y Egipto lograron cruzar la frontera. Algo está cambiando, pues desde 1986 hasta 2010, África solo metía a un representante en octavos por torneo, y ahora comparecen de dos en dos. El crecimiento es innegable, pero el muro invisible de las dos selecciones sigue en pie, esperando al próximo valiente que logre derribarlo.
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