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Fuente el Olmo de Fuentidueña, la 'Pequeña Bucarest' de Castilla y León con un 75% de rumanos donde arrasan PP y Vox

Fuente el Olmo de Fuentidueña, la 'Pequeña Bucarest' de Castilla y León con un 75% de rumanos donde arrasan PP y Vox
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298 de los 395 censados en la localidad nacieron en Rumanía. El cónsul general del país en Madrid visitó la localidad esta misma semana. Más información: En La Zaida, el último refugio de 'Pili' Alegría, la sexadora de pollos y de familia "muy de derechas" que llegó a ministra.

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298 de los 395 censados en la localidad nacieron en Rumanía. El cónsul general del país en Madrid visitó la localidad esta misma semana.

Más información: En La Zaida, el último refugio de 'Pili' Alegría, la sexadora de pollos y de familia "muy de derechas" que llegó a ministra.

David García Fuente el Olmo de Fuentidueña Publicada 3 marzo 2026 02:51h

Fuente el Olmo de Fuentidueña (Segovia) tiene muchos motes. Hay quien se refiere a este territorio de Tierra de Pinares como un Macondo castellanoleonés; otros prefieren denominarla 'Little Rumania' o 'la pequeña Bucarest' porque la mayoría de sus vecinos son rumanos.

Lo cierto es que la comparación con la saga de los Buendía no es descabellada: aquí también una comunidad entera se construyó sobre la llegada de forasteros que, sin proponérselo, acabaron transformando el carácter de un lugar recóndito.

Concretamente, 298 de los 395 censados en la localidad, más de un 75 %, provienen de Rumanía, lo que la convierte en la localidad de Castilla y León con más porcentaje de extranjeros; la segunda de España. En ella, paradójicamente, arrasa la derecha. Hasta algunos de sus concejales, como 'Madi' Popescu, del PP, nacieron en la Europa del Este. 

El alcalde de Fuente el Olmo de Fuentidueña, Francisco Javier Andrés Velasco, y el cónsul general de Rumanía en Madrid, Florea-Tiberiu Trifan.

Sólo la superan localidades como Torre del Burgo, en Guadalajara, donde el 89,52% de la población es de origen búlgaro.

El dato resulta aún más asombroso si se tiene en cuenta que, hace apenas dos décadas, Fuente el Olmo de Fuentidueña contaba con 117 habitantes, en su mayoría ancianos jubilados que dejaban arrendadas las tierras a agricultores de pueblos cercanos.

Hoy el pueblo late con vida: hay dos bares, una casa rural y una potente multinacional, Planasa.

Esa transformación demográfica atrae a medios de comunicación y a algún que otro político o diplomático. Sin ir más lejos, la semana pasada, coincidiendo con la ebullición de la campaña electoral en Castilla y León, llegó a Fuente el Olmo de Fuentidueña el cónsul general de Rumanía en Madrid, Florea-Tiberiu Trifan, en el marco de una estrategia de cooperación e integración de las comunidades locales en la España vaciada.

Trifan, que en las últimas semanas ha recorrido también Soria y Palencia para estrechar lazos institucionales con las administraciones regionales, ha puesto el foco en áreas como la educación, la sanidad y el desarrollo empresarial para los ciudadanos rumanos asentados en el territorio.

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Según el propio cónsul, los rumanos constituyen actualmente una de las comunidades extranjeras más numerosas en España, con más de 620.000 residentes censados, aunque la cifra ha descendido un 30% desde el pico de 897.203 alcanzado en 2012.

Pese a que las calles de este pueblecito, epítome de la España vaciada, suelen estar desérticas, a media tarde es fácil dar con su comunidad.

En el corazón del pueblo, frente a las cuatro banderas del ayuntamiento y a pocos metros de una finca en la que ondea un pendón franquista y otro de Ucrania, se encuentra la Posada de María.

En el bar, punto de reunión del pueblo, no sólo se bebe Mahou; también la sabrosa Timisoreana, emblema de la cebada rumana.

Cuenta María, su regente, que llegó hace 22 años, se casó con un albañil, también de su país, y compró este local con la intención de abrir un bar, pero que fue víctima de "una campaña de racismo" por parte de los líderes del anterior ayuntamiento.

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"Trataron de bloquear todos los permisos. Me cerraron el bar porque decían que faltaban unos papeles y no era así. He pasado unos años muy complicados. No me querían aquí. Me hicieron la vida imposible. Al principio esto no me gustaba".

El alcalde de la localidad, Francisco Javier Andrés Velasco, del PP, partido que gobierna con una holgada mayoría desde 2019, lo confirma: "En su día hubo un poco más de recelo, algunos problemas, pero con los años se han integrado perfectamente en la sociedad. Los que están empadronados hasta pueden solicitar el voto".

Sin embargo, consultados por EL ESPAÑOL, la mayoría de vecinos extranjeros aseguran que no les interesa la política y apenas intervienen en el voto local, y que cuando votan lo hacen "más por el candidato, como en los pueblos, que por ideología": "Podemos votar pero no nos importa demasiado".

Pese a ello, "hay algunos concejales rumanos", como Popescu, que actúan como representantes de su comunidad.

El resto de votantes de Fuente el Olmo de Fuentidueña sí que están significados políticamente: en las elecciones generales de 2023 arrasó la derecha. El PP recibió un 53% de los votos y Vox el 24%. El PSOE sacó un 16% y sólo tres personas votaron a Sumar.

El origen de una colonia

¿Cómo y por qué se formó esta colonia rumana en una de las zonas más despobladas de Castilla y León?

La respuesta está en Planasa, multinacional Navarra líder en el sector agroalimentario. Fundada oficialmente en 1973 bajo el nombre de Plantas de Navarra S.A., con sede en Valtierra, la compañía se ha convertido en un gigante global especializado en la mejora genética y producción de frutos rojos, entre ellos fresas, frambuesas, arándanos y moras.

"Al principio Planasa comenzó trayendo a gente de la zona", relata el alcalde. "Fletaban autobuses para la temporada fuerte, contrataban a gente de los alrededores. Pero llegó un punto en el que nadie quería trabajar. Así que empezaron a traer gente de fuera. Ucranianos, rusos, polacos, búlgaros y, después, rumanos, que fueron los que se asentaron aquí. Les hacen contratos de fijos discontinuos y trabajan 10 de 12 meses al año", asegura.

La mayoría de los trabajadores de Planasa llegaron a este territorio como temporeros atraídos por las buenas condiciones laborales. "Se produjo un efecto llamada", insiste Andrés.

"El pueblo no tiene más gente porque no hay más casas. Habrá entre 200 o 300 rumanos sólo en la región".

El personal de Planasa durante la visita del cónsul general de Rumanía. Cedida

Fueron hombres y mujeres como Toni, Cătălin, Adrian, Elena o María los que acabaron echando raíces en el territorio, casándose entre ellos o con algunos locales y repoblando una zona cada vez más necesitada de relevo generacional.

"Hay gente que lleva décadas viviendo aquí", añade Toni, quien suma 18 años en la región. "No tenemos intención de irnos. La mayoría ya tiene casa. Además, Rumanía no es un país para vivir. Los precios son altos y los salarios más bajos. Aquí es todo mucho mejor".

Él y su esposa, Elena, también rumana, no viven en Fuente el Olmo de Fuentidueña. De hecho, la mayoría de sus hermanos, aunque estén empadronados aquí, residen en los pequeños municipios de la mancomunidad. En Torrecilla del Pinar. En San Miguel de Bernuy. En Lastras de Cuéllar. En Cantalejo.

"Estamos dispersados por toda la región aunque la mayoría trabajemos en Planasa".

Sin embargo, en los últimos años la multinacional "está contratando a mujeres marroquíes", el nuevo perfil de inmigrante de la zona. "También hay muchas senegalesas y nigerianas".

Los chotos y las urnas

A los vecinos de Fuente el Olmo de Fuentidueña se los conoce como chotos porque, tradicionalmente, sus ganaderos y pastores dejaban sueltos a sus cabritos y terneros por esta Tierra de Pinares.

Hoy ese paisaje ha cambiado y son los temporeros que trabajan en Planasa los que contornean un paisaje cada vez más abandonado de esta España rural que, el 15 de marzo, se juega su futuro en las urnas.

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Mientras la política autonómica se debate entre grandes siglas y pactos, en Fuente el Olmo de Fuentidueña la vida transcurre al margen de esos titulares.

Aquí la verdadera revolución ha sido silenciosa: la de unos cientos de rumanos que, sin discursos ni pancartas, lograron lo que cuatro décadas de políticas autonómicas no han conseguido: que un pueblo condenado a desaparecer volviera a tener un futuro.

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