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Nota: Datos de cotización y análisis actualizados a día de hoy.
- Póngame un 'equity swap'
- Morgan Stanley mantiene la cobertura del riesgo de STC en Telefónica
- Andrea Orcel copia la 'táctica Florentino' en su asalto a Commerzbank
- Los Amodio elevan al 29% su peso en OHLA
- Los Escribano salen de Indra
De Telefónica a Indra, Ferrovial, OHLA, Grifols o Repsol, la banca de negocios dispara el uso de opciones para inversores estratégicos y financieros.
Todo el mundo asume que TCI, el fondo de inversión liderado por Cris Hohn, posee el 10% de Ferrovial. La realidad es que, de acuerdo a su última comunicación a los reguladores del mercado, esa firma solo controla el 1,5% de las acciones del grupo de infraestructuras, pero cuenta con opciones para hacerse con otro 8,5%, aparcadas en bancos como Bank of America y HSBC.
Este modelo de irrupción en el accionariado de empresas cotizadas en España por parte de inversores estratégicos, a través de derivados financieros, se ha extendido en los últimos años, con casos recientes en grupos como Telefónica, Indra y OHLA, por ejemplo.
Por otro lado, estos contratos también son utilizados por inversores puramente financieros que quieren cubrir riesgos o ganar exposición a un valor con un desembolso mínimo, como puede apreciarse ahora en Grifols, Repsol o Amadeus.
En todos esos casos, la gran banca de inversión de Wall Street -y en menor medida algunas entidades europeas- operan como intermediarios, actuando como contraparte de esas transacciones, garantizando al inversor el derecho a recibir las acciones en el futuro a un determinado precio.
Según cálculos de EXPANSIÓN, a partir de los registros oficiales (en los que se declaran participaciones y opciones por encima del 3% de los derechos de voto de una cotizada), los bancos manejan derivados en compañías del Ibex 35 y del resto del mercado continuo español valorados en casi 10.000 millones de euros (ver cuadro).
Gigantes financieros
Goldman Sachs, JPMorgan, Bank of America, Morgan Stanley y Citi, los gigantes estadounidenses, prestan ese servicio a sus clientes en empresas españolas.
Entre las operaciones más significativas de esas entidades en los últimos años figura el apoyo de Morgan Stanley a STC para desembarcar en Telefónica; el de JPMorgan a los Escribano en Indra y a los Amodio en OHLA; o el de Bank of America a TCI en Ferrovial. Por parte europea, ING, UBS, HSBC y Barclays también aparecen en los registros de la CNMV con derivados en empresas españolas.
Los inversores emplean ese tipo de instrumentos por varias razones. La primera es que facilita tomar una posición significativa en una cotizada de manera sigilosa y sin provocar que el precio se dispare en Bolsa, como cuando se produce un aluvión de órdenes de compra. En los derivados, el comprador negocia las opciones para adquirir las acciones en el futuro de manera privada con el banco de inversión, y éste utiliza su cartera de títulos o la de sus clientes para garantizar esa posición progresivamente.
El uso de esos instrumentos también reduce el desembolso inicial para comprar la participación, ya que no se paga hasta que se ejecuta el derivado, y hasta entonces se van entregando comisiones a la contraparte. Los fondos cazaopas usan ese instrumento cuando entran en una empresa sometida a una oferta de adquisición.
Los derivados también sirven para cubrir riesgos de fluctuación de las cotizaciones. Morgan Stanley garantiza un precio mínimo a las acciones de STC en Telefónica hasta el final de la vida de su contrato, en 2028.
Los Escribano tenían un acuerdo con JPMorgan con un suelo y un techo para sus opciones en Indra. Cuando decidieron no seguir en la empresa de defensa, esos inversores deshicieron el derivado y el banco devolvió las acciones que había tomado prestadas a diversos fondos para sustentar esa posición.
Cómo funciona
Los derivados (normalmente equity swaps) dan al inversor la opción de compra futura de un valor a un precio determinado, pactada con un banco de inversión fuera del mercado. La ejecución puede realizarse con la entrega de las acciones al importe acordado o por la entrega en metálico de la diferencia entre la cotización de ese momento y el precio del contrato.
Los bancos que ejercen como contraparte cubren su propio riesgo de fluctuaciones de la cotización, ganando exposición a las acciones al precio pactado con su cliente.
Vigilancia regulatoria
El incremento en el empleo de derivados y de otras operaciones fuera de los mercados cotizados tiene en alerta a los reguladores, por su posible impacto en la formación de precios. El supervisor europeo Esma ha lanzado una consulta para estudiar si hay que poner límites al auge de esas transacciones bilaterales.
Otro elemento de debate, planteado recientemente es el potencial uso de derivados para ganar influencia o el control de una cotizada por la puerta de atrás. Por ello, se exige declarar cuando se tienen opciones por encima del 3%, aunque no hayan sido ejecutadas.
Las opciones que dan derecho a la compra futura de acciones están siendo utilizados para allanar algunas ofertas públicas de adquisición (opas). UniCredit, en su lucha por Commerzbank, compró derivados para asegurarse el salto por encima del 30% del capital en el banco alemán. Uber, en su opa sobre Delivery Hero, suma a su 24,7% derechos por otro 11%. No es algo nuevo: en su día, Enel empleó las opciones en su asalto a Endesa.
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