"Demostrar las cosas que tenéis que demostrar, lo que no voy a hacer yo es jugarme la vida por un tío que ni sabía que tenía un hijo guardia civil, ahora tiene dos hijos guardias civiles, que tienen pistola. Pues hostia, ¿qué hago? ¿Me juego la vida? Pues, aunque no me guste, casi que prefiero irme a la cárcel 10 años. Vale que, a lo mejor en la cárcel, después de 10 años, con 63 años, salgo muerto, pero mira".
Son palabras recogidas por la Guardia Civil a Ramón Alsina, tío político del motociclista Marc Márquez, cuando a su detención hablaba con otro de los implicados en el asesinato en 2022 del contrabandista Joan Coromina.
Alsina intentaba concertar con el otro detenido una confesión de ambos, acusados de colaborar con el comandante de la Guardia Civil F.G. en el asesinato de Coromina, acaecido en una apartada zona boscosa de la Baronía de Rialb (Lleida) en 2022.
¿Por qué intentaba convencer a su interlocutor? Por miedo: "Estoy acojonado [...] porque salgo de aquí y me pega un tiro. Porque, yo creo que este tío, a través de su hijo o de un colega o quien sea, me da igual, ha matado al Joan", le comentaba Alsina.
G., según las pesquisas, dirigidas por el juzgado de Instrucción 1 de Solsona (Lleida), habría ordenado la muerte de Coromina tras intentar extorsionarle y cobrarle 30.000 euros por detener investigaciones en curso contra él.
El contrabandista, según se va perfilando en la investigación, se habría negado entonces a pagar el chantaje e incluso se habría llevado documentos que podrían evidenciarlo, lo que habría convencido al comandante de la Guardia Civil de matarle, con la posible participación, según la investigación, de su propio hijo.
Coromina fue asesinado mediante un balazo certero, disparado a más de 100 metros y que le atravesó el corazón, el 25 de enero de 2022, cuando se disponía a comer una manzana, bajo el sol del mediodía, en pleno descanso de las labores que llevaba a cabo en un terreno de su propiedad, en unos bosques inaccesibles cerca de Gualter (Lleida).
La investigación, que aún no ha llegado a la autoría material del crimen, sí ha cuadrado ya el móvil económico gracias a un verdadero encaje de bolillos realizado por los agentes. El hijo de F.G. ha sido detenido en las últimas semanas, según ha podido saber EL MUNDO, al determinarse los motivos últimos de la necesidad económica del presunto grupo criminal organizado.
En el hijo del comandante se encuentra la clave motivadora del homicidio, según el estado actual de las pesquisas: agente también de la Guardia Civil, tenía durante esos años un ritmo de gasto de dinero no sólo no acorde con su capacidad económica, sino desbocado, y una necesidad económica muy concreta que cuadra perfectamente con la presunta extorsión realizada por su padre a Coromina.
En concreto, a la vez que pedía un crédito de 50.000 euros y se los gastaba en un BMW de alta gama, el también guardia civil había comprado un terreno y contratado con un afamado arquitecto una costosa reforma valorada en 110.000 euros, de la cual tenía que abonar un primer tercio en ese mes de enero de 2022.
Los investigadores han conseguido incluso la declaración de los trabajadores que estaban en ese momento dedicándose al proyecto, que han probado y confirmado que el hijo de G. les había garantizado el pago de esa cantidad, 33.000 euros, coincidente con la cuantía de la extorsión, y que posteriormente abandonaron sus tareas al no recibirla.
Esa necesidad económica perentoria habría llevado al padre, que había sido informado de los investigaciones en torno a Coromina en su condición de jefe del puesto en la zona, a chantajear al contrabandista, que sorpresivamente, perro viejo, se negó a pagar y dejó ver que lo mismo desembuchaba y ponía en riesgo al comandante de la Benemérita. Ese habría sido el desencadenante del crimen.
En ese punto, precisamente, habría hecho su entrada en la historia Ramón Alsina, tío político del campeón del mundo de motociclismo Marc Márquez, y a la sazón mejor amigo del contrabandista, a quien conocía desde el internado al que ambos habían ido de niños y que se había ido a vivir de hecho a Cervera (Lleida) sólo porque Alsina vivía allí.
Una vez se produjo el crimen, como ha podido probar los investigadores, Alsina se dedicó a ocultar a los participantes en el complot, e incluso a "amedrentar" a quienes supieran de los hechos y pudieran terminar contándoselo a las autoridades.
Según las pesquisas, al día siguiente del asesinato de Coromina, Alsina se fue al taller mecánico en que todo se había urdido, a departir largamente con el dueño, también encarcelado como cooperador necesario.
Muy poco después, Alsina también se reunía con el propio comandante, en el restaurante La Fusta, en la capital leridana. Allí, según fuentes jurídicas, ambos abordaron de forma directa la muerte de Coromina.
Más de tres años después, tras muchas pesquisas infructuosas, tanto Alsina, como el comandante de la Guardia Civil como el dueño del taller eran detenidos, el 2 de septiembre pasado, por el asesinato del contrabandista, como informó en exclusiva EL MUNDO. Las pesquisas continúan ahora. El objetivo: la autoría material del crimen.