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¿Hacia dónde va el petróleo?

¿Hacia dónde va el petróleo?
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La escalada del conflicto en Oriente Próximo, con ataques a infraestructuras energéticas, acentúa el temor a interrupciones en el suministro y presiona el crudo al alza, a pesar de que la demanda empieza a encogerse por los altos precios. Leer
ECONOMÍA ANÁLISIS ¿Hacia dónde va el petróleo?Actualizado 12 SEP. 2026 - 00:21Los hutíes de Yemen han atacado en las últimas fechas instalaciones energéticas de Arabia Saudí. En la imagen, yacimiento petrolífero de Khurais, a 160 kilómetros de la capital, Riad, uno de los campos más grandes del país.EFEEXPANSIONSeguir a Expansión en GoogleHaz que nuestras noticias aparezcan en tus búsquedas

La escalada del conflicto en Oriente Próximo, con ataques a infraestructuras energéticas, acentúa el temor a interrupciones en el suministro y presiona el crudo al alza, a pesar de que la demanda empieza a encogerse por los altos precios.

Las guerras se sabe cuándo empiezan, pero no cuándo ni cómo acaban, pero es evidente que sus consecuencias se sufren durante y después del conflicto. La decisión de la Administración Trump, arrastrada en buena medida por Israel, de agitar el avispero de Oriente Próximo desencadenando una guerra en Irán sin una estrategia clara de salida, ha provocado un seísmo geopolítico en la región, especialmente sensible para la actividad económica mundial por su peso en los flujos energéticos internacionales.

La guerra, que según Trump, apenas iba a durar unas pocas semanas, va camino de cumplir su séptimo mes, y el propio presidente estadounidense parece asumir ya que el conflicto, enquistado y escalando, se prolongará varios meses más. Las consecuencias son ya tan tangibles como onerosas. Los precios del petróleo y del gas natural se han disparado, encareciendo los combustibles, los insumos de la industria y, con ellos, los costes de producción y venta de los bienes, resucitando el fantasma inflacionario de crisis pasadas, lo que a su vez ha llevado a los bancos centrales, entre ellos el BCE, a volver a endurecer sus políticas monetarias. La propia institución que preside Christine Lagarde alertó el jueves de que espera que la inflación se mantenga alta "durante un periodo prolongado".

Con este complicado telón de fondo, prever la evolución del precio del crudo en las próximas semanas o meses no es tarea fácil para los expertos ante la confluencia de múltiples factores, de fuerzas que ejercen a veces tracción en sentidos opuestos y de la densa niebla que cubre el horizonte de la guerra, cuya resolución es crucial para una eventual y progresiva normalización del mercado. Pero la inmensa mayoría coincide en que si el conflicto se recrudece y se prolonga la cotización del crudo seguirá subiendo, pudiendo dispararse hasta los 120 dólares por barril, como vaticina Goldman Sachs, o incluso llegar a los 150 dólares, como ha advertido Bank of America (BofA) en el supuesto de que las infraestructuras de la región sufran mayores daños.

La cotización del Brent se tomó ayer un respiro tras cinco jornadas consecutivas en ascenso y se relajó hasta el entorno de los 104-105 dólares por barril frente a los 107,6 a los que cerró la víspera, aunque en el transcurso del jueves llegó a rebasar los 109 dólares. Todo apunta a un alto en el camino para digerir el ascenso y consolidar las cotas actuales antes de reemprender la escalada. Desde el estallido de la guerra y aun con la corrección de ayer, el precio del crudo es hoy más de un 40% más caro que entonces. Solo en lo que va de septiembre sube un 15%.

Caída de la demanda

Pero en el mercado petrolero, como en la mayoría de ámbitos, no todo es negro o blanco. Entre ambos colores hay una gama de grises y matices que pueden influir en la evolución de los precios. Entre esos factores sobresale la demanda, que empieza a mostrar síntomas de debilidad, lo que no es irrelevante para los precios en un contexto de estrechamiento de la oferta por efecto de la guerra (bloqueo de Ormuz, daños en la capacidad productiva de los países del Golfo, golpe a la exportaciones energéticas...). Todo apunta, por ejemplo, a que China está frenando sus importaciones de petróleo debido a los altos precios.

El último informe de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), publicado ayer, estima que la demanda mundial de petróleo se hundirá en 2,5 millones de barriles diarios este año por culpa del conflicto y de su impacto sobre los precios. Ese dato supone un ajuste a la baja de 0,94 millones de barriles respecto al mes anterior.

El enfriamiento de la demanda debería tener efectos balsámicos sobre los precios, pero en un escenario tan complejo como el actual entran en juego muchos factores. De un lado, la paulatina reducción de la oferta tras casi siete meses de interrupciones del tráfico petrolero en Ormuz, estrecho por el que antes de la guerra circulaba el 20% del crudo mundial, y los daños causados por el conflicto en infraestructuras energéticas de la región. Unos daños que se han agudizado tras los ataques de los rebeldes hutíes del Yemen a intereses petroleros de Arabia Saudí, segundo mayor productor de oro negro tras EEUU y principal exportador mundial. Tanto su extracción como sus ventas se hundieron en agosto (un 23% su producción) ante las agresiones y el bloqueo de sus principales rutas de exportación. La AIE prevé que la producción mundial de crudo en 2026 sea de 100,6 millones de barriles diarios, 200.000 menos que en su previsión anterior.

De otro lado, el mercado se resiente de la caída de las reservas y del agotamiento de la capacidad de refino, con instalaciones que ya operan al límite. Según la AIE, los inventarios mundiales de crudo cayeron en otros 95 millones de barriles en agosto, disparando a 507 millones de barriles la retirada acumulada de reservas desde febrero. Mientras, las refinerías registraron en agosto un máximo estacional de 81,4 millones de barriles diarios, 960.000 barriles más que en julio, pero, según la AIE, la actividad mundial de refino caerá en 2,6 millones de barriles este año.

El quid de la cuestión sigue siendo la duración de la guerra. Cuanto más se prolongue, mayor será el riesgo de que la actual crisis energética no sea solo un grave problema de precios, sino también de suministro. De momento, son muchas las economías que ya han buscado alternativas y, de hecho, la AIE prevé que la demanda mundial de carbón crezca un 1,2% este año, hasta auparse a la cifra récord de 8.940 millones de toneladas.

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Fuente original: Leer en Expansión
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