El amor sin duda es un asunto realmente complicado de entender, puesto que enamorarse no es algo mecánico o que tiene una gran teoría perfecta detrás. Son varias las voces que nos tratan de dar luz acerca de esto, con mensajes como por ejemplo que uno se enamora de quien quiere por parte del psicoanalista Gabriel Rolón. Pero la verdad es que la ciencia ha puesto los datos sobre la mesa para entender el amor, y el trauma infantil sin duda está muy presente.
La teoría del apego. Formulada por John Bowlby y que sugiere que la dinámica con nuestros cuidadores primarios instala un "sistema operativo" emocional. De esta manera, si durante la infancia hubo seguridad, se desarrolla un apego seguro, pero si hubo problemas en la infancia, el cerebro desarrolla apegos inseguros, ya sean ansiosos o evitativos.
La ciencia actual ha ido un poco más allá y ha logrado medir es la duración de este efecto, confirmando que lo que ocurre en los primeros años no se queda allí, sino que dicta la arquitectura de nuestras relaciones futuras.
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El trauma. Un estudio muy reciente, publicado en 2025, analizó a 1.404 estudiantes universitarios utilizando el Childhood Trauma Questionnaire. Los resultados son lapidarios para quienes creen que el amor romántico es aleatorio, puesto que la investigación encontró un efecto en cadena donde el trauma infantil no solo molesta, sino que predice negativamente la satisfacción romántica en la adultez.
El hallazgo más relevante de este estudio es la mediación. Los datos confirman estadísticamente que las experiencias traumáticas tempranas generan un apego inseguro, y es este estilo de apego el que detona la baja calidad en la relación que se forma. Precisamente existe una correlación directa que valida que, a mayores heridas tempranas, menor es la capacidad neurológica y emocional para disfrutar de una pareja, a menos que se intervenga sobre ese mecanismo.
De la adolescencia a la adultez. Si el estudio de 2025 nos ofrece una fotografía de la actualidad, un trabajo publicado en 2008 nos entrega la película completa. En este caso se hizo una investigación con 559 jóvenes de Iowa para rastrear a los sujetos desde su adolescencia hasta la adultez temprana.
Lo fascinante de este seguimiento es cómo las interacciones familiares positivas durante la adolescencia, caracterizadas por calidez y baja hostilidad, predijeron con exactitud una mayor seguridad en el apego romántico años después. Esto se traduce en que si el ambiente familiar se resolvían los problemas sin agresión, el cerebro del joven aprendió que esa es la norma de la intimidad, replicándola exitosamente con sus parejas en la vida adulta. Es decir, se formaban relaciones mucho menos tóxicas.
Un patrón peligroso. Quizás la parte más dura de la evidencia reciente es la que vincula estos patrones no solo con la infelicidad, sino con la violencia. Un estudio en concreto confirmó que un apego inseguro derivado de una "crianza dura" y padres hostiles correlaciona directamente con la agresión en parejas adultas. Básicamente, se modelan y repiten los patrones de resolución de conflictos vividos en casa.
En la misma línea, un estudio publicado en 2024 apunta a que el trauma repetido altera los modelos internos, elevando la vulnerabilidad. Las personas con estas heridas no solo tienen más riesgo de ejercer agresión, sino de tolerar relaciones abusivas debido a que sus "alarmas" internas de peligro están descalibradas. Al haber normalizado el conflicto desde la infancia, el cerebro no identifica la toxicidad como una amenaza inmediata, sino como un entorno conocido.
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¿Estamos condenados? En estas situaciones lo lógico es pensar que si se ha tenido una infancia dura con un ambiente familiar complicado, entonces todas las relaciones amorosas del futuro van a estar condenadas a ser tóxicas. Pero la realidad es que no, puesto que el destino no está escrito en piedra, aunque esté grabado en las neuronas.
El mismo estudio publicado en 2025 arrojó una luz importante al descubrir el reloj del apoyo social, demostrando que el apoyo externo actúa como un moderador capaz de amortiguar el impacto del apego inseguro en la relación de pareja.
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Hay un motivo por el que tu cerebro intenta resolver los traumas de tu ex con tu nueva pareja: el "bug" de las relaciones tóxicas
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José A. Lizana
.
Hay un motivo por el que tu cerebro intenta resolver los traumas de tu ex con tu nueva pareja: el "bug" de las relaciones tóxicas
Encontrar un amor que no resulte en una relación tóxica para algunas personas puede ser un reto
La teoría del apego.Formulada por John Bowlby y que sugiere que la dinámica con nuestros cuidadores primarios instala un "sistema operativo" emocional. De esta manera, si durante la infancia hubo seguridad, se desarrolla un apego seguro, pero si hubo problemas en la infancia, el cerebro desarrolla apegos inseguros, ya sean ansiosos o evitativos.
La ciencia actual ha ido un poco más allá y ha logrado medir es la duración de este efecto, confirmando que lo que ocurre en los primeros años no se queda allí, sino que dicta la arquitectura de nuestras relaciones futuras.
El hallazgo más relevante de este estudio es la mediación. Los datos confirman estadísticamente que las experiencias traumáticas tempranas generan un apego inseguro, y es este estilo de apego el que detona la baja calidad en la relación que se forma. Precisamente existe una correlación directa que valida que, a mayores heridas tempranas, menor es la capacidad neurológica y emocional para disfrutar de una pareja, a menos que se intervenga sobre ese mecanismo.
De la adolescencia a la adultez. Si el estudio de 2025 nos ofrece una fotografía de la actualidad, un trabajo publicado en 2008 nos entrega la película completa. En este caso se hizo una investigación con 559 jóvenes de Iowa para rastrear a los sujetos desde su adolescencia hasta la adultez temprana.
Lo fascinante de este seguimiento es cómo las interacciones familiares positivas durante la adolescencia, caracterizadas por calidez y baja hostilidad, predijeron con exactitud una mayor seguridad en el apego romántico años después. Esto se traduce en que si el ambiente familiar se resolvían los problemas sin agresión, el cerebro del joven aprendió que esa es la norma de la intimidad, replicándola exitosamente con sus parejas en la vida adulta. Es decir, se formaban relaciones mucho menos tóxicas.
Un patrón peligroso. Quizás la parte más dura de la evidencia reciente es la que vincula estos patrones no solo con la infelicidad, sino con la violencia. Un estudio en concreto confirmó que un apego inseguro derivado de una "crianza dura" y padres hostiles correlaciona directamente con la agresión en parejas adultas. Básicamente, se modelan y repiten los patrones de resolución de conflictos vividos en casa.
En la misma línea, un estudio publicado en 2024 apunta a que el trauma repetido altera los modelos internos, elevando la vulnerabilidad. Las personas con estas heridas no solo tienen más riesgo de ejercer agresión, sino de tolerar relaciones abusivas debido a que sus "alarmas" internas de peligro están descalibradas. Al haber normalizado el conflicto desde la infancia, el cerebro no identifica la toxicidad como una amenaza inmediata, sino como un entorno conocido.
¿Estamos condenados? En estas situaciones lo lógico es pensar que si se ha tenido una infancia dura con un ambiente familiar complicado, entonces todas las relaciones amorosas del futuro van a estar condenadas a ser tóxicas. Pero la realidad es que no, puesto que el destino no está escrito en piedra, aunque esté grabado en las neuronas.
El mismo estudio publicado en 2025 arrojó una luz importante al descubrir el reloj del apoyo social, demostrando que el apoyo externo actúa como un moderador capaz de amortiguar el impacto del apego inseguro en la relación de pareja.