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He decidido independizarme de toda la tecnología de EEUU y abrazar la europea. Así lo estoy consiguiendo

He decidido independizarme de toda la tecnología de EEUU y abrazar la europea. Así lo estoy consiguiendo
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Vamos a hacer un ejercicio mental: piensa en cómo has usado tu móvil u ordenador durante la última hora. No te digo un día o una semana, no, la última hora. Seguramente hayas buscado algo en Google a través de Chrome, consultado algo en ChatGPT o Gemini, chateado por WhatsApp, ojeado stories en Instagram o revisado el correo en Gmail. Todo ello, probablemente, desde un móvil Android con una cuenta de Google, un iPhone o un PC con Windows. Si te paras a pensarlo, gran parte del uso que hacemos de la tecnología depende de plataformas de terceros estadounidenses. Tenemos una dependencia enorme de empresas como Meta, Google, Microsoft y Amazon, empresas cuyos productos dependen, en mayor o menor medida, de nosotros. O mejor dicho, de nuestros datos. Cuando hace un par de meses caí en la cuenta de que todo, o casi todo lo que hago en Internet, pasa por una plataforma norteamericana que solo me quiere para enseñarme publicidad de un producto que no me interesa, de un juego cutre o de un señor que quiere decirme cuánto vale mi coche, algo hizo click. Fue entonces cuando tomé una decisión: reducir esa dependencia al mínimo y apostar por plataformas europeas o, en su defecto, libres. Porque hay una realidad impepinable, y es que si nosotros no apostamos por lo nuestro, nadie lo hará. Y afortunadamente, en la Unión Europea tenemos más opciones privadas de las que podemos imaginar. Esta ha sido mi odisea hacia el cambio. Por qué Imagen | Cottonbro Studio Creo que a estas alturas de la película a nadie se le escapa que cuando un servicio es gratis, el producto eres tú. Los datos son el motor de la economía tech y eso lo podemos ver en cualquier plataforma. Es un tema que está ya más que estudiado y en el que no vamos a entrar de nuevo. Hace tiempo que sacrificamos la privacidad a cambio de subir fotos de platos combinados a una red social, de tener una cuenta de correo gratis o enviarle un meme a un amigo. A cambio, hemos normalizado que nos bombardeen con publicidad dirigida. Mi razón para este cambio, además de recuperar algo de privacidad, es, vamos a llamarla, “patriota”. Las plataformas estadounidenses tienen dinero a espuertas para innovar, de ahí que los grandes servicios sean norteamericanos. La lógica es simple: si todos usamos el buscador de Google, Google se queda con todos los recursos para invertir, lo que hace que Google siga teniendo ventaja sobre cualquier otra propuesta europea, que no despega porque todo el mundo usa Google. Tal es así que hay toda una industria, la del SEO, dedicada a posicionar no en Internet, sino en Google en particular. La otra opción medianamente conocida es Bing que, sorpresa, es de Microsoft, también estadounidense. Ahora extrapolemos esto a todas las demás plataformas y aplicaciones: redes sociales, herramientas en la nube, tu correo electrónico, la plataforma en la que tienes registrado el dominio, tu navegador, la web en la que compras online, la plataforma que usas para pagar con el móvil. Todo está alojado o basado en plataformas norteamericanas. Nothing Phone (3a) Lite | Imagen: Xataka El problema es que estas plataformas han penetrado en nuestras vidas con mucha fuerza, impulsadas en gran parte por los móviles que, oh, sorpresa, usan en su mayoría Android, un sistema operativo desarrollado por… ¡Google! Este sistema, por cierto, requiere de una cuenta de Google para virtualmente todo: configuración inicial, copia de seguridad, descargar apps desde [se aclara la garganta] Google Play Store, hacer una copia de seguridad de WhatsApp en [se aclara la garganta de nuevo] Google Drive. Se entiende la idea.  La alternativa es iOS, de Apple, empresa con sede en California, Estados Unidos, que recibe 20.000 millones de dólares anuales de Google para que Google sea el buscador preconfigurado en Safari, navegador que viene preinstalado en todo cacharro de Apple. La situación es tal que las plataformas se han convertido en sinónimos: Buscar en Internet: buscar en Google.Enviar un mensaje: mandar un WhatsApp.Comprar online: comprar en Amazon.Redes sociales: Instagram, Facebook, X y TikTok, que es china.Cuenta de correo electrónico: cuenta de Gmail o Outlook.Ordenador: PC con Windows 11. Es curioso, desde luego. Te invito a que le preguntes a cualquier ciudadano de a pie una alternativa a Chrome, Google/Bing, ChatGPT/Gemini, Google Drive/OneDrive o Windows/macOS. Seguramente pocos sepan responder. Hay un componente de comodidad y conveniencia del que es difícil desprenderse, el mismo componente por el que seguimos usando WhatsApp en lugar de Signal, que es igual pero más privado; o por el que nadie se plantea pagar, ¡pagar, con dinero!, por una cuenta de correo electrónico. En Xataka El presidente de EEUU ha elevado el pulso tras la millonaria multa de la UE a Google: amenaza con activar la Sección 301 El usuario de a pie prefiere el producto gratuito al de pago, aunque ello le suponga sacrificar su privacidad y seguir favoreciendo la supremacía estadounidense en el mundo de la tecnología. Porque, en el fondo, le da igual. Esta no es su batalla y con este texto tampoco pretendo que lo sea.  Esto, por cierto es algo que hay que interiorizar antes de meterse de lleno en este cambio: la privacidad y la apuesta por la soberanía cuesta dinero y algo de voluntad por tu parte. A Google, Meta, Amazon, Microsoft y compañía les pagas con datos. A las alternativas europeas le pagas, normalmente, con dinero contante y sonante. Es lo que hay.  Dicho lo cual, empezamos por el principio y por lo que, aunque no lo parezca, ha resultado ser más fácil de lo que pensaba. Google y su ecosistema Imagen | Alex Dudar Usaba Google para, literalmente, cualquier cosa. Mi cuenta de correo electrónico era un @gmail.com que he introducido en, según mi gestor de contraseñas, 182 webs. Eso sin contar en las que haya iniciado sesión directamente con Google, un botón que, visto con perspectiva, es una perdición. Cómodo, sin duda, pero un dolor a la hora de cambiar mis datos en las webs.  Mi Gmail es la cuenta que uso en mi móvil Android, en la que recibo correos importantes, con la que creé mi cuentas en los bancos, hasta mi cuenta de Microsoft es Gmail. El calendario compartido con mi pareja está en Google Calendar, como lo está Google Drive, y el planning de la luna de miel lo tenemos en Google Sheets. Este artículo, en otro contexto, lo habría escrito en Google Docs. Pago con el móvil usando Google Wallet y la IA que tengo preinstalada en el móvil no es otra que Google Gemini. El buscador, cómo no, es Google, al cual accedo a través de Google Chrome. Y todo eso sin pagar un duro. Bueno, miento. Pago 1,99 euros por 100 GB en Google Drive para poder hacer la copia de seguridad del móvil y de los chats de WhatsApp porque, a pesar de haber encontrado alternativas más privadas que Google Drive, no puedo elegirlas para hacer la copia de seguridad en ellas. Primer paso: el correo, la nube y los documentos Proton Mail | Imagen: Xataka Abandonar Google era, para mí, el primer gran salto, y eso pasaba, primero, por cambiar de proveedor de correo. Barajé varias opciones europeas, a saber Tuta Mail (Alemania), Infomaniak (Suiza) y Proton Mail (Suiza). Al final me decanté por esta última por una cuestión bastante simple: por 12,99 euros al mes (precio de Proton Unlimited) tengo cuenta de correo (con 15 alias, pura fantasía), 500 GB de almacenamiento en la nube, acceso a toda la suite de herramientas de Proton y la VPN. Además, en Navidad había una oferta de dos años que me vino al pelo. Proton tiene su sede en Suiza, que no es la Unión Europea como tal, pero me convenció su política de cifrado de extremo a extremo y que Suiza tiene algunas de las leyes de privacidad más potentes del mundo. Además, me facilitaba la comodidad de la cuenta de Google (integración de correo, calendario, documentos y app de autenticación). La VPN, además, es un puntazo porque bloquea los rastreadores webs, lo que añade una capa adicional de seguridad. La VPN es de esas cosas que, una vez interiorizas, se vuelve imprescindible si valoras tu privacidad. Otra opción europea y recomendable es NordVPN, por cierto.  Con Proton ya activado, el siguiente paso fue mudar el contenido de Google Drive a Proton Drive, importar el calendario a Proton Calendar y pasar una divertidísima tarde cambiando cerca de 100 inicios de sesión, uno a uno. Yo lo hice de una tacada, pero tú puedes hacerlo poco a poco, conforme vayas accediendo a las plataformas. Ya que accedes, aprovecha y cambia la cuenta de correo. Aquí te recomiendo usar un gestor de contraseñas. Yo tengo Proton Pass incluido en la suscripción, pero hasta entonces usaba Bitwarden, que es gratuito, open-source y funciona de miedo. El gestor de contraseñas es, junto al aire acondicionado, el café y la tostada de aceite y jamón, el mejor invento de la humanidad. Segundo paso: Google Chrome La experiencia con Vivaldi es parecida a la de Chrome, pero sin Google | Imagen: Xataka Chrome es de esas cosas que usas porque están ahí y no te paras a pensar en otra opción, aunque las hay. En mi caso, tenía claro que quería un navegador europeo y la opción por la que me decanté fue Vivaldi. ¿Por qué? Porque la sede de Vivaldi está en Noruega y su navegador tiene la privacidad por bandera.  Vivaldi, además de ser extremadamente personalizable, no crea perfiles de usuario ni recopila datos, y los que recopila, como los datos de navegación, están alojados en Islandia, otro país que, como Suiza, tiene buenísimas leyes de privacidad. Datos como la sesión para sincronizar el navegador, los marcadores, etc., están cifrados de extremo a extremo.  Vivaldi funciona realmente bien, tiene un bloqueador de rastreadores integrado y, si os gusta trastear con las apps, las opciones de personalización que ofrece son excelentes. Otras alternativas europeas que podéis usar son el navegador de Ecosia (alemán) o Mullvad (sueco). En la categoría de open source está Librewolf, que es un fork de Firefox. A Vivaldi se le puede sacar una puntillita y es que está basado en Chromium, igual que Chrome, aunque poco o nada tiene que ver con Google Aquí hay que poner una puntillita, y es que Vivaldi, como Google Chrome, Brave, Ecosia o Microsoft Edge, está basado en Chromium, un proyecto de código abierto impulsado por Google. Hay quien podría esgrimir que usar un navegador basado en Chromium perpetua el motor Blink y un internet renderizado para verse bien en Google Chrome. Firefox tiene su propio motor, Gecko; y Apple tiene WebKit. A mí, personalmente, no me gusta el rumbo que ha tomado Mozilla y, dado que no tengo un Mac ni un iPhone, no puedo usar Safari ergo WebKit, así, que dentro de lo que hay, Vivaldi es un fork de Chromium sin Google y basado en la Unión Europea que me sirve. Hasta aquí, y al menos de momento, puedo confirmar que no he perdido absolutamente nada ni echo absolutamente nada de menos. Lo único que sigo teniendo que acceder a Google Drive para editar el Excel de la luna de miel, pero sobreviviré. Tercer paso: Google (el buscador) Qwant | imagen: Xataka Evidentemente, de nada sirve cambiar de navegador si sigues usando Google como buscador. Aquí nos encontramos ante una verdadera tesitura, porque la otra gran opción a Google es Bing, que es el motor de búsqueda de Microsoft. Seguramente hayas llegado a él alguna vez al buscar algo en la barra de búsqueda de Windows.  El problema con los buscadores es que, en su mayoría, son Google, Bing o usan los resultados de Google y Bing, me explico. Ecosia es un motor de búsqueda alemán muy chulo porque planta árboles. Los resultados de búsqueda, sin embargo, no provienen de un motor de búsqueda propio, sino que los ofrecen Bing, Google y, en menor medida, EUSP (ahora hablamos de él). De una forma u otra, y a pesar de que la misión de Ecosia es encomiable, los resultados de búsqueda siguen dependiendo de tecnología y empresas estadounidenses. Yo quería un motor de búsqueda europeo y la solución tiene nombre propio: Qwant. Qwant es un motor de búsqueda francés alojado en Europa y privado. No guarda el historial de búsqueda ni almacena o vende nuestros datos. ¿Tiene publicidad? Tiene publicidad, que además viene de Microsoft Advertising, pero no está dirigida porque Qwant no tiene trackers ni usa cookies de terceros. La publicidad es como antaño: por las palabras clave en la búsqueda, no por el perfil de usuario ni su comportamiento. Tiene una de las pocas políticas de privacidad que puedes leer y ojo, entender.  Ecosia es otra opción si Qwant se quedase corto | Imagen: Xataka ¿En qué se traduce esto? En un motor de búsqueda que, por un lado, no me importa que me muestre publicidad y, por otro lado, me ofrece resultados sin filtrar. Se apoya en Bing para ciertas consultas a las que su índice no llega, pero realmente el grueso viene de su propio crawler. No me muestra el resultado que considera mejor para mí, sino el resultado que considera mejor en general en función de mi búsqueda. Lo uso actualmente como motor de búsqueda en todos y cada uno de mis dispositivos y debo reconocer que me está gustando mucho, aunque Google es mucho más rápido para encontrar ciertas cosas. Google tiene ese punto de que, cuando haces una búsqueda, malo será que el primer o segundo resultado no satisfaga, en mayor o menor medida, tu curiosidad. Por no hablar de AI Overview, algo que yo, personalmente, intento evitar. Qwant requiere más voluntad por tu parte y, en algunas ocasiones, consultar varios resultados para llegar a la respuesta que realmente buscas.  Para búsquedas concretas, véase "cómo limpiar la grasa de motor de una camiseta", Qwant funciona de miedo. Ahora bien, para hacer una cadena de búsquedas con las que ampliar un tema, es cierto que es más lento. Yo lo noto mucho en el trabajo, cuando he de investigar algún asunto o buscar diversas fuentes. Con Google siento que llego antes, mientras que con Qwant tardo algo más, aunque lo acabo haciendo, todo sea dicho. "Cómo limpiar la grasa de motor de una camiseta" en Qwant | Imagen: Xataka La misma búsqueda, pero en Google | Imagen: Xataka Este es uno de esos sacrificios que mencionaba antes. Google es objetivamente más completo en todos los aspectos, pero lo es porque también es más popular y, por lo tanto, tiene más recursos. Qwant es correcto, bueno, aceptable, pero no mejorará sin recursos y, para que los tenga, hay que usarlo. La pregunta es si estás dispuesto a apoyar ese desarrollo aunque eso te suponga tardar más en encontrar algo en Internet. Mi respuesta, en este caso, es sí, aunque hay veces que, lo reconozco, puede ser desesperante. EUSP, por cierto, es un índice de búsqueda europeo que está siendo desarrollado conjuntamente por Qwant y Ecosia. Es, digamos, un movimiento fundacional que busca sentar las bases de un motor de búsqueda europeo alojado en Europa. Lleva poco en desarrollo, desde noviembre de 2024, y solo está disponible en alemán y francés.  Dato curioso: desde que uso Qwant, la publicidad que me aparece en las plataformas de Google y Meta que tengo que seguir usando es mucho más rara, la noto como más perdida. Más sobre estas plataformas más adelante. Cuarto paso o, mejor dicho, pasito: Google Gemini Le Chat ha resultado ser todo un descubrimiento | Imagen: Xataka Poco se habla de que la app de Google Gemini ahora viene preinstalada en todos los móviles Android y no se puede desinstalar. Esto, llegado el momento, apunta a posible investigación de la Comisión Europea en un nuevo caso de Chrome y Google como buscador por defecto en Android, pero ya veremos. En cualquier caso, a mí no me ha costado desprenderme de Google Gemini porque no la usaba en exceso. Y cuando la usaba, era más para una consulta puntual en manos libres. Llamadme rebelde, pero en la época de la IA sigo buscando en Internet a manita para hacerme yo mis propias ideas, y tampoco tengo necesidad de crear decenas de imágenes y vídeos sintéticos. Ahora bien, para lo poco que lo uso, bien me sirve una alternativa local y ahí tenía claro que el firme candidato era Le Chat, el chatbot de Mistral AI, empresa francesa con sede en Francia. Mistral tiene varios modelos que, aunque no copan las partes altas de los benchmarks, cumplen con su cometido. Para las consultas que le he hecho, los resultados me han dejado satisfechos. La plataforma, además, es sorprendentemente rápida, mucho más que Google Gemini o ChatGPT. Cuando hablamos de las bondades de los chips de inferencia, nos referimos precisamente a lo rápido que funciona Le Chat gracias a los procesadores Cerebras. Que no se me malinterprete: sigo pensado que es demasiado pronto para haber desplegado la IA generativa al nivel que la hemos desplegado (ahí están ya las consecuencias), y Le Chat supone el mismo dilema ético que ChatGPT, Gemini y compañía en términos de derechos de autor e impacto en los medios. Ni pago ni pienso pagar un chatbot, pero puestos a usar uno y ceder mis datos a una empresa, me gusta pensar que pongo mi granito de arena para que Mistral pueda plantarle cara a OpenAI y Google.  Aquí faltan varios apartados y servicios de los que, por el momento, no he conseguido desprenderme. Son principalmente Android, Google Maps, YouTube y, en menor medida, Google Wallet. Luego volvemos a ellos. X, Instagram, Facebook y WhatsApp Imagen | Xataka Debo reconocer que este apartado lo he tenido a huevo porque llevaba tiempo buscando una excusa para abandonar las redes sociales y este movimiento pro-europeo me ha venido al pelo. Verás, mi relación con las redes sociales es bastante peculiar: empecé muy fuerte en Vine, luego pasé a Twitter, hice mis pinitos en Facebook, luego pasé a TikTok y ahora no uso ninguna. Es así de simple. Tengo perfiles en todas las redes sociales que te puedas imaginar, todos ellos inactivos.  Mi terreno era Twitter cuando Twitter molaba, es decir, antes de convertirse en una página porno encubierta llena de publicidad de casas de apuestas oculta en vídeos virales robados o, directamente, falsos. Abandoné Twitter cuando Elon Musk la compró y hasta ahora he vivido alejado de ese lugar. Usé durante un tiempo Mastodon (la única propuesta europea más o menos conocida) y Bluesky, que las dejé como he dejado Threads recientemente. Si hablamos de red social tipo Twitter, ni uso ni quiero usarlas, al menos en su estado actual. Hay un movimiento europeo para lanzar una alternativa a X llamada, ojo, W, pero hasta que llegue me parece que queda tiempo. Instagram lo usé a muerte durante muchos años, pero hace tiempo que llegué a la conclusión de que no me aporta nada a título personal. Llevo años sin subir una sola foto y todo lo que hago es usar mi cuenta personal para compartir las stories que sube mi pareja y hacerle spam a mis seguidores de mi proyecto de impresión 3D. Por lo demás, ni veo reels, ni subo stories ni navego por el feed de explora.  Este proyecto era el paso que necesita para dejar de usar las redes sociales. Si me preguntas a mí, que vuelva Tuenti A efectos prácticos, no tengo Instagram como tampoco tengo Facebook, que lo tengo, pero no tengo ni los credenciales guardados. Hará, tranquilamente, cerca de una década que no entro en Facebook. Podría decirse que la única red social que uso como consumidor es TikTok, y cada vez menos. ¿Soy yo el único que está cansado de los ganchos virales, los brillos y luces y los subtítulos de colores? Ahora bien, caretas fuera: la realidad es que mi proyecto de impresión 3D depende en gran parte de las redes sociales para llegar a los usuarios, por lo que sí conservo y mantengo su perfil de Instagram y de TikTok, que las uso como plataformas de awareness. Me encantaría decir que hay más opciones, pero no las hay. Dar a conocer un proyecto solo puede hacerse donde haya usuarios y, por más que me pese, la gente usa Instagram y TikTok. No estar ahí es como no estar en Google, y esta es una concesión que tengo que hacer. Más adelante también hablaremos de WhatsApp, que ese monstruo en el armario del que jamás me podré deshacer. En Xataka Tímidos del mundo, estamos recuperando Internet Estoy en ese punto de la vida en el que, realmente, lo que me apetece es tener un blog como los del salvaje internet de antaño. Sin anuncios, ni compromisos, solo escribir ideas sueltas al aire y que las lea quien quiera leerlas si le apetece, y si no pues ahí quedarán para mí.  Eso requeriría un hosting y un registrador de dominio, que en este caso opciones europeas hay a patadas: CoriaWeb (España), WebEmpresa (España), Hostinger (Lituania), Ionos (Alemania), OVHCloud (Francia)... Otra historia es el CMS. Lo más normal sería usar WordPress, que aun siendo de una empresa estadounidense, al menos es open-source. O Ghost, que es británica. Las otras opciones serían Medium o Substack, ambas de Norteamérica y Medium, el particular, propiedad de X. Música en streaming Ojo, Qobuz mola un montón | Imagen: Xataka Hablar de música en streaming es hablar, prácticamente, de Spotify. Al menos en Europa, Spotify es la reina de del streaming musical. En Estados Unidos le planta cara Apple Music, pero en el viejo continente Spotify domina de largo. Buena noticia, porque Spotify es una empresa europea con sede en Suecia. Otra cosa es que comulgues con los valores de Spotify, su forma de entender las regalías, su postura frente a la IA, etc. Sea como fuere, usar Spotify es una opción. Yo, hasta la fecha, usaba Apple Music porque disfruto de la música en alta definición. Dado que tengo mis diferencias con Spotify, la alternativa elegida ha sido Qobuz. La otra gran opción sería Deezer, que quizá resulte más familiar. En cualquier caso, ambas son plataformas francesas. Deezer tiene un precio más similar al de Spotify, mientras que Qobuz asciende a 14,99 euros mensuales (12,49 euros si pagas 149,99 euros anuales). La ventaja de Qobuz es que el contenido está en una calidad excepcional, alcanzando el Hi-Res (24-bit, 192 kHz). ¿Lo apreciará el grueso de mortales? No, pero si te gusta el mundo del audio, tienes unos auriculares decentes y sabes lo que estás buscando, se nota.  No todo el mundo aprovechará esa calidad, pero tenerla a mano es un plus | Imagen: Xataka Tengo unos gustos musicales bastantes normales, así que no he tenido problema al encontrar mis pistas en Qobuz. Es más rollo rehacer tus listas, pero si te pasa como a mí y no tienes apego a tus playlists o, directamente, usas tus canciones favoritas todo el rato, probablemente el cambio te resulte menos dramático. Yo ya pasé por esto cuando me cambié de Spotify a Apple Music hace tiempo, y volver a pasarlo no me ha supuesto mayor problema. Hay herramientas especializadas en pasar música de un servicio a otro y funcionan bien. Y por cierto, se puede vivir sin compartir el Wrapped. De todas maneras, el tema de la música es quizá el menos peliagudo. Después de todo, con sus más y sus menos, casi todas las canciones, artistas y grupos populares están en todas las plataformas y elegir una u otra depende más de la calidad del sonido y la interfaz que de la disponibilidad del contenido. Hay contadas excepciones, pero nada grave. Con las pelis y series, como veremos más adelante, es mucho más complicado. Amazon y su ecosistema Imagen | Xataka Si me paro a pensar, compro poco en Amazon. Cuando tengo que comprar algo sigo teniendo esa cosa de ir a verlo en físico. Me pasa con la tecnología, pero también con la ropa (nunca he comprado ropa online, mira tú por dónde) o con las cosas de casa. Si puedo comprarlo en físico, lo compro en físico aunque me salga algo más caro. Sin embargo, no me escondo, Amazon es una de las plataformas de las que más me está costando deshacerme. Aún no lo he conseguido, de hecho. Amazon Prime me sigue pareciendo una suscripción que merece mucho la pena, al menos en España, ya que incluye Prime Video y envíos gratis en prácticamente todo por 49,99 euros. Es una realidad impepinable que el gigante del ecommerce lo es por algo y, si hay un gigante que me va a costar abatir, es este. No porque compre en Amazon de forma compulsiva, sino porque cuando necesito comprar algo concreto que no encuentro en un establecimiento de mi ciudad, seguro que lo encuentro en Amazon. ¿Qué postura he adoptado? Caso real: Usar Amazon como plataforma de descubrimiento. Si quiero un cargador GaN de tres puertos, uso Amazon para ver qué marcas lo ofrecen.Si me consta de alguna tienda física que lo pueda tener en mi ciudad, lo compro en la tienda.Si no hay o no lo encuentro, lo busco en la web de la empresa o en otro ecommerce, preferiblemente español como PcComponentes o El Corte Inglés, o europeo como MediaMarkt, FNAC, etc. Si ni por esas encuentro lo que busco, entonces recurro a Amazon. ¿Me lleva más tiempo? Sí. ¿Lo tengo todo menos centralizado? Sí. ¿Sigo dependiendo de alguna forma de Amazon? Sí. ¿Es un primer paso? Es un primer paso. En otro contexto, como vivir en una gran capital donde hay de todo, quizá la historia sería distinta, pero en Córdoba tengo acceso a lo que tengo acceso y, desgraciadamente, Amazon no tiene una alternativa europea real.  Otra cosa es comprar libros, mangas, videojuegos o cosas del hogar, que eso sí lo encuentro fácil en librerías, tiendas especializadas o supermercados. Llamadme nostálgico, pero pocas cosas más baratas dan más gusto que pasearse por una librería. Adiós, Amazon Photos Interfaz de Jottacloud | Imagen: Xataka De lo que sí me he desecho por completo es de Amazon Photos, que está incluido en Amazon Prime. Fue mi refugio después del cambio de Google Fotos y no ha estado mal, pero le falta muchísimo. La aplicación funciona de aquella manera, no tiene álbumes compartidos (sí un álbum familiar que es muy desordenado) y es, en pocas palabras, un servicio fácilmente sustituible por una herramienta europea.  Podría haber usado Proton Drive y sus 500 GB, pero buscaba algo que mi pareja y yo pudiéramos usar para almacenar nuestras fotos y vídeos, así como crear álbumes compartidos, sin mezclarlo con archivos. En ese sentido, 500 GB se nos quedan cortos.  La opción lógica habría sido un NAS y tenerlo todo en local, pero está la memoria RAM, el almacenamiento y la tecnología en general como para pensar en comprar productos tech. Así pues, estuve investigando y di con varias propuestas. Filen no tenía mala pinta, pero está demasiado enfocada al uso personal. De haber sido solo para mí, probablemente habría optado por esta opción. Sin embargo, me acabé decantando por Jottacloud.  Servidor NAS | Imagen: Xataka Jottacloud es una empresa con sede en Noruega que ofrece, entre otras cosas, almacenamiento ilimitado por 11,9 euros al mes en servidores noruegos, encriptación de los archivos y una app bastante decente. Hasta 5 TB, la velocidad de carga y descarga no disminuye. A partir de 5 TB, la velocidad se reduce gradualmente. Yo opté por el plan Home 5 TB, que ofrece 5 TB de almacenamiento para hasta cinco cuentas sin limitación de ancho de banda. Su precio es de 149 euros al año, que ni tan mal. Aquí te vas a enfrentar a una pregunta: ¿son mucho 5 TB? ¿Son pocos? ¿Y si cojo 10 TB? Te puedo garantizar, con la mano en el pecho, que 5 TB es una capacidad más que suficiente para tu uso personal. Yo almacenaba en Amazon Photos seis años de fotos, vídeos, viajes y recuerdos. Cerca de 30.000 archivos, más 20 y pico mil de mi pareja. Los he subido todos a Jottacloud y no alcanzo los 350 GB. Tenemos todavía más de 4,5 TB por llenar. Créeme, no necesitas tanto espacio (salvo que seas fotógrafo o editor de vídeo, que eso es otra historia). No necesitas 20 TB de almacenamiento, de verdad Jottacloud no tiene una app tan chula como Google Fotos, pero cumple con su cometido: admite fotos y vídeos (y archivos de todo tipo, ojo) sin compresión, el contenido se puede organizar en álbumes y estos álbumes se pueden compartir con otros usuarios para que suban sus fotos. Todo eso con la seguridad de que la plataforma cumple con el RGPD y las políticas de privacidad de Noruega. Cuando la política de privacidad se puede leer sin convulsionar, es buena señal.  El drama fue descargar todo Amazon Photos (se puede, simplemente necesitas la app de escritorio, buena conexión y paciencia), subirlo todo a Jottacloud y rehacer los álbumes. Esto lo tenemos pendiente, pero nada que no se arregle con un café, música de fondo y una tarde agradable buscando en el baúl de los recuerdos.  Que no, no tienes las funciones tan chulas de IA de Google Fotos o Amazon Fotos, pero tampoco tienes tus fotos y vídeos almacenados en una empresa bajo el paraguas de la CLOUD Act de 2018. Esta ley permite a las autoridades estadounidenses acceder a los datos almacenados en la nube si la plataforma la proporciona una empresa estadounidense, independientemente de donde estés tú o desde dónde se use. Otras plataformas y aplicaciones Superlist es una app de tareas alemana | Imagen: Xataka Los anteriormente mencionados han sido los grandes cambios. Abandonar el ecosistema de Google es complejo y puede dar vértigo, pero hay vida ahí fuera. Hay opciones y todo es cuestión de explorarlas. Quizá no sea posible por H o B optar por una alternativa soberana, y eso está bien. Es una cuestión, al menos desde mi punto de vista, de ante la indiferencia de usar una u otra plataforma, usar la de cercanía y la más respetuosa con nuestra privacidad. Hay otras tantas aplicaciones que he cambiado por alternativas libres o basadas en Europa, así como otras propuestas que tengo en el horizonte para ir comprando poco a poco y sustituir la tecnología de casa. Como decía, esto es un proceso, no algo que haya que hacer del tirón. Son muchos cambios y es mejor hacerlos con calma. Google Keep: es la aplicación de notas de Google y la he cambiado por la app de notas que viene preinstalada en mi móvil. Para las tareas he empezado a usar Superlist (alemana).Microsoft Office: ha sido un cambio de lo más sencillo. He desinstalado Office por completo y empezado a usar LibreOffice, una suite ofimática de código abierto desarrollada por The Document Foundation (alemana) y voluntarios. Para Google Docs, como comentaba antes, he empezado a usar la ofimática de Proton.Editor de fotos: históricamente he usado Affinity Photo y Designer, que habían sido desarrolladas por Serif (Reino Unido). Con la compra por parte de Canva, el lanzamiento de Affinity 3 y la prácticamente necesaria integración con Canva Premium, he optado por usar GIMP como editor de fotos e Inkscape como editor vectorial. Ya usaba poco ambas herramientas y para lo que las necesito, me sirven.Adobe Lightroom: la usaba muchísimo, pero aquí sí estuve fino hace años y me pasé a DxO Photo Lab, el relevador de pago único de DxOMark que, por cierto, es francesa. Una opción gratuita y libre sería Darktable.Adobe Premiere: esto ha sido un dolor porque Premiere es omnipresente en este mundillo. De momento he optado por DaVince Resolve (australiana) porque ya conozco el software, pero a corto plazo y pensando en lo que realmente necesito, creo que una propuesta open-source como OpenShot me podría servir. Cuestión de explorarlo.Reproductor de vídeo: VLC o barbarie.Google Wallet: mi banco es BBVA y, afortunadamente, puedo configurar BBVA Pay para pagar con el NFC del móvil. Sin embargo, si quiero pagar con Revolut, mi otro banco, he de pasar sí o sí por Google Wallet.  Hay vida más allá de Kindle | Imagen: Xataka En cuanto a cacharros que puedo tener por casa y que tengo planeado cambiar en algún momento, hay también varias propuestas en el horizonte. También te digo: una cosa es el software y otra cosa el hardware. Sustituir el software es fácil y no tiene historia, pero deshacerte de un hardware funcional genera residuos innecesarios que tampoco proceden. Yo uso productos no europeos y pretendo seguir usándolos hasta que fallen o toque renovarlos. La clave de esta transición no es ser un kamikaze, sino consumir de forma más consciente. Lector de libros: no se aplica en mi caso porque ya uso uno europeo, pero no quería dejar de comentarlo. En Europa tenemos sólidas alternativas a Kindle como Pocketbook (Suiza), Vivlio (Francia), Woxter y SPC (ambas españolas), con la diferencia de que en estas propuestas no hay que hacer malabares para cargar un epub.Router: ahora mismo uso una red de malla TP-Link, pero tengo una mudanza a la vista de aquí a un año y probablemente los sustituya por alguna de las opciones de Fritz!, que es alemana. AirTag: es uno de los cacharros que más echo de menos y me alegra saber que hay una empresa eslovena, Chipolo, que diseña y fabrica rastreadores compatibles con Apple Find My y Find Hub de Android en Europa. El precio es similar y debo decir que el dispositivo es mucho más bonito y alegre. De estos, en cuanto pueda, compraré un pack de cuatro.Auriculares: ya uso unos Nothing Headphone (1) cuya sede está en Europa, pero también se podría contemplar Sennheiser o Loewe. Si sois audiófilos, hay marcas muy, muy chulas como Erzetich que hacen cosas brutales (y carísimas).Televisor: uso un televisor LG, que es coreana, y en el caso del usuario de a pie lo más probable es que su televisor sea coreano, japonés o chino. Hay algunas opciones europeas, como Cello (Reino Unido), Metz (Alemania) y Loewe (Alemania). La primera es de gama muy baja y la segunda no envía a España. Loewe es lo más cercano a un televisor de gama alta, aunque es sensiblemente más cara que la competencia.Bombillas inteligentes: buenas noticias aquí. Aunque son caras, las bombillas Philips Hue que ya uso son de Signify, una empresa con sede de Países Bajos. Dejo el dato como dejo el del lector de libros.Móvil: este es, sin duda, el cambio más radical. No tengo pensado cambiar de móvil ahora mismo porque el ecosistema fuera de Android no está todavía a punto. La opción más jugosa sería GrapheneOS, un Android sin Google que, curiosamente, solo funciona en móviles Google Pixel. Una marca europea a vigilar es Fairphone, cuyos móviles se pueden comprar con Android o /e/; y el Jolla Phone cuando se lance. Este será, junto al PC, el gran salto, pero no me siento preparado para ello. Consumo general Aquí no voy a entrar en detalle porque es todo un mundo, pero revisar la etiqueta de un producto o prenda para mirar si la marca es española o europea nos lleva diez segundos y es un granito de arena. Otra historia es que fabriquen en China, India, Taiwán, Bangladesh, etc., que es otro melón importante que daría para otro tema. No obstante, insisto: ni pretendo evangelizar ni decirle a nadie en qué gastar su dinero.  Cosas de la que no puedo escapar Uno de los titanes sin rival es YouTube | Imagen: Xataka Como se ha podido leer entre líneas a lo largo de las 5.757 palabras que hay escritas hasta la palabra "palabras", reducir la dependencia de Estados Unidos al mínimo es posible, pero en mi caso, hay que añadir un "parcialmente". Hay plataformas que no tienen una alternativa real, no solo europea, sino en general. Otras que debo seguir usando por trabajo y otras cuyo cambio supondría un cambio tan radical que, en este momento, no lo puedo asumir. Estos son algunos de los casos: Visa y Mastercard: son los dos grandes procesadores de pagos y escapar de ellos es prácticamente imposible. De hecho, los otros grandes proveedores como American Express, Stripe y PayPal son estadounidenses y las otras opciones, a saber UnionPay y JCB son china y japonesa, respectivamente. Europa está desarrollando Wero, su propia alternativa, pero hasta que se implante a nivel ya no global, sino europeo, quedan años. En cualquier caso, es un proyecto ilusionante y que merece la pena seguir.YouTube: no hay una alternativa real, simplemente y llanamente. Hay opciones, como PeerTube (open-source) o DailyMotion (Francia), pero no le plantan cara a YouTube de ninguna de las maneras. Esta es, lamentablemente, la única licencia que me permito en redes sociales. Google Maps: exactamente lo mismo. Aunque para navegar con el coche puedes usar Here WeGo, que tiene sede en Países Bajos, la realidad es que a la hora de buscar establecimientos, reseñas e información actualizada del tráfico, horarios, etc., Google Maps no tiene rival. Hay opciones open-source e intento usarlas siempre que puedo, como CoMaps, pero es que llamarlos "alternativa" es mucho decir en este caso. Si tienes un iPhone, Apple Maps sí puede dar la talla, pero para el caso estamos en las mismas.Android: aunque está en mis planes a medio-largo plazo cambiar a un Fairphone o, si sale bien, a un Jolla Phone, deshacerse de Android (entiéndase Android como la versión con Google que todos conocemos) es complicado. El móvil es un eje central de mi interacción con la tecnología y hasta del trabajo, y tiene que funcionar bien. No obstante, Huawei ya nos ha enseñado que un Android sin Google es posible, por lo que quizá sea solo cuestión de atreverse. En cualquier caso, es algo para lo que no me siento preparado todavía, aunque reconozco que un pequeño paso que sí he conseguido dar es cambiar Google Play Store por Aurora Store.Windows: me da mucho menos respeto que Android, pero me lo sigue dando. No por la productividad o el trabajo, que eso en Linux puedo solucionarlo sin problema, sino por muchos juegos. Juego en PC desde siempre y aunque Linux ha mejorado mucho en ese aspecto, todavía tiene trabajo por delante. Ahora bien, esto será así hasta que me dé el calentón e instale Linux Mint y haga un dual-boot en el PC, de forma que use Linux por defecto y Windows para jugar. Pero claro, me tiene que dar el calentón. Sea como fuere, de todos los cambios que aún no he hecho este es el que veo más factible.Steam: rey absoluto de los juegos de PC. Aunque he comprado bastantes juegos en GOG, Steam sigue dominando este mundo con mano de hierro y no usarlo es prácticamente imposible. GOG está bien, pero su política de no DRM hace que muchos triple A que me gustan no salgan allí, por lo que es una alternativa guay, pero a medias.Shopify: podría usar un hosting y una plataforma como WooCommerce o Prestashop para mi tienda online, pero no tengo el tiempo ni los conocimientos necesarios para el mantenimiento que estos CMS requieren. Shopify es mucho más simple y, aunque las comisiones son como son, me compensa por una sencilla cuestión de salud mental.Streaming de películas: aunque hay propuestas españolas, como Rakuten (hispanojaponesa, realmente), Filmin, Movistar+, RTVE Play y las plataformas de las cadenas de televisión, el contenido blockbuster que producen Netflix, Prime Video, HBO y Disney en particular solo se puede ver en sus plataformas. No hay una alternativa europea o legal a estas, simple y llanamente. WhatsApp: la aplicación de mensajería por defecto en este país y, realmente, en todos lados salvo en China y Estados Unidos es WhatsApp. Cierto es que está cifrada de extremo, que eso está bien, pero hay dos temas. El primero, el cifrado se basa en el protocolo Signal, que lo desarrolló Signal. El segundo es que, aun siendo privada, permite acceder a más metadatos que Signal. El tercero es que Signal es igual que WhatsApp, pero más privado. Entonces, ¿por qué seguimos usando WhatsApp? Por conveniencia. Es un hábito que no va a cambiar ni siquiera ahora que está confirmada la llegada de anuncios. A mí me encantaría dejar WhatsApp y sus 300 funciones que no uso a un lado, pero no va a ser posible en ningún contexto. Y esta está siendo, de momento, mi aventura. Sigo teniendo mucho camino por recorrer, saltos que dar y conocimientos que adquirir, pero el primer paso está dado. Me lo tomo como un proceso desafiante en el que sé que pierdo algunas cosas y gano otras tantas. Qué lado de la balanza pesa más depende de cada uno y su relación con la tecnología. En mi caso, pienso que a la larga saldré ganando y, como apasionado de este mundillo, siempre resulta apasionante probar cosas nuevas. Imagen de portada | Yogesh Phuyal En Xataka | Criticamos mucho a la UE con su obsesión por regular a las Big Tech. Hay al menos dos ejemplos que justifican esa obsesión - La noticia He decidido independizarme de toda la tecnología de EEUU y abrazar la europea. Así lo estoy consiguiendo fue publicada originalmente en Xataka por Jose García .
2026-01-24T15:31:26Z

Jose García

Editor Senior - Tech

Jose García

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Vamos a hacer un ejercicio mental: piensa en cómo has usado tu móvil u ordenador durante la última hora. No te digo un día o una semana, no, la última hora. Seguramente hayas buscado algo en Google a través de Chrome, consultado algo en ChatGPT o Gemini, chateado por WhatsApp, ojeado stories en Instagram o revisado el correo en Gmail. Todo ello, probablemente, desde un móvil Android con una cuenta de Google, un iPhone o un PC con Windows.

Si te paras a pensarlo, gran parte del uso que hacemos de la tecnología depende de plataformas de terceros estadounidenses. Tenemos una dependencia enorme de empresas como Meta, Google, Microsoft y Amazon, empresas cuyos productos dependen, en mayor o menor medida, de nosotros. O mejor dicho, de nuestros datos.

Cuando hace un par de meses caí en la cuenta de que todo, o casi todo lo que hago en Internet, pasa por una plataforma norteamericana que solo me quiere para enseñarme publicidad de un producto que no me interesa, de un juego cutre o de un señor que quiere decirme cuánto vale mi coche, algo hizo click.

Fue entonces cuando tomé una decisión: reducir esa dependencia al mínimo y apostar por plataformas europeas o, en su defecto, libres. Porque hay una realidad impepinable, y es que si nosotros no apostamos por lo nuestro, nadie lo hará. Y afortunadamente, en la Unión Europea tenemos más opciones privadas de las que podemos imaginar. Esta ha sido mi odisea hacia el cambio.

Por qué

Imagen | Cottonbro Studio

Creo que a estas alturas de la película a nadie se le escapa que cuando un servicio es gratis, el producto eres tú. Los datos son el motor de la economía tech y eso lo podemos ver en cualquier plataforma. Es un tema que está ya más que estudiado y en el que no vamos a entrar de nuevo. Hace tiempo que sacrificamos la privacidad a cambio de subir fotos de platos combinados a una red social, de tener una cuenta de correo gratis o enviarle un meme a un amigo. A cambio, hemos normalizado que nos bombardeen con publicidad dirigida.

Mi razón para este cambio, además de recuperar algo de privacidad, es, vamos a llamarla, “patriota”. Las plataformas estadounidenses tienen dinero a espuertas para innovar, de ahí que los grandes servicios sean norteamericanos. La lógica es simple: si todos usamos el buscador de Google, Google se queda con todos los recursos para invertir, lo que hace que Google siga teniendo ventaja sobre cualquier otra propuesta europea, que no despega porque todo el mundo usa Google. Tal es así que hay toda una industria, la del SEO, dedicada a posicionar no en Internet, sino en Google en particular.

La otra opción medianamente conocida es Bing que, sorpresa, es de Microsoft, también estadounidense.

Ahora extrapolemos esto a todas las demás plataformas y aplicaciones: redes sociales, herramientas en la nube, tu correo electrónico, la plataforma en la que tienes registrado el dominio, tu navegador, la web en la que compras online, la plataforma que usas para pagar con el móvil. Todo está alojado o basado en plataformas norteamericanas.

Nothing Phone (3a) Lite | Imagen: Xataka

El problema es que estas plataformas han penetrado en nuestras vidas con mucha fuerza, impulsadas en gran parte por los móviles que, oh, sorpresa, usan en su mayoría Android, un sistema operativo desarrollado por… ¡Google! Este sistema, por cierto, requiere de una cuenta de Google para virtualmente todo: configuración inicial, copia de seguridad, descargar apps desde [se aclara la garganta] Google Play Store, hacer una copia de seguridad de WhatsApp en [se aclara la garganta de nuevo] Google Drive. Se entiende la idea. 

La alternativa es iOS, de Apple, empresa con sede en California, Estados Unidos, que recibe 20.000 millones de dólares anuales de Google para que Google sea el buscador preconfigurado en Safari, navegador que viene preinstalado en todo cacharro de Apple.

La situación es tal que las plataformas se han convertido en sinónimos:

  • Buscar en Internet: buscar en Google.
  • Enviar un mensaje: mandar un WhatsApp.
  • Comprar online: comprar en Amazon.
  • Redes sociales: Instagram, Facebook, X y TikTok, que es china.
  • Cuenta de correo electrónico: cuenta de Gmail o Outlook.
  • Ordenador: PC con Windows 11.

Es curioso, desde luego. Te invito a que le preguntes a cualquier ciudadano de a pie una alternativa a Chrome, Google/Bing, ChatGPT/Gemini, Google Drive/OneDrive o Windows/macOS. Seguramente pocos sepan responder. Hay un componente de comodidad y conveniencia del que es difícil desprenderse, el mismo componente por el que seguimos usando WhatsApp en lugar de Signal, que es igual pero más privado; o por el que nadie se plantea pagar, ¡pagar, con dinero!, por una cuenta de correo electrónico.

En XatakaEl presidente de EEUU ha elevado el pulso tras la millonaria multa de la UE a Google: amenaza con activar la Sección 301

El usuario de a pie prefiere el producto gratuito al de pago, aunque ello le suponga sacrificar su privacidad y seguir favoreciendo la supremacía estadounidense en el mundo de la tecnología. Porque, en el fondo, le da igual. Esta no es su batalla y con este texto tampoco pretendo que lo sea. 

Esto, por cierto es algo que hay que interiorizar antes de meterse de lleno en este cambio: la privacidad y la apuesta por la soberanía cuesta dinero y algo de voluntad por tu parte. A Google, Meta, Amazon, Microsoft y compañía les pagas con datos. A las alternativas europeas le pagas, normalmente, con dinero contante y sonante. Es lo que hay. 

Dicho lo cual, empezamos por el principio y por lo que, aunque no lo parezca, ha resultado ser más fácil de lo que pensaba.

Google y su ecosistema

Imagen | Alex Dudar

Usaba Google para, literalmente, cualquier cosa. Mi cuenta de correo electrónico era un @gmail.com que he introducido en, según mi gestor de contraseñas, 182 webs. Eso sin contar en las que haya iniciado sesión directamente con Google, un botón que, visto con perspectiva, es una perdición. Cómodo, sin duda, pero un dolor a la hora de cambiar mis datos en las webs. 

Mi Gmail es la cuenta que uso en mi móvil Android, en la que recibo correos importantes, con la que creé mi cuentas en los bancos, hasta mi cuenta de Microsoft es Gmail. El calendario compartido con mi pareja está en Google Calendar, como lo está Google Drive, y el planning de la luna de miel lo tenemos en Google Sheets. Este artículo, en otro contexto, lo habría escrito en Google Docs. Pago con el móvil usando Google Wallet y la IA que tengo preinstalada en el móvil no es otra que Google Gemini. El buscador, cómo no, es Google, al cual accedo a través de Google Chrome.

Y todo eso sin pagar un duro. Bueno, miento. Pago 1,99 euros por 100 GB en Google Drive para poder hacer la copia de seguridad del móvil y de los chats de WhatsApp porque, a pesar de haber encontrado alternativas más privadas que Google Drive, no puedo elegirlas para hacer la copia de seguridad en ellas.

Primer paso: el correo, la nube y los documentos

Proton Mail | Imagen: Xataka

Abandonar Google era, para mí, el primer gran salto, y eso pasaba, primero, por cambiar de proveedor de correo. Barajé varias opciones europeas, a saber Tuta Mail (Alemania), Infomaniak (Suiza) y Proton Mail (Suiza). Al final me decanté por esta última por una cuestión bastante simple: por 12,99 euros al mes (precio de Proton Unlimited) tengo cuenta de correo (con 15 alias, pura fantasía), 500 GB de almacenamiento en la nube, acceso a toda la suite de herramientas de Proton y la VPN. Además, en Navidad había una oferta de dos años que me vino al pelo.

Proton tiene su sede en Suiza, que no es la Unión Europea como tal, pero me convenció su política de cifrado de extremo a extremo y que Suiza tiene algunas de las leyes de privacidad más potentes del mundo. Además, me facilitaba la comodidad de la cuenta de Google (integración de correo, calendario, documentos y app de autenticación). La VPN, además, es un puntazo porque bloquea los rastreadores webs, lo que añade una capa adicional de seguridad. La VPN es de esas cosas que, una vez interiorizas, se vuelve imprescindible si valoras tu privacidad. Otra opción europea y recomendable es NordVPN, por cierto. 

Con Proton ya activado, el siguiente paso fue mudar el contenido de Google Drive a Proton Drive, importar el calendario a Proton Calendar y pasar una divertidísima tarde cambiando cerca de 100 inicios de sesión, uno a uno. Yo lo hice de una tacada, pero tú puedes hacerlo poco a poco, conforme vayas accediendo a las plataformas. Ya que accedes, aprovecha y cambia la cuenta de correo. Aquí te recomiendo usar un gestor de contraseñas. Yo tengo Proton Pass incluido en la suscripción, pero hasta entonces usaba Bitwarden, que es gratuito, open-source y funciona de miedo. El gestor de contraseñas es, junto al aire acondicionado, el café y la tostada de aceite y jamón, el mejor invento de la humanidad.

Segundo paso: Google Chrome

La experiencia con Vivaldi es parecida a la de Chrome, pero sin Google | Imagen: Xataka

Chrome es de esas cosas que usas porque están ahí y no te paras a pensar en otra opción, aunque las hay. En mi caso, tenía claro que quería un navegador europeo y la opción por la que me decanté fue Vivaldi. ¿Por qué? Porque la sede de Vivaldi está en Noruega y su navegador tiene la privacidad por bandera. 

Vivaldi, además de ser extremadamente personalizable, no crea perfiles de usuario ni recopila datos, y los que recopila, como los datos de navegación, están alojados en Islandia, otro país que, como Suiza, tiene buenísimas leyes de privacidad. Datos como la sesión para sincronizar el navegador, los marcadores, etc., están cifrados de extremo a extremo. 

Vivaldi funciona realmente bien, tiene un bloqueador de rastreadores integrado y, si os gusta trastear con las apps, las opciones de personalización que ofrece son excelentes. Otras alternativas europeas que podéis usar son el navegador de Ecosia (alemán) o Mullvad (sueco). En la categoría de open source está Librewolf, que es un fork de Firefox.

A Vivaldi se le puede sacar una puntillita y es que está basado en Chromium, igual que Chrome, aunque poco o nada tiene que ver con Google

Aquí hay que poner una puntillita, y es que Vivaldi, como Google Chrome, Brave, Ecosia o Microsoft Edge, está basado en Chromium, un proyecto de código abierto impulsado por Google. Hay quien podría esgrimir que usar un navegador basado en Chromium perpetua el motor Blink y un internet renderizado para verse bien en Google Chrome. Firefox tiene su propio motor, Gecko; y Apple tiene WebKit. A mí, personalmente, no me gusta el rumbo que ha tomado Mozilla y, dado que no tengo un Mac ni un iPhone, no puedo usar Safari ergo WebKit, así, que dentro de lo que hay, Vivaldi es un fork de Chromium sin Google y basado en la Unión Europea que me sirve.

Hasta aquí, y al menos de momento, puedo confirmar que no he perdido absolutamente nada ni echo absolutamente nada de menos. Lo único que sigo teniendo que acceder a Google Drive para editar el Excel de la luna de miel, pero sobreviviré.

Tercer paso: Google (el buscador)

Qwant | imagen: Xataka

Evidentemente, de nada sirve cambiar de navegador si sigues usando Google como buscador. Aquí nos encontramos ante una verdadera tesitura, porque la otra gran opción a Google es Bing, que es el motor de búsqueda de Microsoft. Seguramente hayas llegado a él alguna vez al buscar algo en la barra de búsqueda de Windows. 

El problema con los buscadores es que, en su mayoría, son Google, Bing o usan los resultados de Google y Bing, me explico. Ecosia es un motor de búsqueda alemán muy chulo porque planta árboles. Los resultados de búsqueda, sin embargo, no provienen de un motor de búsqueda propio, sino que los ofrecen Bing, Google y, en menor medida, EUSP (ahora hablamos de él). De una forma u otra, y a pesar de que la misión de Ecosia es encomiable, los resultados de búsqueda siguen dependiendo de tecnología y empresas estadounidenses.

Yo quería un motor de búsqueda europeo y la solución tiene nombre propio: Qwant. Qwant es un motor de búsqueda francés alojado en Europa y privado. No guarda el historial de búsqueda ni almacena o vende nuestros datos. ¿Tiene publicidad? Tiene publicidad, que además viene de Microsoft Advertising, pero no está dirigida porque Qwant no tiene trackers ni usa cookies de terceros. La publicidad es como antaño: por las palabras clave en la búsqueda, no por el perfil de usuario ni su comportamiento. Tiene una de las pocas políticas de privacidad que puedes leer y ojo, entender

Ecosia es otra opción si Qwant se quedase corto | Imagen: Xataka

¿En qué se traduce esto? En un motor de búsqueda que, por un lado, no me importa que me muestre publicidad y, por otro lado, me ofrece resultados sin filtrar. Se apoya en Bing para ciertas consultas a las que su índice no llega, pero realmente el grueso viene de su propio crawler. No me muestra el resultado que considera mejor para mí, sino el resultado que considera mejor en general en función de mi búsqueda. Lo uso actualmente como motor de búsqueda en todos y cada uno de mis dispositivos y debo reconocer que me está gustando mucho, aunque Google es mucho más rápido para encontrar ciertas cosas.

Google tiene ese punto de que, cuando haces una búsqueda, malo será que el primer o segundo resultado no satisfaga, en mayor o menor medida, tu curiosidad. Por no hablar de AI Overview, algo que yo, personalmente, intento evitar. Qwant requiere más voluntad por tu parte y, en algunas ocasiones, consultar varios resultados para llegar a la respuesta que realmente buscas. 

Para búsquedas concretas, véase "cómo limpiar la grasa de motor de una camiseta", Qwant funciona de miedo. Ahora bien, para hacer una cadena de búsquedas con las que ampliar un tema, es cierto que es más lento. Yo lo noto mucho en el trabajo, cuando he de investigar algún asunto o buscar diversas fuentes. Con Google siento que llego antes, mientras que con Qwant tardo algo más, aunque lo acabo haciendo, todo sea dicho.

"Cómo limpiar la grasa de motor de una camiseta" en Qwant | Imagen: Xataka La misma búsqueda, pero en Google | Imagen: Xataka

Este es uno de esos sacrificios que mencionaba antes. Google es objetivamente más completo en todos los aspectos, pero lo es porque también es más popular y, por lo tanto, tiene más recursos. Qwant es correcto, bueno, aceptable, pero no mejorará sin recursos y, para que los tenga, hay que usarlo. La pregunta es si estás dispuesto a apoyar ese desarrollo aunque eso te suponga tardar más en encontrar algo en Internet. Mi respuesta, en este caso, es sí, aunque hay veces que, lo reconozco, puede ser desesperante.

EUSP, por cierto, es un índice de búsqueda europeo que está siendo desarrollado conjuntamente por Qwant y Ecosia. Es, digamos, un movimiento fundacional que busca sentar las bases de un motor de búsqueda europeo alojado en Europa. Lleva poco en desarrollo, desde noviembre de 2024, y solo está disponible en alemán y francés. 

Dato curioso: desde que uso Qwant, la publicidad que me aparece en las plataformas de Google y Meta que tengo que seguir usando es mucho más rara, la noto como más perdida. Más sobre estas plataformas más adelante.

Cuarto paso o, mejor dicho, pasito: Google Gemini

Le Chat ha resultado ser todo un descubrimiento | Imagen: Xataka

Poco se habla de que la app de Google Gemini ahora viene preinstalada en todos los móviles Android y no se puede desinstalar. Esto, llegado el momento, apunta a posible investigación de la Comisión Europea en un nuevo caso de Chrome y Google como buscador por defecto en Android, pero ya veremos. En cualquier caso, a mí no me ha costado desprenderme de Google Gemini porque no la usaba en exceso. Y cuando la usaba, era más para una consulta puntual en manos libres. Llamadme rebelde, pero en la época de la IA sigo buscando en Internet a manita para hacerme yo mis propias ideas, y tampoco tengo necesidad de crear decenas de imágenes y vídeos sintéticos.

Ahora bien, para lo poco que lo uso, bien me sirve una alternativa local y ahí tenía claro que el firme candidato era Le Chat, el chatbot de Mistral AI, empresa francesa con sede en Francia. Mistral tiene varios modelos que, aunque no copan las partes altas de los benchmarks, cumplen con su cometido. Para las consultas que le he hecho, los resultados me han dejado satisfechos. La plataforma, además, es sorprendentemente rápida, mucho más que Google Gemini o ChatGPT. Cuando hablamos de las bondades de los chips de inferencia, nos referimos precisamente a lo rápido que funciona Le Chat gracias a los procesadores Cerebras.

Que no se me malinterprete: sigo pensado que es demasiado pronto para haber desplegado la IA generativa al nivel que la hemos desplegado (ahí están ya las consecuencias), y Le Chat supone el mismo dilema ético que ChatGPT, Gemini y compañía en términos de derechos de autor e impacto en los medios. Ni pago ni pienso pagar un chatbot, pero puestos a usar uno y ceder mis datos a una empresa, me gusta pensar que pongo mi granito de arena para que Mistral pueda plantarle cara a OpenAI y Google. 

Aquí faltan varios apartados y servicios de los que, por el momento, no he conseguido desprenderme. Son principalmente Android, Google Maps, YouTube y, en menor medida, Google Wallet. Luego volvemos a ellos.

X, Instagram, Facebook y WhatsApp

Imagen | Xataka

Debo reconocer que este apartado lo he tenido a huevo porque llevaba tiempo buscando una excusa para abandonar las redes sociales y este movimiento pro-europeo me ha venido al pelo. Verás, mi relación con las redes sociales es bastante peculiar: empecé muy fuerte en Vine, luego pasé a Twitter, hice mis pinitos en Facebook, luego pasé a TikTok y ahora no uso ninguna. Es así de simple. Tengo perfiles en todas las redes sociales que te puedas imaginar, todos ellos inactivos. 

Mi terreno era Twitter cuando Twitter molaba, es decir, antes de convertirse en una página porno encubierta llena de publicidad de casas de apuestas oculta en vídeos virales robados o, directamente, falsos. Abandoné Twitter cuando Elon Musk la compró y hasta ahora he vivido alejado de ese lugar. Usé durante un tiempo Mastodon (la única propuesta europea más o menos conocida) y Bluesky, que las dejé como he dejado Threads recientemente. Si hablamos de red social tipo Twitter, ni uso ni quiero usarlas, al menos en su estado actual. Hay un movimiento europeo para lanzar una alternativa a X llamada, ojo, W, pero hasta que llegue me parece que queda tiempo.

Instagram lo usé a muerte durante muchos años, pero hace tiempo que llegué a la conclusión de que no me aporta nada a título personal. Llevo años sin subir una sola foto y todo lo que hago es usar mi cuenta personal para compartir las stories que sube mi pareja y hacerle spam a mis seguidores de mi proyecto de impresión 3D. Por lo demás, ni veo reels, ni subo stories ni navego por el feed de explora. 

Este proyecto era el paso que necesita para dejar de usar las redes sociales. Si me preguntas a mí, que vuelva Tuenti

A efectos prácticos, no tengo Instagram como tampoco tengo Facebook, que lo tengo, pero no tengo ni los credenciales guardados. Hará, tranquilamente, cerca de una década que no entro en Facebook. Podría decirse que la única red social que uso como consumidor es TikTok, y cada vez menos. ¿Soy yo el único que está cansado de los ganchos virales, los brillos y luces y los subtítulos de colores?

Ahora bien, caretas fuera: la realidad es que mi proyecto de impresión 3D depende en gran parte de las redes sociales para llegar a los usuarios, por lo que sí conservo y mantengo su perfil de Instagram y de TikTok, que las uso como plataformas de awareness. Me encantaría decir que hay más opciones, pero no las hay. Dar a conocer un proyecto solo puede hacerse donde haya usuarios y, por más que me pese, la gente usa Instagram y TikTok. No estar ahí es como no estar en Google, y esta es una concesión que tengo que hacer. Más adelante también hablaremos de WhatsApp, que ese monstruo en el armario del que jamás me podré deshacer.

En XatakaTímidos del mundo, estamos recuperando Internet

Estoy en ese punto de la vida en el que, realmente, lo que me apetece es tener un blog como los del salvaje internet de antaño. Sin anuncios, ni compromisos, solo escribir ideas sueltas al aire y que las lea quien quiera leerlas si le apetece, y si no pues ahí quedarán para mí. 

Eso requeriría un hosting y un registrador de dominio, que en este caso opciones europeas hay a patadas: CoriaWeb (España), WebEmpresa (España), Hostinger (Lituania), Ionos (Alemania), OVHCloud (Francia)... Otra historia es el CMS. Lo más normal sería usar WordPress, que aun siendo de una empresa estadounidense, al menos es open-source. O Ghost, que es británica. Las otras opciones serían Medium o Substack, ambas de Norteamérica y Medium, el particular, propiedad de X.

Música en streaming

Ojo, Qobuz mola un montón | Imagen: Xataka

Hablar de música en streaming es hablar, prácticamente, de Spotify. Al menos en Europa, Spotify es la reina de del streaming musical. En Estados Unidos le planta cara Apple Music, pero en el viejo continente Spotify domina de largo. Buena noticia, porque Spotify es una empresa europea con sede en Suecia. Otra cosa es que comulgues con los valores de Spotify, su forma de entender las regalías, su postura frente a la IA, etc. Sea como fuere, usar Spotify es una opción.

Yo, hasta la fecha, usaba Apple Music porque disfruto de la música en alta definición. Dado que tengo mis diferencias con Spotify, la alternativa elegida ha sido Qobuz. La otra gran opción sería Deezer, que quizá resulte más familiar. En cualquier caso, ambas son plataformas francesas. Deezer tiene un precio más similar al de Spotify, mientras que Qobuz asciende a 14,99 euros mensuales (12,49 euros si pagas 149,99 euros anuales). La ventaja de Qobuz es que el contenido está en una calidad excepcional, alcanzando el Hi-Res (24-bit, 192 kHz). ¿Lo apreciará el grueso de mortales? No, pero si te gusta el mundo del audio, tienes unos auriculares decentes y sabes lo que estás buscando, se nota. 

No todo el mundo aprovechará esa calidad, pero tenerla a mano es un plus | Imagen: Xataka

Tengo unos gustos musicales bastantes normales, así que no he tenido problema al encontrar mis pistas en Qobuz. Es más rollo rehacer tus listas, pero si te pasa como a mí y no tienes apego a tus playlists o, directamente, usas tus canciones favoritas todo el rato, probablemente el cambio te resulte menos dramático. Yo ya pasé por esto cuando me cambié de Spotify a Apple Music hace tiempo, y volver a pasarlo no me ha supuesto mayor problema. Hay herramientas especializadas en pasar música de un servicio a otro y funcionan bien. Y por cierto, se puede vivir sin compartir el Wrapped.

De todas maneras, el tema de la música es quizá el menos peliagudo. Después de todo, con sus más y sus menos, casi todas las canciones, artistas y grupos populares están en todas las plataformas y elegir una u otra depende más de la calidad del sonido y la interfaz que de la disponibilidad del contenido. Hay contadas excepciones, pero nada grave. Con las pelis y series, como veremos más adelante, es mucho más complicado.

Amazon y su ecosistema

Imagen | Xataka

Si me paro a pensar, compro poco en Amazon. Cuando tengo que comprar algo sigo teniendo esa cosa de ir a verlo en físico. Me pasa con la tecnología, pero también con la ropa (nunca he comprado ropa online, mira tú por dónde) o con las cosas de casa. Si puedo comprarlo en físico, lo compro en físico aunque me salga algo más caro. Sin embargo, no me escondo, Amazon es una de las plataformas de las que más me está costando deshacerme. Aún no lo he conseguido, de hecho.

Amazon Prime me sigue pareciendo una suscripción que merece mucho la pena, al menos en España, ya que incluye Prime Video y envíos gratis en prácticamente todo por 49,99 euros. Es una realidad impepinable que el gigante del ecommerce lo es por algo y, si hay un gigante que me va a costar abatir, es este. No porque compre en Amazon de forma compulsiva, sino porque cuando necesito comprar algo concreto que no encuentro en un establecimiento de mi ciudad, seguro que lo encuentro en Amazon. ¿Qué postura he adoptado? Caso real:

  1. Usar Amazon como plataforma de descubrimiento. Si quiero un cargador GaN de tres puertos, uso Amazon para ver qué marcas lo ofrecen.
  2. Si me consta de alguna tienda física que lo pueda tener en mi ciudad, lo compro en la tienda.
  3. Si no hay o no lo encuentro, lo busco en la web de la empresa o en otro ecommerce, preferiblemente español como PcComponentes o El Corte Inglés, o europeo como MediaMarkt, FNAC, etc. 
  4. Si ni por esas encuentro lo que busco, entonces recurro a Amazon.

¿Me lleva más tiempo? Sí. ¿Lo tengo todo menos centralizado? Sí. ¿Sigo dependiendo de alguna forma de Amazon? Sí. ¿Es un primer paso? Es un primer paso. En otro contexto, como vivir en una gran capital donde hay de todo, quizá la historia sería distinta, pero en Córdoba tengo acceso a lo que tengo acceso y, desgraciadamente, Amazon no tiene una alternativa europea real. 

Otra cosa es comprar libros, mangas, videojuegos o cosas del hogar, que eso sí lo encuentro fácil en librerías, tiendas especializadas o supermercados. Llamadme nostálgico, pero pocas cosas más baratas dan más gusto que pasearse por una librería.

Adiós, Amazon Photos

Interfaz de Jottacloud | Imagen: Xataka

De lo que sí me he desecho por completo es de Amazon Photos, que está incluido en Amazon Prime. Fue mi refugiodespués del cambio de Google Fotos y no ha estado mal, pero le falta muchísimo. La aplicación funciona de aquella manera, no tiene álbumes compartidos (sí un álbum familiar que es muy desordenado) y es, en pocas palabras, un servicio fácilmente sustituible por una herramienta europea. 

Podría haber usado Proton Drive y sus 500 GB, pero buscaba algo que mi pareja y yo pudiéramos usar para almacenar nuestras fotos y vídeos, así como crear álbumes compartidos, sin mezclarlo con archivos. En ese sentido, 500 GB se nos quedan cortos. 

La opción lógica habría sido un NAS y tenerlo todo en local, pero está la memoria RAM, el almacenamiento y la tecnología en general como para pensar en comprar productos tech. Así pues, estuve investigando y di con varias propuestas. Filen no tenía mala pinta, pero está demasiado enfocada al uso personal. De haber sido solo para mí, probablemente habría optado por esta opción. Sin embargo, me acabé decantando por Jottacloud

Servidor NAS | Imagen: Xataka

Jottacloud es una empresa con sede en Noruega que ofrece, entre otras cosas, almacenamiento ilimitado por 11,9 euros al mes en servidores noruegos, encriptación de los archivos y una app bastante decente. Hasta 5 TB, la velocidad de carga y descarga no disminuye. A partir de 5 TB, la velocidad se reduce gradualmente. Yo opté por el plan Home 5 TB, que ofrece 5 TB de almacenamiento para hasta cinco cuentas sin limitación de ancho de banda. Su precio es de 149 euros al año, que ni tan mal.

Aquí te vas a enfrentar a una pregunta: ¿son mucho 5 TB? ¿Son pocos? ¿Y si cojo 10 TB? Te puedo garantizar, con la mano en el pecho, que 5 TB es una capacidad más que suficiente para tu uso personal. Yo almacenaba en Amazon Photos seis años de fotos, vídeos, viajes y recuerdos. Cerca de 30.000 archivos, más 20 y pico mil de mi pareja. Los he subido todos a Jottacloud y no alcanzo los 350 GB. Tenemos todavía más de 4,5 TB por llenar. Créeme, no necesitas tanto espacio (salvo que seas fotógrafo o editor de vídeo, que eso es otra historia).

No necesitas 20 TB de almacenamiento, de verdad

Jottacloud no tiene una app tan chula como Google Fotos, pero cumple con su cometido: admite fotos y vídeos (y archivos de todo tipo, ojo) sin compresión, el contenido se puede organizar en álbumes y estos álbumes se pueden compartir con otros usuarios para que suban sus fotos. Todo eso con la seguridad de que la plataforma cumple con el RGPD y las políticas de privacidad de Noruega. Cuando la política de privacidad se puede leer sin convulsionar, es buena señal. 

El drama fue descargar todo Amazon Photos (se puede, simplemente necesitas la app de escritorio, buena conexión y paciencia), subirlo todo a Jottacloud y rehacer los álbumes. Esto lo tenemos pendiente, pero nada que no se arregle con un café, música de fondo y una tarde agradable buscando en el baúl de los recuerdos. 

Que no, no tienes las funciones tan chulas de IA de Google Fotos o Amazon Fotos, pero tampoco tienes tus fotos y vídeos almacenados en una empresa bajo el paraguas de la CLOUD Act de 2018. Esta ley permite a las autoridades estadounidenses acceder a los datos almacenados en la nube si la plataforma la proporciona una empresa estadounidense, independientemente de donde estés tú o desde dónde se use.

Otras plataformas y aplicaciones

Superlist es una app de tareas alemana | Imagen: Xataka

Los anteriormente mencionados han sido los grandes cambios. Abandonar el ecosistema de Google es complejo y puede dar vértigo, pero hay vida ahí fuera. Hay opciones y todo es cuestión de explorarlas. Quizá no sea posible por H o B optar por una alternativa soberana, y eso está bien. Es una cuestión, al menos desde mi punto de vista, de ante la indiferencia de usar una u otra plataforma, usar la de cercanía y la más respetuosa con nuestra privacidad.

Hay otras tantas aplicaciones que he cambiado por alternativas libres o basadas en Europa, así como otras propuestas que tengo en el horizonte para ir comprando poco a poco y sustituir la tecnología de casa. Como decía, esto es un proceso, no algo que haya que hacer del tirón. Son muchos cambios y es mejor hacerlos con calma.

  • Google Keep: es la aplicación de notas de Google y la he cambiado por la app de notas que viene preinstalada en mi móvil. Para las tareas he empezado a usar Superlist (alemana).
  • Microsoft Office: ha sido un cambio de lo más sencillo. He desinstalado Office por completo y empezado a usar LibreOffice, una suite ofimática de código abierto desarrollada por The Document Foundation (alemana) y voluntarios. Para Google Docs, como comentaba antes, he empezado a usar la ofimática de Proton.
  • Editor de fotos: históricamente he usado Affinity Photo y Designer, que habían sido desarrolladas por Serif (Reino Unido). Con la compra por parte de Canva, el lanzamiento de Affinity 3 y la prácticamente necesaria integración con Canva Premium, he optado por usar GIMP como editor de fotos e Inkscape como editor vectorial. Ya usaba poco ambas herramientas y para lo que las necesito, me sirven.
  • Adobe Lightroom: la usaba muchísimo, pero aquí sí estuve fino hace años y me pasé a DxO Photo Lab, el relevador de pago único de DxOMark que, por cierto, es francesa. Una opción gratuita y libre sería Darktable.
  • Adobe Premiere: esto ha sido un dolor porque Premiere es omnipresente en este mundillo. De momento he optado por DaVince Resolve (australiana) porque ya conozco el software, pero a corto plazo y pensando en lo que realmente necesito, creo que una propuesta open-source como OpenShot me podría servir. Cuestión de explorarlo.
  • Reproductor de vídeo: VLC o barbarie.
  • Google Wallet: mi banco es BBVA y, afortunadamente, puedo configurar BBVA Pay para pagar con el NFC del móvil. Sin embargo, si quiero pagar con Revolut, mi otro banco, he de pasar sí o sí por Google Wallet. 
Hay vida más allá de Kindle | Imagen: Xataka

En cuanto a cacharros que puedo tener por casa y que tengo planeado cambiar en algún momento, hay también varias propuestas en el horizonte. También te digo: una cosa es el software y otra cosa el hardware. Sustituir el software es fácil y no tiene historia, pero deshacerte de un hardware funcional genera residuos innecesarios que tampoco proceden. Yo uso productos no europeos y pretendo seguir usándolos hasta que fallen o toque renovarlos. La clave de esta transición no es ser un kamikaze, sino consumir de forma más consciente.

  • Lector de libros: no se aplica en mi caso porque ya uso uno europeo, pero no quería dejar de comentarlo. En Europa tenemos sólidas alternativas a Kindle como Pocketbook (Suiza), Vivlio (Francia), Woxter y SPC (ambas españolas), con la diferencia de que en estas propuestas no hay que hacer malabares para cargar un epub.
  • Router: ahora mismo uso una red de malla TP-Link, pero tengo una mudanza a la vista de aquí a un año y probablemente los sustituya por alguna de las opciones de Fritz!, que es alemana. 
  • AirTag: es uno de los cacharros que más echo de menos y me alegra saber que hay una empresa eslovena, Chipolo, que diseña y fabrica rastreadores compatibles con Apple Find My y Find Hub de Android en Europa. El precio es similar y debo decir que el dispositivo es mucho más bonito y alegre. De estos, en cuanto pueda, compraré un pack de cuatro.
  • Auriculares: ya uso unos Nothing Headphone (1) cuya sede está en Europa, pero también se podría contemplar Sennheiser o Loewe. Si sois audiófilos, hay marcas muy, muy chulas como Erzetich que hacen cosas brutales (y carísimas).
  • Televisor: uso un televisor LG, que es coreana, y en el caso del usuario de a pie lo más probable es que su televisor sea coreano, japonés o chino. Hay algunas opciones europeas, como Cello (Reino Unido), Metz (Alemania) y Loewe (Alemania). La primera es de gama muy baja y la segunda no envía a España. Loewe es lo más cercano a un televisor de gama alta, aunque es sensiblemente más cara que la competencia.
  • Bombillas inteligentes: buenas noticias aquí. Aunque son caras, las bombillas Philips Hue que ya uso son de Signify, una empresa con sede de Países Bajos. Dejo el dato como dejo el del lector de libros.
  • Móvil: este es, sin duda, el cambio más radical. No tengo pensado cambiar de móvil ahora mismo porque el ecosistema fuera de Android no está todavía a punto. La opción más jugosa sería GrapheneOS, un Android sin Google que, curiosamente, solo funciona en móviles Google Pixel. Una marca europea a vigilar es Fairphone, cuyos móviles se pueden comprar con Android o /e/; y el Jolla Phone cuando se lance. Este será, junto al PC, el gran salto, pero no me siento preparado para ello.

Consumo general

Aquí no voy a entrar en detalle porque es todo un mundo, pero revisar la etiqueta de un producto o prenda para mirar si la marca es española o europea nos lleva diez segundos y es un granito de arena. Otra historia es que fabriquen en China, India, Taiwán, Bangladesh, etc., que es otro melón importante que daría para otro tema. No obstante, insisto: ni pretendo evangelizar ni decirle a nadie en qué gastar su dinero. 

Cosas de la que no puedo escapar

Uno de los titanes sin rival es YouTube | Imagen: Xataka

Como se ha podido leer entre líneas a lo largo de las 5.757 palabras que hay escritas hasta la palabra "palabras", reducir la dependencia de Estados Unidos al mínimo es posible, pero en mi caso, hay que añadir un "parcialmente". Hay plataformas que no tienen una alternativa real, no solo europea, sino en general. Otras que debo seguir usando por trabajo y otras cuyo cambio supondría un cambio tan radical que, en este momento, no lo puedo asumir. Estos son algunos de los casos:

  • Visa y Mastercard: son los dos grandes procesadores de pagos y escapar de ellos es prácticamente imposible. De hecho, los otros grandes proveedores como American Express, Stripe y PayPal son estadounidenses y las otras opciones, a saber UnionPay y JCB son china y japonesa, respectivamente. Europa está desarrollando Wero, su propia alternativa, pero hasta que se implante a nivel ya no global, sino europeo, quedan años. En cualquier caso, es un proyecto ilusionante y que merece la pena seguir.
  • YouTube: no hay una alternativa real, simplemente y llanamente. Hay opciones, como PeerTube (open-source) o DailyMotion (Francia), pero no le plantan cara a YouTube de ninguna de las maneras. Esta es, lamentablemente, la única licencia que me permito en redes sociales. 
  • Google Maps: exactamente lo mismo. Aunque para navegar con el coche puedes usar Here WeGo, que tiene sede en Países Bajos, la realidad es que a la hora de buscar establecimientos, reseñas e información actualizada del tráfico, horarios, etc., Google Maps no tiene rival. Hay opciones open-source e intento usarlas siempre que puedo, como CoMaps, pero es que llamarlos "alternativa" es mucho decir en este caso. Si tienes un iPhone, Apple Maps sí puede dar la talla, pero para el caso estamos en las mismas.
  • Android: aunque está en mis planes a medio-largo plazo cambiar a un Fairphone o, si sale bien, a un Jolla Phone, deshacerse de Android (entiéndase Android como la versión con Google que todos conocemos) es complicado. El móvil es un eje central de mi interacción con la tecnología y hasta del trabajo, y tiene que funcionar bien. No obstante, Huawei ya nos ha enseñado que un Android sin Google es posible, por lo que quizá sea solo cuestión de atreverse. En cualquier caso, es algo para lo que no me siento preparado todavía, aunque reconozco que un pequeño paso que sí he conseguido dar es cambiar Google Play Store por Aurora Store.
  • Windows: me da mucho menos respeto que Android, pero me lo sigue dando. No por la productividad o el trabajo, que eso en Linux puedo solucionarlo sin problema, sino por muchos juegos. Juego en PC desde siempre y aunque Linux ha mejorado mucho en ese aspecto, todavía tiene trabajo por delante. Ahora bien, esto será así hasta que me dé el calentón e instale Linux Mint y haga un dual-boot en el PC, de forma que use Linux por defecto y Windows para jugar. Pero claro, me tiene que dar el calentón. Sea como fuere, de todos los cambios que aún no he hecho este es el que veo más factible.
  • Steam: rey absoluto de los juegos de PC. Aunque he comprado bastantes juegos en GOG, Steam sigue dominando este mundo con mano de hierro y no usarlo es prácticamente imposible. GOG está bien, pero su política de no DRM hace que muchos triple A que me gustan no salgan allí, por lo que es una alternativa guay, pero a medias.
  • Shopify: podría usar un hosting y una plataforma como WooCommerce o Prestashop para mi tienda online, pero no tengo el tiempo ni los conocimientos necesarios para el mantenimiento que estos CMS requieren. Shopify es mucho más simple y, aunque las comisiones son como son, me compensa por una sencilla cuestión de salud mental.
  • Streaming de películas: aunque hay propuestas españolas, como Rakuten (hispanojaponesa, realmente), Filmin, Movistar+, RTVE Play y las plataformas de las cadenas de televisión, el contenido blockbuster que producen Netflix, Prime Video, HBO y Disney en particular solo se puede ver en sus plataformas. No hay una alternativa europea o legal a estas, simple y llanamente. 
  • WhatsApp: la aplicación de mensajería por defecto en este país y, realmente, en todos lados salvo en China y Estados Unidos es WhatsApp. Cierto es que está cifrada de extremo, que eso está bien, pero hay dos temas. El primero, el cifrado se basa en el protocolo Signal, que lo desarrolló Signal. El segundo es que, aun siendo privada, permite acceder a más metadatos que Signal. El tercero es que Signal es igual que WhatsApp, pero más privado. Entonces, ¿por qué seguimos usando WhatsApp? Por conveniencia. Es un hábito que no va a cambiar ni siquiera ahora que está confirmada la llegada de anuncios. A mí me encantaría dejar WhatsApp y sus 300 funciones que no uso a un lado, pero no va a ser posible en ningún contexto.

Y esta está siendo, de momento, mi aventura. Sigo teniendo mucho camino por recorrer, saltos que dar y conocimientos que adquirir, pero el primer paso está dado. Me lo tomo como un proceso desafiante en el que sé que pierdo algunas cosas y gano otras tantas. Qué lado de la balanza pesa más depende de cada uno y su relación con la tecnología. En mi caso, pienso que a la larga saldré ganando y, como apasionado de este mundillo, siempre resulta apasionante probar cosas nuevas.

Imagen de portada | Yogesh Phuyal

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Fuente original: Leer en Xataka
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