Se marchó el hombre amado y la esperanza en el ser humano. Era una noche primaveral de 1942, en la cárcel parisina de La Santé, cuando un guardia de esvástica al brazo dio la noticia a Charlotte Delbo: «Vístase si quiere ver vivo a su ... marido… todavía». La jovencita, agente de la Resistencia, tuvo unos minutos para despedirse de él. «Jamás olvidaré su sonrisa. Escuchaba su corazón, que latía con el mismo ritmo con el que me dormía en sus brazos», escribió. Después, Georges, también miembro de 'La Résistance', fue ejecutado. Ella sí sobrevivió a un triste periplo por diferentes campos de concentración y, años después, narró aquel viaje por el averno nazi en tres libros y una obra de teatro. Para ella fue una suerte de terapia.
La historia de Charlotte, más agria que dulce, es una de las que recoge Mercedes Monmany en 'Algo quedará de mí' (Galaxia Gutenberg). Un ensayo, el último de la escritora y crítica literaria, que promete en su subtítulo recorrer la vida de «diez heroínas de la Resistencia en el campo de Ravensbrück» –el mayor centro de reclusión de mujeres del Tercer Reich–, pero que rompe sus límites y se adentra en las de otras tantas protagonistas más. No cuenta la obra con introducción ni conclusiones; no las quiere la autora. El corazón del texto, su núcleo, busca narrar las peripecias de estas mujeres a través de documentación inédita en muchos casos, y desconocida en otros tantos. Todo ello, además, desde un prisma atípico.
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Germaine Tillion es una de las chicas de Monmany. Esta etnóloga francesa nacida en 1907 pasó sus años de juventud estudiando a los bereberes en Argelia. Tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial se unió a la Resistencia, pero fue arrestada y deportada a Ravensbrück en 1943. Allí se ganó el corazón de sus compañeras al forjar una red de solidaridad entre reas que plantó cara a la barbarie nazi. «Era una mujer bondadosa y apasionada por la gente. Me salvó de la depresión», escribió de ella una amiga. Años después, la superviviente alumbró una obra en la que analizó las «categorías morales» de los prisioneros: «Están los que preferían morir a traicionar y los que preferían traicionar a morir».
El final de Violette Szabo fue mucho más trágico: acabó ejecutada en Ravensbrück a los 23 años acusada de espionaje. De pelo ensortijado y facciones de estrella de cine, Szabo se convirtió, a principios de 1940, en una de las 41 agentes femeninas de la Sección F de la Dirección de Operaciones Especiales (SOE) inglesa. Todas, jóvenes animadas por el deseo de servir a la causa de la libertad. De ella dijeron sus superiores que era «la mejor tiradora del ejército británico», y también de las más aguerridas. Antes del verano de 1944 se lanzó en paracaídas en la Francia ocupada con órdenes de colaborar en labores de inteligencia y sabotaje para preparar el Día D. Por desgracia, fue capturada en su segunda misión.
Valgan estas 'resistentes' como ejemplo de las decenas de mujeres que recoge Monmany en su ensayo. Desde la aristócrata Anne de Bauffremont-Courtenay, famosa por haber participado en diferentes redes de apoyo clandestino a judíos, a la comunista Lise London, antigua brigadista en la Guerra Civil española que actuó como enlace, distribuyó prensa ilegal y coordinó acciones contra la ocupación. La poeta polaca Grażyna Chrostowska; la sobrina de Charles de Gaulle, Geneviève de Gaulle-Anthonioz; la intelectual alemana Margarete Buber-Neumann, que sobrevivió al Gulag primero y a Ravensbrück después… Hasta una monja ortodoxa llamada Maria Skobtsova que terminó ejecutada y fue canonizada por la Iglesia ortodoxa.
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