Martes, 07 de abril de 2026 Mar 07/04/2026
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Política

Historia de dos juicios

Historia de dos juicios
Artículo Completo 624 palabras
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En Historia de dos ciudades, la conexión entre Londres y París se debe en gran medida al azar. Los vínculos familiares y las peripecias de los protagonistas hacen que Dickens integre dos situaciones muy diferentes -la de Inglaterra y Francia a finales del siglo XVIII- en una única historia, por mucho que esté repleta de contrastes y dualidades. Del mismo modo, el azar ha querido que coincidan en una misma semana los juicios de la operación Kitchen y del caso mascarillas. Y esto parece animar a que se integren ambas noticias en una misma historia, incluso si luego nos dedicamos a destacar las diferencias entre ellas.

La historia de estos juicios podría ser la de sus efectos políticos: a quién benefician y a quién dañan los titulares de estos días. La aparente simetría -escándalo de un ministerio del PP, escándalo de un ministerio del PSOE- parece augurar uno de esos 'empates' tan propios de la era de la polarización. Los fans de Sánchez refuerzan su opinión negativa del PP, los simpatizantes de Feijóo hacen lo propio con el PSOE, y los apolíticos o desencantados concluyen que todos son iguales antes de pasar a otro tema.

La simetría, sin embargo, es engañosa. Por un lado, lo que se investiga en la Kitchen es más grave que lo que se investiga en el caso mascarillas, aunque solo sea porque implica a un ministerio tan delicado como el de Interior en un presunto intento de entorpecer una investigación judicial por motivos políticos. Por otro lado, el comportamiento de Ábalos salpica directamente al actual presidente del Gobierno, por cuanto se investiga a quien fue su estrechísimo colaborador. El comportamiento de Fernández Díaz et al., por contraste, no compromete a la cúpula actual del PP. En ambos casos sobrevuela la pregunta de cuánto sabían los superiores de los investigados, pero el jefe de Fernández Díaz lleva fuera de la política desde 2018; el de Ábalos sigue en la Moncloa. Los populares harían bien en explotar esta diferencia: ellos pueden -y deben- distanciarse de su pasado, mientras que los socialistas tienen más difícil hacer lo propio con su presente.

En cualquier caso, también se puede contar una historia diferente de estos juicios. Podríamos ver su celebración como una muestra de la fortaleza de nuestra democracia. Qué más da si los afectados son del PSOE o del PP: lo importante es que el sistema tenga la suficiente madurez como para investigar tropelías cometidas desde de las instituciones, y para sentar en el banquillo a exministros que tuvieron mucho poder. Es verdad que uno no puede ser optimista en este tema cuando la legislatura actual se sostiene sobre la amnistía a Puigdemont. Esa indignidad mostró que no, la ley no es igual para todos, y sí, a veces el poder político sí puede comprar la impunidad. Pero esto no impide que celebremos aquellos momentos en los que el Estado de Derecho funciona como debe.

El problema es que esa historia solo puede existir a causa de otra mucho más preocupante. Esto es, una historia sobre la capacidad de políticos y altos cargos de abusar de su poder sin que parezca haber un freno anterior a la acción de la Justicia. Es positivo comprobar que los tribunales actúan; es terrible que deban hacerlo porque nadie tuvo la capacidad o la valentía para pararle los pies a un ministro cuando tocaba. Y uno tiene la impresión de que esa sigue siendo una asignatura pendiente de nuestra democracia.

Fuente original: Leer en El Mundo - España
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